Cruzaste mi camino por azar…
¿Que por qué reparé en ti?
No sé…
Eras alegre, casquivano…
¿O eras casualidad?
Qué más da…
Tus ojos me fijaban con insolencia
mientras avanzabas paso a paso
por mi sendero de sueños…

Te vi aquella mañana…
Arando en un mar transparente
de encajes celestes…
Allí donde las nubes fuerzan la marea
acariciar la arena…
Tu mirada chispeante cantaba
en mis ojos mientras te soñaba.
Brillabas en mi alma como brilla
el reflejo del sol sobre las aguas
calmas…

Más allá de la razón…
Nos lanzamos al vacío de un
mundo desconocido…
Un mundo donde la brisa se
transforma en fuego…
Donde se confunden ternura,
deseo, pasión y juego…

Y tus ojos cambiaron de expresión…
Vi una mirada sensual y penetrante
desnudar mi timidez en un instante…
Sentí la vida oscilar bajo tus manos
suaves…
Y en el olvido nos ahogamos,
vencidos…

Pero las nubes corren esta noche,
veloces…
Ya tu rostro etéreo detrás de una
estrella se esconde…
Ya una lluvia de lágrimas borró
despacio las huellas de tus pasos…
Ya solo adivino la risueña expresión
de tus ojos…

Ay, amor…
Si ya te entregué todo lo que se
puede entregar…
Dime, di…
¿Qué más te podría dar?
Si no eras realidad…
Te vi pasar por mis sueños…
Nada más…

Cazilhac, le 13 février 2002

Marie-Ange Bonnevie