Esta iglesia no tiene lampadarios votivos,
no tiene candelabros ni ceras amarillas,
no necesita el alma de vitrales ojivos
para besar las hostias y rezar de rodillas.

El sermón sin inciensos es como una semilla
de carne y luz que cae.temblando al surco vivo:
el Padre-Nuestro, rezo de la vida sencilla,
tiene un sabor de pan frutal y primitivo…

Tiene un sabor de pan. Oloroso pan prieto
que allá en la infancia blanca entregó su secreto
a toda alma fragante que lo quiso escuchar…

Y el Padre-Nuestro en medio de la noche se pierde;
corre desnudo sobre las heredades verdes
y todo estremecido se sumerge en el mar…

Pablo Neruda, 1923

Perro mío,
si Dios está en mi verso,
Dios soy yo.

Si Dios está en tus ojos doloridos,
tú eres Dios.

Y en este mundo inmenso nadie existe
¡que se arrodille ante nosotros dos!

Pablo Neruda, 1923

PELLEAS.

Iba yo por la senda, tú venías por ella,
mi amor cayó en tus brazos, tu amor tembló en losmíos.
Desde entonces mi cielo de noche tuvo estrellas
y para recogerlas se hizo tu vida un río.
Para ti cada roca que tocarán mis manos
ha de ser manantial, aroma, fruta y flor.

MELISANDA.

Para ti cada espiga debe apretar su grano
y en cada espiga debe desgranarse mi amor.

PELLEAS.

Me impedirás, en cambio, que yo mire la senda
cuando llegue la muerte para dejarla trunca.

MELISANDA.

Te cubrirán mis ojos como una doble venda.

PELLEAS.

Me hablarás de un camino que no termine nunca.
La música que escondo para encantarse huye
lejos de la canción que borbota y resalta:
como una vía láctea desde mi pecho fluye.

MELISANDA.

En tus brazos se enredan las estrellas más altas.
Tengo miedo. Perdóname por no haber llegado antes.

PELLEAS.

Una sonrisa tuya borra todo un pasado:
guarden tus labios dulces lo que ya está distante.

MELISANDA.

En un beso sabrás todo lo que he callado.

PELLEAS.

Tal vez no sepa entonces conocer tu caricia,
porque en las venas mías tu ser se habrá fundido.

MELISANDA.

Cuando yo muerda un fruto tú sabrás su delicia.

PELLEAS.

Cuando cierres los ojos me quedaré dormido.

Pablo Neruda, 1923

Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas
la mitad de la luna.
Girante, errante noche, la cavadora de ojos.
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca.

Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye.
Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas,
mi corazón da vueltas como un volante loco.
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos,
a veces fulgurece su mirada debajo del cielo.
Quejumbre, tempestad, remolino de furia,
cruza encima de mi corazón, sin detenerte.
Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raízsoñolienta.
Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella.
Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga.
Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas.
Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio,
ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas.

Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos,
es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría.
Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas
para qué tocarla ahora, para qué entristecerla.
Ay seguir el camino que se aleja de todo,
donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno,
con sus ojos abiertos entre el rocío.

Pablo Neruda, 1924

Del centro puro que los ruidos nunca
atravesaron, de la intacta cera,
salen claros relámpagos lineales,
palomas con destino de volutas,
hacia tardías calles con olor
a sombra y a pescado.

Son las venas del apio! Son la espuma, la risa,
los sombreros del apio!
Son los signos del apio, su sabor
de luciérnaga, sus mapas
de color inundado,
y cae su cabeza de ángel verde,
y sus delgados rizos se acongojan,
y entran los pies del apio en los mercados
de la mañana herida, entre sollozos,
y se cierran las puertas a su paso.
y los dulces caballos se arrodillan.

Sus pies cortados van, sus ojos verdes
van derramados, para siempre hundidos
en ellos los secretos y las gotas:
los túneles del mar de donde emergen,
las escaleras que el apio aconseja,
las desdichadas sombras sumergidas,
las determinaciones en el centro del aire,
los besos en el fondo de las piedras.

A medianoche, con manos mojadas,
alguien golpea mi puerta en la niebla,
y oigo la voz del apio, voz profunda,
áspera voz de viento encarcelado,
se queja herido de aguas y raíces,
hunde en mi cama sus amargos rayos,
y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho
buscándome la boca del corazón ahogado.

Qué quieres, huésped de corsé quebradizo,
en mis habitaciones funerales?
Qué ámbito destrozado te rodea?

Fibras de oscuridad y luz llorando,
ribetes ciegos, energías crespas,
río de vida y hebras esenciales,
verdes ramas de sol acariciado,
aquí estoy, en la noche, escuchando secretos,
desvelos, soledades,
y entráis, en medio de la niebla hundida,
hasta crecer en mí, hasta comunicarme
la luz oscura y la rosa de la tierra.

Pablo Neruda

El viento de la estación, el viento verde,
cargado de espacio y agua, entendido en desdichas,
arrolla su bandera de lúgubre cuero:
y de una desvanecida substancia, como dinero de limosna,
así, plateado, frío, se ha cobijado un día,
frágil como la espada de cristal de un gigante
entre tantas fuerzas que amparan su suspiro que teme,
su lágrima al caer, su arena inútil,
rodeado de poderes que cruzan y crujen,
como un hombre desnudo en una batalla,
levantando su ramo blanco, su certidumbre incierta,
su gota de sal trémula entre lo invadido.

Qué reposo emprender, qué pobre esperanza amar,
con tan débil llama y tan fugitivo fuego?
Contra qué levantar el hacha hambrienta?
De qué materia desposeer, huir de qué rayo?
Su luz apenas hecha de longitud y temblor
arrastra como cola de traje de novia triste
aderezada de sueño mortal y palidez.
Porque todo aquello que la sombra tocó y ambicionó eldesorden,
gravita, líquido, suspendido, desprovisto de paz,
indefenso entre espacios, vencido de muerte.

Ay, y es el destino de un día que fue esperado,
hacia el que corrían cartas, embarcaciones, negocios,
morir, sedentario y húmedo, sin su propio cielo.
Dónde está su toldo de olor, su profundo follaje,
su rápido celaje de brasa, su respiración viva?
Inmóvil, vestido de un fulgor moribundo y una escama opaca,,
verá partir la lluvia sus mitades
y al viento nutrido de aguas atacarlas.

Pablo Neruda

La parracial rosa devora
y sube a la cima del santo:
con espesas garras sujeta
el tiempo al fatigado ser:
hincha y sopla en las venas duras,
ata el cordel, pulmonar, entonces
largamente escucha y respira.

Morir deseo, vivir quiero,
herramienta, perro infinito,
movimiento de océano espeso
con vieja y negra superficie.

Para quién y a quién en la sombra
mi gradual guitarra resuena
naciendo en la sal de mi ser
como el pez en la sal del mar?

Ay, qué continuo país cerrado,
neutral, en la zona del fuego,
inmóvil, en el giro terrible,
seco, en la humedad de las cosas.

Entonces, entre mis rodillas,
bajo la raíz de mis ojos,
prosigue cosiendo mi alma:
su aterradora aguja trabaja.

Sobrevivo en medio del mar,
solo y tan locamente herido,
tan solamente persistiendo,
heridamente abandonado.

Pablo Neruda

From the sands of Magellan we salvaged you, exhausted
voyager, immobile
beneath the storm your sweet twofold breast so many times
defied dividing itself between your nipples.

We lifted you again over the Southern waters, but now
you were the passenger in darkness, of angles, one
with the wheat and the metal you guarded
on the wide water, enveloped by oceanic night.

Today you are mine, goddess whom the giant albatross
grazed with its wingspan extended in flight,
like a cloak of music conducted in rain
by your blind wandering eyelids of timber.

Rose of the sea, bee more pure than dream,
almond-woman who from the roots
of a holm-oak peopled with cantos
made yourself form, force of the nest-filled foliage,
mouth of tempests, delicate sweetness,
that could go conquering the light with its thighs.

When the angels and the queens born with you,
covering themselves with moss, slumbered, fated
to the immobility the dead guard with honour,
you climbed to the narrow prow of the ship
and angel and queen and wave, you were the earth’s tremor.
Man’s shudderings climbed to your
noble tunic with its apple-wood breast.
while your lips oh sweetness! were moistened
by other kisses worthy of your wild mouth.
Beneath strange nights your waist let
fall the pure burden of the ship into the waves
cutting a path through the sombre extent
of overturned flame, of phosphorescent honey.
The wind opened its bag of tempests,
the unbound metal of its groans,
and the light at dawn received you trembling
in the ports, kissing your moist diadem.

Sometimes the trembling vessel heeled
when you halted your path through the sea,
like a heavy fruit that breaks off and falls,
a dead mariner whom the spume,
and the pure motion of time and ship, receive.
And you alone among all the faces
submerged by menace, plunged into barren sadness,
received the scattered salt-brine on your mask,
and your eyes retained the salty tears.
More than one wretched life slipped from your arms
into an eternity of funereal waters,
and the touch of the dead and the living
wore away your heart of ocean timber.

Today we have salvaged your form from the sand.
Finally you were destined for my eyes.
You slumber, perhaps, a slumberer, perhaps you are dead, a dead one:
your motion has finally forgotten the sighing
and the wandering splendour has ceased its journey.
Anger of ocean, blows of the heavens have circled
your proud head with cracks and fissures,
and your face rests like a conch,
with wounds that mark your swaying brow.
 
For me your beauty holds all of the perfume,
all of the wandering corrosion, all its dark night.
And in your raised breast of lamp or of goddess,
swelling turret, immobile love, life lives.
Salvaged, you sail with me, until that day
in which they let fall what I am into the spume.

Pablo Neruda
Translated by A. S. Kline

Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.

Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.

Tu cintura y tus pechos,
la duplicada púrpura
de tus pezones,
la caja de tus ojos
que recién han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.

Pablo Neruda

Amor, una pregunta
te ha destrozado.

Yo he regresado a ti
desde la incertidumbre con espinas.

Te quiero recta como
la espada o el camino.

Pero te empeñas
en guardar un recodo
de sombra que no quiero.

Amor mío,
compréndeme,
te quiero toda,
de ojos a pies, a uñas,
por dentro,
toda la claridad, la que guardabas.

Soy yo, amor mío,
quien golpea tu puerta.
No es el fantasma, no es
el que antes se detuvo
en tu ventana.
Yo echo la puerta abajo:
yo entro en toda tu vida:
vengo a vivir en tu alma:
tú no puedes conmigo.

Tienes que abrir puerta a puerta,
tienes que obedecerme,
tienes que abrir los ojos
para que busque en ellos,
tienes que ver cómo ando
con pasos pesados
por todos los caminos
que, ciegos, me esperaban.

No me temas,
soy tuyo,
pero
no soy el pasajero ni el mendigo,
soy tu dueño,
el que tú esperabas,
y ahora entro
en tu vida,
para no salir más,
amor, amor, amor,
para quedarme.

Pablo Neruda