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   Rastros serpenteantes las sombrillas sobre los gritosdonde se aboveda el viento. La sierpe es solitaria en la carne arenosa.Metido estoy debajo de los techos grises levantados por el hundimientode las costas y por mis viajes al silicio empegostado al tóraxde las olas.

                             2

   Las cortinas se remueven con vagidos amoldados a lasformas en los vientos del inicio. El ruido,  quebranto. Oh, tormenta, escape, te miro desde el retiro de las algas y desde lasformas propicias que avanzan al acantilado.

                             3

   Las barbas crecen cobrizas de las máscaras que lasnubes asumen y un dictado se abre en los frascos de colores de losviajeros de las aguas. Los leños se hacen morisquetas a loscaminos de la cera y a la ringle de párpados hinchados. En lapiel de la frente de las hojas juega con el viento un tallo.

                             4

   Busco la aquiescencia cuando los dados fríosresbalan la pendiente. La sal se condensa en el cuero de licor deconvento y se ensarta cual hilo sosteniendo los bordes de los belfos.Oh, horizontal ondulación, hiende el aire un silbido de siluetaque se inclina cual gaviota.

Teódulo López Meléndez

                             1

   Oficio, palmas secas y rugido cercano. Hierbajos consombra de mareas, busco piedras. Brillor, en las escaramuzas delcuerpo. Desnudo, el gran libro en las rodillas, leo para el vuelo delcoco hasta el miedo limítrofe.

                             2

   Barahúnda, tonsura. Descifro incrustaciones de micuerpo esquelético. Encuentro cosas perdidas. Es noche, memoriaque me guía. Me pregunto si sumergirme ha sido cosa vana.

                             3

   Mi medida será la suave brisa. Pasarépáginas tantas como hisopos al murmullo. Me mojaré tantocomo las rocas de las aves nocturnas. Laceraré mientras la luna.No hay presagios, apenas sílabas con tallos.

Teódulo López Meléndez

                             1

   Extraños los acontecimientos de la mar, ciertas lasramas de los árboles. Las aves, los albores a la tarde.

                             2

   Vegetación, a la entrada de los vuelos. El espirales duro como los escollos que parten la marea.

                             3

   La espuma, donde siempre. Han enflaquecido, sí, loscaparazones. Con cansancio los regreso a la mar para que vuelvan.

                             4

   En aquel lugar morir sería largo, interminable,eterno.

Teódulo López Meléndez

                             1

   Sobre mi brazo izquierdo una polvareda, hormigas. La luzciega la hendidura del sol y el sombrero. Un racimo se acoda en unabaraja. Caen del vino tatuajes en franjas. Sobre el edredón,nada.

                             2

   Los ladridos me sobresaltan, no sé si el agua haengullido los cuerpos o si se llama a los perros al festín delos lamentos. Descubro entre árboles el miedo y me yergo en latarde de la luz que engaña.

                             3

   Una gota se desliza sin alcanzar las letras. Me detengo amirar los árboles de esta calina pavorosa. Vidrios, sobre el rasdel suelo. Ella, en los reflejos.

Teódulo López Meléndez