Dos amores tuve, tendré, tengo.
Dos amores diferentes,
uno de carne sólo hecho,
arrasar mi vida,
revuelve mi lecho,
déjame exhausta.
El otro nada pide,
exige; sólo da paz, reposo, calma.
Pero tiene todo, todo lo que le da mi alma.
Una cama se ordena en la mañana,
hasta puede quedar intacta.
Un alma no,
esa como sierva perdida, por su dueño clama,
por una mirada suya,
un sol daría en pública subasta.
Concepción de Quesada y Loynaz