Para buscar estrellas silenciosas y amarillas
que resuenen el himno del amor sin gritos,
ven conmigo.
Si buscas en la vida las risas clamorosas
que aparten el olvido,
ven conmigo.
Si quieres los perfumes más golosos
que atraviesan los tiempos infinitos,
ven conmigo.
Para encontrar más luces y luceros en las sombras
de los campos dormidos,
ven conmigo.
Cuando te duela la añoranza de un querer
y de un amor partido,
ven conmigo.
Si un vendaval y una borrasca están amenazando
tus corazones íntimos,
ven conmigo.
Si pretendes buscar las huellas de un abrazo soberano,
estampadas en templos escondidos,
ven conmigo.
Si quieres una rosa ensangrentada y blanca,
como una mariposa, en vuelo repetido,
ven conmigo.
Si quieres ser la gota de cristal
que puebla el río,
ven conmigo.
Para poner sobre tus sienes una corona de oro,
de flores de  clavel y de espigas de trigo,
ven conmigo.
Si quieres y deseas y procuras
recibir de mis lágrimas emocionadas el rocío,
ven conmigo.
Si quieres…, quieres… quieres,
ser, por siempre, algo mío,
ven conmigo.

Zacarías Palacios

Por la carretera va
La ronda de los gitanos.
Llega trayendo congojas,
y recuerdos en sus trapos.
Los gitanos son la sombra,
son las canciones rodando
por las esquinas del tiempo
y vendiendo sus rosarios
de promesas, siempre ajenas,
y siempre llenas de llantos.
Llegan con el alma rota,
llevan la sangre en las manos
y ruedan su historia, a cuestas,
por las cañadas y cantos,
pues es su sino el estigma
de andar por la vida andando,
atrás de un sueño imposible,
que se esconde en el ocaso.
Buscan siempre una sonrisa,
apagada en el espacio.
Buscan su imagen perdida
del mundo en algún sembrado,
pero no cogen la espiga,
y no les madura el grano
de una cosecha de gracia
o el cobijo de un abrazo.
Les guía la soledad,
que se les queda colgando,
por los rincones del mundo,
recordando su fracasos,
sus andanzas, sus ensueños
por las colinas y llanos.
Llevan una herida abierta,
buscan la luz de los astros.
La herida sangra misterios
y se les cae de las manos
la lumbre que siempre buscan,
como un lucero lejano,
y nunca encuentran, en vida,
pues destino es del gitano
buscar siempre, en los caminos,
un sueño siempre alejado.
Es maldición de este pueblo
seguir andando… y andando,
sembrando por donde pasan
sus congojas y sus llantos.
No llevan consigo risas,
ni van canciones cantando.
Y no adorna su existencia
el repicar de sus cantos,
ni sienten nunca el perfume,
tembloroso e iluminado
de un haz de flores o estrellas
o de esperanzas un ramo.
Pues es su destino eterno
seguir andando…, y andando.

Zacarías Palacios

Cuando reinan el vacío y el silencio,
en el pecho,
es invierno.
Cuando explotan la pasión y el abrazo
a nuestro lado,
es verano.
Cuando los pétalos caen, quedan rotos
los encantos de tu rostro,
es otoño.
Cuando florecen la espera y la presencia,
cual rosadas violetas,
es primavera.

Zacarías Palacios

Quiero decirte un secreto
que me quema el corazón:
Yo te quiero
con ardor.
Quiero cantarte una endecha
que me llena de emoción:
Tu sonrisa es una estrella
y un candor.
Quiero gritar con el viento
una sonata y canción:
Te deseo
con pasión.
Dame una luz de esperanza,
que me será un arrebol:
Y, de este modo, mi alma
quedará llena de ardor.
Cuando escucho los gorjeos
de un canoro ruiseñor,
luego siento
de tus besos el rumor.
Quiero plantar, en tu huerta
y en tu jardín, una flor,
y espero, con esa siembra,
como fruto tu favor.
Ya que te he dicho el secreto
y, en mi alma, nació el sol,
ahora creo
y amo a Dios.

Zacarías Palacios

Olas de verde, que el vendaval levanta en el mar de resina,
levantan polvaredas en los campos abiertos
y siembran los perfumes todas aquellas villas,
rompido el seno moreno
de todos los pinares de Castilla.
El arpa de sus hojas, afiladas al vuelo
de un ataque a la quilla
de ese barco mojado de silencio,
peinado por la brisa
de los tiempos,
difunde por las vegas una calma infinita
y de la paz los ecos.
Sus sombras quejumbrosas y apretadas son como islas
donde descansan sus temblores almas y cuerpos.
Allí duermen los días
y allí se esconde el fuego
que abrasa las colinas
de esos templos
y ciernen, en la altura, una corona verde y limpia,
sembrada de misterios,
que coronan la vida
de un suave refrigerio, blando y tierno.

Zacarías Palacios

Por los siglos infinitos, el tiempo llega a galope.
Corre cual potro sin freno y cual avalancha con prisa
y quiere empujar, en sus brazos, alud de meses y de años
y amontonar, en sus lomas, un gran enjambre de vidas.
Es un alazán fogoso, es un rayo sin destino.
El tiempo pasa y no para. El tiempo avanza sin brida,
sin saber dónde se esconde o dónde quedan sus huellas
pues duerme un sueño eterno y una penumbra a la deriva.
Son oleadas de siglos disparados
que atacan por el centro, por el lado y la orilla
para arrasar las flores,
botones y sonrisas
con su guadaña larga, curva y llena de hambre que no para
de apagar los luceros e chispas
del amor que naciera y viviera
para sembrar de flores y cantigas
el mundo prolongado e infinito, adornado de estrellas
y de mil mariposas coloridas.
Esa carroza triunfal e inexorable do los tiempos
parece que pretende aplastar con sus sombras marchitas
la voz y los clamores del espíritu
que nace entre cenizas
para sembrar la gloria de la historia
y proclamar conquistas
y virtudes y ciencias y esperanzas
y amores y alegrías.
Sólo el amor es una ilusión que llega,
una espada encendida
que hiere el horizonte de la nada
y rompe la muralla que cerca, estremecida,
el horizonte negro del tiempo arrasador,
y revienta la ojiva
que oprime la esperanza,
dejando allí una espiga,
que produzca las rosas y canciones
de un cosmos renovado, en las orillas
de un nuevo reino que nos lleve hacia Dios.
El reino eterno de la vida
y la emoción.

Porto Alegre, 22.02.2002

Zacarías Palacios

Lunes

La luna queda colgada
los lunes en la ventana.

Martes

Marte se fue a la guerra
y nos mató las estrellas.

Miércoles

Mercurio quiso comprar
las caracolas del mar.

Jueves

Júpiter, el dios del cielo
quedó lleno de silencio.

Viernes

Venus cantaba al amor
sus endechas de color.

Sábado

Saturno trajo emoción
y renovó mi pasión.

Domingo

Yo quiero que este domingo
vengas a soñar conmigo.

Zacarías Palacios

La primavera pintaba
con esmero mil jardines
y una profusión brillaba
de color en sus confines.
La primavera escogía
el color en su paleta,
por doquier ella corría
adornando la meseta.
¿Cómo ella sabe escoger
el matiz que viste prados
y no se engaña al poner
ramilletes colorados?
La primavera es doncella,
que aprendió con una estrella
la ciencia de la pintura,
la elegancia y la dulzura
que hacen brotar los colores
del corazón de las flores.

Zacarías Palacios

Cuando pienso en las palabras y busco significados,
me asalta un grande duda, que se enreda en el misterio.
porque podemos decir palabras y otras palabras.
Podemos lanzar al viento
mil palabras llenas sólo de vacío,
sin valor de sentimientos,
sin loores
ni lamentos.
Otras palabras también
son duras como el acero,
porque hieren como dagas
y se clavan en el pecho.
Almas blancas y sedosas dicen palabras sonoras,
que estallan como sonrisas y besos
y dejan su huella honda
de la vida en los senderos.
Son palabras de verdad.
Son fontanas y veneros
de los ríos plateados y rientes del afecto.
Y, aunque parezca mentira pues parecen paradójicas,
hay también las palabras que son flores de los cielos,
pues, más que en rumores y gritos,
su sentido sacrosanto sólo se escucha en silencio.

Zacarías Palacios

Canta mi tierra su cantar dorado
sobre la vega en que florece el trigo
y enciende el sueño del labriego amigo
que allí sembrara su sudor mojado.

En ese campo sobrio y alargado,
trotan espigas, cual blasón y abrigo
de una esperanza, que también persigo,
aquí, cantar con mi rumor sagrado.

Es el trigo esperanza y hermosura
de mi tierra morena, y sembradura
de luces, de alegría y de centellas

que riman con la sangre de la vida,
a cada primavera repetida,
en la planicie, que dibuja estrellas.

Zacarías Palacios