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Los pobres veranean en un mar
que sólo ellos conocen
Allí instalan sus carpas
hechas de mimbre y celofán
y luego bajan a la orilla
para ver la llegada de los botes
curtidos de adioses
En la playa
la miseria se broncea boca abajo
el hambre toma sol en una roca
los niños hacen mediaguas en la arena
y las muchachas se pasean
con sus bikinis pasados de moda
Ellas tienden sus toallas de papel
y se recuestan a mirar el reventar de las olas
que les recuerda la forma de un pan
o una cebolla
Mar adentro nadan sus sueños
Y ellas ven al vendedor de helados
acariciando sus pechos
o a ellas mismas en un viaje hacia la espuma
del que regresan con vestidos nuevos
y una sonrisa en el alma

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Los pobres veranean en un mar
que sólo ellos conocen
Y cuando cae la tarde
y el horizonte se desviste frente a ellos
y las gaviotas se desclavan del aire
para volver a casa
y el crepúsculo es una olla común
llena de peces y colores
ellos encienden sus fogatas en la arena
y comienzan a cantar y a reír
y a respirar la breve historia de sus nombres
y beben vino y cerveza
y se emborrachan
abrazados a sus mejores recuerdos
Mar adentro nadan sus sueños
Y ellos ven a sus hijos camino de la escuela
cargando libros y zapatos y juguetes
o a ellos mismos regresando del trabajo
con los bolsillos hinchados
y con un beso pintado en el alma
Y mientras ellos sueñan
el hambre apaga sus fogatas
y se echa a correr desnuda por la playa
con los huesos llenos de lágrimas

Mario Meléndez

Una gota de amor
por cada cinco versos
Tres cucharadas de oficio
por cada día del año
Un cuarto de inspiración
y otro tanto de locura
Un octavo de risa
aliñada con ironía
Media taza de recuerdos
y cuatro de realidad
Dos litros de lágrimas
instantáneas
Una docena de emociones
Cien gramos de fantasía
o de razón a gusto
A todo esto agregue sus ojos
sus manos y sus labios
y revuelva a fuego lento
durante toda la vida

Mario Meléndez

A los ríos que dejaron sus pechos en el mar
a la tierra de mejillas prolongadas como tripas
a la piedra madura que besa viento y camino
a las montañas maternales
a la flora y fauna decapitada por manos sangrientas
a los volcanes reprimidos
a la lluvia inconsecuente de los bosques y ciudades
a las aves con sus maletas y sus alas
a los desiertos enemigos del agua pura
al vino que incendia la garganta del pueblo
a los hielos de entrañas frías y secretas
a los valles, a los cóndores
a todo lo que es parte de mí y de mi poesía
a ellos levanto mi lápiz
a ellos dedico la semilla de la noche
mi soledad de araña que cae sobre la patria
y sobre cada palabra que sale a mi paso
mi voz enamorada de la primera y última gota
de mis hermanos
mis labios color de fruta
mis venas acariciadas por el sueño salvaje
mi agonía incesante y profunda
mi religión de aullidos desatados
mi juventud sonora y definitiva
A ellos levanto mi puño como a una bandera
a ellos dedico el calor de esta brasa
de esta lágrima de Dios llamada Chile

Mario Meléndez

Caperucita nunca imaginó que El Lobo la dejaría por otra.Nunca hizo caso de los consejos que en materia amorosa le dabaLa Abuelita. Por lo que una mañana El Lobo le dijo :  “Caperucita,quiero terminar contigo. Ya no me excita perseguirte por el bosque; ya no me agrada disfrazarme de abuelita para que tú medigastus tonterías de siempre, que si tengo las orejas grandes yesoscolmillos tan filudos, y yo, como un estúpido, responda quesonpara oírte, olerte y verte mejor. No Caperucita, lo nuestroyano tiene remedio”. Entonces Caperucita, desconcertada por aquellaconfesión, se echó a correr tan lejos como pudo pensandoen laclase de mujer que había conquistado el corazón de suamante.“Es ella, tiene que ser ella”, repetía la niña, mientrasbuscabadesesperadamente la casa de la anciana. “Abuelita”, gritó alfin,cuando hubo contemplado la figura que yacía en el lecho, “¿Cómopudiste hacerme esto? tú, la amiga en quien yo más confiaba”.“Lo siento”, dijo la otra, “nunca pensé quedar embarazada ami edad,y menos de alguien tan poco inteligente e imaginativo. No obstante,él es un lobo responsable, que no dudó por un minutoen ofrecermematrimonio al conocer la noticia. Lo siento, Caperucita, tendrásque buscarte otro. Después de todo, no es éste el únicoloboen el mundo, ¿o no?”.

Mario Meléndez

Cuando llegó el invierno a Chile
miles de pájaros volaron con la primera lluvia
estaban asustados entre la sombra y la muerte
y prefirieron emigrar con sus vidas hacia otras vidas
Tomaron el primer avión desesperados
se arrojaron a los muelles persiguiendo barcos
cruzaron las montañas huyendo de las lanzas
y dejaron atrás la patria y a los herederos del hambre
Algunos no despegaron jamás
les arrancaron las alas en el intento y la lucha
desaparecieron con nombre y apellido
bajo los árboles de hierro
los encerraron en jaulas por especies
y cuando años después los encontraron
tenían la caricia del cuervo entre sus plumas
Los otros, los perseguidos
los pájaros del pueblo que lograron atravesar la muerte
debieron acostumbrarse a volar de otra manera
a sentir de otra manera, a respirar de otra manera
La tierra ajena los había recibido
la tierra amiga los invitaba a su mesa
a compartir el pan y sus dolores
Muchos incluso en la agonía
soñaron con ver la patria por última vez
pero la patria también agonizaba
había querido volar con sus alas rotas

Mario Meléndez

Quién escribirá este dolor
Quién destapará los gritos enumerándolos
Quién se atreverá a hacerlo
Porque si nadie se ofrece
yo estoy dispuesto a correr el riesgo
Pero qué puedo decir
si hay tanto de qué hablar
son tantos los rostros que jamás amanecieron
tantos los ojos rotos
Esa mujer me pregunta si lo he visto
ese anciano me pregunta si lo he visto
Y yo, qué puedo decir
si me veo en una calle herido
si me veo en el fondo del mar
o en una fosa o torturado o suplicando
qué puedo decir
si estoy bajo la tierra y me desmigo
Que sea otro quien escriba este dolor
que sea otro el que se vista de negro
el que corte las flores
el que enloquezca
yo solamente enterraré a los muertos

Mario Meléndez

Vengan a ver mi poesía
no está hecha de material ligero
aguantará perfectamente el invierno
y en verano refrescará
las mentes y los cuerpos
Hay poderosas vigas entre cada verso
hay listones apuntalando mis palabras
Y si la lluvia desea entrar
pondré mis sueños en el techo
y taparé las goteras
con mi propio dolor

Mario Meléndez

Yo soy el niño que juega con la espuma
de los mares desahuciados
Por esa playa embanderada de gaviotas
yo estiro mis brazos como flojas redes
mientras las olas pellizcan mis sueños
y una sola lágrima revienta contra las rocas
Los arrecifes se asoman a la orilla
vienen descalzos a bailar sobre mi alma
y en sus labios traen algas y corales
la levadura del mar convertida en beso
Yo muevo mis pies entonces
como dos viejos remos
mi corazón es un océano de rostros y de manos
y yo entro en él sin darme cuenta
con mi equipaje de arena
aferrado al timón del viento
a la proa de los años
donde una voz que no es mi voz
eleva el ancla de este pequeño barco
que se aleja con mi infancia a bordo

Mario Meléndez

a Vicente Huidobro

El gran poeta de las vanidades
se mira al espejo y dice
no hay otro mejor que yo
no hay otro más hermoso y delicado
más burlón, paradojal e irresistible
Y cuando voy por las calles
me persiguen y me piden autógrafos
se aglutinan en torno mío o se desmayan
porque soy más inmortal que las agujas
y en mi boca suspiran las estrellas
Así, cada montaña es un pelo en mi oreja
y cada nube una escalera de emergencia
donde subo y bajo como un mago
persiguiendo su conejo
sin darle jamás alcance
No obstante los helicópteros me adoran
me adoran también las escolares que diviso de reojo
me adora el trapecista de un circo desahuciado
me adora la azafata de un vuelo imaginario
me adoran los enanos, los duendes, los fantasmas
y todos gritan  «Ahí va Vicente, ahí va
con su cara encerrada en un sombrero
ahí va, el que se orina en los astros
el que respira copihues
y cambia de color hasta volverse inaguantable»
Y yo me río como un buda chocho
cuando arrojan flores a mis pies
y me lleno de números telefónicos
y de mujeres que darían sus propios pechos
por rozar mi frente de amante multitudinario
o por mirar mis cabellos salidos de un arcoiris de fruta

Tengo unos cuantos lunares en francés
y un gato que me habla en un idioma póstumo
y un perro que me muerde y me lame las antenas
y un cilantro preguntando quién soy
y yo le digo «No me busques
no hagas caso de la rosa deshojada
tú tienes tu propia sabiduría
tu propio olor
tu apellido en la cazuela del domingo
y no necesitas ser tan hermoso
para que ellos te respeten
cuando con sólo probarte
tienes ganado el cielo
y un espacio en mi garganta»

Ahora me marcho en mi paracaídas
me marcho en mi aeronave de plumas anónimas
me marcho a pellizcarle las nalgas a un piano
a dormir una siesta en un ataúd de huevo

Mario Meléndez

Gracias te doy por tan poco y por tanto a la vez
gracias te quiero dar por esta boca que no olvida
por este abecedario de pechos que se tocan
y que arden cuando besas
Tú solamente me conoces
tú solamente sabes quien soy
hacia donde van mis manos y mis pasos
tú solamente llegas con arrugas y sábanas
tú sólo llegas a buscarme
tú llegas a fuego lento y me divides y me arañas
y me traes toda la sangre nueva de mi alma
Qué importa amor si ya no somos
qué importa si venimos o nos vamos
A cada lado del sueño respiramos hondo
y se nos fue la vida en el sueño
todo pasó entre gotas blancas
todo sucedió desde nosotros
Porque a través de siglos y edades
a través del misterio que me dio tu sonrisa
fui desenterrando la herradura seca del olvido
con una mano tuya hecha de agua
y un racimo del amor que no tuvimos

Mario Meléndez