SINO AFECTO

El tiempo es el espacio
entre la velocidad del silencio
y el recuerdo de soledad.
La soledad de un aire que pasa,
pero de un cielo que queda,
moviendo el tic-tac del sentimiento.
Un sentimiento que nos enjuicia
como nadie y como nadie
nos pone en el sitio debido,
como débito o haber.
Porque el tiempo es el juez
de la verdad.
Porque la verdad es el universo
de lo eterno.
Porque lo eterno es correr
tras el sol,
sin pasar el día ni posar la noche,
y abrazarse a la poesía.
La poesía… saludable presencia
para el presente,
que el futuro no es un tiempo,
es una conjugación del verbo amar
en indicativo,
y una conquista de las horas
en el mismo instante de parada
y sosiego,
del equidistante pulso de latidos;
puesto que, haciendo el corazón,
vendrá la paz
y todo el tiempo ya será nuestro,
porque ya no habrá que ganar tiempo.

Víctor Corcoba Herrero

«Ahora no voy por el mar;
aquél sólo era de agua;
el de la vida es peor,
pues es de hiel y de lágrimas»

(Jacinto Verdaguer: 1845-1902)

Me gusta ver el mar,
y perderme en sus bamboleos,
cuando alza su concierto
de sílabas al cielo
y sus alas me acarician los labios
amortajados de tristeza
por las rudas resacas de la vida.

Pláceme beber el salado aroma
al son del viento
y enviarle versos de paz
al fiero mundo, al furioso león.

Versos que brotan del alma.
Del alma de la soledad inmensa.
De las inmensas músicas sonoras.
De los ojos de la luna de conchas llena.

Envuelve al mundo en la poesía,
—le digo al mar—, combate la soberbia,
que la tierra se estremezca
en la nada, en tu lanza de azotes.

Que tras habitar en la poesía
de estrellas y luceros
el odio espanta y el león se doma.

Inquieto el mar, proclama
la grandeza de sus azules transparentes,
mientras sobre la arena
surge el desconsuelo en el poeta.

Una lección última nos ha traído
la bravura del mar: cadáveres.
Y por darle venganza le recrimino,
le doy la espalda y vuelvo a tierra.

Una tierra que ve pasar la muerte
y no hace nada por abrir los brazos,
desde un rascacielos de vicios y vacíos.

Víctor Corcoba Herrero

«El amor es un beso en verso
y un semanario de te quieros diarios»

      I

Bésame luna,
bésame llena,
bésame llana,
y, en esdrújula,
dime ámame.

      II

Los besos en verso
son vasos de amor
que no se empañan,
que resplandecen,
y no se apagan.

      III

Si se tiene el cielo
en los labios,
se sabe lo que es poesía,
y se nada en el todo,
porque todo es el amor
cuando se tiene verso
a quien besar.

      IV

Quien sabe alimentar
el amor, halla el amor,
halla el poema,
y hasta … —sin asta—
¡el beso también lo halla!

      V

Aviso:
Quien vive en el beso,
revive.
Quien mata con el beso,
remata.
Quien revive, vive.
Quien remata, mata.
Revise:
Quien es quién
para según, asegurarse
el cuál …
Avive:
¡Viva el amor,
el amor que sale del alma!

      VI

Pétalos de agua
son tus besos;
un poema tu mirada,
¡tu mirada el cielo!
Para sentir tus labios
no hace falta
subir al universo;
contigo y el mar me basta
para echar poesía,
para decir un «te quiero»
hecho por alegrías.
Un «te quiero»
que enciende un amor
con otro amor,
una llama con otra llama,
el alma con otra alma.
¡Qué colores tan níveos
los calores!
¡Qué amaneceres de sol
los que se aman!
¡Qué atardeceres tan dulces
nacen en las miradas!
En ese altar de gozos,
se hace el corazón,
y hasta el yo se pierde en ella.

Víctor Corcoba Herrero

“Cuclillos del dolor, heraldos ciegos, falsos patriotas”

(Antonio Gala)

Hoy he querido cultivar
rosas en el mar
y lunas en la tierra,
pero se desgarró
el verso en las manos,
al ver que una bomba
tronchó la inocencia.

Vivir sin vivir no es vivir.
No es vivir, vivir sin vivir.
Vivir es estar despiertos.

Por ello, se necesita la voz
de los poetas,
que no viven para contar,
cantan para vivir más,
y de paso, pasan
revista al tiempo,
que todo lo imprime y exprime.

Porque, para existir,
y no vegetar,
hace falta más valor
que para encogerse de hombros
y arrodillar el cuerpo.

Dejadle, pues, al poeta
las manos libres
para que libre la batalla
del amor,
que no se dice, se hace;
y si bien se hace, nace.

Porque el amor
es igual que una ola:
levanta su vuelo,
reclama la mirada,
y luego se abraza al sol,
mientras el poeta oficia
de luna y ensortija el momento.

Si alguien desentona,
lo deja en la orilla
o lo traga en destierro.

Porque del odio,
me falta el adiós
y de las balas me sobra
la espoleta, sería
buen tono y mejor tino,
pactar con el justo
del que no me sobra nada,
para nadar en su equidad,
que es un nido de luz
y un nicho de paz.

Paz he dicho,
para defenderla a todo trance,
aspirarla, respirarla, desearla;
que amarla es lo esencial
y conquistarla es lo propio,
para mantener en calma, el alma;
para sostener en vivo, la vida;
sin tantas banderas, ni bandos.

Víctor Corcoba Herrero

Existe demasiado vacío
para llenar
las palabras de luz.

Arduo es vaciar dolores,
que el dolor más grande,
es el viciado mundo.

Bajo las ruinas del aire,
el horizonte brama,
porque ya no brota
ni el aroma del amor,
ante el desamor reinante.

Nadie le presta  atención
a los latidos del ser:
ni  los vivientes
a cuerpo de rey,
ni los supervivientes
a cuerpo de calle.

La atmósfera herida,
quema,
traspasa el corazón
y arrasa la vida.

Todo es mentira:
La flor dejó de ser poesía,
y la poesía dejó ser flor.
Y la flor abandonó el verso,
y el verso abandonó la flor.

¿Dónde habitan los jardineros,
que cultivan el amor,
amando sobre todo a la persona,
por ser ella misma
y ser para los demás?

Antes de que nos inunde
la impureza, se precisan
poetas a cambio de nada,
para que nade la pureza
en las alturas,
y el sol no tenga pereza
por salir.

Al igual que el hombre,
sin el Creador desaparece,
la flor sin el poeta se desvanece.

Víctor Corcoba Herrero

“Fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano”

   I.- LA FE

Yo soy la paz y en paz florezco.
Yo soy el amor y en amor existo.

Vivo cuánto más aspiro la poesía,
y cuanto más respiro el verso,
y cuánto más transpiro
la transparente luminaria
de ser la energía y el valor,
la aurora viva del cielo.

Porque yo soy la fe,
la que convierte la noche en día,
el día en un aire de gozos,
y el gozo de morir en vida.
¡La vida soy, en la vida vivo!.

   II.- LA ESPERANZA

Yo soy el estado óptimo del optimismo.
Yo soy el estado del alma y el sentido.

El sentido de una vida de amor,
que no se deriva de juegos,
ni germina en los éxitos,
ni prospera en las grandes mansiones.

Porque yo soy la esperanza,
la que viene de Dios y en Dios se halla.
¡Y hallados en Él, se gana la Vida!.

   III.- LA CARIDAD

Yo soy el amor de amar amor.
Yo soy el vínculo más níveo del verso.

El verso perfecto que nos une a Dios
y a los demás, el verso magistral
de hermanarse todos con todos,
el amor invencible
que todo lo soporta y perdona.

Porque yo soy la caridad,
la que purifica el amor,
y lo eleva a la cima del gozo.
¡Y en tal alto gozo, reposa la luz!.

Víctor Corcoba Herrero

Las olas no son nada,
sin las alas del viento.
Del viento los besos,
nadando en verso,
calmando desaires,
dando aire al universo.
Un trino de tonos
y de timbres,
entonan nanas,
ante los nidos siderales
de un nadar en poesía
hacia los tronos celestes.
Como poeta el mar,
el mar y su bracear
de lenguajes;
signos que nos bañan
de amor, signos
candentes de paz,
paz donde la sed se sacia
en su ascendente vivir,
vivir en los labios del cielo.
Sin las alas del viento,
las olas no son nada,
nada las olas, ni nada
la corriente del mar,
y todo sería un muerto
para nada, para nada.

Víctor Corcoba Herrero

“El verbo de Dios ha habitado en el hombre
y se ha hecho Hijo del hombre
para acostumbrar al hombre
a comprender a Dios
y para acostumbrar a Dios
 a habitar  en el hombre,
según la voluntad del Padre”

(S. Ireneo de Lyón)

   I.- DIOS REVELA SU DESIGNIO AMOROSO

Contra el aburrimiento…
movimiento.
Contra el desamor …
amor.
Contra la pena…
poemas.

Porque a pesar
de las contrariedades
de la vida ,
el viento del amor,
y el amor de la poesía
en marcha,
es una mecha
que revive,
calma y colma
el olmo del alma,
consortes de la naturaleza divina
y resorte de que Dios habita.

   II.- DESDE EL ORIGEN, DIOS SE DA A CONOCER

Existe la verdad
y hay que buscarla.
Existe la poesía
y hay que amarla.
Existe el hombre
y hay que humanizarle.

De Dios viene
la verdad,
la poesía,
y el hombre.

Pero el hombre
quiere ser más que Dios,
y olvida gozarse en el verso,
recrearse en la verdad,
amarse en el cosmos.

Y así camina triste,
atado al mundo,
sin el lenguaje del cosmos
en el corazón
y sin el sosiego de la luz
en el alma.

Porque sólo Dios es bueno,
bueno porque es amor,
amor que suscita amor,
amor que incita paz,
paz que resucita gozos,
que construyen y no destruyen.

Víctor Corcoba Herrero

«El mayor dolor del mundo
no es el que mata de un golpe,
sino aquel que, gota a gota,
horada el alma y la rompe»

(Francisco Villaespesa)

I.- SI NADA SE AMA, NADA SE ES

El amor es una brisa que brota
de las entretelas, un fuego vivo.
No tiene medida, es un rayo activo
que activa la donación sin derrota.

Como el agua, el etéreo amor  trota
de verso en verso,  el amante cautivo
de la amada, nada es menos nocivo,
porque sí el amor germina, se nota.

Se nota y se registra en la mirada.
Se agita y se siente en el corazón.
Todo se soporta, nadie se enfada.

Porque el amor es un caparazón
transparente, como luna encantada,
donde la entrega es la única razón.

II.- UNA ONZA DE ALEGRÍA

Si el corazón está contento,
hay poesía.
Porque mientras mayor
es el gozo,
más profunda es la alegría.

Alegría y amor son las olas
de los besos en verso.
Sí lloras de júbilo,
no seques tus poemas
para que se extinga el dolor.

Que la sonrisa hermana,
a través del gusto del gesto.

III.- ES MENESTER SER BUENO

Es menester ser bueno,
para vivir en la poesía
y ganarse el cielo.

El gozo de hacer el bien
está en ser poeta
de corazón,
y en salir a sembrar
palabras que son latidos.

Si un verdadero poeta
es un jardinero de paz,
un buen corazón
es un mar de amor.

El amor de amar amor
es la salve que nos salva.

Víctor Corcoba Herrero

“Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer,
pues todos somos uno en Cristo Jesús” (Gal, 3,28)

Somos hijos de la tierra,
y de la misma tierra herederos;
somos hijos de la vida,
y de la misma vida verso.

Herederos de una misma luz,
aunque el hombre cierre puertas
y levante asombrosas tapias,
que nos impidan vernos y besarnos.

Descendientes de un mismo cielo,
y ascendientes de un misma vía,
la de ser peregrinos hacia lo eterno,
la de ser marineros hacia el cosmos.

Hermanemos esta tierra,
que es de todos y de nadie:
De todos porque es donación,
y de nadie porque es del Creador.

En la morada hemos de acoger
y recoger a los últimos,
a los que nada tienen,
y lo tienen todo;
no importa el color y sí el calor,
porque tienen la energía de ser,
que es lo más níveo y noble.

Clamo por una tierra
a golpe de latido y no de látigos.
Reclamo la sonrisa en el llanto,
la mano tendida en el pobre,
la aurora luminosa en la noche,
la fuerza del amor en el camino.

Y todo ello por conciencia,
conciencia a una existencia,
a una existencia más humana,
más humana y hermana,
más hermana de darse la mano.

Porque darse la mano entre personas,
es como entregar el corazón
a cambio de nada,
sin esperar otra respuesta,
que la respuesta de la tierra,
repuesta en poesía, puesta en amor.

Demando, pues, mejor savia
para el inmi-gran-te amigo,
que es amigo y no enemigo.

Pido desterrar mazazos y amenazas,
no es un invasor que nos desplaza,
¡es una persona que nos crece!.

Hagámosle entonces sitio,
que también ésta es su casa:
Y en la casa de Dios todos caben,
y en la casa de Dios todos entran,
porque en la casa de Dios nadie sobra.

Víctor Corcoba Herrero