Si me quieres…
no me lo digas todavía,
deja que el encanto
siga surcando el momento
de las horas compartidas.
Si me quieres…
no me lo digas todavía,
quiero seguir disfrutando
el silencio de tu compañía.
Si me quieres…
no me lo digas todavía,
deja que tus ojos lo hagan
y que reflejen tu alma
y lo que en ella habita.
Si me quieres…
grítalo al viento
que agitando el fuego
encenderá  la llama
que nos dará vida.
Y… si no me quieres…
no me lo digas todavía,
el tiempo se encargará
de apagar el fuego,
de esconder las ganas,
de transformar el sentimiento.

Teresa Aburto Uribe

Pensarás tú
que mi amor por ti ha muerto
como muere el otoño
al llegar el invierno?
Pensarás tú
que en mis lánguidos pensamientos
tú ya no habitas
desde largo tiempo?
No, no pienses eso,
mi amor existe aún,
mi amor por ti no ha muerto,
está impregnando mi corazón,
mi mente, mis pensamientos,
está impregnando mi vida
y llenando de esperanzas
mi corazón entero.

Teresa Aburto Uribe

Te doy, en este papel,
un pedazo del ser que me pertenece,
un poco
un poco del sol que me alumbra a diario,
un poco de Dios que me fortalece.
Te doy, en este papel,
insignificante espacio de inspiraciones,
un poco de mis tardes tan solitarias,
un poco de mi risa que existe siempre.
un poco de silencio poblado de locuras,
un poco de mi pasado y de mi presente.
Te doy, en este papel,
un poco de mis ganas de andar la vida,
un poco del calor de un verano sureño,
un poco de cordillera, de Pacífico y nieve.
En fin, te doy un poco de todo lo que soy,
porque soy esto que vea a diario,
con el Sur prendido entre los labios,
con las palabras como único puente.
Con un único tesoro, esta poesía
que se abre para vos en este instante
para hacer de la amistad un estandarte
para agradecer esta oportunidad
que nos dio la via.

Teresa Aburto Uribe

Este dulce y ciego dolor de amarte,
extraño modo de morir en vida,
suave sensación vaga y perdida
de tenerte a mi lado y adorarte.

Esta oscura soledad, amor errante,
soledad tuya que hice mía,
este repetir, extraña letanía,
tu nombre, amor, hasta atragantarme.

Este miedo al silencio, cruel y cortante,
al tiempo que pasa, a dejar de amarte,
este miedo al encuentro, cruel ironía

a saber que tú estás y yo no sabía.
Este extraño amor, paloma errante,
imposibilidad fatal, mas quiero amarte.

Teresa Aburto Uribe

Volé en tu recuerdo
en una hora de sosiego,
me escapé hasta tu espacio
me refugié en tu cielo.
Te busqué entre las dunas
doradas de este puerto,
te busqué entre la bruma
casi muerta del silencio.
Te soñé como a gaviota
que libremente remontó vuelo,
te soñé como a un albatros
que despliega sus alas al cielo.
Estuve en ti, como la tierra,
acunando en paz el océano,
y en ese estar tan sublime
me entregué a ti sin miedos.
Estuve en ti y entre tus alas
me refugié con mis silencios
y descubrí en ese instante
que eras libre como el viento.
Volé hacia ti, escapando de mis miedos.
Soñé contigo, con tu espacio y tu cielo
me crecieron alas y me mataste al vuelo.

Teresa Aburto Uribe

De nuevo lo mismo de ayer,
las mismas calles, la misma gente,
la misma sonrisa, las mismas cosas.
Todo es igual, es igual mi nostalgia.
Todo es igual a ayer,
y tal vez todo sea a igual a mañana.
Todo es igual, nada cambia.
El mismo espejo en el que miro mi rostro,
la misma luz que alumbra mi almohada,
el mismo reloj, la misma cama.
Todo es igual, nada cambia.
Un escritorio, un teléfono,
un café a las cuatro,
y para no perder la costrumbre
unas cuantas carcajadas.
Un cumplimiento de horario
y un chau, hasta mañana.
Y de nuevo sola.
Todo es igual… nada cambia.
Nada cambia, porque yo no cambio.

Teresa Aburto Uribe

Pasé por ti como una borrasca,
como una tempestad anunciada.
Pasé así, como una ráfaga de viento.
Obedeciste a tu ímpetu andariego,
obedecí a mi búsqueda de afectos.
Pasaste por mí como una ola que rompe
con su furia, de la noche, el silencio,
como una estrella que no da tiempo
a pensar en su forma, en su destino,
que deja su estela y nos quita el aliento.
Pasamos así, sin darnos cuenta…
de la quietud al desasosiego,
y luego nada… nada… solo silencio.

Teresa Aburto Uribe

Cuando el silencio de las noches
envuelve en el descanso
las vidas agitadas
por los trajines del día.
Cuando al alba, al despertar,
los primero rayos del sol
nos anuncian que sigue la vida.
Cuando todo está en silencio
allí están esas voces,
con rostros inventados,
con cuerpos de fantasía,
que transmiten sensaciones
y nos brindan compañía.
Cuando todo está en penumbras
allí estan esas voces,
que amigas del viento y del tiempo
se esconden en los rincones
de corazones solitarios
que buscan esa voz amiga…
esa voz…
que con cuerpo imaginario
cruza mares y cielos
para llegar al corazón
de todo el mundo y de cada pueblo.

Teresa Aburto Uribe

No sé qué me une al cielo—decías
mientras apretabas mi cuerpo contra el tuyo
sumergidos en la calle sin murmullos…
en la calle silenciosa y perdida.
Tu boca me arrebata el sabor
De tanta distancia y tanto desencuentro,
y mientras tus manos
dibujaban la sombra de mi cuerpo
decías —no sé qué es lo que me une al cielo.
Detenías tus ojos en lo alto
buscando no se qué en el firmamento
y la luna entrometida se apoderaba de tus ojos
y yo esperaba silenciosa  el momento de tu regreso.
No sé qué me une al cielo —decías
mientras me devorabas con tu mirada
y me dolían los ojos de tanto verte,
se te ahogaba la vos repitiendo mil veces
los te amo más dulces…
se te agotaba el aliento de besarme y de quererme.
Y la noche avanzaba con su frío y su viento,
mientras yo te dejaba buscar en el calor de mi cuerpo
eso que decías que te unía al cielo.
Y nunca supe cuál era ese motivo
que te emocionaba al llevar tus ojos al cielo.
Nunca, porque no hubo tiempo.
El amor se marchó tan rápido…
como tan rápido nos llegó el encuentro.
Me quedé con la pregunta entre los labios,
con la agonía de los besos fugitivos,
con el calor de tu cuerpo entre mis manos.
Me quedé con la calle vacía de vos,
con el silencio de la noche sin tus pasos.
Me quedé con todo pendiente, y el llanto ahogado,
me quedé con el dibujo de tus manos en mi piel,
y con la inconciencia de tus años  y mis años.
Me quedé a un costado del camino
para dejarte avanzar sin presiones
para que tus alas se abran al vuelo planeado,
para que busques qué es lo que te une al cielo
quizás mi presencia no te permitió encontrarlo.

Teresa Aburto Uribe

Acaso fue la tarde
la que escondió en su penumbra
el sentimiento y lo durmió.

Acaso fue el cansancio
el que envolvió tanta ternura
en un colchón de sueños y lo durmió.

Acaso fue el silencio
el que atrapó al corazón
en un vacío sin ruidos y lo durmió.

Acaso fue el tiempo
el que frenó los impulsos
en un espacio sin formas y lo durmió.

Acaso fui yo
quien invitó a  «mí todo»
a aplacar la tormenta y lo durmió.

Teresa Aburto Uribe