Aunque haya lejanía
y terceros en nuestras almas,
aunque el cielo esté tan negro
que no encuentres esperanza…
                          ¡No me olvides!
Aunque descubras en tu cabello
el paso de los años,
aunque triste ya y vagabundo
tu cuerpo no encuentre descanso…
                           ¡No me olvides!
Aunque te llame la muerte
y acudas a ella sin tardar,
aunque seas ya polvo
y pálido tu mirar…
                           ¡No me olvides!
No me olvides nunca,
vivo, o quizás ya muerto,
porque polvo seré yo
y te seguiré recordando,
porque polvo serás tú
mas polvo enamorado.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín

El decir adiós es triste
Porque no vuelves a ver
A la deseada persona,
El no volver a oírla,
El no volver a conversar,
El no poder recrearse
En la mirada fatal,
Por eso el adiós no existe.

La muerte no puede
Borrar de mi memoria
Todos los recuerdos, todas las miradas,
Todos los besos,
No puede jamás borrar
Tu nombre de mi cerebro,
Tu persona de mi corazón,
Tu existencia de la mía.

Tu sangre es mi sangre,
Tu vida, la mía,
Tu corazón, mi sarcófago,
Tus pensamientos, mis deseos,
Tu voluntad, mi vida entera.

Jamás podré borrarte,
Porque al intentar hacerlo
Dejaría de existir.
Como rastrojo de primavera
Llevado por el viento
Y desapareciendo en el recuerdo.

Tu aliento, aunque gélido,
Anima mi espíritu,
Tus palabras, aunque inaudibles,
Animan mi vida,
Tu ser entero,
Guía mi solitario desierto,
Tú, siempre tú,
Lo llenas todo,
Eres mi yo.

El adiós no existe. Vuelve.

María Dolores Ouro Agromartín

En esta noche de luna llena
mi alma pena,
mis labios sonríen
con los borrosos recuerdos pasados.

Sentimientos contradictorios
pasan por mi mente,
mi corazón no entiende,
mi razón se pierde
en confusas y diversas ideas
sin forma, sin color, sin futuro.

Amor, odio,
recuerdo, olvido,
rechazo, deseo,
fuera, dentro,
un corazón partido al medio.

Sol y sombra,
noche y día,
descanso y fatiga,
lloro y risa.

Escucho entonces una voz seductora
en el silencio de mi lucha nocturna,
de mis ojeras profundas del desvelo,
que me sugiere esperar en silencio
hasta recibir la respuesta.

Me quedo media dormida
hasta que un rayo furioso
cruza por la mente apacible
y tomando las riendas del corazón alocado,
razona que debo desmayar, luchar,
compartir, seguir, vivir, reír,
olvidar y dar,
esperando el tiempo y lugar
donde no habrá más dudar,
más llorar,
sino gozo y felicidad
para siempre jamás.

Dios mío, amar sin más,
a todos y siempre
hasta el más allá.

Cerrar los ojos de la razón,
abrir las puertas grandes del corazón,
vivir el hoy, mañana no existe,
el ayer ya pasó,
dejar de soñar, hoy,
hoy, y nada más.

Dormir con la esperanza
de si mañana no despertar,
haber hecho más de lo suficiente,
haber luchado hasta el final,
y recibir el premio en el más allá
por no haber hecho en esta vida
nada más que amar.

En esta mi profunda reflexión,
miro una foto,
una dirección casi borrada
sobre mi escritorio descansa,
una rosa desmayada
aún da su olor,
un sobre sin sello
—ni remitente—
lucha por llegar al buzón,
quiere ir, quiere comunicar
el vacío de la sinrazón,
decirle al destinatario
que todo va bien sin ir,
que me importan las consecuencias
de la decisión loca y acalorada
de una noche de tormenta
sin rayos de luz…

Pero que quiero amar,
que vivo sin respirar,
que no quiero estar sola
en esta noche invernal,
que quiero su compañía eterna
que le quiero sin igual,
que deseo luchar,
para al fin obtener la paz
del reencuentro,
en este laberinto de sentimientos,
de pensamientos, de intrigas
y de recelos.

¡Oh!, vuelve, es un grito de anhelo,
estoy dispuesta a amar
—sin más.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín

Recuerdo esa alegría
Recorriendo el cuerpo entero,
No sé por qué
Pero todo era sonrisa,
Locura, algazara, contento.

Quizás era la juventud
Alocada que todos
Llevamos dentro,
Quizás era la quimera
De ver un día un sueño sin forma
Realizado y perfecto,
Quizás era la sangre
Que corría bulliciosa
Por las autopistas
Del cuerpo esbelto,
Quizás, no sé,
Era tu mirada
Perdida en el océano,
Quizás era
La irresponsabilidad del momento.

Pero todavía recuerdo
Aquella sonrisa especial,
Aquella alegría fresca,
Aquella algazara primaveral.

Ahora la sonrisa
Se ha deteriorado
Por los años, por la vida,
Por la experiencia compartida,
Por los palos, los desaires,
Por los maltratos y frustraciones,
Por los desasosiegos
De la amistad no correspondida,
Del servicio no apreciado
Del dar sin recibir
Nada a cambio.
Como una rosa
Se ha marchitado.

El sol brilla,
Los pájaros cantan,
De nuevo la primavera de la vida,
Los desengaños acumulados,
No dejan esbozar la sonrisa
Pero, después de todo,
¿a quién le hace daño
mi sarcasmo? Sólo a mí.

Me deshago en preguntas
Sin respuesta,
Pero lo que tengo claro
Es que nadie ni nada
Debe nublar los ojos claros,
Debe angustiar el alma inocente,
Debe apagar la llama viva,
Debe borrar esa sonrisa.

Sí, soy feliz, lo tengo todo,
Voy a sonreír de nuevo a la vida,
Voy a disfrutar de nuevo
De ti y de tu compañía.

María Dolores Ouro Agromartín

Señor, clamo a Ti,
no hay solución…
angustia vital en mí,
necesito de tu amor.

Soledad por doquier,
noches sin dormir
espíritu apesadumbrado
sin paz interior conseguir.

Necesito tu calor,
tu apoyo, tu consuelo,
tu llevarme en brazos,
tu inmenso perdón.

No puedo esperar más
para ir hacia Ti,
todo es laberinto aquí,
mas una cruz se alza salvadora…
                             … para mí.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín

Peregrino sin destino,
viajero cansado sin camino,
cargado de pecado,
¿Adónde vas lejos de mi lado?

Sediento sin ser saciado,
cansado sin hallar descanso,
hastiado del placer mundano,
¿Adónde vas lejos de mi lado?

Los ojos fijos en el vacío,
el rostro viejo y desgastado,
tu ser entero temblando,
¿Adónde vas lejos de mi lado?

Yo soy brújula en tu camino,
yo soy tu anhelado destino,
yo soy el agua de tu río,
yo soy el buscado reposo,
yo soy el liberador del pecado,
yo colmo tu sueño más anhelado,
yo lleno tu vacío, yo estoy siempre a tu lado
como amigo, como padre, como esposo,
¿Quieres seguir a mi lado?

Peregrino sin destino,
desterrado, cansado, agobiado,
yo te amo
y deseo cenar contigo
¿Quieres seguir a mi lado?

No olvides, mi amigo,
que siempre puedes contar conmigo,
que siempre te llevo en mis brazos
y en la marca de mis clavos
está tu nombre grabado.

María Dolores Ouro Agromartín

Sobre la cresta de la ola
al movimiento incesante del viento,
en medio de un lago sediento,
y sobre el barco de mis sueños,
—pienso en Ti.

Mirando siempre hacia adelante,
dejando que el sol broncee mi cara
y el aire —un poco frío— despierte mi alma dormida,
refresque mis ilusiones pasadas, y avive la imaginación perdida.

¿Qué puedo añadir más?

Un paisaje fantasmal,
rodeada en mi embarcación
de montañas enormes que en eterno desafío
alcanzan con sus cabezas
—unas desnudas,
otras arboladas,
aún otras de canas blancas—,
a besar el cielo
a estar rodeadas de nubes en los valles,
a alcanzar el sol con los dedos,
mientras está aquí abajo lloviendo,
y si las miras sólo te originan respeto,
deseo de volar hacia ellas,
y, en la cumbre ya,
tocar el cielo con los dedos.

Todo me hace pensar,
río, lago y mar,
valle y alta montaña,
sol y nocturna oscuridad,
en la tierra nueva celestial
que está esperándome,
mostrándome ya ahora un pálido reflejo
de lo que espero alcanzar,
en el que ya no separará la mar,
ni arrogantes montañas se elevarán,
sino todo será paz, armonía, felicidad,
al caminar sobre el lago de cristal,
en el que un pequeño pez
vendrá a juguetear con mis pies,
y una brisa matinal
me despertará de este sueño fatal
para gritarme en alta voz:
«Alma, disfruta ya de libertad»,
Cristo, tu Redentor,
ha abierto para siempre ya
las puertas del paraíso terrenal.

María Dolores Ouro Agromartín

Oh, pajarillo
Que alegras con tus trinos
Mi vida hoy enlutada
Por la muerte de un amigo.

Te cogí en mis manos
Apenas recién nacido
Y con tus alitas
Aún cortitas
Y llenas de rocío.

Me miraste a los ojos
Oh, lindo pajarillo,
Con la inocencia fresca
De un ser recién nacido,
Abriste tu lindo piquito
Y con tu tenue pero firme trino
Me decías entre líneas
Que eras mi fiel amigo.

Contestabas a mis quejidos
Con tus continuados trinos,
mirabas mis lágrimas
Con tu lastimero quejido.

Te dejé un ratito
Para tomar el desayuno,
Volví para verte
Y ya te habías ido.

Te busqué
Aún sentía el cosquilleo
De tus tiernas patitas
Sobre mi mano,
Aún estaba en mis pupilas
El recuerdo de tu cabecita
Contorneándose y mirando,
Y te seguí buscando,
Y te encontré.

Habías muerto.
Tenías paz en tu mirada
Y tu cuerpo rígido como el hielo.

Cuán triste y corta
Había sido tu experiencia,
Pero nos habíamos amado
Durante un corto instante.

Veo ahora otros pájaros
Que me recuerdan a ti.
Oigo el sonido de sus trinos
Que me hablan de ti,
Pero el encanto de esos minutos
No podrá ser sustituído por ninguno,
La dulzura de tu mirada
Quedará escrita para siempre
En mis pupilas, aún húmedas,
Por la cantinela triste de mi pajarillo.

María Dolores Ouro Agromartín

Uno solo en un desierto,
si realmente fuera desierto,
pero es una jungla, un circo,
—un infierno.

Lleno de gente con odio,
envidia y celos,
lleno de vacío
frente a un minúsculo insecto.

¿Cómo a una pulga persigues?
Parezco la sombra de un pigmeo,
síndrome de Blancanieves,
recelo, deseo de azul sin serlo,
pero haciendo la vida imposible al deseo.

Es el monstruo de la locura,
que persigue, espía,
escucha, interpreta,
inventa, desoye,
desprecia…

Con esa actitud, el ser humano
se eleva, se abrillanta más que el oro
de lo que realmente era,
saca punta al intenso deseo
de ser sin serlo.

Finalmente un desierto,
donde sólo el pensamiento
viaja libre, sin ataduras,
donde sólo la confianza divina
inspira valor al día,
donde la musa de la inspiración
alimenta el alma mía,
donde el sol de la compañía
se cierne sobre mi vida,
y la juvenil alegría
retorna la cabalgadura,
toma brío, despega, alucina,
descansa en Dios,
y agradece a su majestad divina
la constante compañía,
el único que ama sin recelo,
el único amigo y guía,
el único consuelo
para esta mi vida de oficina.

María Dolores Ouro Agromartín

Un muro que abaten
las olas del temperamento
inquieto y desenfadado,
una playa donde el mar de los sentimientos
con el vaivén del viento
de las circunstancias
se retrae o actúa,
un faro en medio
de la oscuridad
de la vida vacía
que ilumina el sendero,
un barco seguro
que las aguas no anegan,
que viaja tranquilo
entre las tormentas
del desánimo, de palabras hirientes,
de lágrimas de rabia,
una gaviota blanca
llena de paz y de alas doradas
por el sol de la alegría,
una roca en medio
del océano de las dudas,
anclada en el tiempo,
milenaria, siempre eterna,
un timón y un radar a la vez,
el sentido a la vida,
una vida con sentido,
controlando las circunstancias,
el ambiente, el iceberg
de los sentimientos congelados,
una isla en un paraíso perdido
lleno de refrescantes palmeras,
dando sombra al viajero cansado,
un delfín gracioso e inteligente
lleno de ternura,
una ballena que cantúrrea
en la noche de mis tristezas,
un eterno sinfín de cosas buenas,
eso eres tú, mi Dios,
y yo el que te causa tantas penas,
ayúdame a llegar a buen puerto
con tu compañía eterna.

María Dolores Ouro Agromartín