Nada es quien fue nada

Pirrón

Nadaba entre la nada. Sin empeño
a la vida, que es nada, de improviso
vine a soñar que soy; porque Dios quiso
entre la nada levantar un sueño.

Dios, que es El Todo y de la nada es dueño,
me hace un mundo soñar, porque es preciso;
Él, siendo Dios, de nada un paraíso
formó, nadando en eternal ensueño.

¿Qué importa que en la nada confundida
vuelva a nadar, al fin, esta soñada
vil existencia que la nada olvida,

nada fatal de la que fue sacada?…
¿Qué tiene esta ilusión que llaman vida?…
Nada en su origen. —¿y en su extremo? —¡Nada!

Antonio Plaza Llamas

      I

En vano ensayaríamos una voz que les recuerde algo a los Hombres,
alma mía que no tuviste a quien heredar;
En vano buscamos, necios, en ondas del mismo Leteo,
Reflejos que nos pinten las estrellas que nunca vimos.

Como el perro callejero, en quien unas a otras se borran
Las marcas de los atavismos, O como el canalla civilizado
—heredera de todos, alma mía, mestiza irredenta, no
tuviste a quien heredar.

Y el hombre sólo quiere oír lo que sus abuelos contaban;
Y los narradores de historias
buscan el Arte Poética en los labios de la nodriza.

Pudo seducirnos la brevedad simple, la claridad elegante,
La palabra única que salta de la idea como bota el
Luchador sobre el pie descalzo…

Mientras el misterio lo consentía, mientras el misterio
Lo consentía.

      II

Alma mía, suave cómplice:
No se hizo para nosotros la sintaxis de todo el mundo,
Ni hemos nacido, no, bajo la arquitectura de los Luises

¿Quién, a la hora del duende, no vio escaparse la esfera,
rodando, de la mano del sabio?

Con zancadas de muerte en zanco échase a correr el
Compás, acuchillando los libros que el cuidado olvidó en
La mesa.

Así se nos han de escapar las máquinas deprecisión,
Las balanzas de Filología,
Mientras las pantuflas bibliográficas nos pegan a la
Tierra los pies.

(Y un ruido indefinible se oía, y el buen hombre se daba
a los diablos.
Y cuando acabó de soñar, pudo percatarse de que aquella
noche los ángeles —¡los ángeles!— habíancocinado para él.)

      III

San Isidro, patrón de Madrid, protector de laholgazanería;
San Isidro Labrador: quítame el agua y ponme el sol.

San Isidro, por la mancero que nunca tu mano tocara;
San Isidro: quítame el sol, a cuya luz se espulgó la
Canalla; quítame el sol y ponme el agua.

Si por los cabellos arrastras la vida,
como arrastra el hampón la querida.
Ella trabajará para ti
San Isidro, patrón de Madrid: deja que los ángeles
Vengan a labrar,
Y hágase en todo nuestra voluntad.

IV
Bíblica fatida de ganarse el pan,
desconsiderado miedo a la pobreza.
Con la cruz de los brazos abiertos
¡quién girara al viento como veleta!
Fatiga de ganarse el pan:
como la cintura de Saturno,
ciñe al mundo la Necesidad.
La Necesidad, maestra de herreros,
Madre de las rejas carcelarias
y de los barrotes de las puertas;
Tan bestial como la coz del asno
en la cara fresca de La molinera,
Y tan majestuosa como el cielo.

Odio a la pobreza: para no tener que medir
por peso tantos kilogramos de hijos y criados;
Para no educar a los niños en escasez de juguetes y flores;
Para no criar monstruos despeinados,
que alcen mañana los puños contra la nobleza de la vida.

Pero ¿vale más que eso ser un Príncipe sin corona,si
Un Príncipe Internacional,
Que va chapurrando todas las lenguas
y viviendo por todos los pueblos,
entre la opulencia de sus recuerdos?

¿Valen más las plantas llagadas por la poca costumbre deandar
que las sordas manos sin tacto, callosas de tanto afanar?

Bíblica fatiga de ganarse el pan,
desconsiderando miedo a la pobreza.

Alma, no heredamos oficio ninguno — ama loca sin economía.
Si lo compro de pan, se me acaba;
Si lo compro de aceite, se me acaba.
Compraremos una escoba de paja.
Haremos
Con la paja
Una escalera.
La escalera ha de llegar hasta el cielo.
Y, a tanto trepar, hemos de alcanzar,
Siempre adelantando una pierna a la otra.


Alfonso Reyes

Lailye ¿cuándo vuelves a México y me buscas,
ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán?
Juntos recordaríamos aquellas cosas bruscas
del asno, el indio, el loro, la araña, el alacrán . . .

A ti que te sorprendes —aunque jamás te ofuscas—
con nuestros usos y nuestra agua y nuestro pan
¿qué te parecería si vuelves y me buscas,
ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán?

¿Te acuerdas? Era entonces tu ser surco en amagos,
flor de capullo, germen de amores y pasiones.
Y ahora que te abriste al triunfo y los halagos

—¡oh suma de los pueblos, compendio de naciones!—,
dime: ¿a qué te sabría volver por estos pagos,
estrella de los rumbos y de las tentaciones?


Alfonso Reyes

Lentamente, la paloma violeta
anidó en el hombro derecho de la muchacha negra.
Lentamente, una sonrisa de oro
se hizo luz en los labios de la muchacha negra.

Efraín Huerta

Lily me espera a las 11 en el puente del rey Carlos,
al pie de San Juan Nepomuceno, santo de piedra,
santo de agua, mudo, ahogado.
Lily cree en Dios y yo corro hacia ella
y hacia el río y después
los dos iremos hacia las colinas,
hacia el Castillo, hacia la Catedral,
y caminaremos la Callejuela de los Alquimistas
donde Lily descubre oro en las puertas y en las flores
y uno es un gigante que no cabe en las pequeñas casas.

Veremos grandes patios, hermosos panoramas,
y ella me obsequiará el prometido retrato de Neruda
—del viejo checo Jan, no del chileno Pablo—
y yo habré de contarle cómo es el mar
y si algún día regresaré.

Lily me dirá que cuente con ella
y que Praga es mi novia
y que ya no sueñe con las noches danubias
ni con «la negra Viena de los ojos azules»,
porque aquí, a nuestros pies,
un río de bronce y plata nos mira
y es un río que se llama Voltava.

Corro porque Lily me espera
y es posible que ya no crea en Dios
—lo que sería sencillamente horrible para ella.
Sus ojos que tanto han llorado deben mirar
hacia la dulzura del santo que no dijo nada
como ella tampoco parece decir nada cuando la beso
y en su español murmura «No me beséis»
y yo tengo que reírme y casi me muero de risa.

Al día siguiente
—porque ya Carlos Augusto León se ha ido a Zurich
a volar hacia América con su medalla de oro
en el pecho y sus cuentos de llaneros venezolanos—,
al día siguiente bailaremos valses
y al otro día Lily  (sólo me queda ella)
esperará el filo de oro de la tarde
para llevarme hasta la puerta del Cementerio Judío
y dejarme de la mano de Dios
para que yo solo con mi alma pise aquellas flores de pavor
y me quiebre los ojos sobre las lápidas labradas
llenas de siglos
y a media voz recuerdo el poema de Nezval.
Porque ahí sólo pisamos la ceniza
y Lily, que cree en Dios,
no quiere entristecer su adoración
por el pequeño Niño Jesús de Praga
que se quedó en su nicho, allá en lo alto de laMalá Strana
con sus quince vestiditos de oro y plata de todos los colores.

Y entonces, como no hay nada ni nadie a la vista,
sueño que los viejos huesos crecen en los dorados árboles
y que una flor tiene la lengua de fuera
porque Lily debe estar loca
y los rabinos están hechos polvo
y en la sinagoga el candelabro mueve los brazos
y el gran Libro abierto me habla
y la palabra «nazis» me da náuseas
y debo entonces pedir la paz en todos los ríos
y para todos los poetas, hombres, niños, mujeres,
y no solamente para la turbia paz del Cementerio
ni la paz para la ceniza que se come
ni para las astillas de huesos que recogí en Oswiecim
ni mucho menos la paz del ghetto de Varsovia.

Por eso, Lily, que cree en Dios y es hermosa y católica,
me dice que si estoy en Praga es porque soy malo
y debo ser un sanguinario  comunista
pero que todo me lo perdona
(es tan buena) porque le corrijo su español
y le cuento de mis amigos de México y de las estrellas de cine
y que hay un pueblo lleno de canales y  guitarras
y dos terribles volcanes muertos cubiertos de nieve
y para su consuelo una gran cantidad
de iglesias y mucho sacerdotes.

Por eso corro y dejo atrás la fina lluvia
y ya no quiero tampoco  recordar la fría tierra deLídice,
porque me encanta la vieja ciudad y aunque me canse
(cuando regrese a México haré que me operen)
no puedo dejar a Lily con sus panes
y sus frutas,  tampoco con sus ojos
que parecen ojos de santa flagelada
ni con su amarga risa de niña.

No me pierdo por Praga, porque ¿cómo perderme
en brazos de una novia amorosa?
Lily me dijo apenas ayer que me entregaba
el corazón de la ciudad
y yo me bebo el aire del río
y va no le pido más porque nada me niega
y porque debo llegar a una hora fija, a las 11,
al pie de San Juan Nepomuceno,
santo de piedra,
santo de agua,
mudo,
ahogado.

Efraín Huerta

Claro está que murió —como deben morir los poetas, maldiciendo, blasfemando, mentando madres,
viendo apariciones, cobijado por las pesadillas.
Claro que así murió y su muerte resuena en las malditashabitaciones
donde perros, orgías, vino griego, prostitutas francesas,donceles y príncipes se rinden
y le besan los benditos pies;
porque todo en él era bendito como el mármol de La Piedad
y el agua de los lagos, el agua de los ríos y los ríos dealcohol bebidos a pleno pulmón,
así deben beber los poetas: Hasta lo infinito, hasta la negranoche y las agrias albas
y las ceremonias civiles y las plumas heridas del artículo a quete obligan,
la crónica que nunca hubieras querido escribir
y los poemas rubíes, los poemas diamantes, los poemashuesolabrado, los poemas
floridos, los poemas toros, los poemas posesión, los poemasrubenes, los poemas daríos, los poemas madres, los poemaspadres, tus poemas…

Y así le besaban los pies, la planta del pie que recorriólos cielos y tropezó mil y un infiernos
al sonido siringa de los ángeles locos y los demonios trasegandoabsintio
(El chorro de agua de Verlaine estaba mudo), ante el azoro y lasoberbia estupidez de los cónsules y los dictadores, lachirlería envidiosa y la espesa idiotez de las gallinasmunicipales.
Maldiciendo, claro, porque en la agónía estaba en suderecho y porque qué jodidos (¡Jure, jodido!,
        dijo Rubén alniño triste que oyó su testamento), ¿porqué no morir de alcoholes de todo el mundo si todo el mundo esalcohol y la llama lírica es la mirada de un niño con la cara de un lirio?
Resollaba y gemía como un coloso crisoelefantino
hecho de luces y tinieblas, pulido por el aire de los Andes, la neblinade los puertos, el ahogo de Nueva York, la palabra española, elduelo de Machado, Europa sin su pan.
Rugía impuramente como deben rugir todos los poetas que mueren (¡Qué horror, mi cuerpo destrozado!)
y los médicos: Aquí hay pus, aquí hay pus —y nunca le hallaron nada sino dolor en la piel
limpios los riñones heroicos, limpio el hígado, limpio y soberbio el corazón
y limpiamente formidable el cerebro que nunca se detuvo, como un sol escarlata, como un sol de esmeraldas, como la mansión de los dioses, como el penacho de un emperador azteca, de un emperador inca, de un guerrero taíno;
cerebro de un amante embriagado a la orilla de un dulcísimo cuerpo, ay, de mieles y nardos
(su peso: mil ochocientos cincuenta gramos: tonelaje de poeta divino, anchura de navío),
el cerebro donde estallaron los veintiún cañonazos de la fortaleza de Acosasco
y que luego…

Claramente, turbiamente hablando, hubo necesidad de destrozarlo,enteramente destazarlo como a una fiera selvática, como al toroamericano
porque fue mucho hombre, mucho poeta, mucho vida, muchísimouniverso
necesariamente sus vísceras tenían que ser universales,polvo a los cuatro vientos, circunvoluciones repletas de piedad,henchidas de amor y de ternura.
Aquí el hígado y allá los riñones.
¡Dame el corazón de Rubén! Y el cerebro peleado, degarra en garra como un puñado de perlas.
Aquel cerebro (¡salud!) que contó hechicerías y fuesacado a la luz antes del alba;
y por él disputaron y por él hubo sangre en las calles yla policía dijo, chilló, bramó:
¡A la cárcel! Y el cerebro de Rubén Darío—mil ochocientos cincuenta gramos— fue a dar a la cárcel
y fue el primer cerebro encarcelado, el primer cerebro entre rejas, elprimer cerebro en una celda,
la primera rosa blanca encarcelada, el primer cisne degollado.

Lo veo y no lo creo: ardido por esa leña verde, por esaagonía de pirámide arrasada,
el poeta que todo lo amó
cubría su pecho con el crucifijo, el crucifijo, el suavecrucifijo, el Cristo de marfil que otro poeta agónico leregalara —Amado Nervo—
y me parece oír cómo los dientes le quemaban y dequé manera se mordía la lengua y la piel se leponía violácea
nada más porque empezaba a morir,
nada más porque empezaba a santificarnos con su muerte y sudelirio, sus blasfemias, sus maldiciones, su testamento,
y nada más porque su cerebro tuvo que andar de garra en mano yde mano en garra
hasta parecer el ala de un ángel,
la solar sonrisa de un efebo,
la sombra de recinto de todos los poetas vivos,
de todos los poetas agonizantes,
                de todos los poetas.

19 de enero de 1967

Efraín Huerta

Je suis
Exactement
À
Un mètre
Et 74 centimètres
Au-dessus
               Du
               Niveau
               Du mal.

Efraín Huerta
Traduction de Claude Beausoleil