Anhelo una estrella
brillante, alta, serena,
para ti, para mí,
para los dormidos,
para los que en camino despiertos velan.
Quiero esa estrella,
resplandeciente, día y noche.
Un mundo la espera.
Convergencia de caminos
ante el entrañable portal.
Reencontrar lo perdido.
Ser niños de nuevo,
tomadas las manos,
cantar a coro,
con alegría, asombro.
Estrella, estrellita
ni lejana ni incierta,
segura nos llevas
a la ansiada puerta.

Concepción de Quesada y Loynaz