A pesar de mi vagar sin rumbo,
a pesar de mis noches en vela,
y de mi caminar taciturno,
llegué.

Sin más trampas, sin engaños,
sin máscaras, allí estaba.
Era ella, despues de tantos años,
la encontré.

Y entonces, cuanto creí haber dejado,
dolor, rabia, odio y miedo.
Jinetes que imaginaba olvidados,
regresaron.


Pedro Sánchez Vázquez