Entró y se inclinó hasta besarla porque de ellarecibía la fuerza.
(La mujer lo miraba sin respuesta)
Había un espejo humedecido que imitaba la vida vagamente. Seapretó la corbata, el corazón, sorbió uncafé desvanecido y turbio,explicó sus proyectos parahoy,sus sueños para ayer y sus deseos para nunca jamás
(Ella lo contemplaba silenciosa)
Habló de nuevo. Recordó la lucha de tantos días yel amor pasado. La vida es algo inesperado, dijo. (Másfrágiles que nunca las palabras.)
Al fin calló con el silencio de ella,se acercó hasta suslabios y lloró simplemente sobre aquellos labios ya para siempresi respuesta.
José Ángel Valente