A Puerto Madryn

Podré, quizás,distanciarme en el tiempo,
Una y otra vez podrédejarte,
En calles solitarias vagar micuerpo,
Rastrearé otros cielospara encontrarte.
Tomaré el sol en otrasplayas,
Oleré el perfume deotros mares.

Mas, todo puede ser posible, escierto,
Andaré en la distancia yen el tiempo,
Daré mis horas a otragente,
Rendiré mis nochesa otro cielo,
Y mi vida avanzar  comosiempre, pero…
Nada alejar  micorazón de tu puerto.

Teresa Aburto Uribe

Cierro los ojos, lentamente,
y me sumerjo en un letargo sin tiempo,
silencioso, distante, lejano…
cierro los ojos y me encuentro
con el ser que está en mi interior
lleno de miedos, de preguntas,
lleno de dolores y de angustias,
ese ser que se siente abatido,
que a veces no razona.
Lo observo y con imperante voz
lo invito a que viajemos juntos
por esta vía sin final preciso,
que me ayude a sentirme segura,
que no me hunda con sus miedos,
que no me lleve al abismo.
cierro los ojos y observo,
el camino del retorno no está tan lejos,
yo no quiero transitarlo,
y ese otro ser que está en mí
me seduce, con gestos de dolor
me invita a recorrerlo una vez más.
Ese otro ser no puede estar en mí,
una vez lo despedí de mi interior,
lo condené a la muerte.
Abro los ojos y descubro que soñé,
que solo soy yo, que no hay nadie más,
que ese otro ser soy yo misma,
solo que decidida a no retornar.

Teresa Aburto Uribe

De nuevo lo mismo de ayer,
las mismas calles, la misma gente,
la misma sonrisa, las mismas cosas.
Todo es igual, es igual mi nostalgia.
Todo es igual a ayer,
y tal vez todo sea a igual a mañana.
Todo es igual, nada cambia.
El mismo espejo en el que miro mi rostro,
la misma luz que alumbra mi almohada,
el mismo reloj, la misma cama.
Todo es igual, nada cambia.
Un escritorio, un teléfono,
un café a las cuatro,
y para no perder la costrumbre
unas cuantas carcajadas.
Un cumplimiento de horario
y un chau, hasta mañana.
Y de nuevo sola.
Todo es igual… nada cambia.
Nada cambia, porque yo no cambio.

Teresa Aburto Uribe

Aquí te espero
y quizás no sea en vano,
aquí te busco
enredada en mi letargo.
Aquí te espero
en las playas de mi puerto
manso espejo de agua
que refleja tu encanto.
Aquí te busco
entre la arena y la espuma
bañado en caracolas
dibujado en la bruma.
Aquí te espero
jugando entre las dunas,
contando las estrellas…
y tú estás en cada una.

Teresa Aburto Uribe

Podré, quizás, elevarme al infinito
sin intentar buscar el por qué,
podré, quizás, descubrir  mil paraísos
sin averiguar a donde llegaré.

Podré esconderme en el lugar más oscuro
y no descubrir el placer del misterio,
Podré, quizás, devorarme el silencio
y envolverme la distancia sin saber cuán lejos.

Podré saborear el más amargo de los sabores
y tal vez me acostumbre a ello,
podré, quizás, deleitarme de dulzura
y no conocer, jamás, lo dulce a pleno.

Podré tantas cosas, no podré tantas otras.
Podrá  el tiempo darme tiempo…
pero si no lo aprovecho ahora,
se morirá  mi alma aunque viva mi cuerpo.

Teresa Aburto Uribe

Cuando el silencio de las noches
envuelve en el descanso
las vidas agitadas
por los trajines del día.
Cuando al alba, al despertar,
los primero rayos del sol
nos anuncian que sigue la vida.
Cuando todo está en silencio
allí están esas voces,
con rostros inventados,
con cuerpos de fantasía,
que transmiten sensaciones
y nos brindan compañía.
Cuando todo está en penumbras
allí estan esas voces,
que amigas del viento y del tiempo
se esconden en los rincones
de corazones solitarios
que buscan esa voz amiga…
esa voz…
que con cuerpo imaginario
cruza mares y cielos
para llegar al corazón
de todo el mundo y de cada pueblo.

Teresa Aburto Uribe

Si escuchas una tarde
la música de las aguas
de ese mar que te acompaña
cuando vas a navegar,
te dirá  que alguien te espera
en la orilla de la playa
acurrucada en la arena
que suavemente agita el mar.
Si escuchas una tarde
cuando las olas le cantan
a este puerto generoso
de los secretos del mar,
te dirá  que alguien te espera
te dirá  que alguien te llama
te dirá  que alguien te observa
y no te puede alcanzar.

Teresa Aburto Uribe

Dame tregua, tiempo, dame tregua,
no me apresures a pensar
pasa más lento.
Detén un poco tu paso
y dame un respiro…
no me apures, no quiero perder
espacios ni silencios.
Dame tregua, tiempo, dame tregua,
se me vienen los años
y aún me falta escribir un libro,
tener un hijo… tú sabes,
de esas tres cosas…
solo el  árbol me creció,
el libro ya está  en camino,
para el hijo falta el amor.

Teresa Aburto Uribe

No sé qué me une al cielo—decías
mientras apretabas mi cuerpo contra el tuyo
sumergidos en la calle sin murmullos…
en la calle silenciosa y perdida.
Tu boca me arrebata el sabor
De tanta distancia y tanto desencuentro,
y mientras tus manos
dibujaban la sombra de mi cuerpo
decías —no sé qué es lo que me une al cielo.
Detenías tus ojos en lo alto
buscando no se qué en el firmamento
y la luna entrometida se apoderaba de tus ojos
y yo esperaba silenciosa  el momento de tu regreso.
No sé qué me une al cielo —decías
mientras me devorabas con tu mirada
y me dolían los ojos de tanto verte,
se te ahogaba la vos repitiendo mil veces
los te amo más dulces…
se te agotaba el aliento de besarme y de quererme.
Y la noche avanzaba con su frío y su viento,
mientras yo te dejaba buscar en el calor de mi cuerpo
eso que decías que te unía al cielo.
Y nunca supe cuál era ese motivo
que te emocionaba al llevar tus ojos al cielo.
Nunca, porque no hubo tiempo.
El amor se marchó tan rápido…
como tan rápido nos llegó el encuentro.
Me quedé con la pregunta entre los labios,
con la agonía de los besos fugitivos,
con el calor de tu cuerpo entre mis manos.
Me quedé con la calle vacía de vos,
con el silencio de la noche sin tus pasos.
Me quedé con todo pendiente, y el llanto ahogado,
me quedé con el dibujo de tus manos en mi piel,
y con la inconciencia de tus años  y mis años.
Me quedé a un costado del camino
para dejarte avanzar sin presiones
para que tus alas se abran al vuelo planeado,
para que busques qué es lo que te une al cielo
quizás mi presencia no te permitió encontrarlo.

Teresa Aburto Uribe

A ese poeta que nació en mi tierra,
que escribió al mar
y a las estrellas,
que navegó los mares
para inspirar su pluma,
para buscar la musa
que guiara sus letras.
A ese poeta que le gritó al viento
todo el amor en cien sonetos,
que se inspiró en la vida
de su humilde pueblo,
que murió de pena al verlo muerto.
A ese poeta de la Isla Negra
que recorrió el mundo
sin olvidar su tierra,
a ese capitán de aquellos versos
que lo casó la luna
rodeada de estrellas.
A ese poeta le debo estos versos,
a ese gran hombre
dedico estas letras.

Teresa Aburto Uribe