Tras terminar penitente el camino,
miro hacia atrás y veo por fin
que el regreso es imposible,
he escapado.

El miedo, aquello que tanto he temido
ha quedado atrás, olvidado
miro a mi alrededor, y veo
dónde he llegado.

De nuevo aquello que siempre he sabido,
la verdad, la única, ella
se clava en mi pecho,
el viaje ha terminado.

Lo que odiaba, lo que temía,
aquello de lo que huía
y sin saber perseguía.

Nuestro traidor aliado,
nuestro adorado enemigo.
Lo humano, me ha derrotado.


Pedro Sánchez Vázquez

Todo este tiempo he estado huyendo
de una quimera, de un mal sueño.
He odiado a un invisible enemigo,
he escapado de un dudoso destino.

Ahora, cuando este dolor ilusorio ha acabado,
cuando parecen cerradas las heridas del pasado.
Ahora siento las verdaderas heridas, ahora siento
el verdadero dolor mayor al que creí haber dejado.

Siento que he perdido al buscar,
he perdido mis tiempos dorados.
Siento mis pesados pies caminar,
sobre cenizas de años pasados.

Inútil y futil refriega en busca de una verdad,
me condujo sin descanso a mi actual soledad.
Reposo de los difuntos, triste y sola realidad,
esperando que el tiempo pase sin que lo vea pasar.


Pedro Sánchez Vázquez

A pesar de mi vagar sin rumbo,
a pesar de mis noches en vela,
y de mi caminar taciturno,
llegué.

Sin más trampas, sin engaños,
sin máscaras, allí estaba.
Era ella, despues de tantos años,
la encontré.

Y entonces, cuanto creí haber dejado,
dolor, rabia, odio y miedo.
Jinetes que imaginaba olvidados,
regresaron.


Pedro Sánchez Vázquez

Con su mirada llegó la vida,
florecieron áridas estepas,
retoñaron las raíces secas
y de nuevo volvió la rima.

No quise recojer las mil hojas
caídas en mi otoño, nuevas flores
brotarían, de todos los colores,
verdes, azules, doradas, rojas.

Acabó mi era monocromática,
reemplazada, mejorada, adornada
de sabores, nueva edad dorada,
resurgió el agua romántica.

Agua dulce con salados peces,
agua plata bajo los nenúfares.
Agua limpia, pura y cristalina,
agua dorada y llena de vida.

Vi sonreír a la mañana,
vi volar las olas sin alas,
vi soñar a solas con nada,
vi volver la luz de mi alma.


Pedro Sánchez Vázquez

Buenas noches mi amada,
mi castigo, mi condena.
Buenas noches gris dama,
mi prisión, mi pena.

De nuevo tú y yo, los dos
en este frío lecho.
Demasiado tiempo juntos,
compartiendo un techo.

¿Recuerdas nuestros comienzos?
Entonces todo era distinto.
Amábamos al vida y el mundo,
lo pintamos en otro lienzo.

Ahora los colores se apagan,
como lámparas de noche.
Recuerdo el dormirnos juntos,
y el reloj besar las doce.

Nunca fue un cuento de hadas,
pues siemrpe fuimos tú y yo.
Nunca ansiamos las campanas,
el tiempo colocó el yugo.

Después llegó la costumbre.
Despacio y en silencio, la rutina.
Se fueron las inquietudes,
volaron las grises golondrinas.

Ya no puedo estar con nadie,
me acostumbré a ti cada día.
Ya no me queda más vida,
que dormir con melancolía.


Pedro Sánchez Vázquez

Por miedo rompí mis versos,
por miedo ahogué mis palabras,
por miedo tragué mis besos.
Por miedo guardé las alas.

Miedo de perder lo que nunca tuve.
Miedo de tener lo que siempre quise.

Por miedo, cerré mis ojos por dentro
para que el fuego azul, la llama fria,
velase mis sentimientos.
Por miedo dejé la vida.

Miedo a llegar, sin recorrer el camino.

Por miedo, quise apagar mi fuego
y secar el pozo de mis deseos,
quise cubrirlo todo con tierra.
Pero las ascuas alimentaron versos.


Pedro Sánchez Vázquez

He caminado ciego, sin saber
que nada me perseguía.
Hui sin atreverme a ver,
que era de mí de quién huía.

Solo ahora, al mirar atrás
veo cuánto me he alejado.
Solo ahora me doy cuenta,
de todo lo que he dejado.

Dime dónde he llegado.

Ahora sin fuerzas veo
que el regreso es imposible.
Dolor, rabia, odio y miedo,
han sido mis cuatro jinetes.

Hasta aqui me han arrastrado,
hasta el final del camino.
Hasta mi muerte, mi estrado,
mi penitencia, mi sino.

Dime dónde he llegado.

Ahora siento mis heridas
y las que en otros he causado.
Sobre mi espalda han caído
las almas que he maltratado.

Siento el dolor y la rabia,
me queman el odio y el miedo.
Pero ya no me dan fuerzas,
solo devoran mi cuerpo.

Dime dónde he llegado.

En la penumbra, encerrado
entre estos cuatro jinetes
que ansiosos exigen su pago
que no es otro que mi muerte.

Ahora sin luz por fin veo,
entre las cuatro sombras negras,
dónde se encuentran mis sueños,
dónde termina el camino.

He encontrado mi destino,
terminé mi primer vuelo.
Y aunque imposible anhelo,
haber disfrutado el camino.


Pedro Sánchez Vázquez