La primavera pintaba
con esmero mil jardines
y una profusión brillaba
de color en sus confines.
La primavera escogía
el color en su paleta,
por doquier ella corría
adornando la meseta.
¿Cómo ella sabe escoger
el matiz que viste prados
y no se engaña al poner
ramilletes colorados?
La primavera es doncella,
que aprendió con una estrella
la ciencia de la pintura,
la elegancia y la dulzura
que hacen brotar los colores
del corazón de las flores.

Zacarías Palacios

Quiero caminos abiertos y avenidas alargadas
y quiero un campo infinito.
Quiero horizontes rasgados por donde llegue la paz
y donde nacen los lirios.
Quiero un bando de palomas
que la proclamen a gritos
y que, con mansos arrullos,
la propaguen como un abanico.
Quiero blancuras de nieve,
quiero sonrisas de niños,
quiero que el mundo se manche
de pétalos y de ritos
y que la guerra se entierre
para siempre en el olvido.
Paz y amor es el clamor estruendoso
que puebla nuestros caminos.
Paz y amor quiero cantar
por los siglos de los siglos.

Zacarías Palacios

Cuando la mañana o la tarde se oscurecen
y anochece,
brota, en las nubes fugaces, un color de plomo.
Parece que alguien ( no sé quién) estuviera jugando alos bolos.
Un estruendo largo,
entrecortado
y redondo
avanza como desenfrenado potro
que rasga las distancias,
poniendo miedo y pavor en las almas
y rompe el silencio,
donde moran los espacios etéreos.
Rueda el ruido radical, que arranca de raíz todas las sombras
colgadas de la nubes y repletas del furor
de un barroco fragor,
que deja caer por los rotos del espacio
mojado,
un torrencial,
de gotas,
cual gaviotas
de cristal.
 Agua y fragor
son hijos del sol,
porque, después, dibujan con sus pinceles
breves
un arco colorido, que anuncia un nuevo día
y una orquesta de brisas.
Aunque llueve y el trueno se alarga e los espacio y rueda,
es anuncio de una compacta y esperada primavera.

Zacarías Palacios

Llega, paloma blanca, a tu destino.
Si tu ala está mojada por el rocío,
espera que una brisa venga contigo
y aparte con su beso tu temblor frío.
¡Oh!, palomita blanca, llega sin sustos
y trae, entre sus alas, rumores puros
de verdes  esperanzas, y que tu arrullo
traiga la paz y calma para este mundo.
Blancura alba,
mansa y dorada,
mueve tus alas
de corola rosada
y haz brotar, en mi casa,
la rosa blanca.

Zacarías Palacios

Por entre un vergel de estrellas,
ornado de luces bellas
va paseando la luna,
como una diosa moruna.
Lleva un turbante de plata,
la melena en catarata,
que derraman, de la altura,
sus risas y su blancura.
A su paso silencioso,
balanceado y brioso
por los jardines de cielo
se van rasgando las sombras,
que, como frígida alfombra,
llenaban de oscuridad
del cosmos la inmensidad.
Cuando esa diosa pasaba
y el mar azul rielaba
en su carroza triunfal
alguien abría un cendal
sobre la tierra morena
y dejaba una serena
promesa blanca de brisas
como un tropel de sonrisas.
Y la luna parece una hada
sobre espuma de azul marejada.

Zacarías Palacios

La noche fluía trémula
bajo un dosel blanco de estrellas
sembrando sus carcajadas,
temblorosas, de esperanza.
Es una dama dormida,
es una nueva caricia,
es serenata de luces
es clamor de besos dulces.
La noche sueña, que sueña,
la noche sigue risueña
trayendo rumores blancos
al murmullo y los remansos.
Es una hada benigna
que deja penas dormidas
y enciende las carcajadas
de niñas enamoradas.
Es una canción serena
que deja risas morenas
y hace brillara los misterios
de la paz y del silencio.

Zacarías Palacios

Aunque yo nací de tarde,
en el interior, me arde
perfume de la mañana,
pues llegué por la ventana,
por donde florece el sol
y do sangra el arrebol.
Aunque no fuera triunfal,
fue floración de un rosal
y botón de siempreviva,
que familiar comitiva
esperaba con ardor,
con alegría y candor.
Desde mi tierna alborada,
por una mujer soñada,
sentí caricia y desvelos
y ardorosos anhelos
que pobló toda mi edad
de larga felicidad.
La infancia fue lisonjera,
la adolescencia, una espera
y la juventud, severa
y, algunas veces, quimera.
Llegando a la edad madura,
la ilusión de una aventura,
muy mística y misteriosa,
con la fuerza vigorosa
de sobrehumano ideal
me hizo brotar un caudal
de grandiosas ilusiones,
como ardorosas canciones,
de salvar la humanidad
y multiplicar la paz
en los sencillos mortales,
sedientos de fontanales,
donde brotara el amor
y las sonrisas en flor.
Cuando el mañana asomaba
y su rumor se anunciaba
por mi senda y mi camino,
un sentimiento mezquino
quiso cerrar mi horizonte
con las escarpas de un monte,
que escondía mi visión
y tronchaba mi pasión.
Por eso cambié el camino,
reformulé mi destino
hacia el jardín del candor
y me hice un ruiseñor,
que aprendió así a lanzar
las semillas de un cantar.
Un cantar lleno de fe,
una esperanza con que
me sonríe la alegría
de vivir en compañía
de mis seres más queridos,
dos mujeres muy graciosas,
tan bellas como dos rosas.
Así es mi historia sencilla
de Palacios Arandilla.

Zacarías Palacios

Sigo mi vida tranquila por la brisa
de la tarde
y, en el corazón me arde
de  mil recuerdos la brasa,
que, en la estepa castellana,
hace tiempo fue encendida
y jamás quedó dormida.
En bucólico rincón,
lleno de gracia y verdor
se yergue una casa blanca.
En esa casa está anclada
una florida guirnalda
de recuerdos y esperanzas,
mas sin olvido
sombrío.
Escondido en la distancia
de tiempo y tierra lejana
oigo el rumor silencioso,
cadenciado y rumoroso
del albor de una existencia,
que, en sus horas, será eterna.
En la alcoba de esa casa,
rimando ingenua romanza,
yo siento aún el amor
y el candor.
En sus paredes, colgadas
oigo voces murmuradas
de seres que ya se fueron
en la carroza del tiempo:
Una severa palabra,
que suena a cantiga honrada;
Frágil brisa de algún angélico ser,
disfrazado de mujer;
Un vigoroso fragor
lleno de vida e ilusión;
Y presentes, en la ausencia,
de dos cândidas morenas
sigo sintiendo la voz
que son auras de canción;
Una argéntea tonada
de quien vivía y soñaba
Y el balbucir de un pequeño,
que había estrenado afectos.
En esta casita, blanca, azul e iluminada,
escucho aún la alborada
de emociones que se fueron,
pero que aún no murieron,
porque, ahora sé que los siglos,
son, como el cielo, infinitos,
y yo aún sigo viviendo
                en el embrujo del tiempo
de aquella casita blanca
de la estepa castellana.

Zacarías Palacios

Era una figura santa.
Era hecha de cristal:
frágil como violeta y que guardaba un rosal,
cuajado de flores blancas.
Es una imagen sagrada que adorna mi corazón,
y florece mi emoción.
Era un botón de mujer.
Violeta de vergel,
sembraba el hogar de rosas.
Cual heroína ardorosa
esparció a todos su fe
y nos enseñó a creer.
Esta es mi madre bendita
a quien ofrezco caricias
y este sencillo cantar.
Nunca la podré olvidar
Porque me enseñó a aprender,
porque me enseñó a querer,
porque me enseñó a rezar
y también me enseñó a amar
Fue frágil como un cristal,
y fuerte como un coral.

Zacarías Palacios

¿Cómo se cuelga la noche de los cuernos de la luna?
¿Cómo corre hacia las sombras por unas sendas oscuras?
¿Cómo florecen misterios
en las cuevas del silencio?
¿Quién enciende las antorchas
de los astros, en las lomas
de la bóveda celeste
y parecen
girasoles y luciérnagas que gritan
con los cantos de sus cítaras?
¿Cómo llegan las tinieblas a este mundo
por los atajos rotundos
del oriente donde nace
la grande
rosa del sol
y hace sangrar el color del arrebol?
Aunque una sombra florezca
en el lugar de una estrella,
sienta
en la noche y… espera.

Zacarías Palacios