RIMA XLVII

  Yo me he asomado a las profundas simas
      de la tierra y del cielo,
y les he visto el fin o con los ojos
      o con el pensamiento.

  Mas ¡ay!, de un corazón llegué al abismo
      y me incliné un momento,
y mi alma y mis ojos se turbaron:
      ¡Tan hondo era y tan negro!

Gustavo Adolfo Bécquer

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