Quiero escuchar el silencio
que grita en la soledad,
Deseo ver las tinieblas
que pueblan la inmensidad,
Yo busco tocar la nada
que tiembla en ningún lugar.
Quiero gustar la amargura,
que no tiene paladar.
Quiero contemplar las sombras
que llenan la oscuridad.
Quiero entender el no ser,
la inexistencia total.
Quiero sentir el perfume
y olor que no existen más.
Yo busco entrar en el caos
y en la confusión voraz
Quiero vivir el pasado
de miles de años atrás.
Yo quiero el todo y la nada
mas no los sé aprisionar.
Voy a buscar una hada
que me lo sepa enseñar…
Es la hada de fantasías,
que me lleva a la ciudad
del mundo de los ensueños
quien me enseñará a soñar.
Sueños grandes, misteriosos
y una quimera capaz
de llenar mis esperanzas
será el camino real
para alcanzar mis deseos
y al imposible llegar.
Quiero soñar en la vida
y eternamente soñar.

Zacarías Palacios

Agujas rasgan el cielo
Sobre un poema de piedra,
Porque quieren florecer
Y conquistar las estrellas.
La flor de la Catedral
Entre las nubes se enreda
Y ensarta, en sus caracolas,
La luz del sol y tinieblas.
Y las casas se arrodillan,
buscando paz en la iglesia.
Los árboles, juguetones,
Suben del castillo a cuestas
Y dejan caer la sombra,
Llena de rizos, morena.
Los paseos silenciosos
(Isla y Miraflores) piensan
Que son caminos de gracia
Y de los rosales sendas.
Cartuja y Cardeñadijo,
Hitos de la Historia vieja,
Son recuerdos del pasado
Y sonatas de una ESPERA.
El Cid continúa vivo
En la extensión de esta tierra;
Las flores siempre florecen
Y los pájaros gorjean.
Burgos es historia y llama,
Que alumbran la sementera
De amistades y sonrisas
De pundonor y nobleza.
Burgos y su Catedral
Son siempre viejas y nuevas
En sus canciones y amores.
Burgos es amor en fiesta.
Cantemos, unidos, Burgos.
Burgos carne, Burgos piedra.

Zacarías Palacios

Canta mi tierra su cantar dorado
sobre la vega en que florece el trigo
y enciende el sueño del labriego amigo
que allí sembrara su sudor mojado.

En ese campo sobrio y alargado,
trotan espigas, cual blasón y abrigo
de una esperanza, que también persigo,
aquí, cantar con mi rumor sagrado.

Es el trigo esperanza y hermosura
de mi tierra morena, y sembradura
de luces, de alegría y de centellas

que riman con la sangre de la vida,
a cada primavera repetida,
en la planicie, que dibuja estrellas.

Zacarías Palacios

Por los alcores sombríos
de una meseta ondulada
murmura el agua del río
encendiendo la cañada
de un campo serio y sagrado
de Castilla fría y blanca.
Es una canción sedosa,
es una rima mojada.
Es un rumor de misterio
que canta la madrugada,
y, en la alameda dormida
y líquidas carcajadas,
un río noble y severo
entona las serenatas
de la vida y del destino
de la historia que nos habla
del tiempo que ya durmió
y dejó huella estampada
en bloques de piedra viva
florecidos y con alma.

Zacarías Palacios

Dame,
dame, lucero mío,
dame, lucero,
dame el rocío
que cae del cielo.
Es ese el beso frío
que yo más quiero.
Juega en el río,
huele a romero
y me parece un niño
que trae requiebros.
Dame, lucero mío,
dame este sueño,
que me despierta el grito
de mis recuerdos.
Es un clamor dormido,
es un fulgor sereno
y es un suspiro,
que parece un espejo
donde me miro.
Dame, lucero,
dame ese beso frío
que traes del cielo.

Zacarías Palacios

Es un altar la tierra castellana,
donde se ofrece el fruto de la mies
perfumado de incienso de un  ciprés,
subiendo hasta la altura, de mañana,

para besar del alba soberana
la grandeza de Dios; luego después
cantar, contrito, el himno de la fe
como alondra de luz ya bien temprana.

Campo sagrado que, de día, brilla
y, de noche, ante el ara se arrodilla
para rezar su ofrenda sacrosanta

celebrando, con alma silenciosa,
la belleza del trigo y de la rosa,
que, en sus recios rincones, se levanta.

Zacarías Palacios

En el campo de mi tierra hay un río,
que rasga tierras morenas.
Deja la vega serena,
cuando por ella pasa como el filo
de un cuchillo.
Cuando yo era pequeñuelo,
fui, al lado de mi madre, sonriendo
a pasear por el río.
mas resguardado del frío,
la corriente de su agua,
como una paloma mansa,
iba dejando suspiros.
Íbamos muy despacito,
mi madre a lavar la ropa,
solícita y silenciosa,
yo, como inquieto chiquillo,
a mirarme en cielo límpido.
Ella creaba candor,
mientras reflejaba el sol
y hacía brotar el brillo
en todo aquel atavío.
De tanto mirar al agua,
que era azul esmeralda,
como si fuese un berilo
y de la pureza un símbolo,
se me tiñeron los ojos
de un azul suave y gracioso,
como si fuesen jacintos.
Ese paseo hacia el río
puso en mí dos esmeraldas
que son verde azuladas,
coronadas por un lirio.

Zacarías Palacios

Yo contemplaba el silencio paseando en la floresta.
Andaba lleno de pausas y apretado de sonrisas,
cantando sus serenatas a la luna y las estrellas,
que parecían dormidas.
Transportaba entre sus alas temblorosas
una mojada caricia
y una corona de rosas
despertadas por la brisa.
Y, en su regazo alargado,
ritmos de paz traía
como gorjeos de pájaros
que de la altura caían.
Dardos de luz como espadas
el sol ardiente emitía
y hasta el silencio adornaban,
en toda la lejanía.
Yo le escuchaba cantar en toda la inmensidad
y sus cánticos lucían,
trayendo al mundo la paz
que a todos nos sonreía.

Zacarías Palacios

Una culebra de fuego zigzaguea en las alturas.
Corre haciendo travesuras,
lanza chipas al vacío,
y rasga el cielo sombrío.
Se arrastra por el espacio con grande velocidad
y va dejando caer, por entre la inmensidad,
una lluvia de luceros,
con sus cabellos severos.
Son espadas encendidas que brillan en las tinieblas
y asesinan sombras tétricas,
asustando a las estrellas
y manchan la luna llena.
¿Dónde lanzarán sus dardos?
Porque, aunque parecen astros,
rasgan la tierra y el mar
y su rotundo compás
estremece los rosales,
hace temblar los pinares
y deja un beso maldito,
acompañado de un grito,
que marchita los jardines,
porque es ósculo y abrazo de furor,
que nos llena de terror.
Deja pasar ese grito y olvida ese beso maldito,
pues siempre, después que un lirio
es marchitado y escondido entre las tinieblas,
nos brotan las azucenas
y nacen las violetas.
Después del invierno gélido nos llega la primavera.

Zacarías Palacios

Cuando llega la mañana por las puertas de la aurora,
Es un blanco camino para que la vida empiece.
Cuando el sol brilla en la altura de la bóveda celeste,
es porque la vida crece.
Cuando se oyen los gorjeos y los trinos de las aves,
la vida es que se enternece.
Cuando brilla el arco iris entre tinieblas y luces,
es un misterio de vida que, en el color, se estremece.
Cuando lágrimas de plata nos llegan desde las nubes,
es el vigor de la vida que la dureza enternece.
Cuando se oyen las campanas llenando la soledad,
es el rumor de la vida pidiendo al mundo que rece.
Cuando nos llegan las sombras de la tarde a la emoción,
es el fulgor de la vida que llora porque anochece.
Cuando cuelgan las estrellas sus perlas y su temblor,
es porque, en lo alto del cielo, siempre es día y esclarece..
Cuando un perfume de rosas nos brota del corazón,
es que la vida florece
en borbotones de amor
y eternamente amanece.

                                Porto Alegre, 29.03.2003

Zacarías Palacios