Poesía es caminar y hacer camino.
Hacer camino es vivir y dar vida.
Dar vida es sembrar y asombrar.
Asombrar  con ojos de niño,
hallarse poeta y sentirse poema.

En los labios siempre la risa
como respuesta a una mirada,
como apuesta de paz,
como declaración de amor,
que todo lo ameniza y armoniza.
Que nos trascienda la luz
en plena sombra y nos encienda
el sosiego que nos asciende a Dios,
¡sólo Dios es la fuente del gozo
y el manantial de la Vida!.

Porque la Vida no es un instante,
es un verso perpetuo,
un latido de corazones,
un aire desprendido,
donde nadie es esclavo de nadie.

Hemos de amar al ser por ser persona.
Hemos de amar  al ser.
Hemos de amar.
Hemos de ser para el mundo, ¡la poesía!.

Porque un corazón que no comparte,
se parte;
y roto es un modo de morir.

Víctor Corcoba Herrero

Quise medir el amor
con los labios del mar,
y el mar me bañó de versos
con los labios de tu boca.

Tu boca es el olvido del yo
y la memoria del alma
que se funde y se confunde.

Porque el amor
es la necesidad de salir
de uno mismo
y de entrar en el otro
como luna en la mar.

Y el mar con el amor
es un poema de vida,
en busca de soles y de sales,
un aire de rosas en llama.

Una llama que se enciende
con los ojos del alma,
que crece con los oídos del pulso,
y con el tacto de la poesía.

La poesía como el amor
nunca pasará de moda,
siempre nos resucitará
todas las bondades
y todas las virtudes.

Si quieres ser correspondido
con el beso del amor,
ama tú y espera,
que la espera aviva y revive.

Revive y aviva la rosa del amor,
que lo es todo en todos,
y que nos vuelve nada en la nada.
 
Que cada cual verse al amor
como quiera verse y abrazarse.
Que cada cual verse al amor
como quiera morir y renacerse.

Que cada cual verse al amor
como el amor versa a la vida,
donde los acantilados encantados,
conciertan la desnuda sonata
del gusto en el gesto del goce,
tan anudado como anidado,
tan acompasado como acompañado,
y tan compartido como repartido.

Víctor Corcoba Herrero

Hoy he vuelto a pasear
por el mar de la vida
y descubrí que las rosas
son lunas y que el cielo
es un abanico de soles
y el aire un aliento de sales.

Confieso al confesor del Universo
y ante el lector autor de la poesía,
lo que sigue y lo que suma:
Quise ser ola en plenitud
y tuve que donarme a los demás;
quise quedarme a vivir en la poesía
y tuve que servir al servidor;
quise  consagrarme al amor
y tuve que decir adiós al odio;
quise llevarme la paz a la boca
y tuve que hacer el corazón.

Me pudo la vocación de ser poeta,
que es una evocación a la vida,
a recibirla con el alma
y a ofrecerla con el verso.

Un verso de llegada
y otro verso de partida,
que está en las manos de Dios;
un Padre amoroso y compasivo,
que es la luz en la sombra,
la calma en los que sufren,
el orden en el desorden.

No hay mayor manantial de gozos
que ese Dios Creador y Padre,
que todo lo puede,
para que el hombre no muera,
para que el hombre viva,
para que el hombre beba
la eternidad eterna de lo eterno.

De esta unión de Dios con el tiempo,
nace el deber de poetizarlo,
de santificarlo, de venerarlo,
¡de amarlo!.  El ahora sin horas,
el segundero sin sendero,
y la vida naciente sin pacientes.
Sólo Dios salva. Sólo Dios basta.

Víctor Corcoba Herrero

Descompensadas pasiones
se apoderan del mundo;
deseos de poder y podar,
de dominar y domar,
de someter y arremeter.

Adormecida la humanidad,
nada es lo mismo,
ni el amor sabe a rosa,
ni la rosa a poesía,
ni la poesía a vida,
ni la vida a manantial de luz.

Hacen falta corazones abiertos
al amor de los amores,
al amor de Dios,
en un tierra que entierra
la sonrisa de los niños
y se ciega a dar palos a los sordos.

Se precisan labradores
que cultiven labios de alma,
para que sus besos cautiven
el orbe y el urbe, el ser y el estar.

Si tú eres uno de ellos,
escríbelo en el aire,  
abracemos miradas
y ciñamos corazones,
para que el poema de vivir
vuelva a la vida,
y en la vida viva y nos reviva.

Víctor Corcoba Herrero

I.- SALADA FRAGANCIA

De tanto navegar por la esperanza
hallé el amor y de él me hice devoto,
porque entregarse es etérea foto
y compartir latidos es bonanza.

Del níveo beso brota una danza
de olas en verso, un mar en alboroto,
un río de silencios, cauce de un soto
de aire que calma y colma en templanza.

¡Qué gran quietud nos ofrenda el amor!.
¡Qué gran quietud nos refrenda donarse!.
¡Qué suave inquietud, qué paz su furor!.

No hay nada mejor que de amor bañarse
para ahuyentar la cruz del dolor,
y en la ardiente pasión eternizarse.
 

II.- MÚSICAS SONORAS
 

Igual que el firmamento
son los amantes,
porque tienen su firma
en el sentimiento,
y su universo
en el beso,
y su casa en la casa
del corazón.

Al corazón por ser poesía
van las musas,
y detrás de las sílabas
se van las rimas.

Rimas para tus ojos,
rimas para tus labios,
rimas para tu boca,
rimas para tu piel,
rimas que son llama
en la llama donde llama el amor.

Víctor Corcoba Herrero

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina, y nada más…

Gabriela Mistral

         I

En una ola de inquietud,
la expiración nos alcanza.
El cielo es una esperanza,
y la tierra la quietud.
¡Halle el alma plenitud!.

Nadie puede comprar vida.
En la tierra no se anida.
Ni el rico lleva riqueza,
ni el pobre lleva pobreza.
¡No hay llegada sin partida!.

         II

¡No hay partida sin llegada!.
Llegar sin herida alguna,
a los labios de la luna,
y descubrir todo y nada,
¡sentir el sol sin espada!.

Dejar atrás el dolor,
amar  tan solo el amor,
¡qué ya no existe la cruz!,
pues el amor es la luz,
¡en eterna vida en flor!

Víctor Corcoba Herrero

         I

En el mar de tus labios
brota el verso
donde se sacia
la sed  de la vida.

         II

Aunque esté vacío
de verbos, el amor
me ayuda a conjugar
las desdichas,
con la dicha  de tus besos.

         III

Poseído por tu amor,
paseo por el césped
del Olimpo
como nardo mojado
en la poesía,
y como poesía nado
en el nido de la vida.

         IV

La noche está naciendo
como un alba de olmos
y sobre el horizonte
se tejen amapolas
de sueños en un mar
de confesiones y promesas.
Es el amor que llama.
Y llama como la llama
transparente del alma.

         V

Al saborear su sonrisa llegó el amor.
El amor llegó al fundirse las miradas.
Y como el agua, aquella tarde
de corrientes compartidas,
subimos al olimpo de tanto soñar sueños.

Al saborear su sonrisa llegó el amor.
El amor llegó al fundirse las miradas.
Y como el fuego, aquella noche
de navegantes poetas,
hicimos el corazón de tanto juntar latidos.

Al saborear su sonrisa llegó el amor.
El amor llegó al fundirse las miradas.
Y como el cielo, aquella mañana
de rocío en el alma,
fuimos del verso antes que del beso.

Víctor Corcoba Herrero

         SINO AFECTO

El tiempo es el espacio
entre la velocidad del silencio
y el recuerdo de soledad.
La soledad de un aire que pasa,
pero de un cielo que queda,
moviendo el tic-tac del sentimiento.
Un sentimiento que nos enjuicia
como nadie y como nadie
nos pone en el sitio debido,
como débito o haber.
Porque el tiempo es el juez
de la verdad.
Porque la verdad es el universo
de lo eterno.
Porque lo eterno es correr
tras el sol,
sin pasar el día ni posar la noche,
y abrazarse a la poesía.
La poesía… saludable presencia
para el presente,
que el futuro no es un tiempo,
es una conjugación del verbo amar
en indicativo,
y una conquista de las horas
en el mismo instante de parada
y sosiego,
del equidistante pulso de latidos;
puesto que, haciendo el corazón,
vendrá la paz
y todo el tiempo ya será nuestro,
porque ya no habrá que ganar tiempo.

Víctor Corcoba Herrero

«Ahora no voy por el mar;
aquél sólo era de agua;
el de la vida es peor,
pues es de hiel y de lágrimas»

(Jacinto Verdaguer: 1845-1902)

Me gusta ver el mar,
y perderme en sus bamboleos,
cuando alza su concierto
de sílabas al cielo
y sus alas me acarician los labios
amortajados de tristeza
por las rudas resacas de la vida.

Pláceme beber el salado aroma
al son del viento
y enviarle versos de paz
al fiero mundo, al furioso león.

Versos que brotan del alma.
Del alma de la soledad inmensa.
De las inmensas músicas sonoras.
De los ojos de la luna de conchas llena.

Envuelve al mundo en la poesía,
—le digo al mar—, combate la soberbia,
que la tierra se estremezca
en la nada, en tu lanza de azotes.

Que tras habitar en la poesía
de estrellas y luceros
el odio espanta y el león se doma.

Inquieto el mar, proclama
la grandeza de sus azules transparentes,
mientras sobre la arena
surge el desconsuelo en el poeta.

Una lección última nos ha traído
la bravura del mar: cadáveres.
Y por darle venganza le recrimino,
le doy la espalda y vuelvo a tierra.

Una tierra que ve pasar la muerte
y no hace nada por abrir los brazos,
desde un rascacielos de vicios y vacíos.

Víctor Corcoba Herrero

«El amor es un beso en verso
y un semanario de te quieros diarios»

      I

Bésame luna,
bésame llena,
bésame llana,
y, en esdrújula,
dime ámame.

      II

Los besos en verso
son vasos de amor
que no se empañan,
que resplandecen,
y no se apagan.

      III

Si se tiene el cielo
en los labios,
se sabe lo que es poesía,
y se nada en el todo,
porque todo es el amor
cuando se tiene verso
a quien besar.

      IV

Quien sabe alimentar
el amor, halla el amor,
halla el poema,
y hasta … —sin asta—
¡el beso también lo halla!

      V

Aviso:
Quien vive en el beso,
revive.
Quien mata con el beso,
remata.
Quien revive, vive.
Quien remata, mata.
Revise:
Quien es quién
para según, asegurarse
el cuál …
Avive:
¡Viva el amor,
el amor que sale del alma!

      VI

Pétalos de agua
son tus besos;
un poema tu mirada,
¡tu mirada el cielo!
Para sentir tus labios
no hace falta
subir al universo;
contigo y el mar me basta
para echar poesía,
para decir un «te quiero»
hecho por alegrías.
Un «te quiero»
que enciende un amor
con otro amor,
una llama con otra llama,
el alma con otra alma.
¡Qué colores tan níveos
los calores!
¡Qué amaneceres de sol
los que se aman!
¡Qué atardeceres tan dulces
nacen en las miradas!
En ese altar de gozos,
se hace el corazón,
y hasta el yo se pierde en ella.

Víctor Corcoba Herrero