Se necesita un nuevo verso
que nos universalice
en la mesura,
y en una mejora de aires,
ante las mil usuras,
que nos roban la vida.

Para educar en la paz,
se precisa vivir en el amor
y enterrar el odio,  
abrirse a la poesía
y cerrarse a los saqueos,
quererse para querer
y querer para ser querido.

Bajo este clima comprensivo,
la paz es un amor posible
y el amor un amor duradero.

Víctor Corcoba Herrero

«Yo soy el pan de vida», dice Cristo,
«tenéis que comer mi carne y beber mi sangre…
y si no, no tendréis vida!»

Jn.6:48-53

    I

La vida es un soplo
de aire
y un silbato de sol,
un haz de pequeñas cosas
y un cielo que nos espera.

Sólo vive el que sabe vivir.
Vivir y dejar vivir.

Vivir el pan de Vida,
que quita el hambre.
Beber el vino del Sol,
que quita la sed.
¡Es lo más que Dios puede dar!

    II

El pan es Eucaristía
y el vino esencia de verso,
el arte de vivirlo
es beberlo
amando mucho,
que de tanto amar
brote un poema luminoso
que Dios hizo la vida para vivirla.

    III

Ábrete al amor
y deja que te encierre,
que te empape
y te envuelva…
como luna entre
las olas del mar
y como sol
entre las brisas del cielo.

En Jesús Sacramentado
lo tienes todo.
No pienses nada,
nada busques:
¡Qué en Él,
todo lo has hallado!

    IV

Nada reluce más que el sol
del Corpus,
querencia de recuerdos:
Pido el acuerdo de amor,
para los que sufren carencias.

¡Qué Dios hizo la vida
para compartirla,
repartirla y heredarla,
sin otro poder,
que conservarla poesía,
para poder amarla!.

    V

Tras el vivir y el ser,
está lo que más asciende:
Ser poesía en movimiento
que agite a la unidad.
¡Sólo Dios es el verso!

Víctor Corcoba Herrero

«Ahora no voy por el mar;
aquél sólo era de agua;
el de la vida es peor,
pues es de hiel y de lágrimas»

(Jacinto Verdaguer: 1845-1902)

Me gusta ver el mar,
y perderme en sus bamboleos,
cuando alza su concierto
de sílabas al cielo
y sus alas me acarician los labios
amortajados de tristeza
por las rudas resacas de la vida.

Pláceme beber el salado aroma
al son del viento
y enviarle versos de paz
al fiero mundo, al furioso león.

Versos que brotan del alma.
Del alma de la soledad inmensa.
De las inmensas músicas sonoras.
De los ojos de la luna de conchas llena.

Envuelve al mundo en la poesía,
—le digo al mar—, combate la soberbia,
que la tierra se estremezca
en la nada, en tu lanza de azotes.

Que tras habitar en la poesía
de estrellas y luceros
el odio espanta y el león se doma.

Inquieto el mar, proclama
la grandeza de sus azules transparentes,
mientras sobre la arena
surge el desconsuelo en el poeta.

Una lección última nos ha traído
la bravura del mar: cadáveres.
Y por darle venganza le recrimino,
le doy la espalda y vuelvo a tierra.

Una tierra que ve pasar la muerte
y no hace nada por abrir los brazos,
desde un rascacielos de vicios y vacíos.

Víctor Corcoba Herrero

Quise medir el amor
con los labios del mar,
y el mar me bañó de versos
con los labios de tu boca.

Tu boca es el olvido del yo
y la memoria del alma
que se funde y se confunde.

Porque el amor
es la necesidad de salir
de uno mismo
y de entrar en el otro
como luna en la mar.

Y el mar con el amor
es un poema de vida,
en busca de soles y de sales,
un aire de rosas en llama.

Una llama que se enciende
con los ojos del alma,
que crece con los oídos del pulso,
y con el tacto de la poesía.

La poesía como el amor
nunca pasará de moda,
siempre nos resucitará
todas las bondades
y todas las virtudes.

Si quieres ser correspondido
con el beso del amor,
ama tú y espera,
que la espera aviva y revive.

Revive y aviva la rosa del amor,
que lo es todo en todos,
y que nos vuelve nada en la nada.
 
Que cada cual verse al amor
como quiera verse y abrazarse.
Que cada cual verse al amor
como quiera morir y renacerse.

Que cada cual verse al amor
como el amor versa a la vida,
donde los acantilados encantados,
conciertan la desnuda sonata
del gusto en el gesto del goce,
tan anudado como anidado,
tan acompasado como acompañado,
y tan compartido como repartido.

Víctor Corcoba Herrero

    I

Violentar la paz,
es proclamar la violencia
y tomar el terror por bandera.

    II

Más que alimentos,
hacen falta escuelas
que eduquen para la vida,
reeducando para vivir,
respetando, ¡amando!.

    III

Habría que promover
el culto a la palabra,
y mover los corazones
desde el surtidor del verso,
dialogar más y chillar menos,
comprender y aprender
a reemprender caminos de luz.
Si hemos de gritar
que sea para defender
el derecho a una existencia
digna, el derecho
a poblar caminos de amor
y a repoblar soledades.

    IV

El encuentro con la diversidad
no es adversidad, sino reencuentro
de latidos abrazados por la vida.

    V

Si hemos de estar con alguien
que sea con los sufren.
Seamos portavoces
de los que no tienen voz.
Seamos poetas
de los que no tienen poesía.
Seamos horizonte
de los que no tienen futuro.
Seamos el abrazo
de los que viven el rechazo.

    VI

Los líderes políticos
han de tornarse poéticos:
tan cantautores como autores,
—menos cantamañanas
y más mañana, me digo—,
para crear y creer
en un mundo en paz,
rimado con la justicia,
bajo el tono de la libertad
y el timbre del pluralismo.
Al igual que un aire celeste
y manso, tierra adentro,
como mar en busca de puerto,
como ola en busca de aire,
como aire, calmante
de los desaires,
que colma y cura
el mar de los dolores,
abriendo claridades en la noche.

Víctor Corcoba Herrero

“Cuclillos del dolor, heraldos ciegos, falsos patriotas”

(Antonio Gala)

Hoy he querido cultivar
rosas en el mar
y lunas en la tierra,
pero se desgarró
el verso en las manos,
al ver que una bomba
tronchó la inocencia.

Vivir sin vivir no es vivir.
No es vivir, vivir sin vivir.
Vivir es estar despiertos.

Por ello, se necesita la voz
de los poetas,
que no viven para contar,
cantan para vivir más,
y de paso, pasan
revista al tiempo,
que todo lo imprime y exprime.

Porque, para existir,
y no vegetar,
hace falta más valor
que para encogerse de hombros
y arrodillar el cuerpo.

Dejadle, pues, al poeta
las manos libres
para que libre la batalla
del amor,
que no se dice, se hace;
y si bien se hace, nace.

Porque el amor
es igual que una ola:
levanta su vuelo,
reclama la mirada,
y luego se abraza al sol,
mientras el poeta oficia
de luna y ensortija el momento.

Si alguien desentona,
lo deja en la orilla
o lo traga en destierro.

Porque del odio,
me falta el adiós
y de las balas me sobra
la espoleta, sería
buen tono y mejor tino,
pactar con el justo
del que no me sobra nada,
para nadar en su equidad,
que es un nido de luz
y un nicho de paz.

Paz he dicho,
para defenderla a todo trance,
aspirarla, respirarla, desearla;
que amarla es lo esencial
y conquistarla es lo propio,
para mantener en calma, el alma;
para sostener en vivo, la vida;
sin tantas banderas, ni bandos.

Víctor Corcoba Herrero

Descompensadas pasiones
se apoderan del mundo;
deseos de poder y podar,
de dominar y domar,
de someter y arremeter.

Adormecida la humanidad,
nada es lo mismo,
ni el amor sabe a rosa,
ni la rosa a poesía,
ni la poesía a vida,
ni la vida a manantial de luz.

Hacen falta corazones abiertos
al amor de los amores,
al amor de Dios,
en un tierra que entierra
la sonrisa de los niños
y se ciega a dar palos a los sordos.

Se precisan labradores
que cultiven labios de alma,
para que sus besos cautiven
el orbe y el urbe, el ser y el estar.

Si tú eres uno de ellos,
escríbelo en el aire,  
abracemos miradas
y ciñamos corazones,
para que el poema de vivir
vuelva a la vida,
y en la vida viva y nos reviva.

Víctor Corcoba Herrero

Los asuntos del género humano
han de tratarse con humanidad,
y han de retratarse con sinceridad.

La paz no se grita, se silencia
con la voz del corazón
y la música del alma.

Ante tan honda actitud íntima
de la mente, se ahonda
el verso y se alivia la tierra.

Porque el amor
es la vocación innata del ser humano,
y la evocación de la historia humana.

Del género humano emana
tanto la extensión natural
como la dimensión trascendente.

Toda la vida del mundo,
con sus tristezas y gozos,
debemos asociarla al amor
y no disociarla del hombre.

Solamente en la poesía
el hombre descubre la armonía
y redescubre la concordia.

Porque la vida humana
alcanza su olimpo
cuando se dona a los demás,
y además no se enzarza.

Quién se pone a sí mismo
como señor  de todos,
acepta la mentira
y rechaza la verdad.

Nadie es más que nadie.
Y si nadie quiere ser nadie,
y todos queremos ser todo,
decretemos la constitución
de igual ante la vida,
que ante la muerte ya lo somos.

Y levantemos la bandera,
del género humano,
con las garantías poéticas
del principio de hermandad.

Víctor Corcoba Herrero

“Fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano”

   I.- LA FE

Yo soy la paz y en paz florezco.
Yo soy el amor y en amor existo.

Vivo cuánto más aspiro la poesía,
y cuanto más respiro el verso,
y cuánto más transpiro
la transparente luminaria
de ser la energía y el valor,
la aurora viva del cielo.

Porque yo soy la fe,
la que convierte la noche en día,
el día en un aire de gozos,
y el gozo de morir en vida.
¡La vida soy, en la vida vivo!.

   II.- LA ESPERANZA

Yo soy el estado óptimo del optimismo.
Yo soy el estado del alma y el sentido.

El sentido de una vida de amor,
que no se deriva de juegos,
ni germina en los éxitos,
ni prospera en las grandes mansiones.

Porque yo soy la esperanza,
la que viene de Dios y en Dios se halla.
¡Y hallados en Él, se gana la Vida!.

   III.- LA CARIDAD

Yo soy el amor de amar amor.
Yo soy el vínculo más níveo del verso.

El verso perfecto que nos une a Dios
y a los demás, el verso magistral
de hermanarse todos con todos,
el amor invencible
que todo lo soporta y perdona.

Porque yo soy la caridad,
la que purifica el amor,
y lo eleva a la cima del gozo.
¡Y en tal alto gozo, reposa la luz!.

Víctor Corcoba Herrero

    I

Todos pedimos más,
más ley,
todos pedimos más,
más orden,
mientras todos tratamos
de burlar la norma
y eludir el cumplimiento.

    II

Tenemos leyes para todo,
menos la ley de la palabra.
Aquella que no se casa
con nadie, si no es lo justo.

Nos apuntamos a juzgar
al vecino,
sin antes juzgarnos
a nosotros mismos.

Somos así, la ley sin ley.

    III

Ante leyes injustas,
recomiendo el fuero
de la conciencia.

Ante conciencias
sin ley, encomiendo
sembrar poesía.

Que tras la siembra
del verso, brota el amor.

    IV

La ley más que mandar
ha de mondarnos la piel
y darnos un libro
de actividades,
con notas de aplicación.

    V

Para acudir a un litigio
hace falta llevar consigo:
una montaña de papel,
una cordillera de euros,
y un mar de paciencia.

Mejor sería volver
a la montaña verde,
a la pelada cordillera,
y tomar el sol en el mar
como lagarto panza arriba.

    VI

Si el legislador
es el eco de la razón,
y el magistrado
el eco de la ley,
y el poeta
el eco del mundo,
pido la palabra
y no la ley.
Que muchas son las leyes
en un estado sin palabra.

    VII

La ley del amor
es la única que salva
y purifica.

La ley del amor
es la única letra del cielo.

El amor es la ley
de servir donándose.

Víctor Corcoba Herrero