Cuánto te quise, amor, cuánto te quiero,
más allá de la vida y de la muerte.
Y aunque ya nunca más he de tenerte,
eres de cuanto es mío lo primero.

Más que el sol del estío, verdadero,
tu recuerdo mitiga, por mi suerte,
la sombra que me ciñe, y se convierte
en la luz que ilumina mi sendero.

Nada ni nadie desterrar haría
de mi frente aquel tiempo jubiloso
en que eterna la dicha parecía.

Contra el olvido y su tenaz acoso
defenderá por siempre y a porfía
su condición de escudo milagroso.

Meira Delmar

Deja que pase entre los dos el tiempo
sin que pueda mudarnos alma y alma.

Hemos quedado fijos, uno y otro,
con impasible soledad de estatuas,
tu rostro al fondo de mis ojos quietos,
mi rostro en tu mirada.

En vano están los pájaros, las nubes,
y el cielo siempre huyendo
hacia el ocaso.
El mar, el mar del corazón innúmero
con sus velas tendidas y sus faros.

Los árboles que llegan sonriendo
a través de las hojas iniciales,
la lluvia que modela finas torres
del vidrio, las mañanas,
el estío…

Como ciegos estamos. Como ciegos
de un viento luminoso que nos alza
y nos lleva tenaz, ávidamente,
nadie sabe hasta dónde.

Y todo nos rodea sin tocarnos
en este alucinante amor de amor
y de silencio.

Meira Delmar

Detenida
en el río translúcido
del viento,
por otro nombre, amor,
la llamaría
el corazón.

Nada queda en el sitio
de su perfume. Nadie
puede creer, creería,
que aquí estuvo la rosa
en otro tiempo.

Sólo yo sé que si la mano
deslizo por el aire, todavía
me hieren sus espinas.

Meira Delmar

Esta es, amor, la rosa que me diste
el día en que los dioses nos hablaron.
Las palabras ardieron y callaron.
La rosa  a la ceniza se resiste.

Todavía las horas me reviste
de su fiel esplendor. Que no tocaron
su cuerpo las tormentas que asolaron
mi mundo y todo cuanto en él existe.

Si cruzas otra vez junto a mi vida
hallará tu mirada sorprendida
una hoguera de extraño poderío.

Será la rosa que morir no sabe,
y que al paso del tiempo ya no cabe
con su fulgor dentro del pecho mío.

Meira Delmar

Las hebras de un tapiz imaginario
fueron nuestros destinos que un instante
se rozaron apenas en la cruz
del encuentro.

De norte a sur tu paso, de este
a oeste el mío,
entrelazamos el amor de modo
que nunca el tiempo desatarlo pudo,
ni romperlo el olvido.

Meira Delmar

Este es mi corazón. Mi enamorado
corazón, delirante todavía.
Un ángel en azul de poesía
le tiene para siempre traspasado.

En él, como en un río sosegado,
el cielo es de cristal y melodía.
Y a su dulce comarca llega el día
con un paso de niño iluminado.

Este es mi corazón. La primavera
que inaugura las rosas, vana fuera
sin su espejo de gozo repetido.

Y vano el tiempo del amor, que mueve
las alas de los sueños, y conmueve
la sangre con su canto sostenido.

Meira Delmar

Vuelvo a tenerte, amor,
como si nunca
te me hubieras ido.

Tus manos me recorren
el rostro suavemente,
y te oigo la voz en un
                susurro
que me roza el oído.

Vuelvo a tenerte
y pienso en el perfume
que de nuevo me hiere
aunque el jazmín no exista.

Meira Delmar

Tú estarás lejos.

Yo dejaré la vida
como un ramo de rosas
que se abandona para
proseguir el camino,
y emprenderé la muerte.

Detrás de mí, siguiéndome,
irán todas las cosas
amadas, el silencio
que nos uniera, el arduo
amor que nunca pudo
vencer el tiempo, el roce
de tus manos, las tardes
junto al mar, tus palabras.

Si donde estés tú oyes
que alguna voz te nombra,
seré yo que en el viaje
te recuerdo.

Meira Delmar

Let time pass between the two
without letting us change soul and soul.

We have remained fixed, one and the other,
with the impassive solitude of statues,
your face in the background of my still eyes,
my face in your gaze.

In vain are the birds, the clouds,
and the sky always fleeing
toward the sunset.
The sea, the sea of the unfathomable heart with
its spread-out sails and its lighthouses.

The trees that come smiling
through the very first leaves,
the rain that models its fine towers
of glass, the mornings,
summer…

As blind men we are. As blind men
of a luminous wind that lifts us
and takes us avidly,
no one knows where.

And everything surrounds us without touching us
in this fantastic love of love
and of silence.

Meira Delmar
Translated by Nicolás Suescún

A la muerte, en Venecia,
la llevan a pasear
como a una novia.

Por entre dos azules
la góndola luctuosa
                          se desliza,
revestida de lentos terciopelos,
y apenas se percibe
                          el leve golpe
de un remo y otro remo.

La sigue, despaciosa,
tal un jardín flotante,
la que porta el adiós
                           hecho de rosas
de los amigos.

Y cierran los dolientes
                          el cortejo,
que se pierde en el mar.
Los acompaña,
con un dedo en los labios,
el silencio.

No lejos la isla espera.

Tras el muro rosáceo
                           que la ciñe,
suben, altos y oscuros,
                           los cipreses.

(Octubre, 1999)

Meira Delmar