Tú, dentro de mí,
animando
para que no pierda el ánimo,
sonriendo,
con una sonrisa especial,
abrazando,
con tus brazos eternos.

Siento tu presencia
en mi soledad eterna,
siento tus manos
que limpian mis lágrimas
que no son externas,
siento un vacío
que sólo llena tu presencia.

Siento un viento fresco
que rodea mis mejillas
y me susurra sin cesar:
tú, sola no estás.

Gracias, Señor, por tu constante amistad
gracias, Señor, por tu amor,
sólo deseo verte pronto
para no tener necesidad
de tu invisible presencia,
de tus invisibles abrazos,
sino de tu presencia eterna.

María Dolores Ouro Agromartín

Peregrino sin destino,
viajero cansado sin camino,
cargado de pecado,
¿Adónde vas lejos de mi lado?

Sediento sin ser saciado,
cansado sin hallar descanso,
hastiado del placer mundano,
¿Adónde vas lejos de mi lado?

Los ojos fijos en el vacío,
el rostro viejo y desgastado,
tu ser entero temblando,
¿Adónde vas lejos de mi lado?

Yo soy brújula en tu camino,
yo soy tu anhelado destino,
yo soy el agua de tu río,
yo soy el buscado reposo,
yo soy el liberador del pecado,
yo colmo tu sueño más anhelado,
yo lleno tu vacío, yo estoy siempre a tu lado
como amigo, como padre, como esposo,
¿Quieres seguir a mi lado?

Peregrino sin destino,
desterrado, cansado, agobiado,
yo te amo
y deseo cenar contigo
¿Quieres seguir a mi lado?

No olvides, mi amigo,
que siempre puedes contar conmigo,
que siempre te llevo en mis brazos
y en la marca de mis clavos
está tu nombre grabado.

María Dolores Ouro Agromartín

La oscuridad nocturna caía lentamente sobre la ciudad cristalina,dejando una estela multicolor sobre la majestuosa figura del gigante depiedra, cuya potente luz comenzaba a dar vueltas como si buscase algúnnaúfrago en peligro, como si su ojo avizor quisiera penetrar enlos recónditos parajes rocosos buscando interrumpir a alguna parejaenamorada.

Daba vueltas, sí, mientras el azul y el rojo luchaban cuerpoa cuerpo con el negro para ver quién prevalecía. Esa luzartificial daba la indicación para que las luces de neóncomenzaran a iluminar el aspecto festivo del verano, de esa ciudad dormidaque comenzaba a balbucear sus primeros pasos, que tomaba unos helados paracelebrar la llegada del verano.

De repente, sin apenas percibir el cambio de temperatura en el ambiente,una ligera brisa despierta mi mirada perdida en el horizonte de fuego,buscando quizás despertar los sentidos a la realidad de la soledadde esa noche estival.

Recuerdos, sí, palabra tan nostálgica y pasajera que serepite con cada llegada del verano; ese olor a romero en el aire calientey el canto sonoro de los pájaros cuentistas, que interrumpen laprofundidad de los pensamientos. Ese reflejo en los cabellos del sol quejuega al escondite con el viento y que descubren, entre tanto, unas canas,aunque disimuladas por el bote de pintura caoba, que coronan la fragilidadde la belleza. Sí, también oigo allá a lo lejos, larisa inocente y burlesca de los niños que traen a mi memoria elrecuerdo de esa infancia, ya lejana, pero vivida intensamente.

De repente, sobre el flujo de mis pensamientos prohibidos, salta a lavista la espuma que deja sobre las olas, un barco pesquero, que atraviesafeliz de su cargamento, la preciosa fuente de su trabajo. Me salpica yme recuerda el agua fría, mi cruda realidad, antes bonita, fuentede deseo, espuma, acompañada por la comodidad y la lujuria del momento,siempre oportuno, de la alegría de los primeros años, delsinsentido de la irresponsabilidad femenina, cuando la frivolidad y lavanagloria de la hermosura llevaban aparejados la vanidad y el galanteo.

Pero con la madurez, quizás sólo física, y la apariciónde las primeras marcas del tiempo, recuerdan que la espuma borra el gloriosopasado, se pierde en el océano de la vida y sólo es una estela.

Me quito las gafas de sol, que ya no tienen lugar en ese momento reflexivo,y descubro a mis pies, todavía con el reflejo de la luz vespertina,unos pececillos dorados y plateados, que cayeron víctima de un engaño,en las redes de pescadores fornidos, arrugados, experimentados, maduros,con olor penetrante a sal, pero felices.

Sí, otra etapa de mi vida, sola, con arrugas, experimentada,frágil, con olor penetrante a melocotón maduro, pero llenade ilusiones ante la espuma del tiempo, deseando dejar una estela en elcamino, y decidida a continuar cuando, miro a mis pies y descubro un pececillodorado que todavía está vivo y que lucha por sobrevivir entrela frontera de lo conocido y lo por venir; lo tomo en mis manos, le sonríotiernamente mientras contornea sus ojos suplicantes, y sin pensar más,con un halo de juventud renacida por la expectación, lo lanzo alagua —deseosa de tener más habitantes en sus parajes— y comienzaa aletear y a vivir; herido y desengañado, pero vivo, libre, ágil.Y me voy, con esa imagen de futuro en mi vista, en mi cabeza y sobretodoen mi corazón esperanzado de proyección tridimensional.

María Dolores Ouro Agromartín

Oh, pajarillo
Que alegras con tus trinos
Mi vida hoy enlutada
Por la muerte de un amigo.

Te cogí en mis manos
Apenas recién nacido
Y con tus alitas
Aún cortitas
Y llenas de rocío.

Me miraste a los ojos
Oh, lindo pajarillo,
Con la inocencia fresca
De un ser recién nacido,
Abriste tu lindo piquito
Y con tu tenue pero firme trino
Me decías entre líneas
Que eras mi fiel amigo.

Contestabas a mis quejidos
Con tus continuados trinos,
mirabas mis lágrimas
Con tu lastimero quejido.

Te dejé un ratito
Para tomar el desayuno,
Volví para verte
Y ya te habías ido.

Te busqué
Aún sentía el cosquilleo
De tus tiernas patitas
Sobre mi mano,
Aún estaba en mis pupilas
El recuerdo de tu cabecita
Contorneándose y mirando,
Y te seguí buscando,
Y te encontré.

Habías muerto.
Tenías paz en tu mirada
Y tu cuerpo rígido como el hielo.

Cuán triste y corta
Había sido tu experiencia,
Pero nos habíamos amado
Durante un corto instante.

Veo ahora otros pájaros
Que me recuerdan a ti.
Oigo el sonido de sus trinos
Que me hablan de ti,
Pero el encanto de esos minutos
No podrá ser sustituído por ninguno,
La dulzura de tu mirada
Quedará escrita para siempre
En mis pupilas, aún húmedas,
Por la cantinela triste de mi pajarillo.

María Dolores Ouro Agromartín

No me mires así,
Ojos del alma mía,
Que desconozco el motivo
De vuestra melancolía.

Desconfianza, celos, recelos,
Caricias, abrazos, besos.
Noches de luna,
Lágrimas de ternura,
Halos de locura,
Búsqueda infatigable
De muestras de desasosiego,
Miradas en los cajones,
Búsqueda en los bolsillos,
Espionaje en el teléfono,
Preguntas, locura,
Ojos de ira,
Ternura descomedida,
Besos, abrazos y caricias.

¿Cuál es el motivo
de tan gran desvarío?

No hay razón para el celo,
Para el odio y el recelo,
Para la lucha de dominantes,
Para la vida sin incentivos.
Si tú eres así,
Prefiero dejarte de lado,
Si te muestras en la locura,
Prefiero la paz y la holgura,
Si me miras con esos ojos,
Prefiero la oscuridad nocturna.

¿Por qué esa melancolía? ¿Por qué?

Unos días, algazara y gozo,
Otros días, enojo,
Unas horas tranquilizadoras,
Otras horas nerviosas,
Desvarío, locura, desasosiego,
Seguido de gozo y sueño,
Noches de mirar a la luna,
Días de sol y alegría,
Puentes de mil caminos,
Terremotos y maremotos.

Ah, la vía mía,
Que terrible combate,
Noche y día,
Día y noche.
¿Y a esto lo llamas amor?
¿Es esa su definición?

Si el amor es locura,
Desvarío, ojeras y lamentaciones,
Alegría, gozo, reposo,
Sueño, aplausos y besos,
Si tal desequilibrio
Se encuentra en el amor,
Prefiero mil veces la muerte
Que correr tal suerte,
Prefiero morir libre y sola
Perdida en un monte,
Que vivir torturada,
Que amar con recelo,
Que tener viejas heridas en el alma,
Miradas que clavan
La sinrazón del desamor.

Vete, quizás mañana,
Desee mirarte de frente
Y desafiarte a cambiar
La definición del amor.
¿Qué es amor?

María Dolores Ouro Agromartín

Cuando miro el cielo azul
Con el sol enfrente nublando
La vista,
Alcanzo a ver un pájaro
Que viene hacia mí,
en vuelo presuroso,
como si quisiera comunicarme
un mensaje.

Se acerca, se acerca,
Pero cuando está llegando
Junto a mí,
Desaparece en el cielo azul
Con el sol enfrente,
Cegando la vista.

Y mi imaginación se dispara
También, en vuelo presuroso,
Te busca, te anhela, te desea,
Te habla, te pregunta, te ama,
Señor, y también te olvida,
Quizás tan pronto como ese pájaro
Revoloteando y desapareciendo.

¿Dónde estás tú?
No llego a verte,
No alcanzo a hablarte
Y sobretodo, no te oigo.
¿Dónde estás tú?
¿Dónde te escondes?

Quizás en esa gruta, en mi vida,
Quizás en mi popularidad,
Quizás en el dolor,
Quizás en la sonrisa dulce
Del sol ardiente.

Pero no, yo sé que no estás ahí.

¿Dónde estás tú?
¿En esa cruz cristiana?
¿En ese cielo estrellado?
¿En el sol del mediodía?
¿En la iglesia más cercana?

No Señor, sé que no estás ahí.

¿Dónde estás tú?

Y tú me respondes,
Sin responder,
En cada humano que tú creaste,
En mi corazón,
A mi lado,
Y si yo lo permito,
Dentro de mí,
A cada momento,
Animando, ayudando,
Soportando mis flaquezas,
Decidiendo cuando me faltan
                                — las fuerzas,
amando, amando, amando
sin fin y con proyecto de futuro.

María Dolores Ouro Agromartín

Aunque haya lejanía
y terceros en nuestras almas,
aunque el cielo esté tan negro
que no encuentres esperanza…
                          ¡No me olvides!
Aunque descubras en tu cabello
el paso de los años,
aunque triste ya y vagabundo
tu cuerpo no encuentre descanso…
                           ¡No me olvides!
Aunque te llame la muerte
y acudas a ella sin tardar,
aunque seas ya polvo
y pálido tu mirar…
                           ¡No me olvides!
No me olvides nunca,
vivo, o quizás ya muerto,
porque polvo seré yo
y te seguiré recordando,
porque polvo serás tú
mas polvo enamorado.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín

Refugio en la tormenta
De mis sentimientos,
Roca en el oleaje
Que golpea fuerte mi ser,
Sol que ilumina
El sendero oscuro y escabroso,
No hacen falta rimas
Ni medidas
Sino sólo simpatía,
Isla en medio de este mundo
Donde todo es ideal,
Isla perdida donde nadie lastima
Donde libremente puedes pensar,
Amar, aborrecer, destruir
Y volver a empezar,
Silencio en medio de mi soledad,
Paraíso celestial,
Hermosa isla
Donde puedo descargar
Mis tensiones, mis iras,
Isla maravillosa
Nocturna o diurna,
Siempre dispuesta en mi.

Nadie se entromete,
Encanto o desencanto,
Amor y alegría,
Odio y deseo
Pero siempre dispuesto,
A veces no son necesarias
Palabras, ni ideas,
Ni forma ni color,
Sino sólo un vacío,
Un descanso,
Un oasis,
Una palmera,
Un cero a la izquierda,
Vacío, vacío, vacío.

Pero qué descanso,
El alma queda libre
Y descabalgada
Una página en blanco
Donde dar rienda
Suelta al deseo,
Volver a empezar,
Agradecer tanta bondad,
Rodeada de peligros,
De animales malignos.

Con una paisaje paradisíaco
Lleno de montañas,
De corrientes de agua cristalinas,
De un sol radiante
Que ciega la vista
Pero segura en mi isla.

María Dolores Ouro Agromartín

En esta noche de luna llena
mi alma pena,
mis labios sonríen
con los borrosos recuerdos pasados.

Sentimientos contradictorios
pasan por mi mente,
mi corazón no entiende,
mi razón se pierde
en confusas y diversas ideas
sin forma, sin color, sin futuro.

Amor, odio,
recuerdo, olvido,
rechazo, deseo,
fuera, dentro,
un corazón partido al medio.

Sol y sombra,
noche y día,
descanso y fatiga,
lloro y risa.

Escucho entonces una voz seductora
en el silencio de mi lucha nocturna,
de mis ojeras profundas del desvelo,
que me sugiere esperar en silencio
hasta recibir la respuesta.

Me quedo media dormida
hasta que un rayo furioso
cruza por la mente apacible
y tomando las riendas del corazón alocado,
razona que debo desmayar, luchar,
compartir, seguir, vivir, reír,
olvidar y dar,
esperando el tiempo y lugar
donde no habrá más dudar,
más llorar,
sino gozo y felicidad
para siempre jamás.

Dios mío, amar sin más,
a todos y siempre
hasta el más allá.

Cerrar los ojos de la razón,
abrir las puertas grandes del corazón,
vivir el hoy, mañana no existe,
el ayer ya pasó,
dejar de soñar, hoy,
hoy, y nada más.

Dormir con la esperanza
de si mañana no despertar,
haber hecho más de lo suficiente,
haber luchado hasta el final,
y recibir el premio en el más allá
por no haber hecho en esta vida
nada más que amar.

En esta mi profunda reflexión,
miro una foto,
una dirección casi borrada
sobre mi escritorio descansa,
una rosa desmayada
aún da su olor,
un sobre sin sello
—ni remitente—
lucha por llegar al buzón,
quiere ir, quiere comunicar
el vacío de la sinrazón,
decirle al destinatario
que todo va bien sin ir,
que me importan las consecuencias
de la decisión loca y acalorada
de una noche de tormenta
sin rayos de luz…

Pero que quiero amar,
que vivo sin respirar,
que no quiero estar sola
en esta noche invernal,
que quiero su compañía eterna
que le quiero sin igual,
que deseo luchar,
para al fin obtener la paz
del reencuentro,
en este laberinto de sentimientos,
de pensamientos, de intrigas
y de recelos.

¡Oh!, vuelve, es un grito de anhelo,
estoy dispuesta a amar
—sin más.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín

¿Qué es la vida?
Es como un viaje en tren.

Acaba de llegar,
Acaba de nacer,
Todo es alegría y placer,
El temor a lo desconocido
Quizás amargo, quizás hiel,
Pero ganas de comenzar
El viaje a pie.

Algazara, murmullos,
Conversación entre desconocidos,
El aprendizaje en el camino,
Todos siguen su viaje
Pero cada uno tiene su destino.

Pasa el tiempo,
La noche llega traidora,
A veces la vida es negra,
Unos bajan,
Otros mueren,
Pero el tren, sigue,
Inexorablemente,
Su camino.
La vida sigue.

El murmullo del principio
Sólo es interrumpido
Por el sollozo de un niño.
Otro nacimiento.
El camino sigue.
Miro los rostros
De mis compañeros de viaje,
Todos desconocidos,
Pero todos amigos.

Un poco dormitar,
—A veces la vida es sueño,
Un poco comer,
Un poco charlar,
Pero el tren sigue,
Inexorablemente,
Su camino.
La vida sigue.

Ahora que estoy cerca
De mi destino,
Ahora que las canas
Adornan mi una vez
Montaña dorada,
Miro a mi alrededor,
Apenas nadie
Sigue en el camino.
                              —¡Cuántos se han ido!

El paisaje es otoñal,
Casi llega el invierno,
La vida sigue,
El sollozo de un niño,
El tren sigue
Su camino.

Nosotros también nos iremos,
Bajaremos —descansaremos al llegar
a nuestro destino—,
Jesús pronto vendrá
Y este caminar
Se continuará
En la eternidad,
Sin bajadas, sin destinos,
Sin canas blancas,
Sólo flores inmarcesibles
A lo largo del eterno camino.

María Dolores Ouro Agromartín