“Lo que tú sientes, hermana, siento”

Hoy sólo pienso en tu muerte,
En el tiempo que abrió mi huída:
No sé como existo si no estoy conmigo,
No sé como no existes si estoy contigo.

Las nubes y el aire respiran mi pena:
Cuarenta ocho años fueron pocos para entregarte mi vida,
Ni un instante dejó, inmensamente, de ser tuyo;
Fluye, nada se mueve, ni los recuerdos en el paraíso.

Tu voz duerme el viento de mis días,
La noche al caer la tarde,
El ave danza en las sombras en medio de la luz de la luna,
Dos torres, mi cama y mi sueño, sufriendo.

Las lágrimas abren silenciosas el cofre de los tesoros,
Algo cae en los espejos de mis entrañas,
El río se conmueve  con la lluvia de estrellas
Y en un gran silencio de espera nace el nuevo día.

Ricardo Serna G.

La luz ha descendido mientras las estrellas nos observan,
Transformándose en palabras en pleno torbellino deimágenes:
Abiertas que oímos acariciar el cántaro de la sed:
Filamentos espirituales —las verdades—
Que despiertan en mi boca:
Oímos la desesperación y la suave respuesta,
El callar que lo retiene el vacío y la voz del amor,
El dolor abriendo sus ojos y la fuente bañándonos declaridad;
Echamos la red y el aliento se llena de Universo:
En el mar de los cantos errantes,
Más allá de la memoria infinita,
En las alas del sueño inicial,
Donde el color es simplemente azul
Con la erupción del Ser,
El lenguaje maravilloso,
Los vientos envolviendo todo,
Acariciando y penetrando,
A los ojos cerrados y bocas vacías.

Ricardo Serna G.

Me alumbrará el sol a medianoche
En el suave sueño que el corazón vive
Y alzaré la copa de los días festivos
Cantando de nuevo los caminos en calma;
 
Sonreiré  ante los amargos desiertos
Construyendo sencillos y amables rostros,
Lanzando cosas pequeñas infinitos regalos,
Grandes misterios escuchando la voz de los bienaventurados;
 
Volverán las historias silenciosas
A gritar las sagradas palabras de alegría,
A llorar en la cascada de rosas blancas
Las imágenes de soledad bailando los encuentros;
 
Amaré persiguiendo la dicha con sus colores
En el reino de los tesoros compartidos
De los amigos de los ensueños y las realidades
Desenterrando raíces de cualidades y valores.

Ricardo Serna G.

Muñeca, eres la flor de mis ternuras,
Perfecta rosa de linda mirada,
Amada mía, mujer de mis hogueras
De viña florida fruta granada.
 
Chiquilla, eres el sol de mi futuro,
Que sueño, siempre te sueño conmigo,
Que sueño, dulce suspiro seguro,
Del grito, cálido que duerme contigo.
 
Reina, romance de miel de mis besos,
Despierto linda con un gran te quiero,
Claro terciopelo fiel de mis brazos
De fuego ¡mira! Por ti casi muero.
 
Fruto, amor de mi rica entrega,
El fresco aroma fuerte llega
Manos de casi estrellas del cielo
Al tocar como una canción mi pelo.
 
Chiquilla, eres el sol de mi destino,
Mi Reina flor de los claros colores,
El sueño dulce caricia divina
En dulce miel de los finos amores.
 
Fruto, amor de mi rica entrega,
El fresco aroma fuerte llega
Manos de casi estrellas del cielo
Al tocar como una canción mi pelo.

Ricardo Serna G.

Entonces fueron, se entregaron a los sueños:
cavaron tumbas, enterraron las palabras
después de quemarlas a fuego lento
en la hoguera del desprecio,
codo a codo en su cansancio,
transformaron su vida en amargo silencio.

Y en la sombra del olvido,
el hombre y la luna fueron testigos,
recogieron una a una su sonido del dormido destino
en el frío espacio del descuido,
letra a letra fue borrada,
cambiaron su presencia en dispersos ríos.

Ahora fueron, se entregaron a la soledad:
cavaron días, enterraron las horas,
después de perderlas sin fiesta y sin sentido,
en el hastío de su invierno oscuro,
sombra a sombra de sus figuras,
bebieron su retiro en amargo navío.

Ricardo Serna G.

Perder no sé qué cosa, si nunca la he tenido,
es como caminar por los desiertos
en la selva, agua y ríos;
casi es despertar sin la felicidad,
aún si ese cielo todavía no es mío;
cabalgar en brioso corcel, blanco o negro,
por las veredas como un retrato en las sombras
en busca del tesoro del cuento del mañana;
oír la conversación de lo que pudo haber sido,
es sólo miedo de ser, otra vez, uno mismo.

Ganar no sé qué cosa, lo contrario del fastidio,
es el ladrón de la monotonía, bañado
de un licor de brillante vida;
es la luz que toca las fibras de mi yo,
y hace verter una agradable respuesta:
hace nacer en mi interior la sonrisa de mis sueños,
derramar mil colores serenos en mi cielo,
dibujar bien las palabras que había perdido,
pero puede apagarse mi candelero:
¡qué más da! ¡Qué se apaga, sitodavía no lo he prendido!

REPETIR SI TÚ QUIERES

Ricardo Serna G.

Hay en mi interior cosas dormidas,
cuando penosas tragedias quedaron asustadas casi al final de misfracasos:
se trata del olor del silencio y de cenizas de antaño,
de escándalos de aquel polvo que no se pudo lavar en lamañana,
de aquel beso que desapareció por ausencia de caricias;
aguas y tormentas inclinadas a mis horizontes,
vinagre en los callejones y caminos de mi casa,
del rincón desierto, inmóvil ante mi mirada;
hormigueros cayendo sobre mi pecho,
flores que no estaban en su sitio,
rompimiento de las promesas eternas.
 
A la deriva, recorrí toda mi vida, cuando la felicidad meocultaron,
quedaron en mis hojas de mi diario impreso mis fracasos:
todos los días estrellándose en mis ojos como pesadilla,
allá viene el invierno, sin pasar por la primavera;
y caminé con mis pies de barro todo un medio siglo,
 
¡quién diría! Levanté mis manos al cielo enbusca de alivio de mi fatiga;
siempre en medio, la pared de escasa nobleza,
difícil de escapar, de su terrible franqueza.
Desearía beber desesperado un poco el licor de los labios deldescanso.
 
¡Cuántas esperanzas de triunfo en mi alma, cuando susvoces nunca llegaron!,
quedaron dormidas como premio de mis fracasos:
no son mis manos, ni mente fuente de regalos,
son palabras caídas apiladas sin corona,
mal vestidas,
con lluvia de tristezas,
cantos contenidos,
fuego de tormentos recibidos golpeando los sueños;
no es mi estrella, ni mi suerte fuente de milagros,
son islas contenidas en el espacio,
perdidas en eterna angustia
rogando salir de su abandono.

Ricardo Serna G.

Tienes las manos vacías
de cosas nunca guardadas
delirio de amores y caricias
acomodadas en la nada
del alma del olvido
con sus amigas preferidas:
pobreza y abandono.
 
De tiempos húmedos en su fuente
bajo su melancólica espera
durmiendo la lluvia del otoño
con sus rosas de dolorosa amargura.
 
De tierras lejanas el canto de la distancia,
sensación de sonrisas perdidas en el aire,
dolor disfrazado de abundancia
con huida de lágrimas con alas.
 
De amaneceres cercanos a los quebrantos,
toque de belleza, resplandor atormentado
nacimiento de un eslabón de las cadenas,
cárcel, jilguero sollozante en destierro.

Ricardo Serna G.

Papel manchado, estás implacable donde duermes,
no hablas pero sueñas que te escriben con sangre su dolor,
que el último suspiro yace suspendido
más allá de las palabras vertidas,
en el fondo de aquella letra, sorda, muerta
por la atroz desnudez de su verdad:
esconde lo que bebe mientras vive:
la copa llena: alegría ahogada en el recuerdo de su necedad;
vino que borra el fruto del bien, como sombra quedará;
luna que guarda la paz, blanco velo del cansancio de la edad;
canto por el amor inspirado, aquel mundo secreto del adiós;
látigo asesino, tan cerca y tan lejos, crucificando elespíritu creador,
sufrimiento de su propia estación, desgraciado corazón.

Ricardo Serna G.

EN LA VIDA, como las palabras que están escritas en el océano,
La ola de fuego final arrebata con su afonía
—Vestida de oscuridad— las últimas gotas del tiempo,
Desapareciendo sus mágicas chanzonetas:
Eres la danza extasiada con sabor de luz del viejo tambor,
Atada a la dulzura del estío con sus ojos sagrados,
A su cuerpo en sus largas noches de silencio en el dolor,
A esa voz nieve de su invierno,
Por los vagos corazones ardiendo en pureza,
A su estampa de la imaginación:
De la cortesana entrando en su azul tela memorable;
A los tacones, hiedra, majestad del amor,
En los sueños con toda la excelencia del brillo de las estrellas,
Al venerable beso de paz con cristales de colores,
Chispeando su poesía con feroz belleza.
 
EN LA MUERTE, como las lágrimas que se dibujan en la tierra,
Borran las letras fugitivas de la historia
—Vestidas de luz— abren la flor diamante de la espera,
Descubriendo la sublime realidad:
Eres el enigma cubierto de preludios en el infinito,
La incomprensible errante plenitud,
De racimos de relámpagos eternos,
Choque de secretos devorando la nada,
Sin sufrimiento, libre sin espada,
Con los ojos abiertos del alma desnudos de su raíz,
Listos a su destino oculto mezclado con los reflejos,
De la luz que baña los siglos:
Quimera o pasión:
Soledad o amor.

Ricardo Serna G.