He ido bajo Helios, que me mira sangrante
laborando en silencio mis jardines ausentes.

Mi voz será la misma del sembrador que cante
cuando bote a los surcos siembras de pulpa ardiente.

Cierro, cierro los labios, pero en rosas, tremantes
se desata mi voz, como el agua en la fuente.

Que si no son pomposas, que si no son fragantes,
son las primeras rosas —hermano caminante—
de mi desconsolado jardín adolescente.

Pablo Neruda, 1923

                                            (Lentísimo)

La tarde sobre los tejados
cae
y cae…
¿Quién le dio para que viniera
alas de ave?

Y este silencio que lo llena
            todo,
¿desde qué país de astros
            se vino solo?

¿Y por qué esta bruma
            —plúmula trémula—
beso de lluvia
            —sensitiva—

cayó en silencio —y para siempre—
            sobre mi vida?

Pablo Neruda, 1923

Melisanda, la dulce, se ha extraviado de ruta:
Pelleas, lirio azul de un jardín imperial,
se la lleva en los brazos, como un cesto de fruta.

Pablo Neruda, 1923

We have lost even this twilight.
No one saw us this evening hand in hand
while the blue night dropped on the world.

I have seen from my window
the fiesta of sunset in the distant mountain tops.

Sometimes a piece of sun
burned like a coin in my hand.

I remembered you with my soul clenched
in that sadness of mine that you know.

Where were you then?
Who else was there?
Saying what?
Why will the whole of love come on me suddenly
when I am sad and feel you are far away?

The book fell that always closed at twilight
and my blue sweater rolled like a hurt dog at my feet.

Always, always you recede through the evenings
toward the twilight erasing statues.

Pablo Neruda, 1924
English translation from poetryconnection.net

Con mi razón apenas, con mis dedos,
con lentas aguas lentas inundadas,
caigo al imperio de los nomeolvides,
a una tenaz atmósfera de luto,
a una olvidada sala decaída,
a un racimo de tréboles amargos.

Caigo en la sombra, en medio
de destruidas cosas,
y miro arañas, y apaciento bosques
de secretas maderas inconclusas,
y ando entre húmedas fibras arrancadas
al vivo ser de substancia y silencio.

Dulce materia, oh rosa de alas secas,
en mi hundimiento tus pétalos
subo con pies pesados de roja fatiga,
y en tu catedral dura me arrodillo
golpeándome los labios con un ángel.

Es que soy yo ante tu color de mundo,
ante tus pálidas espadas muertas,
ante tus corazones reunidos,
ante tu silenciosa multitud.

Soy yo ante tu ola de olores muriendo,
envueltos en otoño y resistencia:
soy yo emprendiendo un viaje funerario
entre sus cicatrices amarillas:

soy yo con mis lamentos sin origen,
sin alimentos, desvelado, solo,
entrando oscurecidos corredores,
llegando a tu materia misteriosa.

Veo moverse tus corrientes secas,
veo crecer manos interrumpidas,
oigo tus vegetales oceánicos
crujir de noche y furia sacudidos,
y siento morir hojas hacia adentro,
incorporando materiales verdes
a tu inmovilidad desamparada.

Poros, vetas, círculos de dulzura,
peso, temperatura silenciosa,
flechas pegadas a tu alma caída,
seres dormidos en tu boca espesa,
polvo de dulce pulpa consumida,
ceniza llena de apagadas almas,
venid a mí, a mi sueño sin medida,
caed en mi alcoba en que la noche cae
y cae sin cesar como agua rota,
y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme,
a vuestros materiales sometidos,
a vuestras muertas palomas neutrales,
y hagamos fuego, y silencio, y sonido,
y ardamos, y callemos, y campanas.

Pablo Neruda

De pasión sobrante y sueños de ceniza
un pálido palio llevo, un cortejo evidente,
un viento de metal que vive solo,
un sirviente mortal vestido de hambre,
y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol
que su salud de astro implanta en las flores,
cuando a mi piel parecida al oro llega el placer,
tú, fantasma coral con pies de tigre,
tú, ocasión funeral, reunión ígnea,
acechando la patria en que sobrevivo
con tus lanzas lunares que tiemblan un poco.

Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa
tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas,
el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero,
una abeja extremada arde sin tregua.
Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos?
Qué vapor de estación lúgubre, qué rostrode cristal,
y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas?
Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza,
y el tiempo del amor celestial que pasa volando,
han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera.

De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles,
de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra,
de asistencias desgarradoramente dulces
y días de transparente veta y estatua floral,
qué subsiste en mi término escaso, en mi débilproducto?
De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada,
quién no es vecino y ausente a la vez?
Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo
tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera,
y un latido delgado, de agua y tenacidad,
como algo que se quiebra perpetuamente,
atraviesa hasta el fondo mis separaciones,
apaga mi poder y propaga mi duelo.

Pablo Neruda

Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre,
y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueñosnocturnos, mis comidas
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún,
quejándome del trópico, de los coolies coringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tansola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en lasparedes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría porrecobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entrenosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu bruscarespiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la pieldel caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.

Pablo Neruda

Ocean, if you were to give, a measure, a ferment, a fruit
of your gifts and destructions, into my hand,
I would choose your far-off repose, your contour of steel,
your vigilant spaces of air and darkness,
and the power of your white tongue,
that shatters and overthrows columns,
breaking them down to your proper purity.

Not the final breaker, heavy with brine,
that thunders onshore, and creates
the silence of sand, that encircles the world,
but the inner spaces of force,
the naked power of the waters,
the immoveable solitude, brimming with lives.
It is Time perhaps, or the vessel filled
with all motion, pure Oneness,
that death cannot touch, the visceral green
of consuming totality.

Only a salt kiss remains of the drowned arm,
that lifts a spray: a humid scent,
of the damp flower, is left,
from the bodies of men. Your energies
form, in a trickle that is not spent,
form, in retreat into silence.

The falling wave,
arch of identity, shattering feathers,
is only spume when it clears,
and returns to its source, unconsumed.

Your whole force heads for its origin.
The husks that your load threshes,
are only the crushed, plundered, deliveries,
that your act of abundance expelled,
all those that take life from your branches.

Your form extends beyond breakers,
vibrant, and rhythmic, like the chest, cloaking
a single being, and its breathings,
that lift into the content of light,
plains raised above waves,
forming the naked surface of earth.

You fill your true self with your substance.
You overflow curve with silence.
 
The vessel trembles with your salt and sweetness,
the universal cavern of waters,
and nothing is lost from you, as it is
from the desolate crater, or the bay of a hill,
those empty heights, signs, scars,
guarding the wounded air.

Your petals throbbing against the Earth,
trembling your submarine harvests,
your menace thickening the smooth swell,
with pulsations and swarming of schools,
and only the thread of the net raises
the dead lightning of fish-scale,
one wounded millimetre, in the space
of your crystal completeness.

Pablo Neruda
Translated by A. S. Kline

This day, Today, was a brimming glass.
This day, Today, was an immense wave.
This day was all the Earth.

This day, the storm-driven ocean
lifted us up in a kiss
so exalted we trembled
at the lightning flash
and bound as one, fell,
and drowned, without being unbound.

This day our bodies grew
stretched out to Earth’s limits,
orbited there, melded there
to one globe of wax, or a meteor’s flame.

A strange door opened, between us,
and someone, with no face as yet,
waited for us there.

Pablo Neruda
Translation by A. S. Kline

Si tu pie se desvía de nuevo,
será cortado.

Si tu mano te lleva
a otro camino
se caerá podrida.

Si me apartas de tu vida
morirás
aunque vivas.

Seguirás muerta o sombra,
andando sin mí por la tierra.

Pablo Neruda