La noche fluía trémula
bajo un dosel blanco de estrellas
sembrando sus carcajadas,
temblorosas, de esperanza.
Es una dama dormida,
es una nueva caricia,
es serenata de luces
es clamor de besos dulces.
La noche sueña, que sueña,
la noche sigue risueña
trayendo rumores blancos
al murmullo y los remansos.
Es una hada benigna
que deja penas dormidas
y enciende las carcajadas
de niñas enamoradas.
Es una canción serena
que deja risas morenas
y hace brillara los misterios
de la paz y del silencio.

Zacarías Palacios

Aunque yo nací de tarde,
en el interior, me arde
perfume de la mañana,
pues llegué por la ventana,
por donde florece el sol
y do sangra el arrebol.
Aunque no fuera triunfal,
fue floración de un rosal
y botón de siempreviva,
que familiar comitiva
esperaba con ardor,
con alegría y candor.
Desde mi tierna alborada,
por una mujer soñada,
sentí caricia y desvelos
y ardorosos anhelos
que pobló toda mi edad
de larga felicidad.
La infancia fue lisonjera,
la adolescencia, una espera
y la juventud, severa
y, algunas veces, quimera.
Llegando a la edad madura,
la ilusión de una aventura,
muy mística y misteriosa,
con la fuerza vigorosa
de sobrehumano ideal
me hizo brotar un caudal
de grandiosas ilusiones,
como ardorosas canciones,
de salvar la humanidad
y multiplicar la paz
en los sencillos mortales,
sedientos de fontanales,
donde brotara el amor
y las sonrisas en flor.
Cuando el mañana asomaba
y su rumor se anunciaba
por mi senda y mi camino,
un sentimiento mezquino
quiso cerrar mi horizonte
con las escarpas de un monte,
que escondía mi visión
y tronchaba mi pasión.
Por eso cambié el camino,
reformulé mi destino
hacia el jardín del candor
y me hice un ruiseñor,
que aprendió así a lanzar
las semillas de un cantar.
Un cantar lleno de fe,
una esperanza con que
me sonríe la alegría
de vivir en compañía
de mis seres más queridos,
dos mujeres muy graciosas,
tan bellas como dos rosas.
Así es mi historia sencilla
de Palacios Arandilla.

Zacarías Palacios

Sigo mi vida tranquila por la brisa
de la tarde
y, en el corazón me arde
de  mil recuerdos la brasa,
que, en la estepa castellana,
hace tiempo fue encendida
y jamás quedó dormida.
En bucólico rincón,
lleno de gracia y verdor
se yergue una casa blanca.
En esa casa está anclada
una florida guirnalda
de recuerdos y esperanzas,
mas sin olvido
sombrío.
Escondido en la distancia
de tiempo y tierra lejana
oigo el rumor silencioso,
cadenciado y rumoroso
del albor de una existencia,
que, en sus horas, será eterna.
En la alcoba de esa casa,
rimando ingenua romanza,
yo siento aún el amor
y el candor.
En sus paredes, colgadas
oigo voces murmuradas
de seres que ya se fueron
en la carroza del tiempo:
Una severa palabra,
que suena a cantiga honrada;
Frágil brisa de algún angélico ser,
disfrazado de mujer;
Un vigoroso fragor
lleno de vida e ilusión;
Y presentes, en la ausencia,
de dos cândidas morenas
sigo sintiendo la voz
que son auras de canción;
Una argéntea tonada
de quien vivía y soñaba
Y el balbucir de un pequeño,
que había estrenado afectos.
En esta casita, blanca, azul e iluminada,
escucho aún la alborada
de emociones que se fueron,
pero que aún no murieron,
porque, ahora sé que los siglos,
son, como el cielo, infinitos,
y yo aún sigo viviendo
                en el embrujo del tiempo
de aquella casita blanca
de la estepa castellana.

Zacarías Palacios

Era una figura santa.
Era hecha de cristal:
frágil como violeta y que guardaba un rosal,
cuajado de flores blancas.
Es una imagen sagrada que adorna mi corazón,
y florece mi emoción.
Era un botón de mujer.
Violeta de vergel,
sembraba el hogar de rosas.
Cual heroína ardorosa
esparció a todos su fe
y nos enseñó a creer.
Esta es mi madre bendita
a quien ofrezco caricias
y este sencillo cantar.
Nunca la podré olvidar
Porque me enseñó a aprender,
porque me enseñó a querer,
porque me enseñó a rezar
y también me enseñó a amar
Fue frágil como un cristal,
y fuerte como un coral.

Zacarías Palacios

¿Cómo se cuelga la noche de los cuernos de la luna?
¿Cómo corre hacia las sombras por unas sendas oscuras?
¿Cómo florecen misterios
en las cuevas del silencio?
¿Quién enciende las antorchas
de los astros, en las lomas
de la bóveda celeste
y parecen
girasoles y luciérnagas que gritan
con los cantos de sus cítaras?
¿Cómo llegan las tinieblas a este mundo
por los atajos rotundos
del oriente donde nace
la grande
rosa del sol
y hace sangrar el color del arrebol?
Aunque una sombra florezca
en el lugar de una estrella,
sienta
en la noche y… espera.

Zacarías Palacios

Lenguas de metal que lanzan sus sonidos a los vientos
como sierpes sonoras que mueven sus olas de ilusión
y pregonan sus ritmos redondos y severos
sembrando en el espacio una canción.
Es un pájaro raudo que lanza sus gemidos y gorjeos
para llamar las almas al amor
y dejar resonando, en el silencio,
sus versos retumbantes, manchados de temblor,
y poblando esta vida de esperanzas y de anhelo
y de brisas rientes de calor.
Haz cantar sobre mí la campana de tus besos
para que siga oyendo, en mis espacios, tu grito de fervor.

Zacarías Palacios

Vivo pensando en el tiempo, hecho de efémero encaje,
y siento un vacío inmenso
que me suena cual rumor misterioso y alargado,
filigrana repetida, carcajadas de un misterio,.
Aunque parece un cristal transparente y ondeante
que retrata la existencia sin arrugas ni reflejos,
va extiendo tentáculos invisibles
por los surcos de las horas en saltos largos y negros
de un caminar prolongado,
cual interrogante perpetuo.
¿Es el tiempo el que camina
por avenidas del cielo
y va empujando a la nada
la lumbre de los luceros?
¿O es la vida la que esconde, en negra gruta
o senderos,
la realidad del mundo, arrugada y apretada
por la fuerza de un ensueño
todo lo que el mundo esconde,
en sus abismos y reinos?
Sabia diosa de la ciencia,
y duendes de los espejos
del saber y del destino, descubridme este misterio:
¿Por qué el futuro se acerca, se encoge y queda siempremenor
y hasta hace vivir la nada, resbalando entre sus dedos?
¿Por qué, también, el pasado se alarga como unaespada
que se nos clava en el cuerpo,
haciéndose casi infinito, que aumenta todos los siglos
como apéndice sereno,
que se agarra a sus orillas
diluidas, en silencio?
¿Por qué, aún, el presente no crece ni disminuye,
mas siempre es sólo un momento?
El pasado es infinito,
El futuro se aproxima y es pequeño
Mas el presente llegó,
pasa siempre y es eterno.

Zacarías Palacios

Amarrado a mi recuerdo, como un icono sagrado,
llevo guardado en el pecho, que es trémulo relicario,
viva emoción de infancia, que no se apaga
ni calla.
Era un señor esperanza,
con la mirada cansada,
porque la tierra morena, en su semblante, sembrara
la marca
de flor triguera
y su alma, saltarina y dominguera
esparcía los perfumes
de sus honestos costumbres
que a su prole trasmitía
con  gracia y con gallardía.
Este icono es un señor,
a quien dedico mi amor
porque aprendí a llamar “padre”,
y, en el corazón, me arden
su ejemplo y su canción.
¡Es mi padre y mi rey sol!

Zacarías Palacios

Para buscar estrellas silenciosas y amarillas
que resuenen el himno del amor sin gritos,
ven conmigo.
Si buscas en la vida las risas clamorosas
que aparten el olvido,
ven conmigo.
Si quieres los perfumes más golosos
que atraviesan los tiempos infinitos,
ven conmigo.
Para encontrar más luces y luceros en las sombras
de los campos dormidos,
ven conmigo.
Cuando te duela la añoranza de un querer
y de un amor partido,
ven conmigo.
Si un vendaval y una borrasca están amenazando
tus corazones íntimos,
ven conmigo.
Si pretendes buscar las huellas de un abrazo soberano,
estampadas en templos escondidos,
ven conmigo.
Si quieres una rosa ensangrentada y blanca,
como una mariposa, en vuelo repetido,
ven conmigo.
Si quieres ser la gota de cristal
que puebla el río,
ven conmigo.
Para poner sobre tus sienes una corona de oro,
de flores de  clavel y de espigas de trigo,
ven conmigo.
Si quieres y deseas y procuras
recibir de mis lágrimas emocionadas el rocío,
ven conmigo.
Si quieres…, quieres… quieres,
ser, por siempre, algo mío,
ven conmigo.

Zacarías Palacios

Cuando reinan el vacío y el silencio,
en el pecho,
es invierno.
Cuando explotan la pasión y el abrazo
a nuestro lado,
es verano.
Cuando los pétalos caen, quedan rotos
los encantos de tu rostro,
es otoño.
Cuando florecen la espera y la presencia,
cual rosadas violetas,
es primavera.

Zacarías Palacios