Una fogarada dispersa después de un advenedizo rayo
acaso se rompió entonces la conferida quietud
nos alertó el ojo abierto los sentidos
¿qué se hizo Anna la griega en la costa Macedonia?
los demás la amaron con tardanza
su pudibunda castidad se esparció enardecida entre mis torpesmuslos
entre mis escareadas manos
Los distintos usaron sus mañas
sus redes de los más variados tamaños y colores
mánticas perversas y acertijos de poca monta.
Ella extrañó al hijo escaso de sus entrañas
hizo visible el castigo como ruin oprobio
porque volvería a dormir en otras sábanas
propicias y lejanas.
Anna de Rodolivos la más anniusha de la annas
la luna sigue en el mismo lugar desde que se acabó el invierno
cayeron umbrosas las nieves en la destruida ventana
      y en  Katarinabangatan el ouzoquedó servido
      en la mesa vacía
      en el espacio más oscuro de lanoche

Sergio Badilla Castillo

Llega por fin la noche
la castidad es errática para especímenes en víasde extinción como tú
y yo Claudia
criaturas celestes de Santiago     serafines aladosde la capital
de un país en ruina
El daguerrotipo nutre la oscura sepia con la aminorada luz que entra
de la calle
la escena en la penumbra se trasgrede en una tosca urbanidad
El torrente fluye germinal debajo de la piel          palpita
se deshonesta             se contamina
tensa la espera detrás de la mirada intensa
Urge entonces la musculatura     se yergue
para perpetuar el linaje del animal en celo
la carne se impudicia       se demencia enla calma
se antigua la razonada caricia mi obcecada doncella, el arte de
amar es el arte final de un frugífero vientre
un mérito frugal de descendientes que van y vienen
un despertar cualquiera ante un púdico
día de verano

Sergio Badilla Castillo

Moustakis es Alicia en Buenos Aires
vecina itálica de las juderías del Once
postrero amor de edad de eternos dioses
Es la juventud que perturba al extranjero en su camino
el año de Perón viejo              muerto de viejo
no hay nada más que hacer         está todo dicho
tus ojos imperdonan mi escapada y algo aumenta
el dolor nocherniego
huyo con un delito imputable en los pliegues del alma
con el rostro oscurecido de impudicias
ferido       ímprobo          frágil
y  el último beso se deslía en una inquieta pesadumbre
La afición vehemente se inmuta en mi cuerpo
Confunde            conturba
en una tienda de campaña
los dos en San Antonio de Areco y Güiraldes
la noche entera cayéndose en estrellas y aerolitos
el fogón lleno de lumbres                el asado de tira
y Alicia turgente en su pecho

Sergio Badilla Castillo

Mis pupilas atrapan con dificultad la profanía del tiempo
la fugacidad de un destello que revela la exactitud de la vida
la palabrería inmediata del vocablo inacabado
Una sombra más ocupa la extensión desconocida de esteviejo laberinto
Hay cercanía cerebral con los objetos
una impresión tactable        tangible con desnudez de dedos prontos
un sentimiento de universalidad dactilar lleno de ditirambos y goces
una genética caducidad en una ciudad perversa
al borde de un barranco que deslinda con la más pronta muerte
Pierdo la voz ante la náusea repentina
accedo como cofrade al ara que me será prohibida en los años
La hermosura nupcial ya fue consumada hasta la sangre misma, en ella
que más se pudo colegir en tanto exceso
en su insistencia de procrear a la luz remitente de unos pocos candelabros
en lumbre mezquina contra lumbre encendida de belleza
Las palabras me espasman indecisas el aliento
me perlan la intimidad de humores en la certitud del cuerpo
Mis pupilas se revelan ante la escasa lumbrería
la fúgida  apariencia  de un resplandor equívoco
amengua aún más la sensación de vida
Los recuerdos se aglutinan           amontonan la torpeza vivida
como una vieja lumia callejera que no tiene lugar donde yacer

La historia se repite con escasez de lágrimas
La quietud de los parientes es ritual  agónico
hace que se sienta como sopla el viento afuera en la escollera
Los maeses no vendrán por el camino de arcilla, contendránsus
rogativas sectarias en las inmediaciones del templo
súplica tras súplica hasta sellar de secreto los decires
El mandil tendrá colores y emblemas de albañiles
el Oriente se abrirá diáfano entre las altas cumbres
Las duelas de las cubas dejarán goterar el vino dulce
tal vez un último ágape seguirá insomne la fiesta
un postrero escanciar de copas fraternales
ni escápula quebrada al iniciado abrazo
ni adustez de sueño largo ni rigidez de condenado
Se ha cumplido el plazo de esta  austera residencia

Sergio Badilla Castillo