A Juan José Arreola

Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,
impenetrables, verdes, grises aguas,
aguas de pronto blancas, deslumbradas.

Aguas como el principio de las aguas,
como el principio mismo antes del agua,
las aguas inundadas por el agua,
aniquilando lo que finge el agua.

El resonante tigre de las aguas,
las uñas resonantes de cien tigres,
las cien manos del agua, los cien tigres
con una sola mano contra nada.

Desnudo mar, sediento mar de mares,
hondo de estrellas si de espumas alto,
prófugo blanco de prisión marina
que en estelares límites revienta,

¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas,
informe confusión de aguas y nada,
qué mares, encendidos prisioneros,
dentro de ti, bajo tu pecho, cantan?

¿Qué violencias recónditas, qué labios,
conmueven a tu piel de verdes llamas?,
¿qué desoladas aguas, costas solas,
qué mares invisibles, mar, alías?,

¿dónde principias, mar, dónde te viertes?,
¿dónde principias, tiempo, vida mía,
ejército de humo y de mentira,
adónde vas, latido, carne, sueño?

¿Dónde te viertes, avidez de nada?
No soy la piedra que se precipita,
soy su caída, y más, soy el abismo,
el círculo de sombra en que se ahonda.

Tiempo que se congela, mar y témpano,
vampiro de la luna —o se despeña:
madre furiosa, inmensa res hendida,
mar que te comes vivas las entrañas.

A Carlos Pellicer

Vine aquí
como escribo estas líneas,
sin idea fija:
una mezquita azul y verde,
seis minaretes truncos,
dos o tres tumbas,
memorias de un poeta santo,
los nombres de Timur y su linaje.

Encontré al viento de los cien días.
Todas las noches las cubrió de arena,
acosó mi frente, me quemó los párpados.
La madrugada:
                           dispersión de pájaros
y ese rumor de agua entre piedras
que son los pasos campesinos.
(Pero el agua sabía a polvo.)
Murmullos en el llano,
apariciones
                     desapariciones,
ocres torbellinos
insubstanciales como mis pensamientos.
Vueltas y vueltas
en un cuarto de hotel o en las colinas:
la tierra un cementerio de camellos
y en mis cavilaciones siempre
los mismos rostros que se desmoronan.
¿El viento, el señor de las ruinas,
es mi único maestro?
Erosiones:
el menos crece más y más.

En la tumba del santo,
hondo en el árbol seco,
clavé un clavo,
                           no,
como los otros, contra el mal de ojo:
contra mí mismo.
                                 (Algo dije:
palabras que se lleva el viento.)

Una tarde pactaron las alturas.
Sin cambiar de lugar
                                     caminaron los chopos.
Sol en los azulejos
                                 súbitas primaveras.
En el Jardín de las Señoras
subí a la cúpula turquesa.
Minaretes tatuados de signos:
la escritura cúfica, más allá de la letra,
se volvió transparente.
No tuve la visión sin imágenes,
no vi girar las formas hasta desvanecerse
en claridad inmóvil,
el ser ya sin substancia del sufí.
No bebí plenitud en el vacío
ni vi las treinta y dos señales
del Bodisatva cuerpo de diamante.
Vi un cielo azul y todos los azules,
del blanco al verde
todo el abanico de los álamos
y sobre el pino, más aire que pájaro,
el mirlo blanquinegro.
Vi al mundo reposar en sí mismo.
Vi las apariencias.
Y llame a esa media hora:
Perfección de lo Finito.

A Eliot Weinberger

    novedad de hoy y ruina de pasado mañana,enterrda y resucitada cada día,
   convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines,teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas,
    la ciudad enorme que cabe en un cuarto de tresmetros cuadrados inacabable como una galaxia,
    la ciudad que nos sueña a todos y que todoshacemos y deshacemos y rehacemos mientras soñamos,
    la ciudad que todos soñamos y que cambia sincesar mientras la soñamos,
    la ciudad que despierta cada cien años y semira en el espejo de una palabra y no se reconoce y otra vez se echa adormir,
    la ciudad que brota de los párpados de lamujer que duerme a mi lado y se convierte,
    con sus monumentos y sus estatuas, sus historias ysus leyendas,
    en un manantial hecho de muchos ojos y cada ojorefleja el mismo paisaje detenido,
    antes de las escuelas y las prisiones, los alfabetosy los números, el altar y la ley:
    el río que es cuatro ríos, el huerto,el árbol, la Varona y el  Varón vestido de viento
    —volver, volver, ser otra vez arcilla,bañarse en esa luz, dormir bajo esas luminarias,
    flotar sobre las aguas del tiempo como la hojallameante del arce que arrastra la corriente,
    volver, ¿estamos dormidos o despiertos?,estamos, nada más estamos, amanece, es temprano,
    estamos en la ciudad, no podemos salir de ella sincaer en  otra, idéntica aunque sea distinta,
    hablo de la ciudad inmensa, realidad diaria hecha dedos palabras: los otros,
    y en cada uno de ellos hay un yo cercenado de unnosotros, un yo a la deriva,
    hablo de la ciudad construida por los muertos,habitada por sus tercos fantasmas, regida por su despóticamemoria,
    la ciudad con la que hablo cuando no hablo con nadiey que ahora me dicta estas palabras insomnes,
    hablo de las torres, los puentes, lossubterráneos, los hangares, maravillas y desastres,
    El estado abstracto y sus policías concretos,sus pedagogos, sus carceleros, sus predicadores,
    las tiendas en donde hay de todo y gastamos todo ytodo se vuelve humo,
    los mercados y sus pirámides de frutos,rotación de las cuatro estaciones, las reses en canal colgandode los garfios, las colinas de especias y las torres de frascos yconservas,
    todos los sabores y los colores, todos los olores ytodas las materias, la marea de las voces —agua, metal, madera, barro—,el trajín, el regateo y el trapicheo desde el comienzo de losdías,
    hablo de los edificios de cantería y demármol, de cemento, vidrio, hierro, del gentío en losvestíbulos y portales, de los elevadores que suben y bajan comoel mercurio en los termómetros,
    de los bancos y sus consejos deadministración, de las fábricas y sus gerentes, de losobreros y sus máquinas incestuosas,
    hablo del desfile inmemorial de laprostitución por calles largas como el deseo y como elaburrimiento,
    del ir y venir de los autos, espejo de nuestrosafanes, quehaceres y pasiones (¿por qué, para qué,hacia dónde?),
    de los hospitales siempre repletos y en los quesiempre morimos solos,
    hablo de la penumbra de ciertas iglesias y de lasllamas titubeantes de los cirios en los altares,
    tímidas lenguas con las que los desamparadoshablan con los santos y con las vírgenes en un lenguaje ardientey entrecortado,
    hablo de la cena bajo la luz tuerta en la mesa cojay los platos desportillados,
    de las tribus inocentes que acampan en losbaldíos con sus mujeres y sus hijos, sus animales y susespectros,
    de las ratas en el albañal y de los gorrionesvalientes que anidan en los alambres, en las cornisas y en losárboles martirizados,
    de los gatos contemplativos y de sus novelaslibertinas a la luz de la luna, diosa cruel de las azoteas,
    de los perros errabundos, que son nuestrosfranciscanos y nuestros bhikkus, los perros que desentierran los huesosdel sol,
    hablo del anacoreta y de la fraternidad de loslibertarios, de la conjura de los justicieros y de la banda de losladrones,
    de la conspiración de los iguales y de lasociedad de amigos del Crimen, del club de los suicidas y de Jack elDestripador,
    del Amigo de los Hombres, afilador de la guillotina,y de César, Delicia del Género Humano,
    hablo del barrio paralítico, el muro llagado,la fuente seca, la estatua pintarrajeada,
    hablo de los basureros del tamaño de unamontaña y del sol taciturno que se filtra en el polumo,
    de los vidrios rotos y del desierto de chatarra, delcrimen de anoche y del banquete del inmortal Trimalción,
    de la luna entre las antenas de la televisióny de una mariposa sobre un bote de inmundicias,
    hablo de madrugadas como vuelo de garzas en lalaguna y del sol de alas transparentes que se posa en los follajes depiedra de las iglesias y del gorjeo de la luz en los tallos de vidriode los palacios,
    hablo de algunos atardeceres al comienzo delotoño, cascadas de oro incorpóreo, transfiguraciónde este mundo, todo pierde cuerpo, todo se queda suspenso,
    la luz piensa y cada uno de nosotros se sientepensado por esa luz reflexiva, durante un largo instante el tiempo sedisipa, somos aire otra vez,
    hablo del verano y de la noche pausada que crece enel horizonte como un monte de humo que poco a poco se desmorona y caesobre nosotros como una ola,
    reconciliación de los elementos, la noche seha tendido y su cuerpo es un río poderoso de pronto dormido, nosmecemos en el oleaje de su respiración, la hora es palpable, lapodemos tocar como un fruto,
    han encendido las luces, arden las avenidas con elfulgor del deseo, en los parques la luz eléctrica atraviesa losfollajes y cae sobre nosotros una llovizna verde y fosforescente quenos ilumina sin mojarnos, los árboles murmuran, nos dicen algo,
    hay calles en penumbra que son unainsinuación sonriente, no sabemos adónde van, tal vez alembarcadero de las islas perdidas,
    hablo de las estrellas sobre las altas terrazas y delas frases indescifrables que escriben en la piedra del cielo,
    hablo del chubasco rápido que azota losvidrios y humilla las arboledad, duró veinticinco minutos yahora allá arriba hay agujeros azules y chorros de luz, el vaporsube del asfalto, los coches relucen, hay charcos donde navegan barcosde reflejos,
    hablo de nubes nómadas y de una músicadelgada que ilumina una habitación en un quinto piso y de unrumor de risas en mitad de la noche como agua remota que fluye entreraíces y yerbas,
    hablo del encuentro esperado con esa formainesperada en la que encarna lo desconocido y se manifiesta a cada uno:
    ojos que son la noche que se entreabre y eldía que despierta, el mar que se tiende y la llama que habla,pechos valientes: marea lunar,
    labios que dicen sésamo y el tiempo se abra yel pequeño cuarto se vuelve jardín de metamorfosis y elaire y el fuego se enlazan, la tierra y el agua se confunden,
    o es el advenimiento del instante en queallá, en aquel otro lado que es aquí mismo, la llave secierra y el tiempo cesa de manar;
    instante del hasta aquí, fin del hipo, delquejido y del ansia, el alma pierde cuerpo y se desploma por un agujerodel piso, cae en sí misma, el tiempo se ha desfondado, caminamospor un corredor sin fin, jadeamos en un arenal,
    ¿esa música se aleja o se acerca, esasluces pálidas se encienden o apagan?, canta el espacio, eltiempo se disipa: es el boqueo, es la mirada que resbala por la lisapared, es la pared que se calla, la pared,
     hablo de nuestra historia pública y denuestra historia secreta, la tuya y la mía,
    hablo de la selva de piedra, el desierto delprofeta, el hormigüero de almas, la congregación de tribus,la casa de los espejos, el laberinto de ecos,
    hablo del gran rumor que viene del fondo de lostiempos, murmullo incoherente de naciones que se juntan o dispersan,rodar de multitudes y sus armas como peñascos que sedespeñan, sordo sonar de huesos cayendo en el hoyo de lahistoria,
    hablo de la ciudad, pastora de siglos, madre que nosengendra y nos devora, nos inventa y nos olvida.

CARTA DE CREENCIA

El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo:
roca que escala el mar con paso lento,
pilar de sal que abate el mar sediento,
sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces,
del círculo de imágenes del año,
retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño
tu cuerpo que en la luz abre bahías
al oscuro oleaje de los días.

            V

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.

Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.

Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.

Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.

¿Qué la sostiene, entreabierta
claridad anochecida
luz por los jardines suelta?

Todas las ramas, vencidas
por un agobio de pájaros
hacia lo obscuro se inclinan.

Sobre las bardas –intactos:
todavía resplandores-
instantes ensimismados.

Para recibir la noche
se cambian las arboledas
en callados surtidores.

Cae un pájaro, la yerba
ensombrece, los confines
se borran, la cal es negra,
el mundo es menos creíble.

Ruidos confusos, claridad incierta
Otro día comienza.
Es un cuarto en penumbra
y dos cuerpos tendidos.
En mi frente me pierdo
por un llano sin nadie.
Ya las horas afilan sus navajas.
Pero a mi lado tú respiras;
entrañable y remota
fluyes y no te mueves.
Inaccesible si te pienso,
con los ojos te palpo,
te miro con las manos.
Los sueños nos separan
y la sangre nos junta:
somos un río de latidos.
Bajo tus párpados madura
la semilla del sol.
                               El mundo
no es real todavía,
el tiempo duda:
                             sólo es cierto
el calor de tu piel.
En tu respiración escucho
la marea del ser,
la sílaba olvidada del Comienzo.

              1

Llueve en el mar:
al mar lo que es del mar
y que se seque la heredad.

              2

¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona
en la que emerge, redonda.
Su movimiento es su forma.

              3

Las olas se retiran
—ancas, espaldas, nucas—
pero vuelven las olas
—pechos, bocas, espumas—.

              4

Muere de sed el mar.
Se retuerce, sin nadie,
en su lecho de rocas.
Muere de sed de aire.

Aquí los antiguos recibían al fuego
Aquí el fuego creaba el mundo
Al mediodía las piedras se abren como frutos
El agua abre los párpados
La luz resbala por la piel del día
Gota inmensa donde el tiempo se refleja y se sacia

A la española el día entra pisando fuerte
Un rumor de hojas y pájaros avanza
Un presentimiento de mar o mujeres
El día zumba en mi frente como una idea fija
En la frente del mundo zumba tenaz el día
La luz corre por todas partes
Canta por las terrazas
Hace bailar las casas
Bajo las manos frescas de la yedra ligera
El muro se despierta y levanta sus torres
Y las piedras dejan caer sus vestiduras
Y el agua se desnuda y salta de su lecho
Más desnuda que el agua
Y la luz se desnuda y se mira en el agua
Más desnuda que un astro
Y el pan se abre y el vino se derrama
Y el día se derrama sobre el agua tendida
Ver oír tocar oler gustar pensar
Labios o tierra o viento entre veleros
Sabor del día que se desliza como música
Rumor de luz que lleva de la mano a una muchacha
Y la deja desnuda en el centro del día
Nadie sabe su nombre ni a qué vino
Como un poco de agua se tiende a mi costado
El sol se para un instante por mirarla
La luz se pierde entre sus piernas
La rodean mis miradas como agua
Y ella se baña en ellas más desnuda que el agua
Como la luz no tiene nombre propio
Como la luz cambia de forma con el día

A Joseph Cornell

Hexaedros de madera y de vidrio
apenas más grandes que una caja de zapatos.
En ellos caben la noche y sus lámparas.

Monumentos a cada momento
hechos con los desechos de cada momento:
jaulas de infinito.

Canicas, botones, dedales, dados,
alfileres, timbres, cuentas de vidrio:
cuentos del tiempo.

Memoria teje y destejo los ecos:
en las cuatro esquinas de la caja
juegan al aleleví damas sin sombra.

El fuego enterrado en el espejo,
el agua dormida en el ágata:
solos de Jenny Lind y Jenny Colon.

“Hay que hacer un cuadro”, dijo Degas,
“como se comete un crimen”. Pero tú construiste
cajas donde las cosas se aligeran de sus nombres.

Slot machine de visiones,
vaso de encuentro de las reminiscencias,
hotel de grillos y de constelaciones.

Fragmentos mínimos, incoherentes:
al revés de la Historia, creadora de ruinas,
tú hiciste con tus ruinas creaciones.

Teatro de los espíritus:
los objetos juegan al aro
con las leyes de la identidad.

Grand Hotel Couronne: en una redoma
el tres de tréboles y, toda ojos,
Almendrita en los jardines de un reflejo.

Un peine es un harpa
pulsada por la mirada de una niña
muda de nacimiento.

El reflector del ojo mental
disipa et espectáculo:
dios solitario sobre un mundo extinto.

Las apariciones son patentes.
Sus cuerpos pesan menos que la luz.
Duran lo que dura esta frase.

Joseph Cornell: en et interior de tus cajas
mis palabras se volvieron visibles un instante.