Soliloquio

Y si no nos aguardas, dios prófugo de ti,
donde un sueño promete desde que sueña el hombre,
¿dónde el sueño del hombre purgará susoberbia,
dónde tanta pasión
encontrará venganza para su fe humillada?

Y si no estás ahí, agazapado
en la segura tierra que seremos,
¿quién le dará consuelo a nuestra muerte,
quién un sentido al daño y la alegría,
quién al canto su entraña de esperanza?

De tu no ser la milagrosa sombra
nos mantiene a cubierto, nos edifica fuertes.
Tu indemostrable ausencia nos acoge y nos salva
en el reino sin ti del amor por lo nuestro.


Vicente Gallego

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