Treinta y cuatro años después,
mis pies emocionados
rompen el silencio de la ausencia.
Heme aquí, no niña ilusionada,
heme aquí, mujer aferrada a su bandera,
la esperanza.
Incrédula casi de pisar segura playa.
Conmigo traigo lo que pude salvar del naufragio.
Traigo a mi hijo,
lo pongo a tus plantas.
Después de una ausencia de treinta
y cuatro años con motivo de una
visita a la Iglesia de Santa Rita
donde de niña y jovencita solía
asistir a misa.
Concepción de Quesada y Loynaz