Tienes las manos vacías
de cosas nunca guardadas
delirio de amores y caricias
acomodadas en la nada
del alma del olvido
con sus amigas preferidas:
pobreza y abandono.
 
De tiempos húmedos en su fuente
bajo su melancólica espera
durmiendo la lluvia del otoño
con sus rosas de dolorosa amargura.
 
De tierras lejanas el canto de la distancia,
sensación de sonrisas perdidas en el aire,
dolor disfrazado de abundancia
con huida de lágrimas con alas.
 
De amaneceres cercanos a los quebrantos,
toque de belleza, resplandor atormentado
nacimiento de un eslabón de las cadenas,
cárcel, jilguero sollozante en destierro.

Ricardo Serna G.

Papel manchado, estás implacable donde duermes,
no hablas pero sueñas que te escriben con sangre su dolor,
que el último suspiro yace suspendido
más allá de las palabras vertidas,
en el fondo de aquella letra, sorda, muerta
por la atroz desnudez de su verdad:
esconde lo que bebe mientras vive:
la copa llena: alegría ahogada en el recuerdo de su necedad;
vino que borra el fruto del bien, como sombra quedará;
luna que guarda la paz, blanco velo del cansancio de la edad;
canto por el amor inspirado, aquel mundo secreto del adiós;
látigo asesino, tan cerca y tan lejos, crucificando elespíritu creador,
sufrimiento de su propia estación, desgraciado corazón.

Ricardo Serna G.

EN LA VIDA, como las palabras que están escritas en el océano,
La ola de fuego final arrebata con su afonía
—Vestida de oscuridad— las últimas gotas del tiempo,
Desapareciendo sus mágicas chanzonetas:
Eres la danza extasiada con sabor de luz del viejo tambor,
Atada a la dulzura del estío con sus ojos sagrados,
A su cuerpo en sus largas noches de silencio en el dolor,
A esa voz nieve de su invierno,
Por los vagos corazones ardiendo en pureza,
A su estampa de la imaginación:
De la cortesana entrando en su azul tela memorable;
A los tacones, hiedra, majestad del amor,
En los sueños con toda la excelencia del brillo de las estrellas,
Al venerable beso de paz con cristales de colores,
Chispeando su poesía con feroz belleza.
 
EN LA MUERTE, como las lágrimas que se dibujan en la tierra,
Borran las letras fugitivas de la historia
—Vestidas de luz— abren la flor diamante de la espera,
Descubriendo la sublime realidad:
Eres el enigma cubierto de preludios en el infinito,
La incomprensible errante plenitud,
De racimos de relámpagos eternos,
Choque de secretos devorando la nada,
Sin sufrimiento, libre sin espada,
Con los ojos abiertos del alma desnudos de su raíz,
Listos a su destino oculto mezclado con los reflejos,
De la luz que baña los siglos:
Quimera o pasión:
Soledad o amor.

Ricardo Serna G.

Claro aroma a hierba entre mis éstos y aquellos,
a madera cuerpo girando en mis misteriosas raíces,
en la redondez de mi polvo ardiente
junto a mis manos muy lejos de la nieve;
pero no es para siempre,
el canto del gozo pronto dormirá en la espera
y llorará que de nuevo se exciten las llamas del fuego.

No hay heridas que sangren olvido,
sólo quiero que mi árbol se queme
en eternos mismos infinitos inciensos:
sólo el olor a las ramas de olivo,
a las hojas en constante vuelo
cubriendo los sueños en flores del paraíso
y a la dicha de verde oliva.

Hay un calor de sufrimiento negativo
en el aire toneladas de humo
seguidas de dos figuras abrazándose
que empieza a ser el cielo acostándose
en pleno día,
sembrándose hasta la función quieta
y sin ruido apagando una a una las estrellas
que con nuestras bocas habíamos prendido.

Ricardo Serna G.

Y si muero mañana estaré preparado
con mis cosas más importantes,
tendré en mi mano la cruz
de mis cielos que tejerá la luz
de mis primeras y últimas palabras;
que sonará el reloj de mi campanario
donde la hora de mi primavera,
volverá victoriosamente coronada
de azul encanto, infinitamente acompañarme;
guardará la fábrica de sueños en su momento,
tendrá en mi casa el refugio seguro,
y abrirá mis ojos por última vez
para contemplar el rostro de mis amores;
la llevaré a mi boca para besarla
con encendido entusiasmo
y rezar con alegre sentimiento
mi despedida y encuentro.

Ricardo Serna G.

Después de cincuenta años,
los recuerdos y personas idas,
los siento mejor ahora,están repletas de sentimientos;
y desde este día abro mi puerta
al polvo de mi sueño:
cada mañana ayer vivido,
cada aurora más firme de esperanza,
en mi memoria me miran
formando una sola imagen de tranquilidad y ternura:
es el pueblo de mis amores:
caras de bienvenida,
la casa de mis primeros años,
los lugares de mis juegos,
los amigos de mi infancia,
las primeras palabras de cariño,
los siento mejor ahora, están repletas de vivencias;
y desde este día abro mi corazón a las voces y sonidos demi mente:
todo era alegría,
mi viejita adorable
se asomaba en un rincón de la cocina,
y se escuchaba en los árboles del patio
a las blancas palomas acompañando
con su canto su duro trabajo del mediodía;
el pueblo quizás ni se movía,
 era parte del silencio,
sólo los perros y los gatos caminaban lentamente por la calle
esperando el primer momento de la tarde;
cada hora tal vez vivía
el bullicio de los muchachos regresando de la escuela,
el ir y venir de la gente,
lo siento mejor ahora, están repletas de verdaderoscariños;
y desde este día abro mi alma a mi pueblo:
canto, lloro y sonrío,
no es porque lo he perdido,
es tan sólo que sin él ahora siento frío.

Ricardo Serna G.

Y a pesar de todo calladamente lloramos,
Las pestañas quitan las nubes sedientas,
Esconden las huellas de los secretos distraídos.
Es como locura en el mundo de la amargura,
Es como trance cabalgando en sus gritos
Hasta completar mil palabras moribundas;
Es que, duele sin matar el surtidor de las heridas.
Porque el cuerpo se desgarra en pedazos,
Se hunde en la injusticia de la noche;
Y su terca fantasía de carnavales
Espera otorgar el artificio que atesora:
Miradas de aguaceros colores de su tierra.

Y a pesar de todo calladamente lloramos,
La fuente de los ríos lentamente desaparece,
Y se oye disfrazada de sombras hechizadas.
Pero la calma abre la lejanía
Gestándose los caminos de lumbres invisibles
Hasta llegar al plato del mendigo cansado;
Es que, duele sin matar el surtidor de las heridas.
Porque la furia del divorcio de la noche y el día,
A fuerza de querer morir con su misma espada
Toma firmemente la empuñadura
Del montón de hojas del recuerdo
Con máscaras de funerales de la vida.

Ricardo Serna G.

Llegué a aquella casa
de otros recuerdos míos,
de tiempos de dulce sonreír,
donde me acogía la nostalgia,
la luz, el polvo de los retratos
que alimentaban las caricias
en un profundo ir y venir;
de la puerta de la aurora,
otra más clara en el día,
un poco menos en la noche,
pero inmensa otra vez;
donde mi viejita adorable
se sentaba en su sofá,
levantaba su linda mano
para acariciar mi cara
y mi renovado corazón;
donde una simple palabra suya
era una oración,
de nuevo su estrella
era mi canción.

Llegué  a aquella casa
de otros recuerdos míos,
de enormes pasillos,
tan grandes como su amor:
ese aire exhalaba por muchos años
los cariñosos cuidados
de música encantada y callada
y el suave murmullo
de su dulce caminar;
los minutos y horas
de la mañana,
resplandecían siempre con sus pasos,
a un nuevo despertar;
sus ojos eran mi esperanza
y mi ánimo,
la fuerza, hoy, de mi alma
que nunca dejaré de amar;
el consejo maternal,
que arrullaba mi alma,
hoy, vive, en verdad.

Llegué a aquella casa
de otros recuerdos míos…

Ricardo Serna G.

Allá donde la vida es blanca y las cosas sencillas,
donde las palabras son muchas
a pesar que el cofre de los sonidos esté cerrado todos losdías:
los ojos del amor hablan
con vientos del corazón
comparten en sueños la dulzura infinita
entre dos almas y una pasión;
 
donde las gotas del rocío de la felicidad
recorren lentamente el rostro en las sombras de la distancia,
ocultas de la mirada de su universo:
los ojos del amor sufren
ninguna luz se levanta en la madrugada
a besar el fuego de su canto,
su boca está seca de esperar;
 
donde los muros apagan suavemente
el perfume que aprieta los recuerdos
deteniendo el nuevo paisaje del viajero ocasional:
los ojos del amor lloran
y, a menudo sangran ausencias
promesas no cumplidas
deseos profanados por el porvenir;
 
donde un día es una eternidad
y un minuto una vida sin amar
ahogando el agua de su dolor:
los ojos del amor duermen,
poco a poco morirán en la noche,
en el trágico encanto de su veneno
acariciando los ojos de su amante.

Ricardo Serna G.

Camino en ti, en otra realidad
En otro mundo, cristal de imágenes
Al ritmo de la vida, con velas sin final
Con paisajes hambrientos de lágrimas de nada
De todo en cenizas, cumbre de nacimientos
¡Por el sueño! con el sello de barro a carne viva:
Figura sin sonrisa con la copa adormecida de dolor
Cuchillo sin letra firme, sordas campanas
Sin aliento, ciego lecho al morir la tarde
¡La voz desnuda! con el paisaje de gotas y de estrellas:
Lámpara de milagros rota bajo el espejo de las pisadas
Presas de miedo, pestañas perdidas en la soledad
En la esquina invisible desdibujada
Donde danzan locos anhelos en el vacío:
Descansa ¡monotonía! mañana  será otrodía.

Ricardo Serna G.