Pienso en ti.

La tarde,
no es una tarde más;
es el recuerdo
de aquella otra, azul,
en que se hizo
el amor en nosotros
como un día
la luz en las tinieblas.

Y fue entonces más clara
la estrella, el perfume
del jazmín más cercano,
menos
punzantes las espinas.

Ahora,
al evocarla creo
haber sido testigo
de un milagro.

Meira Delmar

There’s nothing like this bliss
of feeling so alone
in mid-afternoon
and in the middle of the wheat field;
under the summer sky
and in the arms of the wind
I am one more ear of wheat.

I have nothing in my soul,
not even a small sorrow,
nor an old remembrance
that would make me dream…
I only have this bliss
of being alone in the afternoon,
just with the afternoon!

A very long silence
is falling on the field,
for already the sun is leaving
and already the wind is leaving;
who would give me forever
this inexpressible bliss
of being, alone and serene,
a miracle of peace!

Meira Delmar
Translated by Nicolás Suescún

Death, in Venice,
they take on a trip
like a bride.

Between two blues
the mournful gondola
                           glides,
covered by slow velvets,
and you hardly perceive
                           the light thud
of one dip of an oar and then another.

Slowly, follows
like a floating garden,
the one carrying the farewell
                           made of roses
from friends.

And the mourners close
                           the cortège,
that is lost in the sea.
Accompanying them,
with its finger on its lips,
silence.

Not far off, the island waits.

Behind the rosy wall
                           that encloses it
cypresses ascend, tall
                           and dark.

(October, 1999)

Meira Delmar
Translated by Nicolás Suescún

Te contaré la tarde, amigo mío.

La tarde de campanas y violetas
que suben lentamente a su pequeño
firmamento de aroma.

La tarde en que no estás.

El tiempo, detenido, se desborda
como un dorado río,
y deja ver en su lejano fondo
no sé qué cosas olvidadas.

El día vuelve aún en una ráfaga
de sol,
y fija mariposas de oro
en el cristal del aire.
Hay una flauta en el silencio, una
melancólica boca enamorada,
y en la torre teñida de crepúsculo
repiten su blancura las palomas.

La tarde en que no estás… La tarde
en que te quiero.

Alguien, que no conozco,
abre secretamente los jazmines
y cierra una a una las palabras.

Meira Delmar

          1

De tanto quererte, mar,
el corazón se me ha vuelto
marinero.

Y se me pone a cantar
en los mástiles de oro
de la luna, sobre el viento.

Aquí la voz, la canción.
El corazón a lo lejos,
donde tus pasos resuenan
por las orillas del puerto.

De tanto quererte mar,
ausente me estás doliendo
casi hasta hacerme llorar…

          2

¡Mar!
Y es como si, de pronto,
se hiciera la claridad.

Ángeles desnudos. Ángeles
de brisa con luz. Cantar
del agua que danza una
zarabanda de cristal.

Islas, olas, caracolas.
Grito blanco de la sal…

Y el corazón, de latido
en latido, dice ¡mar!

Meira Delmar

A la hora del alba cuando el sueño
me abandona,
recorro los momentos
de nuestro amor, en busca
de los rostros de entonces,
los sueños, las palabras.

Todo en vano.

Nos fue borrando el tiempo,
sus implacables manos,
deshaciendo los cuerpos para sólo
dejarnos, viva llama, que no cesa
de arder en el vacío.

Meira Delmar

En alguna mañana azul y florecida
iremos dulcemente, con las manos unidas

a escuchar las historias que el arroyo murmura
ante el fácil asombro de las piedras desnudas…

No diremos, amado, una sola palabra:
hablarán nuestros ojos su lenguaje de magia,

y la brisa curiosa llegará muy callada
sin romper el embrujo de la hora encantada…

Después… como un racimo de hermosas uvas nueva
—tronchadas de la vid por manos tempraneras—

yo dejaré en tu boca con un poco de miedo,
el sabor ignorado de mis besos primeros…

Meira Delmar, 1937

Cada día que pasa,
cada día,
es más corto el camino
de regreso.

De repente la nave
romperá el horizonte
y la veré avanzar hacia la orilla
flamante de banderas.

Y en un instante el sol
habrá borrado
todos los años
que viví en la sombra.

Meira Delmar

No sé nada de ti. De mí
no sabes nada.
Sólo que
al encontrarse nuestros ojos
un día,
tuvimos la certeza
de haber hallado al fin
lo que por tantos
años —la vida, esta
vida y aun otra anterior— perseguimos
en vano.

Y fue como un relámpago
en medio de la sombra.

Meira Delmar