Refugio en la tormenta
De mis sentimientos,
Roca en el oleaje
Que golpea fuerte mi ser,
Sol que ilumina
El sendero oscuro y escabroso,
No hacen falta rimas
Ni medidas
Sino sólo simpatía,
Isla en medio de este mundo
Donde todo es ideal,
Isla perdida donde nadie lastima
Donde libremente puedes pensar,
Amar, aborrecer, destruir
Y volver a empezar,
Silencio en medio de mi soledad,
Paraíso celestial,
Hermosa isla
Donde puedo descargar
Mis tensiones, mis iras,
Isla maravillosa
Nocturna o diurna,
Siempre dispuesta en mi.

Nadie se entromete,
Encanto o desencanto,
Amor y alegría,
Odio y deseo
Pero siempre dispuesto,
A veces no son necesarias
Palabras, ni ideas,
Ni forma ni color,
Sino sólo un vacío,
Un descanso,
Un oasis,
Una palmera,
Un cero a la izquierda,
Vacío, vacío, vacío.

Pero qué descanso,
El alma queda libre
Y descabalgada
Una página en blanco
Donde dar rienda
Suelta al deseo,
Volver a empezar,
Agradecer tanta bondad,
Rodeada de peligros,
De animales malignos.

Con una paisaje paradisíaco
Lleno de montañas,
De corrientes de agua cristalinas,
De un sol radiante
Que ciega la vista
Pero segura en mi isla.

María Dolores Ouro Agromartín

¿Qué es la vida?
Es como un viaje en tren.

Acaba de llegar,
Acaba de nacer,
Todo es alegría y placer,
El temor a lo desconocido
Quizás amargo, quizás hiel,
Pero ganas de comenzar
El viaje a pie.

Algazara, murmullos,
Conversación entre desconocidos,
El aprendizaje en el camino,
Todos siguen su viaje
Pero cada uno tiene su destino.

Pasa el tiempo,
La noche llega traidora,
A veces la vida es negra,
Unos bajan,
Otros mueren,
Pero el tren, sigue,
Inexorablemente,
Su camino.
La vida sigue.

El murmullo del principio
Sólo es interrumpido
Por el sollozo de un niño.
Otro nacimiento.
El camino sigue.
Miro los rostros
De mis compañeros de viaje,
Todos desconocidos,
Pero todos amigos.

Un poco dormitar,
—A veces la vida es sueño,
Un poco comer,
Un poco charlar,
Pero el tren sigue,
Inexorablemente,
Su camino.
La vida sigue.

Ahora que estoy cerca
De mi destino,
Ahora que las canas
Adornan mi una vez
Montaña dorada,
Miro a mi alrededor,
Apenas nadie
Sigue en el camino.
                              —¡Cuántos se han ido!

El paisaje es otoñal,
Casi llega el invierno,
La vida sigue,
El sollozo de un niño,
El tren sigue
Su camino.

Nosotros también nos iremos,
Bajaremos —descansaremos al llegar
a nuestro destino—,
Jesús pronto vendrá
Y este caminar
Se continuará
En la eternidad,
Sin bajadas, sin destinos,
Sin canas blancas,
Sólo flores inmarcesibles
A lo largo del eterno camino.

María Dolores Ouro Agromartín

 “No te alejes de mi porque la angustia está cerca”

Salmos 22:11

Acabo de ver tu inscripción
Cristiano fiel,
¿quién eres? ¿cómo te llamas?
                                     No lo sé.

Sólo puedo contemplar
Tu mano que tiembla
Mientras escribe
Lo que tu alma siente.
—Yo también.

Siento el frío de la caverna
Que te han puesto como dormitorio,
Siento las venas que se me hielan
En este triste lugar,
Siento que la vida se me agota,
Que no veo, no veo nada,
Sólo la tierra dura,
—es mi cama

¿cuál fue tu crimen cristiano fiel?

Siento angustia como tú,
De vivir la muerte en vida,
Quizás es más dulce el descanso
De esta pesarosa vida,
Que vivir aquí, marginado,
Sin luz, sin agua, sin comida,
Esperando el momento
De ser manjar apetitoso
De un león hambriento.
Dime… ¿qué has hecho?

Si tu crimen es adorar al Invisible,
No te importe morir,
Dar la vida a aquél que en la cruz
Sintió angustia también por ti.

Si tu crimen es amar y servir,
Al Jesús anotado en la pared,
Con lágrimas, con sudor, con hiel,
No tengas temor de la muerte cruel
Que aquél Jesús está contigo,
Cristiano fiel.

Si tu crimen en vivir
Como un cristiano fiel,
No te angusties,
Mira la última vez
Que Jesús te miró
Con amor en aquella cruz,
Que murió por ti,
Y que sonríe al verte feliz.

Sufre con paciencia
El camino a seguir,
Jesús lo recorrió antes por ti,
Piensa que la muerte
Es sólo el descanso
De la angustia de tu alma,
Y que la puerta del paraíso
Se abre ante ti,
Por ser fiel, por luchar,
Por servir al Maestro, cristiano fiel.

Pero yo sigo con angustia,
Toco tu inscripción
Y pienso que tú ya has descansado,
Pero a mí me toca vivir,
No sé si la tortura o la muerte,
Pero si sé que tus palabras,
Cristiano fiel,
Me ayudarán en el camino
A seguir.

Odiosa caverna
Que los hombres malos
Inventaron para aprisionarte,
Pero tu alma,
A través de la oscuridad sin vela,
A través de las enanas rejas,
Vuela siempre al encuentro de Dios.

Oh, Dios mío, angustia,
Angustia sintió el Salvador,
Cuando la hora de su muerte llegó,
Pero pensó en ti, cristiano fiel,
Y en tu muerte y en tu amor,
Y sonrió en medio del dolor.

Piedra fría,
Viento helado,
Caverna oscura,
Pasillo angosto,
Una tras otra caverna
León rugiente,
Suelo ardiente,
Oh, cristiano fiel,
Aquí descansa bajo mis pies
Tu polvo angustiado,
Pero al fondo contemplo la salida,
Unas escaleras hacia la vida,
Hacia el sol, hacia la luz,
Hacia Jesús,
Donde jamás la angustia
Llenará tu alma,
Sino la paz y la compañía
De los otros cristianos
Que, como tú,
Fueron fieles hasta la muerte
Aguardando la esperanza bienaventurada
De vivir por siempre,
Libre de angustias
En el cielo con Jesús.

Animo, compañeros,
Nos veremos pronto,
Lucharemos aquí
Para vivir eternamente allí.
 

“Porque no menospreció… al afligido, ni de él escondiósu rostro, sino … que lo oyó”

Salmos 22:24

María Dolores Ouro Agromartín

Éramos jóvenes
¿te acuerdas?
Cuando te amé
Por primera vez.

En medio del infierno
Tú eras mi paraíso;
En medio de las riñas
Cotidianas que se sucedían
Día a día en mi hogar
—si se pudiera llamar hogar—
tú eras mi bálsamo;
en medio de las tormentas de injurias
tú sólo decías palabras bonitas;
en medio de mi triste vida
tú eras mi alegría.

Eras el amor a primera vista,
Las primeras caricias,
Los primeros besos,
Los primeros abrazos,
El primer trato humano
¿cómo no recordarte?

Los años pasaron
Y tú te fuiste con ellos,
No por voluntad propia
Sino por las circunstancias de la vida,
De la vida que me rodeaba,
De las fieras salvajes
Que con ansias de sangre
Querían devorar
El gran destino que nos prometía
Tu gran dedicación
Y nuestro gran amor.

Pero estos fantasmas
No pudieron apagar
Ni tu llama encendida
Ni mi imaginación perdida.

Y la vida nos dio la razón
De lo inútil de la separación,
Pues tú sin mí no vivías
Y sin ti mi corazón no latía.

Tu vida transcurrió en el vacío
En el alcohol de la melancolía,
En la vida familiar aburrida
En el soñar día a día,
La mía no fue mejor
Pues no encontré el amor,
Sólo el odio y la desesperación,
De mi triste hogar la continuación.

Y ahora que han pasado los años,
Libre tú, sin compromiso yo,
Rotas nuestras vidas,
Las ilusiones perdidas
El reencuentro anhelado
                                      —sucedió—.

Sólo nos vimos, pero bastó,
Para recrearnos en nuestro mutuo amor,
Los vientos de la vida,
Las lluvias de la desesperación
No pudieron apagar
Ese primer amor.
 

No pudimos hablar,
Otra vez las circunstancias de la vida,
Pero al menos nos miramos,
Y eso bastó
Para echarle leña
A ese sentimiento
Que un día creció.

Mi más íntimo deseo,
Si hoy me lees, amor,
Es que tengamos un encuentro,
A pesar de las arrugas y el tiempo
Y volvamos a recrearnos
En ese imposible anhelo,
En ese rodar del tiempo,
En ese amor imposible,
A recordar los primeros tiempos,
Recordar los momentos pasados,
Y quizás volver a hablar
De amor,
Ahora libres,
Sin obstáculos,
Sólos tú y yo.

María Dolores Ouro Agromartín

El Señor te ha dado
Un nuevo año en tu vida,
¿en qué has empleado
ese tiempo precioso
que se te ha dado por gracia?

Mira tus ojos,
Ven perfectamente,
¿los has empleado
para mirar con amor
al que te rodea?

Mira tu boca,
Puedes hablar maravillas
¿la has empleado
en contar las buenas nuevas
del Salvador resucitado?

Mira tus manos,
Son útiles,
¿las has empleado
en consolar al afligido,
en ayudar al huérfano
y al herido?

Mira tus piernas,
Tienes las dos,
¿las utilizaste con ahínco
para testimoniar de tu Cristo?

Mira tu cuerpo entero,
Dios te lo ha dado perfecto,
Te dio salud, un año más
Puedes decir con felicidad
Que has cumplido,
Puedes ver todavía la naturaleza
Y tocar con tus manos
Al inocente niño,
Puedes caminar con tus pies,
Puedes contar a otros
Todo lo que has vivido,
¿serás agradecido?

¿Darás al Señor tu Creador
tu cuerpo, tu mente, tu espíritu?

¿Honrarás al Dador
de tantos días de felicidad?
Oh, cuántos no lo pueden contar.

Un año más
Que pasó a la eternidad,
¿en qué lo has empleado,
en amar o en odiar?

Que el Señor
Te ayude a reflexionar,
A darle tu vida sin más
Y que la emplees
En su servicio hasta el más allá,
Donde la eterna juventud,
Será la recompensa
A tu caminar,
A tu compañerismo con Jesús,
A tus achaques, a tus dolores,
Donde Jesús te estrechará
En sus brazos,
La bienvenida a su reino sin fin.

Sé agradecido
Y que Jesús no te encuentre dormido
Cuando vuelva a por ti.

Feliz cumpleaños con Jesús,
¿será tu invitado principal
en tu fiesta de cumpleaños?

María Dolores Ouro Agromartín

Aunque haya lejanía
y terceros en nuestras almas,
aunque el cielo esté tan negro
que no encuentres esperanza…
                          ¡No me olvides!
Aunque descubras en tu cabello
el paso de los años,
aunque triste ya y vagabundo
tu cuerpo no encuentre descanso…
                           ¡No me olvides!
Aunque te llame la muerte
y acudas a ella sin tardar,
aunque seas ya polvo
y pálido tu mirar…
                           ¡No me olvides!
No me olvides nunca,
vivo, o quizás ya muerto,
porque polvo seré yo
y te seguiré recordando,
porque polvo serás tú
mas polvo enamorado.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín

El decir adiós es triste
Porque no vuelves a ver
A la deseada persona,
El no volver a oírla,
El no volver a conversar,
El no poder recrearse
En la mirada fatal,
Por eso el adiós no existe.

La muerte no puede
Borrar de mi memoria
Todos los recuerdos, todas las miradas,
Todos los besos,
No puede jamás borrar
Tu nombre de mi cerebro,
Tu persona de mi corazón,
Tu existencia de la mía.

Tu sangre es mi sangre,
Tu vida, la mía,
Tu corazón, mi sarcófago,
Tus pensamientos, mis deseos,
Tu voluntad, mi vida entera.

Jamás podré borrarte,
Porque al intentar hacerlo
Dejaría de existir.
Como rastrojo de primavera
Llevado por el viento
Y desapareciendo en el recuerdo.

Tu aliento, aunque gélido,
Anima mi espíritu,
Tus palabras, aunque inaudibles,
Animan mi vida,
Tu ser entero,
Guía mi solitario desierto,
Tú, siempre tú,
Lo llenas todo,
Eres mi yo.

El adiós no existe. Vuelve.

María Dolores Ouro Agromartín

En esta noche de luna llena
mi alma pena,
mis labios sonríen
con los borrosos recuerdos pasados.

Sentimientos contradictorios
pasan por mi mente,
mi corazón no entiende,
mi razón se pierde
en confusas y diversas ideas
sin forma, sin color, sin futuro.

Amor, odio,
recuerdo, olvido,
rechazo, deseo,
fuera, dentro,
un corazón partido al medio.

Sol y sombra,
noche y día,
descanso y fatiga,
lloro y risa.

Escucho entonces una voz seductora
en el silencio de mi lucha nocturna,
de mis ojeras profundas del desvelo,
que me sugiere esperar en silencio
hasta recibir la respuesta.

Me quedo media dormida
hasta que un rayo furioso
cruza por la mente apacible
y tomando las riendas del corazón alocado,
razona que debo desmayar, luchar,
compartir, seguir, vivir, reír,
olvidar y dar,
esperando el tiempo y lugar
donde no habrá más dudar,
más llorar,
sino gozo y felicidad
para siempre jamás.

Dios mío, amar sin más,
a todos y siempre
hasta el más allá.

Cerrar los ojos de la razón,
abrir las puertas grandes del corazón,
vivir el hoy, mañana no existe,
el ayer ya pasó,
dejar de soñar, hoy,
hoy, y nada más.

Dormir con la esperanza
de si mañana no despertar,
haber hecho más de lo suficiente,
haber luchado hasta el final,
y recibir el premio en el más allá
por no haber hecho en esta vida
nada más que amar.

En esta mi profunda reflexión,
miro una foto,
una dirección casi borrada
sobre mi escritorio descansa,
una rosa desmayada
aún da su olor,
un sobre sin sello
—ni remitente—
lucha por llegar al buzón,
quiere ir, quiere comunicar
el vacío de la sinrazón,
decirle al destinatario
que todo va bien sin ir,
que me importan las consecuencias
de la decisión loca y acalorada
de una noche de tormenta
sin rayos de luz…

Pero que quiero amar,
que vivo sin respirar,
que no quiero estar sola
en esta noche invernal,
que quiero su compañía eterna
que le quiero sin igual,
que deseo luchar,
para al fin obtener la paz
del reencuentro,
en este laberinto de sentimientos,
de pensamientos, de intrigas
y de recelos.

¡Oh!, vuelve, es un grito de anhelo,
estoy dispuesta a amar
—sin más.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín

Recuerdo esa alegría
Recorriendo el cuerpo entero,
No sé por qué
Pero todo era sonrisa,
Locura, algazara, contento.

Quizás era la juventud
Alocada que todos
Llevamos dentro,
Quizás era la quimera
De ver un día un sueño sin forma
Realizado y perfecto,
Quizás era la sangre
Que corría bulliciosa
Por las autopistas
Del cuerpo esbelto,
Quizás, no sé,
Era tu mirada
Perdida en el océano,
Quizás era
La irresponsabilidad del momento.

Pero todavía recuerdo
Aquella sonrisa especial,
Aquella alegría fresca,
Aquella algazara primaveral.

Ahora la sonrisa
Se ha deteriorado
Por los años, por la vida,
Por la experiencia compartida,
Por los palos, los desaires,
Por los maltratos y frustraciones,
Por los desasosiegos
De la amistad no correspondida,
Del servicio no apreciado
Del dar sin recibir
Nada a cambio.
Como una rosa
Se ha marchitado.

El sol brilla,
Los pájaros cantan,
De nuevo la primavera de la vida,
Los desengaños acumulados,
No dejan esbozar la sonrisa
Pero, después de todo,
¿a quién le hace daño
mi sarcasmo? Sólo a mí.

Me deshago en preguntas
Sin respuesta,
Pero lo que tengo claro
Es que nadie ni nada
Debe nublar los ojos claros,
Debe angustiar el alma inocente,
Debe apagar la llama viva,
Debe borrar esa sonrisa.

Sí, soy feliz, lo tengo todo,
Voy a sonreír de nuevo a la vida,
Voy a disfrutar de nuevo
De ti y de tu compañía.

María Dolores Ouro Agromartín

Señor, clamo a Ti,
no hay solución…
angustia vital en mí,
necesito de tu amor.

Soledad por doquier,
noches sin dormir
espíritu apesadumbrado
sin paz interior conseguir.

Necesito tu calor,
tu apoyo, tu consuelo,
tu llevarme en brazos,
tu inmenso perdón.

No puedo esperar más
para ir hacia Ti,
todo es laberinto aquí,
mas una cruz se alza salvadora…
                             … para mí.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín