No sé qué me une al cielo—decías
mientras apretabas mi cuerpo contra el tuyo
sumergidos en la calle sin murmullos…
en la calle silenciosa y perdida.
Tu boca me arrebata el sabor
De tanta distancia y tanto desencuentro,
y mientras tus manos
dibujaban la sombra de mi cuerpo
decías —no sé qué es lo que me une al cielo.
Detenías tus ojos en lo alto
buscando no se qué en el firmamento
y la luna entrometida se apoderaba de tus ojos
y yo esperaba silenciosa  el momento de tu regreso.
No sé qué me une al cielo —decías
mientras me devorabas con tu mirada
y me dolían los ojos de tanto verte,
se te ahogaba la vos repitiendo mil veces
los te amo más dulces…
se te agotaba el aliento de besarme y de quererme.
Y la noche avanzaba con su frío y su viento,
mientras yo te dejaba buscar en el calor de mi cuerpo
eso que decías que te unía al cielo.
Y nunca supe cuál era ese motivo
que te emocionaba al llevar tus ojos al cielo.
Nunca, porque no hubo tiempo.
El amor se marchó tan rápido…
como tan rápido nos llegó el encuentro.
Me quedé con la pregunta entre los labios,
con la agonía de los besos fugitivos,
con el calor de tu cuerpo entre mis manos.
Me quedé con la calle vacía de vos,
con el silencio de la noche sin tus pasos.
Me quedé con todo pendiente, y el llanto ahogado,
me quedé con el dibujo de tus manos en mi piel,
y con la inconciencia de tus años  y mis años.
Me quedé a un costado del camino
para dejarte avanzar sin presiones
para que tus alas se abran al vuelo planeado,
para que busques qué es lo que te une al cielo
quizás mi presencia no te permitió encontrarlo.

Teresa Aburto Uribe

A ese poeta que nació en mi tierra,
que escribió al mar
y a las estrellas,
que navegó los mares
para inspirar su pluma,
para buscar la musa
que guiara sus letras.
A ese poeta que le gritó al viento
todo el amor en cien sonetos,
que se inspiró en la vida
de su humilde pueblo,
que murió de pena al verlo muerto.
A ese poeta de la Isla Negra
que recorrió el mundo
sin olvidar su tierra,
a ese capitán de aquellos versos
que lo casó la luna
rodeada de estrellas.
A ese poeta le debo estos versos,
a ese gran hombre
dedico estas letras.

Teresa Aburto Uribe

Basta mirar tus ojos
para saber que existes,
para saber que pisas
la tierra que yo piso,
para saber que amas
el mar que yo amo,
para saber que el sol
que nos alumbra
es el mismo.
Basta mirar tus ojos
para saber que estas vivo,
para saber que el cielo
está en ellos prendido,
para saber que el mar
con su silencio o su grito
los bañó de su color
y su misterio infinito.
Basta mirar tus ojos
para saber que existes,
para saber que vives
aquí donde yo vivo,
para saber que estas
aunque yo no esté contigo,
para saber que el cielo
que nos rodea es el mismo.
Basta mirar tus ojos,
solo eso… y yo los miro.

Teresa Aburto Uribe

Me gusta tu silencio
cuando miras al cielo,
ausente del mundo
soñador y viajero.
Pareces un jinete
montado en cada estrella
recorriendo junto a ellas
mares azules
que no has descubierto.
Me gusta tu mirada
perdida en el intento
de crear un mundo tuyo
azul como el cielo,
remontando el barrilete
cargado con tus sueños
viajas entre nubes
hacia tus mares secretos.
Me gusta tu silencio
y tu mirada… y tus sueños,
me gusta estar contigo
para compartir tus secretos,
porque aunque no los conozca
siento el mismo deseo,
de jinetear una estrella
hacia mares inciertos.

Teresa Aburto Uribe

El eco de mi voz
se está  perdiendo en el silencio
como se pierde el camino
en el horizonte,
entre la tierra y el cielo.
La música gime en mi oído
sondea mi interior y me descubre,
desnuda mis sentidos
y me eleva al infinito,
y mi voz… se esconde,
se calla, se pierde.
Mis pensamientos vuelan
en busca de rastros ocultos
de las huellas escondidas
en las tardes de mi ayer,
y descubro las distancias,
y descubro las ruinas…
y la música sigue
Socavando mi interior.
Lo recóndito de mí
se vuelve palpable,
yo lo siento y es extraño,
escucho mis latidos
y siento mi soledad
como un abismo insondable,
como cuando en el mar
se esconde la tarde.

Teresa Aburto Uribe

Cuando se tiene un amigo
se tiene entre las manos
un pedazo del cielo,
un espacio infinito,
un refugio, un espejo.
Cuando se tiene un amigo
se  tiene un hermano,
ese que uno elige
cuando va creciendo.
Ese ser que nos transmite
la confianza y el respeto,
ese ser que nos muestra
los equívocos siempre a tiempo.
Cuando se tiene un amigo
se tienen las alas
extendidas al viento,
y se puede desnudar el alma
sin correr riesgos.

Teresa Aburto Uribe

Si me quieres…
no me lo digas todavía,
deja que el encanto
siga surcando el momento
de las horas compartidas.
Si me quieres…
no me lo digas todavía,
quiero seguir disfrutando
el silencio de tu compañía.
Si me quieres…
no me lo digas todavía,
deja que tus ojos lo hagan
y que reflejen tu alma
y lo que en ella habita.
Si me quieres…
grítalo al viento
que agitando el fuego
encenderá  la llama
que nos dará vida.
Y… si no me quieres…
no me lo digas todavía,
el tiempo se encargará
de apagar el fuego,
de esconder las ganas,
de transformar el sentimiento.

Teresa Aburto Uribe

Aquel puerto solo
que me recibió una noche
sin luna y sin estrellas,
que me cantó con sus olas
una canción de espuma,
y enjugó las lágrimas
de la distancia y el reencuentro.
Aquel puerto solo
que conoció mis diez años
llenos de dudas y preguntas,
que acunó en su mar
mis tardes de nostalgias
que acarició mis noches
con el rugir de sus aguas.
Aquel puerto solo
es mi puerto de hoy,
es el Madryn que me viste
de mar y de cielo,
que me retiene en sus entrañas
y me acuna en su suelo,
que me da caricias de arena
y me cobija en la bruma,
que me ató a su golfo
y a sus estrellas una a una,
que me quitó el acento
para que hable su idioma,
que me enseñó la poesía
para quedar en la memoria
de quienes vienen y se van
y no saben contar su historia.

Teresa Aburto Uribe

Algún día me iré… pero aquíquedaré,
quedaré porque soy de aquí,
recordaré cada momento de este lugar,
de este puerto.
Recordaré cada silencio
de este mi mar, mar eterno.
No olvidaré las calles,
tampoco olvidaré el cielo…
no olvidaré la brisa
que le dio paz a mi alma,
que le dio un sentido a mis hechos.
Me iré mañana tal vez,
me iré con tu recuerdo,
con un amor escondido
que solo conoce el silencio,
el silencio que dejaré
cuando pase el tiempo,
el silencio que llevaré
cuando pase febrero,
me iré mañana tal vez,
o tal vez… mañana me quedo.

Teresa Aburto Uribe

Tengo miedo de no volver a verte,
de no volver a sentir tu voz ni tu presencia,
miedo al miedo que nos envuelve,
miedo al vacío que dejaría tu ausencia.
Tengo miedo al indeciso presente
a ese ayer que vivimos juntos,
a ese mañana irresistible
con su respuesta tan evidente.
Tengo miedo al olvido
y al amargo sabor que lo envuelve,
al ocaso previsto de nuestro amor
a no saber comprenderte.
Tengo miedo mi amor, no puedo evitarlo,
es tan grato tenerte, y tran amargo no verte,
que de solo pensar que un día cualquiera
al buscarte en mi alma yo no te encontrara,
de solo pensarlo mi amor, por mi mente
se cruzan tantas cosas, tántas, que quisiera
gritarle al viento, a la lluvia, a la nada,
que moriría hoy mismo si tú me faltaras.

Teresa Aburto Uribe