Nace de mí, de mi sombra,
amanece por mi piel,
alba de luz somnolienta.

Paloma brava tu nombre,
tímida sobre mi hombro.

Sobre las aguas,
sobre el desierto de las horas
pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro,
van los maderos tristes,
van los hierros, la sal y los carbones,
la flor del fuego, los aceites.
Con los maderos sollozantes,
con los despojos turbios y las verdes espumas,
van los hombres.

Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos
y su sangre en destierro
de ese lugar de pinos, agua y rocas
desde su nacimiento señalado
como sepulcro suyo por la muerte.

Van los hombres partidos por la guerra,
empujados de sus tierras a otras,
hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte,
vagos semblantes sementeras,
deslavadas colinas y descuajados árboles.
La guerra los avienta,
campesinos de voces de naranja,
pechos de piedra, arroyos, torrenteras,
viejos hermosos como el silencio de altas torres,
torres aún en pie,
indefensa ternura hundida en las bodegas.

Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos,
sus anchos pies danzantes
alzaron los sonidos nupciales del viñedo,
la tierra estremecida bajo sus pies cantaba
como tambor o vientre delirante,
tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos,
de huracanado luto rodeados.

A la borda acodados,
por los pasillos, la cubierta,
sacos de huesos o racimos negros.
No dicen nada, callan,
oyen a sus mujeres (brujas
de afiladas miradas alfileres,
llenas de secretos ya secos como añosos armarios,
historias que se sacan del pecho entre suspiros)
contar con voz rugosa
las minucias terribles de la guerra.

Los hombres son la espuma de la tierra,
la flor del llanto, el fruto de la sangre;
hijos de la ternura son de llanto,
son de piedra y estrella, son de sol,
son planetas que cantan mientras viven.
¿No hay agua, llanto, oh ramo
de soles apagados?

Los hombres son la espuma de la tierra.
Hijos de la ternura son de llanto
y renacen del llanto, diluviales,
y se esparcen por siglos como campos.

Bebe del agua de la muerte,
bebe del agua sin memoria, deja tu nombre,
olvídate de ti, bebe del agua,
el agua de los muertos ya sin nombre,
el agua de los pobres.
En esas aguas sin facciones
también está tu rostro.
Allí te reconoces y recobras,
allí pierdes tu nombre,
allí ganas tu nombre
y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto
.

Los labios y las manos del viento
el corazón del agua
                                     uneucalipto
el campamento de las nubes
la vida que nace cada día
la muerte que nace cada vida

Froto mis párpados:
el cielo anda en la tierra

A Matta

    Caminas adentro de ti mismo y el tenue reflejoserpeante que te conduce
    no es la última mirada de tus ojos alcerrarse ni es el sol tímido golpeando tus párpados:
    es un arroyo secreto, no de agua sino de latidos:llamadas, respuestas, llamadas,
    hilo de claridades entre las altas yerbas y lasbestias agazapadas de la conciencia a obscuras.
    Sigues el rumor de tu sangre por el paísdesconocido que inventan tus ojos
    y subes por una escalera de vidrio y agua hasta unaterraza.
    Hecha de la misma materia impalpable de los ecos ylos tintineos,
    la terraza, suspendida en el aire, es uncuadrilátero de luz, un ring magnético
    que se enrolla en sí mismo, se levanta, anday se planta en el circo del ojo,
    géiser lunar, tallo de vapor, follaje dechispas, gran árbol que se enciende y apaga y enciende:
    estás en el interior de los reflejos,estás en la casa de la mirada,
    has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo ati mismo por un puente de latidos:
                                 EL CORAZÓN ES UN OJO.

    Estás en la casa de la mirada, los espejoshan escondido todos sus espectros,
    no hay nadie ni hay nada que ver, las cosas hanabandonado sus cuerpos,
    no son cosas, no son ideas: son disparos verdes,rojos, amarillos, azules,
    enjambres que giran y giran, espirales de legionesdesencarnadas,
    torbellino de las formas que todavía noalcanzan su forma,
    tu mirada es la hélice que impulsa y revuelvelas muchedumbres incorpóreas,
    tu mirada es la idea fija que taladra el tiempo, laestatua inmóvil en la plaza del insomnio,
    tu mirada teje y desteje los hilos de la trama delespacio,
    tu mirada frota una idea contra otra y enciende unalámpara en la iglesia de tu cráneo,
    pasaje de la enunciación a laanunciación, de la concepción a la asunción,
    el ojo es una mano, la mano tiene cinco ojos, lamirada tiene dos manos,
    estamos en la casa de la mirada y no hay nada quever, hay que poblar otra vez la casa del ojo,
    hay que poblar el mundo con ojos, hay que ser fielesa la vista, hay que
                 CREAR PARA VER.

    La idea fija taladra cada minuto, el pensamientoteje y desteje la trama,
    vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propioinfinito,
    eres un hilo de la trama y un latido del minuto, elojo que taladra y el ojo tejedor,
    al entrar en ti mismo no sales del mundo, hayríos y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,
    en tu sangre navegan imperios, turbinas,bibliotecas, jardines,
    también hay animales, plantas, seres de otrosmundos, las galaxias circulan en tus neuronas,
    al entrar en ti mismo entras en este mundo y en losotros mundos,
    entras en lo que vio el astrónomo en sutelescopio, el matemático en sus ecuaciones:
    el desorden y la simetría, el accidente y lasrimas, las duplicaciones y las mutaciones,
    el mal de San Vito del átomo y suspartículas, las células reincidentes, las inscripcionesestelares.

    Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemosestado,
    el lugar del encuentro entre esto y aquelloestá aquí mismo y ahora,
    somos la intersección, la X, el aspamaravillosa que nos multiplica y nos interroga,
    el aspa que al girar dibuja el cero, ideograma delmundo y de cada uno de nosotros.
    Como el cuerpo astral de Bruno y Cornelio Agripa,como las granes transparentes de André Breton,
    vehículos de materia sutil, cables entreéste y aquel lado,
    los hombres somos la bisagra entre el aquí elallá, el signo doble y uno, V y ^ ,
    pirámides superpuestas unidas en unángulo para formar la X de la Cruz,
    cielo y tierra, aire y agua, llanura y monte, lago yvolcán, hombre y mujer,
    el mapa del cielo se refleja en el espejo de lamúsica,
    donde el ojo se anula nacen mundos:
    LA PINTURA TIENE UN PIE EN LA ARQUITECTURA Y OTRO ENEL SUEÑO.

    La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre noes la tierra,
    el hombre no es este mundo ni los otros mundos quehay en este mundo y en los otros,
    el hombre es la boca que empaña el espejo delas semejanzas y dice sí,
    el equilibrista vendado que baila sobre la cuerdafloja de una sonrisa,
    el espejo universal que refleja otro mundo alrepetir a éste, el que transfigura lo que copia,
    el hombre no es el que es, célula o dios,sino el que está sienpre más allá.
    Nuestras pasiones no son los ayuntamientos de lassubstancias ciegas pero los combate y los abrazos de los elementosriman con nuestros deseos y apetitos,
    pintar es buscar la rima secreta, dibujar al eco,pintar el eslabón:
    El Vértigo de Eros es el vahído de larosa al mecerse sobre el osario,
    la aparición de la aleta del pez al caer lanoche en el mar es el centelleo de la idea,
    tú has pintado al amor tras una cortina deagua llameante
    PARA CUBRIR LA TIERRA CON UN NUEVO ROCÍO.

    En el espejo de la música las constelacionesse miran antes de disiparse,
    el espejo se abisma en sí mismo anegado declaridad hasta anularse en un reflejo,
    los espacios fluyen y se despeñan bajo lamirada del tiempo petrificado,
    las presencias son llamas, las llamas son tigres,los tigres se han vuelto olas,
    cascada de transfiguraciones, cascada derepeticiones, trampas del tiempo:
    hay que darle su ración de lumbre a lanaturaleza hambrienta,
    hay que agitar la sonaja de las rimas paraengañar al tiempo y despertar al alma,
    hay que plantar ojos en la plaza, hay que regar losparques con risa solar y lunar,
    hay que aprender la tonada de Adán, el solode la flauta del fémur,
    hay que construir sobre este espacio inestable lacasa de la mirada,
    la casa de aire y de agua donde la músicaduerme, el fuego vela y pinta el poeta.

Relámpagos o peces
en la noche del mar
y pájaros, relámpagos
en la noche del bosque.

Los huesos son relámpagos
en la noche del cuerpo.
Oh mundo, todo es noche
y la vida es relámpago.

Edades de fuego y de aire
Mocedades de agua
Del verde amarillo
                                 Del amarillo al rojo
Del sueño a la vigilia
                                     Del deseo al acto
Sólo había un paso que tú dabas sin esfuerzo
Los insectos eran joyas animadas
El calor reposaba al borde del estanque
La lluvia era un sauce de pelo suelto
En la palma de tu mano crecía un árbol
Aquel árbol cantaba reía y profetizaba
Sus vaticinios cubrían de alas el espacio
Había milagros sencillos llamados pájaros
Todo era de todos
                                 Todos eran todo
Sólo había una palabra inmensa y sin revés
Palabra como un sol
Un día se rompió en fragmentos diminutos
Son las palabras del lenguaje que hablamos
Fragmentos que nunca se unirán
Espejos rotos donde el mundo se mira destrozado

    Una mujer de movimientos de río
    De transparentes ademanes de agua
    Una muchacha de agua
    Donde leer lo que pasa y no regresa
    Un poco de agua donde los ojos beban
    Donde los labios de un solo sorbo beban
    El árbol la nube el relámpago
    yo mismo y la muchacha

              1

El sol dentro del día
                                     El frío dentro del sol.
Calles sin nadie
                             autos parados
Todavía no hay nieve
                                      hay viento viento
Arde todavía 
                         en el aire helado
un arbolito rojo
Hablo con él al hablar contigo

              2

Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje
Tú estás en otro cuarto idéntico
O los dos estamos
en una calle que tu mirada ha despoblado
El mundo
imperceptiblemente se deshace
                                                           Memoria
desmoronada bajo nuestros pasos
Estoy parado a la mitad de esta línea
no escrita

              3

Las puertas se abren y cierran solas
                                                                   El aire
entra y sale por nuestra casa
                                                       El aire
habla a solas al hablar contigo
                                                       El aire
sin nombre por el pasillo interminable
No se sabe quién está del otro lado
                                                               El aire
vuelve aire todo lo que toca
                                                  El aire
con dedos de aire disipa lo que digo
Soy aire que no miras
No puedo abrir tus ojos
                                            No puedo cerrar la puerta
El aire se ha vuelto sólido

              4

Esta hora tiene la forma de una pausa
La pausa tiene tu forma
Tú tienes la forma de una fuente
no de agua sino de tiempo
En lo alto del chorro de la fuente
saltan mis pedazos
el fui      el soy    el no soytodavía
Mi vida no pesa
                         El pasado se adelgaza
El futuro es un poco de agua en tus ojos

              5

Ahora tienes la forma de un puente
Bajo tus arcos navega nuestro cuarto
Desde tu pretil nos vemos pasar
Ondeas en el viento más luz que cuerpo
En la otra orilla el sol crece
                                               al revés
Sus raíces se entierran en el cielo
Podríamos ocultarnos en su follaje
Con sus ramas prendemos una hoguera
El día es habitable

              6

El frío ha inmovilizado al mundo
El espacio es de vidrio
                                        El vidrio es de aire
Los ruidos más leves erigen
súbitas esculturas
el eco las multiplica y las dispersa
Tal vez va a nevar
Tiembla el árbol encendido
Ya está rodeado de noche
Al hablar con él hablo contigo

A Juan José Arreola

Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,
impenetrables, verdes, grises aguas,
aguas de pronto blancas, deslumbradas.

Aguas como el principio de las aguas,
como el principio mismo antes del agua,
las aguas inundadas por el agua,
aniquilando lo que finge el agua.

El resonante tigre de las aguas,
las uñas resonantes de cien tigres,
las cien manos del agua, los cien tigres
con una sola mano contra nada.

Desnudo mar, sediento mar de mares,
hondo de estrellas si de espumas alto,
prófugo blanco de prisión marina
que en estelares límites revienta,

¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas,
informe confusión de aguas y nada,
qué mares, encendidos prisioneros,
dentro de ti, bajo tu pecho, cantan?

¿Qué violencias recónditas, qué labios,
conmueven a tu piel de verdes llamas?,
¿qué desoladas aguas, costas solas,
qué mares invisibles, mar, alías?,

¿dónde principias, mar, dónde te viertes?,
¿dónde principias, tiempo, vida mía,
ejército de humo y de mentira,
adónde vas, latido, carne, sueño?

¿Dónde te viertes, avidez de nada?
No soy la piedra que se precipita,
soy su caída, y más, soy el abismo,
el círculo de sombra en que se ahonda.

Tiempo que se congela, mar y témpano,
vampiro de la luna —o se despeña:
madre furiosa, inmensa res hendida,
mar que te comes vivas las entrañas.

A Carlos Pellicer

Vine aquí
como escribo estas líneas,
sin idea fija:
una mezquita azul y verde,
seis minaretes truncos,
dos o tres tumbas,
memorias de un poeta santo,
los nombres de Timur y su linaje.

Encontré al viento de los cien días.
Todas las noches las cubrió de arena,
acosó mi frente, me quemó los párpados.
La madrugada:
                           dispersión de pájaros
y ese rumor de agua entre piedras
que son los pasos campesinos.
(Pero el agua sabía a polvo.)
Murmullos en el llano,
apariciones
                     desapariciones,
ocres torbellinos
insubstanciales como mis pensamientos.
Vueltas y vueltas
en un cuarto de hotel o en las colinas:
la tierra un cementerio de camellos
y en mis cavilaciones siempre
los mismos rostros que se desmoronan.
¿El viento, el señor de las ruinas,
es mi único maestro?
Erosiones:
el menos crece más y más.

En la tumba del santo,
hondo en el árbol seco,
clavé un clavo,
                           no,
como los otros, contra el mal de ojo:
contra mí mismo.
                                 (Algo dije:
palabras que se lleva el viento.)

Una tarde pactaron las alturas.
Sin cambiar de lugar
                                     caminaron los chopos.
Sol en los azulejos
                                 súbitas primaveras.
En el Jardín de las Señoras
subí a la cúpula turquesa.
Minaretes tatuados de signos:
la escritura cúfica, más allá de la letra,
se volvió transparente.
No tuve la visión sin imágenes,
no vi girar las formas hasta desvanecerse
en claridad inmóvil,
el ser ya sin substancia del sufí.
No bebí plenitud en el vacío
ni vi las treinta y dos señales
del Bodisatva cuerpo de diamante.
Vi un cielo azul y todos los azules,
del blanco al verde
todo el abanico de los álamos
y sobre el pino, más aire que pájaro,
el mirlo blanquinegro.
Vi al mundo reposar en sí mismo.
Vi las apariencias.
Y llame a esa media hora:
Perfección de lo Finito.

A Eliot Weinberger

    novedad de hoy y ruina de pasado mañana,enterrda y resucitada cada día,
   convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines,teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas,
    la ciudad enorme que cabe en un cuarto de tresmetros cuadrados inacabable como una galaxia,
    la ciudad que nos sueña a todos y que todoshacemos y deshacemos y rehacemos mientras soñamos,
    la ciudad que todos soñamos y que cambia sincesar mientras la soñamos,
    la ciudad que despierta cada cien años y semira en el espejo de una palabra y no se reconoce y otra vez se echa adormir,
    la ciudad que brota de los párpados de lamujer que duerme a mi lado y se convierte,
    con sus monumentos y sus estatuas, sus historias ysus leyendas,
    en un manantial hecho de muchos ojos y cada ojorefleja el mismo paisaje detenido,
    antes de las escuelas y las prisiones, los alfabetosy los números, el altar y la ley:
    el río que es cuatro ríos, el huerto,el árbol, la Varona y el  Varón vestido de viento
    —volver, volver, ser otra vez arcilla,bañarse en esa luz, dormir bajo esas luminarias,
    flotar sobre las aguas del tiempo como la hojallameante del arce que arrastra la corriente,
    volver, ¿estamos dormidos o despiertos?,estamos, nada más estamos, amanece, es temprano,
    estamos en la ciudad, no podemos salir de ella sincaer en  otra, idéntica aunque sea distinta,
    hablo de la ciudad inmensa, realidad diaria hecha dedos palabras: los otros,
    y en cada uno de ellos hay un yo cercenado de unnosotros, un yo a la deriva,
    hablo de la ciudad construida por los muertos,habitada por sus tercos fantasmas, regida por su despóticamemoria,
    la ciudad con la que hablo cuando no hablo con nadiey que ahora me dicta estas palabras insomnes,
    hablo de las torres, los puentes, lossubterráneos, los hangares, maravillas y desastres,
    El estado abstracto y sus policías concretos,sus pedagogos, sus carceleros, sus predicadores,
    las tiendas en donde hay de todo y gastamos todo ytodo se vuelve humo,
    los mercados y sus pirámides de frutos,rotación de las cuatro estaciones, las reses en canal colgandode los garfios, las colinas de especias y las torres de frascos yconservas,
    todos los sabores y los colores, todos los olores ytodas las materias, la marea de las voces —agua, metal, madera, barro—,el trajín, el regateo y el trapicheo desde el comienzo de losdías,
    hablo de los edificios de cantería y demármol, de cemento, vidrio, hierro, del gentío en losvestíbulos y portales, de los elevadores que suben y bajan comoel mercurio en los termómetros,
    de los bancos y sus consejos deadministración, de las fábricas y sus gerentes, de losobreros y sus máquinas incestuosas,
    hablo del desfile inmemorial de laprostitución por calles largas como el deseo y como elaburrimiento,
    del ir y venir de los autos, espejo de nuestrosafanes, quehaceres y pasiones (¿por qué, para qué,hacia dónde?),
    de los hospitales siempre repletos y en los quesiempre morimos solos,
    hablo de la penumbra de ciertas iglesias y de lasllamas titubeantes de los cirios en los altares,
    tímidas lenguas con las que los desamparadoshablan con los santos y con las vírgenes en un lenguaje ardientey entrecortado,
    hablo de la cena bajo la luz tuerta en la mesa cojay los platos desportillados,
    de las tribus inocentes que acampan en losbaldíos con sus mujeres y sus hijos, sus animales y susespectros,
    de las ratas en el albañal y de los gorrionesvalientes que anidan en los alambres, en las cornisas y en losárboles martirizados,
    de los gatos contemplativos y de sus novelaslibertinas a la luz de la luna, diosa cruel de las azoteas,
    de los perros errabundos, que son nuestrosfranciscanos y nuestros bhikkus, los perros que desentierran los huesosdel sol,
    hablo del anacoreta y de la fraternidad de loslibertarios, de la conjura de los justicieros y de la banda de losladrones,
    de la conspiración de los iguales y de lasociedad de amigos del Crimen, del club de los suicidas y de Jack elDestripador,
    del Amigo de los Hombres, afilador de la guillotina,y de César, Delicia del Género Humano,
    hablo del barrio paralítico, el muro llagado,la fuente seca, la estatua pintarrajeada,
    hablo de los basureros del tamaño de unamontaña y del sol taciturno que se filtra en el polumo,
    de los vidrios rotos y del desierto de chatarra, delcrimen de anoche y del banquete del inmortal Trimalción,
    de la luna entre las antenas de la televisióny de una mariposa sobre un bote de inmundicias,
    hablo de madrugadas como vuelo de garzas en lalaguna y del sol de alas transparentes que se posa en los follajes depiedra de las iglesias y del gorjeo de la luz en los tallos de vidriode los palacios,
    hablo de algunos atardeceres al comienzo delotoño, cascadas de oro incorpóreo, transfiguraciónde este mundo, todo pierde cuerpo, todo se queda suspenso,
    la luz piensa y cada uno de nosotros se sientepensado por esa luz reflexiva, durante un largo instante el tiempo sedisipa, somos aire otra vez,
    hablo del verano y de la noche pausada que crece enel horizonte como un monte de humo que poco a poco se desmorona y caesobre nosotros como una ola,
    reconciliación de los elementos, la noche seha tendido y su cuerpo es un río poderoso de pronto dormido, nosmecemos en el oleaje de su respiración, la hora es palpable, lapodemos tocar como un fruto,
    han encendido las luces, arden las avenidas con elfulgor del deseo, en los parques la luz eléctrica atraviesa losfollajes y cae sobre nosotros una llovizna verde y fosforescente quenos ilumina sin mojarnos, los árboles murmuran, nos dicen algo,
    hay calles en penumbra que son unainsinuación sonriente, no sabemos adónde van, tal vez alembarcadero de las islas perdidas,
    hablo de las estrellas sobre las altas terrazas y delas frases indescifrables que escriben en la piedra del cielo,
    hablo del chubasco rápido que azota losvidrios y humilla las arboledad, duró veinticinco minutos yahora allá arriba hay agujeros azules y chorros de luz, el vaporsube del asfalto, los coches relucen, hay charcos donde navegan barcosde reflejos,
    hablo de nubes nómadas y de una músicadelgada que ilumina una habitación en un quinto piso y de unrumor de risas en mitad de la noche como agua remota que fluye entreraíces y yerbas,
    hablo del encuentro esperado con esa formainesperada en la que encarna lo desconocido y se manifiesta a cada uno:
    ojos que son la noche que se entreabre y eldía que despierta, el mar que se tiende y la llama que habla,pechos valientes: marea lunar,
    labios que dicen sésamo y el tiempo se abra yel pequeño cuarto se vuelve jardín de metamorfosis y elaire y el fuego se enlazan, la tierra y el agua se confunden,
    o es el advenimiento del instante en queallá, en aquel otro lado que es aquí mismo, la llave secierra y el tiempo cesa de manar;
    instante del hasta aquí, fin del hipo, delquejido y del ansia, el alma pierde cuerpo y se desploma por un agujerodel piso, cae en sí misma, el tiempo se ha desfondado, caminamospor un corredor sin fin, jadeamos en un arenal,
    ¿esa música se aleja o se acerca, esasluces pálidas se encienden o apagan?, canta el espacio, eltiempo se disipa: es el boqueo, es la mirada que resbala por la lisapared, es la pared que se calla, la pared,
     hablo de nuestra historia pública y denuestra historia secreta, la tuya y la mía,
    hablo de la selva de piedra, el desierto delprofeta, el hormigüero de almas, la congregación de tribus,la casa de los espejos, el laberinto de ecos,
    hablo del gran rumor que viene del fondo de lostiempos, murmullo incoherente de naciones que se juntan o dispersan,rodar de multitudes y sus armas como peñascos que sedespeñan, sordo sonar de huesos cayendo en el hoyo de lahistoria,
    hablo de la ciudad, pastora de siglos, madre que nosengendra y nos devora, nos inventa y nos olvida.

CARTA DE CREENCIA