Descompensadas pasiones
se apoderan del mundo;
deseos de poder y podar,
de dominar y domar,
de someter y arremeter.

Adormecida la humanidad,
nada es lo mismo,
ni el amor sabe a rosa,
ni la rosa a poesía,
ni la poesía a vida,
ni la vida a manantial de luz.

Hacen falta corazones abiertos
al amor de los amores,
al amor de Dios,
en un tierra que entierra
la sonrisa de los niños
y se ciega a dar palos a los sordos.

Se precisan labradores
que cultiven labios de alma,
para que sus besos cautiven
el orbe y el urbe, el ser y el estar.

Si tú eres uno de ellos,
escríbelo en el aire,  
abracemos miradas
y ciñamos corazones,
para que el poema de vivir
vuelva a la vida,
y en la vida viva y nos reviva.

Víctor Corcoba Herrero

Los asuntos del género humano
han de tratarse con humanidad,
y han de retratarse con sinceridad.

La paz no se grita, se silencia
con la voz del corazón
y la música del alma.

Ante tan honda actitud íntima
de la mente, se ahonda
el verso y se alivia la tierra.

Porque el amor
es la vocación innata del ser humano,
y la evocación de la historia humana.

Del género humano emana
tanto la extensión natural
como la dimensión trascendente.

Toda la vida del mundo,
con sus tristezas y gozos,
debemos asociarla al amor
y no disociarla del hombre.

Solamente en la poesía
el hombre descubre la armonía
y redescubre la concordia.

Porque la vida humana
alcanza su olimpo
cuando se dona a los demás,
y además no se enzarza.

Quién se pone a sí mismo
como señor  de todos,
acepta la mentira
y rechaza la verdad.

Nadie es más que nadie.
Y si nadie quiere ser nadie,
y todos queremos ser todo,
decretemos la constitución
de igual ante la vida,
que ante la muerte ya lo somos.

Y levantemos la bandera,
del género humano,
con las garantías poéticas
del principio de hermandad.

Víctor Corcoba Herrero

“Fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano”

   I.- LA FE

Yo soy la paz y en paz florezco.
Yo soy el amor y en amor existo.

Vivo cuánto más aspiro la poesía,
y cuanto más respiro el verso,
y cuánto más transpiro
la transparente luminaria
de ser la energía y el valor,
la aurora viva del cielo.

Porque yo soy la fe,
la que convierte la noche en día,
el día en un aire de gozos,
y el gozo de morir en vida.
¡La vida soy, en la vida vivo!.

   II.- LA ESPERANZA

Yo soy el estado óptimo del optimismo.
Yo soy el estado del alma y el sentido.

El sentido de una vida de amor,
que no se deriva de juegos,
ni germina en los éxitos,
ni prospera en las grandes mansiones.

Porque yo soy la esperanza,
la que viene de Dios y en Dios se halla.
¡Y hallados en Él, se gana la Vida!.

   III.- LA CARIDAD

Yo soy el amor de amar amor.
Yo soy el vínculo más níveo del verso.

El verso perfecto que nos une a Dios
y a los demás, el verso magistral
de hermanarse todos con todos,
el amor invencible
que todo lo soporta y perdona.

Porque yo soy la caridad,
la que purifica el amor,
y lo eleva a la cima del gozo.
¡Y en tal alto gozo, reposa la luz!.

Víctor Corcoba Herrero

    I

Todos pedimos más,
más ley,
todos pedimos más,
más orden,
mientras todos tratamos
de burlar la norma
y eludir el cumplimiento.

    II

Tenemos leyes para todo,
menos la ley de la palabra.
Aquella que no se casa
con nadie, si no es lo justo.

Nos apuntamos a juzgar
al vecino,
sin antes juzgarnos
a nosotros mismos.

Somos así, la ley sin ley.

    III

Ante leyes injustas,
recomiendo el fuero
de la conciencia.

Ante conciencias
sin ley, encomiendo
sembrar poesía.

Que tras la siembra
del verso, brota el amor.

    IV

La ley más que mandar
ha de mondarnos la piel
y darnos un libro
de actividades,
con notas de aplicación.

    V

Para acudir a un litigio
hace falta llevar consigo:
una montaña de papel,
una cordillera de euros,
y un mar de paciencia.

Mejor sería volver
a la montaña verde,
a la pelada cordillera,
y tomar el sol en el mar
como lagarto panza arriba.

    VI

Si el legislador
es el eco de la razón,
y el magistrado
el eco de la ley,
y el poeta
el eco del mundo,
pido la palabra
y no la ley.
Que muchas son las leyes
en un estado sin palabra.

    VII

La ley del amor
es la única que salva
y purifica.

La ley del amor
es la única letra del cielo.

El amor es la ley
de servir donándose.

Víctor Corcoba Herrero

“El verbo de Dios ha habitado en el hombre
y se ha hecho Hijo del hombre
para acostumbrar al hombre
a comprender a Dios
y para acostumbrar a Dios
 a habitar  en el hombre,
según la voluntad del Padre”

(S. Ireneo de Lyón)

   I.- DIOS REVELA SU DESIGNIO AMOROSO

Contra el aburrimiento…
movimiento.
Contra el desamor …
amor.
Contra la pena…
poemas.

Porque a pesar
de las contrariedades
de la vida ,
el viento del amor,
y el amor de la poesía
en marcha,
es una mecha
que revive,
calma y colma
el olmo del alma,
consortes de la naturaleza divina
y resorte de que Dios habita.

   II.- DESDE EL ORIGEN, DIOS SE DA A CONOCER

Existe la verdad
y hay que buscarla.
Existe la poesía
y hay que amarla.
Existe el hombre
y hay que humanizarle.

De Dios viene
la verdad,
la poesía,
y el hombre.

Pero el hombre
quiere ser más que Dios,
y olvida gozarse en el verso,
recrearse en la verdad,
amarse en el cosmos.

Y así camina triste,
atado al mundo,
sin el lenguaje del cosmos
en el corazón
y sin el sosiego de la luz
en el alma.

Porque sólo Dios es bueno,
bueno porque es amor,
amor que suscita amor,
amor que incita paz,
paz que resucita gozos,
que construyen y no destruyen.

Víctor Corcoba Herrero

    I

Ante tanta crisis de autenticidad,
registremos la poesía como signo
de identidad y señal de amor.

    II

La educación hace al hombre.
Le ayuda a hacerse a la vida.
Y a vivir más humanamente.
Y a penetrar en el corazón.
Y a ser más de la poesía que del poder.
Como ésto no es así,
propongo rehacer la reeducación.

    III

Lo educativo como creación.
La creación como arte.
El arte como vida.
La vida como belleza.
La belleza como rasgo de la poesía.
La poesía como estela de luz.
La luz  como luz para caminar.

    IV

La más nívea formación,
consiste en  transformar
el bien cultural, en bien educativo.
Y lo educativo en un acto de amor.
Y el amor en un acto de poesía.
Y la poesía en un acto de esperanza.

    V

Las edades de la vida,
son como escaleras del verso,
cuántas más subes,
más gozosa es la bajada.

    VI

La urbanidad es una obligación
vital para crecer por dentro
que es lo que vale y lo que vive.

Lo que vive y lo que vale,
son los latidos del alma,
la ética de la estética,
la acción de los maestros,
que cultivan lo que predican,
por herencia de la coherencia.

Víctor Corcoba Herrero

“Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer,
pues todos somos uno en Cristo Jesús” (Gal, 3,28)

Somos hijos de la tierra,
y de la misma tierra herederos;
somos hijos de la vida,
y de la misma vida verso.

Herederos de una misma luz,
aunque el hombre cierre puertas
y levante asombrosas tapias,
que nos impidan vernos y besarnos.

Descendientes de un mismo cielo,
y ascendientes de un misma vía,
la de ser peregrinos hacia lo eterno,
la de ser marineros hacia el cosmos.

Hermanemos esta tierra,
que es de todos y de nadie:
De todos porque es donación,
y de nadie porque es del Creador.

En la morada hemos de acoger
y recoger a los últimos,
a los que nada tienen,
y lo tienen todo;
no importa el color y sí el calor,
porque tienen la energía de ser,
que es lo más níveo y noble.

Clamo por una tierra
a golpe de latido y no de látigos.
Reclamo la sonrisa en el llanto,
la mano tendida en el pobre,
la aurora luminosa en la noche,
la fuerza del amor en el camino.

Y todo ello por conciencia,
conciencia a una existencia,
a una existencia más humana,
más humana y hermana,
más hermana de darse la mano.

Porque darse la mano entre personas,
es como entregar el corazón
a cambio de nada,
sin esperar otra respuesta,
que la respuesta de la tierra,
repuesta en poesía, puesta en amor.

Demando, pues, mejor savia
para el inmi-gran-te amigo,
que es amigo y no enemigo.

Pido desterrar mazazos y amenazas,
no es un invasor que nos desplaza,
¡es una persona que nos crece!.

Hagámosle entonces sitio,
que también ésta es su casa:
Y en la casa de Dios todos caben,
y en la casa de Dios todos entran,
porque en la casa de Dios nadie sobra.

Víctor Corcoba Herrero

Hablar lo menos posible
de nosotros mismos
y callar los asuntos personales,
evitar el fisgoneo
y la curiosidad de meterse
en la vida de los demás.

Esto ayuda a vivir.

Donde hay desamor
llevemos amor
y una ración de versos
para que vuelva la armonía
donde hay discordia
y desesperación.

Esto ayuda a vivir.

No más espanto, ni duelo,
ni llanto…No más
fuerzas forzadas,
sino hierven de amor.
Que los hombres son iguales
en la muerte,
sin que pueda prevalecer
compra alguna.
Los poderes celestes
aseguran la paz:
si los niños ríen,
y los papas se besan,
y los vecinos se dan las horas…

Esto ayuda a vivir.

Se acuerda adoptar un inmigrante
en cada piso  y se recuerda
el derecho a la protección del verso
que ha de donarse y no venderse.

A vivir ayuda el fomento del amor
de amar amor y el fermento del beso.
A vivir ayuda el fomento del amor.
A vivir ayuda… vivir y dejar vivir.

Víctor Corcoba Herrero

             I

El verbo amar
se conjuga con amor,
previo hacer el alma
y olvidarse de uno mismo.

             II

Al despertar nació la vida,
la vida abrió los labios,
y se puso a sonreír el sol
con sus labios fecundos
hasta fecundar la tierra.
¡Y nació la rosa!.

             III

El amor es la huida
de uno mismo,
el amor es el retorno
sin letra de cambio.
Por eso, el amor,
se ve en los ojos
y se siente en el corazón.

             IV

Me enseñaron a saber más,
pero el mundo siente menos.
¡Y cómo pesa la cruz!.
En el plan de estudios
no estaba enseñar amor,
y así nos luce la cara de odio.

             V

Como el agua es el amor,
si no hay aire que lo agite,
se contamina y muere.
Los entierros de amor
son los más duros de llevar.

             VI

Donde no hay amor,
poned versos,
y mirar a la vela del cielo.
El amor nace de la vida,
se encuentra,
si antes se dona.
Si quieres ser amado,
ama tú y espera
en la sala del corazón,
la llegada del marinero.

             VII

Si has injertado
en las ramas de tu árbol
el amor de amar amor,
tu vida tiene la esencia
del verso que germina,
los frutos del universo,
florilegio de paz,
romancero de promesas,
¡el gozo de la felicidad!

Víctor Corcoba Herrero

         SINO AFECTO

El tiempo es el espacio
entre la velocidad del silencio
y el recuerdo de soledad.
La soledad de un aire que pasa,
pero de un cielo que queda,
moviendo el tic-tac del sentimiento.
Un sentimiento que nos enjuicia
como nadie y como nadie
nos pone en el sitio debido,
como débito o haber.
Porque el tiempo es el juez
de la verdad.
Porque la verdad es el universo
de lo eterno.
Porque lo eterno es correr
tras el sol,
sin pasar el día ni posar la noche,
y abrazarse a la poesía.
La poesía… saludable presencia
para el presente,
que el futuro no es un tiempo,
es una conjugación del verbo amar
en indicativo,
y una conquista de las horas
en el mismo instante de parada
y sosiego,
del equidistante pulso de latidos;
puesto que, haciendo el corazón,
vendrá la paz
y todo el tiempo ya será nuestro,
porque ya no habrá que ganar tiempo.

Víctor Corcoba Herrero