Y a pesar de todo calladamente lloramos,
Las pestañas quitan las nubes sedientas,
Esconden las huellas de los secretos distraídos.
Es como locura en el mundo de la amargura,
Es como trance cabalgando en sus gritos
Hasta completar mil palabras moribundas;
Es que, duele sin matar el surtidor de las heridas.
Porque el cuerpo se desgarra en pedazos,
Se hunde en la injusticia de la noche;
Y su terca fantasía de carnavales
Espera otorgar el artificio que atesora:
Miradas de aguaceros colores de su tierra.

Y a pesar de todo calladamente lloramos,
La fuente de los ríos lentamente desaparece,
Y se oye disfrazada de sombras hechizadas.
Pero la calma abre la lejanía
Gestándose los caminos de lumbres invisibles
Hasta llegar al plato del mendigo cansado;
Es que, duele sin matar el surtidor de las heridas.
Porque la furia del divorcio de la noche y el día,
A fuerza de querer morir con su misma espada
Toma firmemente la empuñadura
Del montón de hojas del recuerdo
Con máscaras de funerales de la vida.

Ricardo Serna G.

Llegué a aquella casa
de otros recuerdos míos,
de tiempos de dulce sonreír,
donde me acogía la nostalgia,
la luz, el polvo de los retratos
que alimentaban las caricias
en un profundo ir y venir;
de la puerta de la aurora,
otra más clara en el día,
un poco menos en la noche,
pero inmensa otra vez;
donde mi viejita adorable
se sentaba en su sofá,
levantaba su linda mano
para acariciar mi cara
y mi renovado corazón;
donde una simple palabra suya
era una oración,
de nuevo su estrella
era mi canción.

Llegué  a aquella casa
de otros recuerdos míos,
de enormes pasillos,
tan grandes como su amor:
ese aire exhalaba por muchos años
los cariñosos cuidados
de música encantada y callada
y el suave murmullo
de su dulce caminar;
los minutos y horas
de la mañana,
resplandecían siempre con sus pasos,
a un nuevo despertar;
sus ojos eran mi esperanza
y mi ánimo,
la fuerza, hoy, de mi alma
que nunca dejaré de amar;
el consejo maternal,
que arrullaba mi alma,
hoy, vive, en verdad.

Llegué a aquella casa
de otros recuerdos míos…

Ricardo Serna G.

Allá donde la vida es blanca y las cosas sencillas,
donde las palabras son muchas
a pesar que el cofre de los sonidos esté cerrado todos losdías:
los ojos del amor hablan
con vientos del corazón
comparten en sueños la dulzura infinita
entre dos almas y una pasión;
 
donde las gotas del rocío de la felicidad
recorren lentamente el rostro en las sombras de la distancia,
ocultas de la mirada de su universo:
los ojos del amor sufren
ninguna luz se levanta en la madrugada
a besar el fuego de su canto,
su boca está seca de esperar;
 
donde los muros apagan suavemente
el perfume que aprieta los recuerdos
deteniendo el nuevo paisaje del viajero ocasional:
los ojos del amor lloran
y, a menudo sangran ausencias
promesas no cumplidas
deseos profanados por el porvenir;
 
donde un día es una eternidad
y un minuto una vida sin amar
ahogando el agua de su dolor:
los ojos del amor duermen,
poco a poco morirán en la noche,
en el trágico encanto de su veneno
acariciando los ojos de su amante.

Ricardo Serna G.

Entonces fueron, se entregaron a los sueños:
cavaron tumbas, enterraron las palabras
después de quemarlas a fuego lento
en la hoguera del desprecio,
codo a codo en su cansancio,
transformaron su vida en amargo silencio.

Y en la sombra del olvido,
el hombre y la luna fueron testigos,
recogieron una a una su sonido del dormido destino
en el frío espacio del descuido,
letra a letra fue borrada,
cambiaron su presencia en dispersos ríos.

Ahora fueron, se entregaron a la soledad:
cavaron días, enterraron las horas,
después de perderlas sin fiesta y sin sentido,
en el hastío de su invierno oscuro,
sombra a sombra de sus figuras,
bebieron su retiro en amargo navío.

Ricardo Serna G.

Camino en ti, en otra realidad
En otro mundo, cristal de imágenes
Al ritmo de la vida, con velas sin final
Con paisajes hambrientos de lágrimas de nada
De todo en cenizas, cumbre de nacimientos
¡Por el sueño! con el sello de barro a carne viva:
Figura sin sonrisa con la copa adormecida de dolor
Cuchillo sin letra firme, sordas campanas
Sin aliento, ciego lecho al morir la tarde
¡La voz desnuda! con el paisaje de gotas y de estrellas:
Lámpara de milagros rota bajo el espejo de las pisadas
Presas de miedo, pestañas perdidas en la soledad
En la esquina invisible desdibujada
Donde danzan locos anhelos en el vacío:
Descansa ¡monotonía! mañana  será otrodía.

Ricardo Serna G.

Hay en mi interior cosas dormidas,
cuando penosas tragedias quedaron asustadas casi al final de misfracasos:
se trata del olor del silencio y de cenizas de antaño,
de escándalos de aquel polvo que no se pudo lavar en lamañana,
de aquel beso que desapareció por ausencia de caricias;
aguas y tormentas inclinadas a mis horizontes,
vinagre en los callejones y caminos de mi casa,
del rincón desierto, inmóvil ante mi mirada;
hormigueros cayendo sobre mi pecho,
flores que no estaban en su sitio,
rompimiento de las promesas eternas.
 
A la deriva, recorrí toda mi vida, cuando la felicidad meocultaron,
quedaron en mis hojas de mi diario impreso mis fracasos:
todos los días estrellándose en mis ojos como pesadilla,
allá viene el invierno, sin pasar por la primavera;
y caminé con mis pies de barro todo un medio siglo,
 
¡quién diría! Levanté mis manos al cielo enbusca de alivio de mi fatiga;
siempre en medio, la pared de escasa nobleza,
difícil de escapar, de su terrible franqueza.
Desearía beber desesperado un poco el licor de los labios deldescanso.
 
¡Cuántas esperanzas de triunfo en mi alma, cuando susvoces nunca llegaron!,
quedaron dormidas como premio de mis fracasos:
no son mis manos, ni mente fuente de regalos,
son palabras caídas apiladas sin corona,
mal vestidas,
con lluvia de tristezas,
cantos contenidos,
fuego de tormentos recibidos golpeando los sueños;
no es mi estrella, ni mi suerte fuente de milagros,
son islas contenidas en el espacio,
perdidas en eterna angustia
rogando salir de su abandono.

Ricardo Serna G.

“Lo que tú sientes, hermana, siento”

Hoy sólo pienso en tu muerte,
En el tiempo que abrió mi huída:
No sé como existo si no estoy conmigo,
No sé como no existes si estoy contigo.

Las nubes y el aire respiran mi pena:
Cuarenta ocho años fueron pocos para entregarte mi vida,
Ni un instante dejó, inmensamente, de ser tuyo;
Fluye, nada se mueve, ni los recuerdos en el paraíso.

Tu voz duerme el viento de mis días,
La noche al caer la tarde,
El ave danza en las sombras en medio de la luz de la luna,
Dos torres, mi cama y mi sueño, sufriendo.

Las lágrimas abren silenciosas el cofre de los tesoros,
Algo cae en los espejos de mis entrañas,
El río se conmueve  con la lluvia de estrellas
Y en un gran silencio de espera nace el nuevo día.

Ricardo Serna G.

Tienes las manos vacías
de cosas nunca guardadas
delirio de amores y caricias
acomodadas en la nada
del alma del olvido
con sus amigas preferidas:
pobreza y abandono.
 
De tiempos húmedos en su fuente
bajo su melancólica espera
durmiendo la lluvia del otoño
con sus rosas de dolorosa amargura.
 
De tierras lejanas el canto de la distancia,
sensación de sonrisas perdidas en el aire,
dolor disfrazado de abundancia
con huida de lágrimas con alas.
 
De amaneceres cercanos a los quebrantos,
toque de belleza, resplandor atormentado
nacimiento de un eslabón de las cadenas,
cárcel, jilguero sollozante en destierro.

Ricardo Serna G.

La luz ha descendido mientras las estrellas nos observan,
Transformándose en palabras en pleno torbellino deimágenes:
Abiertas que oímos acariciar el cántaro de la sed:
Filamentos espirituales —las verdades—
Que despiertan en mi boca:
Oímos la desesperación y la suave respuesta,
El callar que lo retiene el vacío y la voz del amor,
El dolor abriendo sus ojos y la fuente bañándonos declaridad;
Echamos la red y el aliento se llena de Universo:
En el mar de los cantos errantes,
Más allá de la memoria infinita,
En las alas del sueño inicial,
Donde el color es simplemente azul
Con la erupción del Ser,
El lenguaje maravilloso,
Los vientos envolviendo todo,
Acariciando y penetrando,
A los ojos cerrados y bocas vacías.

Ricardo Serna G.

Papel manchado, estás implacable donde duermes,
no hablas pero sueñas que te escriben con sangre su dolor,
que el último suspiro yace suspendido
más allá de las palabras vertidas,
en el fondo de aquella letra, sorda, muerta
por la atroz desnudez de su verdad:
esconde lo que bebe mientras vive:
la copa llena: alegría ahogada en el recuerdo de su necedad;
vino que borra el fruto del bien, como sombra quedará;
luna que guarda la paz, blanco velo del cansancio de la edad;
canto por el amor inspirado, aquel mundo secreto del adiós;
látigo asesino, tan cerca y tan lejos, crucificando elespíritu creador,
sufrimiento de su propia estación, desgraciado corazón.

Ricardo Serna G.