Sentado en el alba de la primavera,
soy ahogado por un insufrible dolor
al recordar los tiempos de antaño
cuando me sentía dueño de tu amor.

Tiempos que sin anunciarse se asoman
trayendo ríos de tristeza y soledad,
dejándome el recuerdo de un pasado
donde conocí tu refugio y bondad.

Emigre como viajero sin rumbo. . .
sin el abrigo de la tierra prometida,
cambiando los colores por tinieblas,
guiado por la sombra de una mentira.

Mis párpados caídos cierran mis ojos
temiendo al abrirlos ver la realidad
que aun siendo por Dios escogido
he dejado el camino de su verdad.

Añoro encontrar el cielo perdido,
volver a sentir la llama del primer amor.
Y aun cuando otros no lo comprendan,
deseo morir y vivir para mi Señor.

He aquí tu siervo pidiendo perdón,
abandonando el camino desolado,
volviendo por el sendero de la cruz,
volviendo a la casa de su amado.

Pablo Caballero

El silencio de la noche grita;
grita el gemido del cantor;
grita la oscuridad del soñador;
grita la conciencia que se agita
ante el pecado desgarrador.

¿De dónde viene la voz?
Pregunta el alma mortificada,
escondiendo de todos la cara,
ocultando su delito acusador.

Suspiros, susurros y lágrimas
elevan al cielo una oración.

Suspiros, susurros y lágrimas
delatan un arrepentido corazón.

Pablo Caballero

Dime mamá linda,
preguntaba el niño.
¿Por qué otros tienen
y no tengo yo?

Mira que bella bicicleta. . .
y hui, mira esos patines,
corren que corren. . .
van y vienen.

Y los zapatos de Juanito
me gustan de verdad,
los míos están gastados
y ya no pueden más.

Pedrito tiene papá
y Carlitos también,
y el mío mamá,
¿se lo llevó Diosito?

Dime mamita linda,
¿por qué no me quieren?
¿Será porque soy feo,
o es porque me porto mal?

No llores mami linda.
Diosito si es bueno.
Mira, mira lo que tengo aquí,
ya casi se me olvidaba:

el sombrerito de yarey,
el sombrerito de papá.

Pablo Caballero

En la fatiga de un sueño desesperado,
corre el alma detrás de toda corriente
contemplando en cada una de sus gotas
la esperanza de un fiel ser viviente.

Apresurándose, escribe poesías en el aire
y construye castillos en la arena,
contemplando lo que pudo haber sido
imaginándolo ya como si hubiese existido,

en la soledad de una media verdad
que al tratar de ser alcanzada
siendo espejismo de una realidad
se esconde como espuma en la oleada.

Así se pierden horas de ilusiones,
así se marchitan rosas de recuerdos,
así se quedan sentimientos en el olvido,
ahogados por aguas de desilusiones.

Alma que vive sin encontrar otro consuelo
que el de unos brazos abiertos en un madero
aquella tarde de maldad, pecado y duelo,

perdonando sin que se le pida perdón,
amando sin esperar recibir amor,
bajo la sombra del Omnipotente Creador.

Pablo Caballero

Se me olvidó…
Mi viejo querido,
decirte la alegría
que siempre sentía
al tenerte a mi lado.

Se me olvidó…
Darle su merecido valor
al oportuno beso paterno
que siempre venía lleno
de tu indudable amor.

Se me olvidó…
Disfrutar tu cariño
tierno como una flor
envuelto en el calor
de un padre a su pequeño.

Se me olvidó…
Acariciar tus canas
y besar tu linda frente,
dejándolo por carente,
creyéndolo cosas vanas.

Se me olvidó…
Que eras regalo de Dios
y no siempre te tendría,
mas que sin saberlo un día
dirías tu último adiós.

Se me olvidó…
Que al hombre dejar de vivir
todo queda en el pasado.
¡Mas tu amor padre amado
en mi nunca ha de morir!

Se me olvidó…

Pablo Caballero