Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío.

El mar respira apenas, brilla apenas.
Se ha parado la luz entre los árboles,
ejército dormido. Los despierta
el viento con banderas de follajes.

Nace del mar, asalta la colina,
oleaje sin cuerpo que revienta
contra los eucaliptos amarillos
y se derrama en ecos por el llano.

El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.

a la memoria de Jorge Cuesta

          I

Abre simas en todo lo creado,
abre el tiempo la entraña de lo vivo,
y en la hondura del pulso fugitivo
se precipita el hombre desangrado.

¡Vértigo del minuto consumado!
En el abismo de mi ser nativo,
en mi nada primera, me desvivo:
yo mismo frente a mí, ya devorado.

Pierde el alma su sal, su levadura,
en concéntricos ecos sumergida,
en sus cenizas anegada, oscura.

Mana el tiempo su ejército impasible,
nada sostiene ya, ni mi caída,
transcurre solo, quieto, inextinguible.

La tinta verde crea jardines, selvas, prados,
follajes donde cantan las letras,
palabras que son árboles,
frases que son verdes constelaciones.

Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran
como una lluvia de hojas a un campo de nieve,
como la yedra a la estatua,
como la tinta a esta página.

Brazos, cintura, cuello, senos,
la frente pura como el mar,
la nuca de bosque en otoño,
los dientes que muerden una brizna de yerba.

Tu cuerpo se constela de signos verdes
como el cuerpo del árbol de renuevos.
No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa:
mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas.

Con la lengua cortada
y los ojos abiertos
el ruiseñor en la muralla

Ojos de pena acumulada
y plumaje de sangre
el ruiseñor en la muralla

Plumas de sangre y breve llamarada
agua recién nacida en la garganta
el ruiseñor en la muralla

Agua que corre enamorada
agua con alas
el ruiseñor en la muralla

Entre las piedras negras la voz blanca
del agua enamorada
el ruiseñor en la muralla

Con la lengua cortada canta
sangre sobre la piedra
el ruiseñor en la muralla

Oye la palpitación del espacio
son los pasos de la estación en celo
sobre las brasas del año

Rumor de alas y de crótalos
tambores lejanos del chubasco
crepitación y jadeo de la tierra
bajo su vestidura de insectos y raíces

La sed despierta y construye
sus grandes jaulas de vidrio
donde tu desnudez es agua encadenada
agua que canta y se desencadena

Armada con las armas del verano
entras en mi cuarto entras en mi frente
y desatas el río del lenguaje
mírate en esas rápidas palabras

El día se quema poco a poco
sobre el paisaje abolido
tu sombra es un país de pájaros
que el sol disipa con un gesto

¿Qué o quién me guiaba? No buscaba a nadie,buscaba todo y a todos:
    vegetación de cúpulas azules ycampanarios blancos, muros color de sangre seca, arquitecturas:
    festín de formas, danza petrificada bajo lasnubes que se hacen y se deshacen y no acaban de hacerse, siempre entránsito hacia su forma venidera,
    piedras ocres tatuadas por un astro colérico,piedras lavadas por el agua de la luna;
    los parques y las plazuelas, las graves poblacionesde álamos cantantes y lacónicos olmos, niños ygorriones y cenzontles,
    los corros de ancianos, ahuehuetes cuchicheantes, ylos otros, apeñuscados en los bancos, costales de huesos,tiritando bajo el gran sol del altiplano, patena incandescente;
    calles que no se acaban nunca, calles caminadas comose lee un libro o se recorre un cuerpo;
    patios mínimos, con madreselvas y geraniosgenerosos colgando de los barandales, ropa tendida, fantasma inocuo queel viento echa a volar entre las verdes interjecciones del loro de ojosulfúreo y, de pronto, un delgado chorro de luz: el canto delcanario;
    los figones celeste y las cantinas solferino, elolor del aserrín sobre el piso de ladrillo, el mostradorespejeante, equívoco altar en donde los genios de insidiosospoderes duermen encerrados en botellas multicolores;
    la carpa, el ventrílocuo y sus muñecosprocaces, la bailarina anémica, la tiple jamona, el galáncarrasposo;
    la feria y los puestos de fritangas dondehierofantas de ojos canela celebran, entre brasas y sahumerios, lasnupcias de las substancias y la transfiguración de los olores ylos sabores mientras destazan carnes, espolvorean sal y quesocándido sobre nopales verdeantes, asperjan lechugas donadorasdel sueño sosegado, muelen maíz solar, bendicen manojosde chiles tornasoles;
    las frutas y los dulces, montones dorados demandarinas y tejocotes, plátanos áureos, tunassangrientas, ocres colinas de nueces y cacahuetes, volcanes deazúcar, torreones de alegrías, pirámidestransparentes de biznagas, cocadas, diminuta orografía de lasdulzuras terrestres, el campamento militar de las cañas, lasjícamas blancas arrebujadas en túnicas color de tierra,las limas y los limonones: frescura súbita de risas de mujeresque se bañan en un río verde;
    las guirnaldas de papel y las banderitas tricolores,arcoiris de juguetería, las estampas de la Guadalupe y las delos santos, los mártires, los héroes, los campeones, lasestrellas;
    el enorme cartel del próximo estreno y laancha sonrisa, bahía extática, de la actriz en cueros yredonda como la luna que rueda por las azoteas, se desliza entre lassábanas y enciende las visiones rijosas;
    las tropillas y vacadas de adolescentes, palomas ycuervos, las tribus dominicales, los náufragos solitarios y losviejos y viejas, ramas desgajadas del árbol del siglo;
    la musiquita rechinante de los cabellitos, lamusiquita que da vueltas y vueltas en el cráneo como un versoincompleto en busca de una rima;
    y al cruzar la calle, sin razón, porquesí, como un golpe de mar o el ondear súbito de un campode maíz, como el sol que rompe entre nubarrones: laalegría, el surtidor de la dicha instantánea, ¡ah,estar vivo, desgranar la granada de esta hora y comerla grano a grano!!;
    el atardecer como una barca que se aleja y no acabade perderse en el horizonte indeciso;
    la luz anclada en el atrio del templo y el lentooleaje de la hora vencida puliendo cada piedra, cada arista, cadapensamiento hasta que todo no es sino una transparencia insensiblementedisipada;
    la vieja cicatriz que, sin aviso, se abre, la gotaque taladra, el surco quemado que deja el tiempo en la memoria, eltiempo sin cara: presentimiento de vómito y caída, eltiempo que ha ido y regresa, el tiempo que nunca se ha ido yestá aquí desde el principio, el par de ojos agazapadosen un rincón del ser: la seña de nacimiento;
    el rápido desplome de la noche que borra lascaras y las casas, la tinta negra de donde salen las trompas y loscolmillos, el tentáculo y el dardo, la ventosa y la naceta, elrosario de las cacofonías;
    la noche poblada cuchicheos y allá lejos unrumor de voces de mujeres, vagos follajes movidos por el viento;
    la luz brusca de los faros del auto sobre la paredafrentada, la luz navajazo, la luz escupitajo, la reliquia escupida;
    el rostro terrible de la vieja al cerrar la ventanasantiguándose, el ladrido del alma en pena del perro en elcallejón como una herida que se encona;
    las parejas en las bancas de los parques o de pie enlos repliegues de los quicios, los cuatro brazos anudados,árboles incandescentes sobre los que reposa la noche,
    las parejas, bosques de febriles columnas envueltaspor la resiración del animal deseante de mil ojos y mil manos yuna sola imagen clavad en la frente,
    las quietas parejas que avanzan sin moverse con losojos cerrados y caen interminablemente en sí mismas;
    el vértigo inmóvil del adolescentedesenterrado que rompe por mi frente mientras escribo
    y camina de nuevo, multisolo en su soledumbre, porcalles y plazas desmoronadas apenas las digo
    y se pierde de nuevo en busca de todo y de todos, denada y de nadie

En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron…
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.

A Rafael Vega Albela,
que aquí padeció

          I

Devora el sol restos ya inciertos;
el cielo roto, hendido, es una fosa;
la luz se atarda en la pared ruinosa;
polvo y salitre soplan sus desiertos.

Se yerguen más los fresnos, más despiertos,
y anochecen la plaza silenciosa,
tan a ciegas palpada y tan esposa
como herida de bordes siempre abiertos.

Calles en que la nada desemboca,
calles sin fin andadas, desvarío
sin fin del pensamiento desvelado.

Todo lo que me nombra o que me evoca
yace, ciudad, en ti, yace vacío,
en tu pecho de piedra sepultado.

A través de la noche urbana de piedra y sequía
entra el campo a mi cuarto.
Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros,
con pulseras de hojas.
Lleva un río de la mano.
El cielo del campo también entra,
con su cesta de joyas acabadas de cortar.
Y el mar se sienta junto a mí,
extendiendo su cola blanquísima en el suelo.
Del silencio brota un árbol de música.
Del árbol cuelgan todas las palabras hermosas
que brillan, maduran, caen.
En mi frente, cueva que habita un relámpago…
Pero todo se ha poblado de alas.

Contra la noche sin cuerpo
se desgarra y se abraza
la pena sola

Negro pensar y encendida semilla
Pena de fuego amargo y agua dulce
la pena en guerra

Claridad de latidos secretos
planta de talle transparente
vela la pena

Calla en el día canta en la noche
habla conmigo y habla sola
alegre pena

Ojos de sed pechos de sal
entra en mi cama y entra en mi sueño
amarga pena

Bebe mi sangre la pena pájaro
puebla la espera mata la noche
la pena viva

Sortija de la ausencia
girasol de la espera y amor en vela
torre de pena

Contra la noche la sed y la ausencia
gran puñado de vida
fuente de pena