Mis ojos niños vieron
—ha mucho tiempo— alzarse
hasta la nube un vuelo
de sucesivos verdes
que el aire en torno
          embalsamaban
con tranquila insistencia.

El silencio se oía como una
música suspendida de repente,
y en mi pecho crecía
el asombro.

La voz del padre, entonces,
inclinóse a mi oído
para decirme, quedo:
“Son los cedros del Líbano
hija mía.
Mil años hace, acaso
mil más, que medran
a las plantas de Dios.
Guarda su imagen
en la frente y la sangre.
Nunca olvides
que miraste de cerca
la Belleza”.

Y desde aquella hora
tan lejana,
algo en mí se renueva
         y estremece
cuando topo en las hojas
         de algún libro
su memoriosa estampa.

Meira Delmar

Nunca supe su nombre

                        Pudo
ser el amor, un poco
de alegría, o simple-
mente nada.

Pero encendió
de tal manera el día,
que todavía
dura su lumbre.

Dura.
Y quema.

Meira Delmar

Ahora estamos unidos
para siempre.

No importa que te hayas
marchado,
que la puerta
no se abra más
para esperar tus pasos,
ni importa que en las manos
que me encuentran
no me rocen las tuyas.

Andas conmigo,
vas, vienes a mi lado,
y miras con mis ojos
derramarse en el mar
el ocaso.
Oyes el viento en la noche
cuando pasa estremeciendo
las ventanas,
y me sigues constante
por la oscura comarca
del insomnio.

Revestida de ausencia
tu perdida presencia
me acompaña.

Meira Delmar

En las manos del alba vi la rosa.
Huía de sí misma perseguida
por su propia hermosura repetida
en pétalos y en rosa jubilosa.

Con un alto vaivén de mariposa
la rosa, ya en el aire, detenida
quedaba entre la luz, estremecida
de aromas y de fuga luminosa.

Inmóvil sobre el viento desvelado
en rosa de vitral se convertía
la rosa del temblor atormentado.

El día la tocaba. Y era el día
en torno de la rosa, desalado
arroyo de insistente melodía.

Meira Delmar

No las vi, si las hubo,
señales que me advirtieran
que el amor tuyo no era
para mí.

Por eso andando seguí
llamada por tu mirada
que el corazón me encendía,
y cuando llegar creí
al anillo de tus brazos,
rompiste todos los lazos
y en el olvido caí.

Morir puede ser, a veces,
el instante en que sabemos
que nunca más volveremos
a encontrar
los ojos que nos amaron,
las voces que nos nombraron
al pasar.

Después se sigue viviendo,
si es que se puede llamar
vivir, a dejarse ir,
no importa cómo ni cuándo,
simplemente desandando
recuerdos hasta partir.

Caminar, para encontrarte,
fue tan sólo caminar.

Pero el regreso —dejarte—
fue comenzar a arrastrar
el paso cual bestia herida
que no entiende que la vida
se le está yendo al andar.

Meira Delmar

I never knew its name

                          It could
have been love, a bit
of happiness, or simp-
ly nothing.

But it lighted up
the day in such a way
that its glow
endures.

It endures.
And it burns.

Meira Delmar
Translated by Nicolás Suescún

De aquel amor que nunca fuera mío
y sin embargo se tomó mi vida,
me queda esta nostalgia repetida
sin fin, cuando sollozo y cuando río.

A veces, desde el fondo del estío,
llega la misma música entreoída
en el tiempo gozoso, la encendida
música que cayera en el vacío.

Y quiere asirla el corazón. Beberla
como un vaso de vino. Retenerla
para creer de nuevo en la dulzura.

Pero se escapa y huye con el viento,
y me deja tan sólo este lamento,
donde esconde su rostro la amargura.

Meira Delmar

Toca mi corazón tu mano pura,
lejano amor cercano todavía,
y se me vuelve más azul el día
en la clara verdad de la hermosura.

Memoria de tu beso, la dulzura
recobra su perdida melodía.
y torna al cielo de la frente mía
el ángel inicial de la ventura.

El viento es otra vez un manso río
de jazmines abiertos. El estío
entreabre su vena rumorosa.

Y el tiempo se detiene desvelado,
a orillas del recuerdo enamorado
que enciende el corazón cuando le roza.

Meira Delmar

It is the first hour.

From the orient
comes the sun.

The moon,
despoiled of the gold
of night,
goes down slowly towards the west
that waits for it under the line
of the horizon.

On the basso continuo
                              of the shore
the waves unravel,
one by one,
the music they bring
                              from as far
as time,
and it’s a tune, and another tune
                              and a thousand more tunes,
rhythmic, repeated,
spilled on the sand.

The seabirds
                              begin
their flights,
some swiftly, others
unhurriedly
they fall on the water, well-aimed,
they rise up, they fly away
until at last the sun´s glare
                              stumps them

Little by little you hear
voices, echoes, a song.

The breeze, gardener,
sprinkles orange blossoms
on the bright blue of the sea.

(January, 2001)

Meira Delmar
Translated by Nicolás Suescún

Este es mi corazón. Mi enamorado
corazón, delirante todavía.
Un ángel en azul de poesía
le tiene para siempre traspasado.

En él, como en un río sosegado,
el cielo es de cristal y melodía.
Y a su dulce comarca llega el día
con un paso de niño iluminado.

Este es mi corazón. La primavera
que inaugura las rosas, vana fuera
sin su espejo de gozo repetido.

Y vano el tiempo del amor, que mueve
las alas de los sueños, y conmueve
la sangre con su canto sostenido.

Meira Delmar