No me quiero ir, estar apenas,
no quiero volver a la rutina de los días,
solo quiero estar así, quieta, sombría,
callada en mis palabras
para que nadie me advierta.

No me quiero ir, lo he decidido;
me quiero quedar aquí, aunque así no sea,
estaré todo el tiempo, seré el vestigio
de la primavera que se fue,
y de la que aún no llega.

No me quiero ir, ya lo he pensado
pero el no querer a querer me lleva,
necesito soledad solo unos instantes
pues si fuera todo el tiempo
me envolvería en tristeza.

No me quiero ir, no, quiero quedarme
estar siempre enredada en el silencio,
no me quiero ir y tendré que hacerlo
aunque el hacerlo se torne insoportable.

Teresa Aburto Uribe

Te pienso luego de una larga noche,
luego de sombras y espacios fríos.
Te pienso luego de abismos simulados,
luego de silencios largos
y ojos dormidos.
Te pienso… y no estás ausente,
en mi despertar existe tu sombra
que danza pausada buscando su lecho
para aunarse en la realidad escondida
del tiempo sin memoria.
Te pienso luego de larga ausencia,
y es como si tu voz
me llamara a gritos
a reunirme con tu boca,
de la que emana un manantial de sal
perdido entre cielo y rocas.
Te pienso en mi despertar
y mi voz te llama… te clama…
¡Ay! si el tiempo
no fuera un cruel tirano
derrumbando a su  paso espacios
dejándolos vacíos,
solo si el tiempo nos diera tregua
para recobrar lo perdido,
podría recuperar mi acento,
y tu, patria mía, podrías de nuevo
tenerme contigo.

Teresa Aburto Uribe

Acaso fue la tarde
la que escondió en su penumbra
el sentimiento y lo durmió.

Acaso fue el cansancio
el que envolvió tanta ternura
en un colchón de sueños y lo durmió.

Acaso fue el silencio
el que atrapó al corazón
en un vacío sin ruidos y lo durmió.

Acaso fue el tiempo
el que frenó los impulsos
en un espacio sin formas y lo durmió.

Acaso fui yo
quien invitó a  “mí todo”
a aplacar la tormenta y lo durmió.

Teresa Aburto Uribe

Rodeados por la quietud de la noche,
camín bamos taciturnos
por las calles vacías.
Te sentía al lado mío,
mas al mismo tiempo te ignoraba,
me sentía al lado tuyo
y al instante me marchaba.
Me encerraba en pensamientos,
caminaba… temblaba,
reaccionaba de pronto
y a tu lado continuaba
para seguirte escuchando
sin yo musitar palabras.
Y así la monotonía
se repetía, no variaba.
Caminamos, avanzamos,
sin llegar a nada,
solo a un gran silencio
lleno de palabras.

Teresa Aburto Uribe

Andaré los caminos buscando el horizonte
que me indicara mi padre
en las noches de aquel pueblo perdido
en la cordillera de Los Andes,
en las noches de leña ardiendo,
de frío, nieve y chocolate.
Andaré tantos caminos buscando mi vida,
mis afanes se multiplicarán día tras día
y pasaré los años andando distancias
y a cada paso lloraré tu ausencia.
Pero llegará el día, ya gastado el camino,
de dar la vuelta, de mirar al sur de nuevo
y regresar a tu lado,
a descansar los años bajo tu cielo,
a dormir las siestas mecida en tus olas,
a oler tu mar en las tardes de julio
cuando el frío corta el rostro
y la cruz del sur cubre tu cuerpo de mesetas
y el viento acaricia tu cintura de acantilados.
Llegará el día de recostarme de nuevo
en el calor de tus doradas dunas
con los ojos abiertos al cielo de enero,
apretando en mis manos puñados de arena,
acariciando mis pies el oleaje de espuma.
Entonces, cuando salga la luna
y el mar sereno refleje tu silueta iluminada
y los barcos detenidos en tu noche
me inviten a quedarme a la vera de tu costa,
y las estrellas dancen a lo lejos
al compás de un coro de gaviotas,
entonces te daré mi corazón
y se detendrá en vos, pueblo mío,
para siempre, en silencio, dormido.

Teresa Aburto Uribe

Esto que ves soy yo,
ni más, ni menos.
Un pedazo de SER…
un trozo de humanidad…
un puñado de risas…
un montón de sueños.
Una cuota de locura…
un pedazo de dulzura
con toda mi sinceridad.
Esto que ves, soy yo,
ni más, ni menos.
Una mujer, a veces una niña,
a veces espacio…
a veces infinito…
a veces pasión…
a veces libertad.
Pero así, simplemente así…
así soy yo.
Es todo lo que tengo,
todo lo que soy…
No es mucho… pero es todo.

Teresa Aburto Uribe

Pensarás tú
que mi amor por ti ha muerto
como muere el otoño
al llegar el invierno?
Pensarás tú
que en mis lánguidos pensamientos
tú ya no habitas
desde largo tiempo?
No, no pienses eso,
mi amor existe aún,
mi amor por ti no ha muerto,
está impregnando mi corazón,
mi mente, mis pensamientos,
está impregnando mi vida
y llenando de esperanzas
mi corazón entero.

Teresa Aburto Uribe

Volveré una tarde de septiembre
con los primeros soles
y las últimas ballenas,
caminaré tus playas
y tus doradas dunas,
me perderé en la bruma
de una tarde cualquiera.
Mi corazón
no habrá  partido entonces,
será como no haberme ido nunca,
seré parte de ti otra vez,
te cantaré mis deseos
y me dormiré en la humedad
de tu oleaje blanco,
en el olor a mar sereno,
sobre un colchón de caracolas.
Volveré a caminarte una tarde…
una tarde como esas tantas
en que te he dado mi infancia,
volveré a darte mis sueños,
mi sonrisa, como tantas mañanas
y de mis noches,
las últimas lágrimas.
Volveré a ti,
aunque nunca me he ido,
y seremos otra vez
cielo y mar…
arena y espuma…
profundidad e infinito…

Teresa Aburto Uribe

Dulce soledad que me acompañas
y que en las noches te duermes a mi lado,
con tu presencia hueca te recuestas,
y me das entre las sombras tus manos.
Dulce soledad, amiga mía,
no me dueles ni me haces daño,
aprendí a necesitarte y a estar a tu lado.
Dulce soledad, pobre soledad,
nadie te quiere y yo, sin embargo,
te agradezco los silencios y el espacio,
las horas que me escuchas atenta,
y tus ojos y tu cuerpo imaginario.

Teresa Aburto Uribe

Este dulce y ciego dolor de amarte,
extraño modo de morir en vida,
suave sensación vaga y perdida
de tenerte a mi lado y adorarte.

Esta oscura soledad, amor errante,
soledad tuya que hice mía,
este repetir, extraña letanía,
tu nombre, amor, hasta atragantarme.

Este miedo al silencio, cruel y cortante,
al tiempo que pasa, a dejar de amarte,
este miedo al encuentro, cruel ironía

a saber que tú estás y yo no sabía.
Este extraño amor, paloma errante,
imposibilidad fatal, mas quiero amarte.

Teresa Aburto Uribe