2/4/2003

Ha nacido el silencio en esta tierra,
en este insólito lugar donde los cuerpos no existen:
son sólo figuras de la luz,
de esta luz confusa y extraña que penetra en mi nombre.

Piedras de silencio, fosilizados corazones
en las huellas de la memoria.
(Escucho los latidos de la tierra.
La tierra está en silencio.
Mi corazón es lo que suena).

Esta música que imagino
(en la ficción de la memoria)
es un pájaro volando hacia la noche.

Silencio exterior y música interior:
armonía perfecta.
Canción de labios que en la luz encuentra su fin.
Lluvia de besos sobre el mar del amor.

Ven a mí, misterio incomprensible,
quiero que este silencio esté entre nosotros,
que esta luz nos dé la vida.

Quiero la noche,
quiero tu voz,
quiero que se cumplan mis deseos.

Ven aquí, vida de la muerte,
infúndeme tu aliento,
dame amor.

Si me pierdo en la constelación de los sueños
dibuja el camino de regreso.
Si prefiero seguir soñando déjame ser yo.
(Oh libertad del tiempo).

Dime qué hay
en el corazón vacío de palabras solitarias,
en la esperanza llena de un silencio que no llega.

Luis Llorente Benito

2/5/2003

El silencio de esta tarde
anuncia un amor que vive más allá del tiempo
y que ahora existe en mi imaginación.
Vive en el tiempo sin el tiempo,
y destruye lo que no existe.
Construye muros de hielo en el desierto del olvido,
inunda de muerte la voz
instalada en los sentidos ante el canto de los pájaros.
Sólo esa música, oculta en los sentidos,
engendra ese amor que late en el silencio;
sólo allí se manifiesta lo que no existe.
Y el pasadizo de la desmemoria (espejos rotos
que reflejan la muerte)
está oscuro, muy oscuro: no hay luz.
Allí el silencio es un fantasma sobre la ceniza del recuerdo,
allí el tiempo es un corazón invisible,
como el reloj del frío.
Y tus manos me hablan de la muerte,
y tus ojos sangran a la luz de la tarde:
despedida,
desmemoria como los olvidos de un poema,
las creaciones de lo no escrito.
Y dibujas tus pasos:
tus huellas permanecen.
Desentierras los sentidos de la primavera,
la primavera del sentido,
la sinrazón de la materia.
Flotan pensamientos en el lago de las preguntas olvidadas,
y yacen respuestas que no llegaron a ser,
que no tuvieron principio,
que no vieron la luz, el instante preciso.
Y la primavera nos muestra su tristeza:
el silencio de esta tarde,
el canto de los vencejos
(silencio y no silencio)
son ahora los ángeles del tiempo.
Estalla un beso en la canción sumergida del amor.
Abre los ojos el muerto bajo el agua.

Primavera es amor:
el hechizo de los amaneceres, de las tardes y de las noches,
el amor que se pierde después de la esperanza,
la luz del ser,
los sentidos del poeta.

Primavera es amor y desamor.
Amor y desamor que al mismo tiempo laten,
que se confunden en el cielo de la nada.
Crepúsculos de amor, noches de esperanza.
Corazones rotos, venas estranguladas.
Gritos en el bosque de la muerte.

El silencio de esta tarde,
el insomnio de las palabras desnudas
y las imágenes del tiempo
son amores deshojados.
Pesan las gotas del dolor en el bosque de los sueños,
en el desierto de la vida,
en el mar del tiempo.
Arden las telarañas en el laboratorio de los poemas,
se iluminan las palabras en el ritual de la memoria.
Tiembla lo inmóvil.
Se desmorona el sentir sereno:
ojos abrasados por la melancolía.
Retornan pasadas existencias:
la memoria de tu cuerpo endurecido
como un naufragio en el mar del tiempo.
Esta es la primavera de la vida:
luz que envuelves todo,
amor que arrancas la música de los labios
y cubres de tristeza las nubes de mi sueño.
Sueño de voces muertas,
tiempo de amor inseguro.
Sueño real hacia la noche,
allá donde se funden la poesía y la plenitud de la vida.

Luis Llorente Benito

31/5/2003

Hoy he venido para esperarte,
para decirte que estoy solo,
tan solo como un desierto en un país deshabitado,
como un río al límite del llanto,
como un templo sin memoria en el tiempo de la muerte…

Hoy he venido
para que veas cómo la luz se pudre en mis entrañas,
en el lugar íntimo de la no memoria.
El tiempo tatuado en la piel de la soledad
es este perfume de rosa marchita,
y el silencio es un vacío
donde mi cuerpo sangra como pájaro herido;
aquí,
en la conciencia del deseo
(voces como sentencias me dictan la muerte).

He venido hasta este lugar insólito
para sentir tu ausencia al borde de la espera.

Vienes hacia mí. Es un sueño.
Te escondes en la luz. Navegas hacia mi ser.
Te acercas.

Vibra el sonido del amor.
Arden las plumas de la luz.
Descienden las pupilas del tacto
hacia ese río de sangre donde muere la memoria.

Te siento junto a mí. Estás aquí,
en la imaginación de este poema:
ojo partido en el reloj de los adioses,
sueño sin tiempo donde el miedo crece,
lágrimas de soledad
que el viento arrastra hacia la muerte.

Y despierto. Vine para decirte
que no es necesario que te encuentre,
que en mi soledad el tiempo pesa
como un diamante
en el fondo de un corazón sumergido,
como una piedra sin amor
sobre el pecho herido de un cuerpo agonizante.

                        *

La realidad es esta tumba,
este labio que desaparece justo antes de besar,
esta sombra donde los recuerdos viven.

Y tu ausencia, silencio helado,
música lejana,
me invade
como una noche de lluvia intensa.

Decir sin duda que entre nosotros hay amor
no es más que un juego de palabras.

Luis Llorente Benito

6-7-2003

El tiempo vacío como un cielo sin estrellas
se hace pesado y triste
en el lugar cerrado de donde no puedes salir.

Cae la tarde. Se derrama el aliento de una delgada voz
y desaparece el sonido de la luz. Hay un silencio puro,
intacto en su existencia,
y permanece allá en lo alto la luna del sueño.
No puedes salir. Estás encerrado
en un templo sin amor,
doblando esquinas sin sentido
como un perro perdido en una ciudad vacía.
Y te escondes en el nicho de la oscuridad.
A lo lejos oyes pájaros:
cantos vacíos en el corazón de las ausencias.

La tristeza crece:
solitario páramo en el silencio de la conciencia,
extraño desierto a la luz de la sangre.

Los ojos se agrietan
(dolorosas heridas en la burbuja de la vida,
venas que dividen el espejo).

Lágrimas en el camino del deseo,
pisadas en la senda del dolor.
Libertad asesinada,
cárcel del tiempo.

Y el olvido es una pregunta sin respuesta.

Donde hablas no hablas,
donde callas no callas,
donde estás no estás.
                                         Y buscas la inexistencia,
la sal de la derrota
en la extrañeza de tu silencio,
amor interno que nada conoce.
Estás en la muerte
como un dios de la oscuridad
encerrado en un ojo oculto que hipnotiza con su luz,
forma cerrada que lanza sinfonías en el aire de la noche,
y escribe ondas de fuego en la tristeza del amor,
en la triste cárcel de tu ausencia.

Actúas como algo que actúa en ti.

Se agita la palabra encallada en los besos de la espera,
y nace un viento que arrastra corazones invisibles.

Tiempo vacío:
delgada lengua de hielo,
cristal que no se rompe,
espejo donde se refleja la emoción.

Luis Llorente Benito

13-7-2003

Todo termina. Todo acaba
dejando un reguero de ceniza,
una luz en el fondo de la huella,
un silencio solitario en el olvido:
cuerpo en sangre,
memoria del tiempo,
frío del fin. Por eso la contemplación de las ruinas
resulta siempre triste. Por eso al caer la tarde
nos sentimos (los que sentimos) presos de esta vida,
liberados de la muerte con olor a eternidad.
Por eso el huracán amargo de los días inunda al tiempo dedesolación.
Y allí está la esperanza. En la desolación.

Todo termina. Todo acaba porque el fin existe,
porque no puede quedar un rastro de luz en la memoria.
Es imposible. Todo muere,
todo acaba siendo víctima de la muerte.
(En el reducto del recuerdo el silencio es libertad).
Y la verdad última,
la última gota de agua,
la imagen del último adiós,
está aquí,
en la realidad de la vida,
en el cuarto oscuro de la no esperanza.
Porque todo termina, porque todo acaba si empieza,
porque el fin existe. Porque el nacimiento es la causa de un efecto.
No. Me equivoco. El efecto de la muerte es inexplicable.
En fin; hablando en términos cotidianos,
en variables, en parámetros que todo el mundo sabe,
diré que es triste ver cómo acaban las cosas,
cómo se destruyen (o autodestruyen),
cómo es hermoso contemplar y sentir un buen momento,
valorarlo, apreciarlo,
cuando hay vida sobre el escenario,
y no cuando todo se ha perdido.

Luis Llorente Benito

La vida tiene confusos laberintos
y hay perros que ladran a la luna.

Detrás de la luna nadie sabe,
nadie sabe nombrar lo que no existe.

La última gota de aquel vaso de cerveza
fue el último suspiro de su vida.

Imposibles seres. Criaturas de la luz.

Luis Llorente Benito

12-9-2003

La tarde es un silencio agonizante
que dibuja espejos en la calumnia del ocaso
que escribe con la tinta de la luz imborrables sendas de amor negro
Silencio

Reloj Silencio Se derriten las agujas
las manecillas del reloj ausente
y las hormigas del oscuro desorden recorren el desierto de la muerte
hasta detenerse en un plato viejo y vacío (como en algúncuadro de Dalí)
Ahora parece un plato de caviar y la mano del silencio recoge la espuma
que brilla en el tiempo indeciso y trémulo
contando las gotas de agua que hay sobre una urna de cristal
(todo ello en un profundo sueño: inesperado camino que la lluviadeshace)
y la tarde canta y la tarde brilla y la tarde baila
como un astro colgando del violín de la esperanza

Luis Llorente Benito

Enséñame a cantar en la niebla,
a dibujar en la luz,
a sembrar amor en el olvido.
Enséñame a sentir la vida
allí donde la muerte reina.
Enséñame a dominar
los horizontes del instinto.
Toco una mano. Se desvanece.
Elevo mi voz hacia el silencio,
y late el corazón de los sentidos.
Estoy perdido,
perdido en el día,
perdido en la noche,
buscando un abismo.
                                        Y este dolor
es como un ángel sin alas,
como un espejo vacío,
como una luna sin tiempo.

Luis Llorente Benito

17-9-2003

Alguien me dijo que había un fantasma en mi casa, descansando
entre las sombras, fugándose a veces entre los invisibles puntos
de la luz. Estaba solo. Caminaba el desorden en la inquietud de lamemoria,
y el sombrío silencio dibujaba un manantial de símbolos.
Fue un instante duradero y exacto.
Temblaba la imposibilidad en el sudario de la muerte.
Se oía un canto vacío, una canción de amor a modode bolero. Pero
no era más que un sueño:
en los labios apretados del deseo latía un gusano de cristal.

Luis Llorente Benito

4/3/2003

Ese beso fue un hechizo.
Esa noche
fue un tesoro en mi vida.
Encontré lo que no busqué.
Sentí
lo que no había pensado.
Por primera vez encontré el amor,
le vi los ojos,
y eran los tuyos.

Luis Llorente Benito