La vida tiene confusos laberintos
y hay perros que ladran a la luna.

Detrás de la luna nadie sabe,
nadie sabe nombrar lo que no existe.

La última gota de aquel vaso de cerveza
fue el último suspiro de su vida.

Imposibles seres. Criaturas de la luz.

Luis Llorente Benito

19-11-2003

He vivido tu ausencia:
me perdí en las calles de tu nombre
cuando la luz era un resto de la luna.
Andaba despacio,
como los caballos negros buscan su muerte en el desierto.

Te buscaba entre las luces del llanto
mientras nacían versos en la órbita de mis sienes.
Las sombras me perseguían en aquel lento camino,
sintiéndome como un animalillo indefenso acorralado por lashienas del
tiempo.
Pero una humana voz
sobrepasaba el nivel de todo aquello, trascendía ellímite de aquellos seres
vivos tal vez. Quién sabe si eran muertos
obstaculizándome el paso,
como la travesía difícil de un hondo silencio.

Y es que aquello era el reino del amor. Lo descubrí mástarde.
Supe que era un sueño.
Sin lugar a dudas todo aquello había sido provocado
por contemplar los restos de la luna.

Todo aquello que fluía como un manantial de espejos
era mi voz buscándote, era mi silencio anclado al tuyo,
era mi nube dentro de tu nube.

Luis Llorente Benito

Enséñame a cantar en la niebla,
a dibujar en la luz,
a sembrar amor en el olvido.
Enséñame a sentir la vida
allí donde la muerte reina.
Enséñame a dominar
los horizontes del instinto.
Toco una mano. Se desvanece.
Elevo mi voz hacia el silencio,
y late el corazón de los sentidos.
Estoy perdido,
perdido en el día,
perdido en la noche,
buscando un abismo.
                                        Y este dolor
es como un ángel sin alas,
como un espejo vacío,
como una luna sin tiempo.

Luis Llorente Benito

4/3/2003

Ese beso fue un hechizo.
Esa noche
fue un tesoro en mi vida.
Encontré lo que no busqué.
Sentí
lo que no había pensado.
Por primera vez encontré el amor,
le vi los ojos,
y eran los tuyos.

Luis Llorente Benito

8/3/2003

Mira a tu alrededor:
es ese silencio que escapa a la memoria,
el recuerdo de aquella noche herida lo que ahora sientes.

¿Dónde está la sinfonía del amor?
No escucho tus pasos, no escucho tu voz:
sólo siento tu mirada.

Aquí mi conciencia está desierta.
Ríos de sangre nacen en la noche,
ríos de desesperanza en el deseo.

Qué es esto.
Por qué estoy en la habitación cerrada de tu ausencia,
por qué no me contestas.

Luis Llorente Benito

22/3/2003

¿Es la luz lo que en la noche
se abre a lo desconocido
para iluminar los abismos del mundo?
El espacio tiembla en su agonía,
en su decadencia hacia la muerte.
Este silencio es un poema de amor,
un poema no escrito,
una representación de tu ausencia.
(Analizo, interpreto y represento
esa impresión que es la poesía).
Busco un abismo.
No hay memoria en el silencio,
no hay palabras en la voz,
no hay vientos en la noche.
No hay heridas en la niebla,
no hay sangre en el desierto,
no hay esperanza en la penumbra.
La luz de la noche dibuja el tiempo
como un garabato que no existe
(confusas líneas en la espiral de la vida).
Un desorden que la luz no reconoce
es esta materia que aparenta existir
en la ilusión de la mirada.
                                                Y la noche
encarna los sentidos de la luz,
los hace suyos,
los convierte en instantes de silencio.

Los latidos de la noche,
en el tiempo de la luz,
invocan al deseo.

La luz de la noche se abre a lo desconocido:
parcial oscuridad hacia lo innombrable.

Palabras no pensadas,
silencios,
poemas en el espacio de la noche,
memorias partidas por el viento,
gestos de agua y firmas disecadas.
Y la luz no muere. No muere
en los brazos del amor,
no declina hasta el lago del alma.
No muere. La luz no muere.
La luz vive,
vive en el deseo,
vive en la esperanza,
vive en el silencio.
Vive en el día,
vive en la noche.
Vive en la vida,
vive en la muerte.
Vive en la memoria,
vive en el latido,
vive en los manifiestos
del tiempo,
de la noche,
del amor.
                   Y con ella te busco
entre las columnas de tu ausencia.
Te busco con el pulso de mi cuerpo
en esta constelación inexistente.
La sangre negra de mi cuerpo,
la luz interior de mi cuerpo,
se extienden en la tumba de la noche.
Hay sangre derramada en esta piedra,
hay una luz difusa en esta voz oscura.

La luz nunca muere:
es eterna.
La luz conoce lo que no conozco,
llega a allí donde los corazones tiemblan,
donde leones de fuego y pirámides de cristal anuncian la aurora.
La luz todo lo alcanza,
ilumina los abismos del mundo
en el aire de la inocencia.
Y desde aquí escribo,
desde esta cúpula transparente,
desde esta burbuja.
(Estoy en el espacio de lo que no existe,
escribiendo un poema
a la luz de la noche,
a tu presencia invisible, imposible y deseada
en el desierto de tu ausencia,
en el jardín del mundo).

Y no puedes oírme,
no puedes oírme a la luz de la noche,
no hay palabras en mi voz.

No hay sangre en el desierto de tu ausencia.
Hay sangre mía en la tumba de la noche.

(Así analizo, interpreto y represento
la luz de la noche,
mientras pienso en ti en el templo de tu ausencia,
en esta habitación cerrada de pájaros y de voces).

Esto es un canto hacia la nada,
una canción en el silencio,
un poema que escribo
entre las estrellas de tu ausencia,
entre los muros de este caótico laberinto
donde el amor es la vida.

El silencio es el poema en la luz de la noche.
Mi voz es mi palabra en el tiempo de tu ausencia.

Luis Llorente Benito

28/3/2003

¿Dónde está el amor?
Allí en lo invisible,
en las manifestaciones inesperadas del olvido.

En el canto de los pájaros
hacia la muerte.
En la sombra de unos ojos cerrados
que sangran contra los párpados.
En la lluvia que dibuja
los corazones de tu ausencia.

El amor está en lo invisible,
en un verso en la memoria,
en los versos en el aire
(que evocan una realidad de amor).

Creo en lo invisible,
creo en la noche de los sueños,
creo en el amor de la distancia.

Luis Llorente Benito

2/4/2003

Ha nacido el silencio en esta tierra,
en este insólito lugar donde los cuerpos no existen:
son sólo figuras de la luz,
de esta luz confusa y extraña que penetra en mi nombre.

Piedras de silencio, fosilizados corazones
en las huellas de la memoria.
(Escucho los latidos de la tierra.
La tierra está en silencio.
Mi corazón es lo que suena).

Esta música que imagino
(en la ficción de la memoria)
es un pájaro volando hacia la noche.

Silencio exterior y música interior:
armonía perfecta.
Canción de labios que en la luz encuentra su fin.
Lluvia de besos sobre el mar del amor.

Ven a mí, misterio incomprensible,
quiero que este silencio esté entre nosotros,
que esta luz nos dé la vida.

Quiero la noche,
quiero tu voz,
quiero que se cumplan mis deseos.

Ven aquí, vida de la muerte,
infúndeme tu aliento,
dame amor.

Si me pierdo en la constelación de los sueños
dibuja el camino de regreso.
Si prefiero seguir soñando déjame ser yo.
(Oh libertad del tiempo).

Dime qué hay
en el corazón vacío de palabras solitarias,
en la esperanza llena de un silencio que no llega.

Luis Llorente Benito

2/5/2003

El silencio de esta tarde
anuncia un amor que vive más allá del tiempo
y que ahora existe en mi imaginación.
Vive en el tiempo sin el tiempo,
y destruye lo que no existe.
Construye muros de hielo en el desierto del olvido,
inunda de muerte la voz
instalada en los sentidos ante el canto de los pájaros.
Sólo esa música, oculta en los sentidos,
engendra ese amor que late en el silencio;
sólo allí se manifiesta lo que no existe.
Y el pasadizo de la desmemoria (espejos rotos
que reflejan la muerte)
está oscuro, muy oscuro: no hay luz.
Allí el silencio es un fantasma sobre la ceniza del recuerdo,
allí el tiempo es un corazón invisible,
como el reloj del frío.
Y tus manos me hablan de la muerte,
y tus ojos sangran a la luz de la tarde:
despedida,
desmemoria como los olvidos de un poema,
las creaciones de lo no escrito.
Y dibujas tus pasos:
tus huellas permanecen.
Desentierras los sentidos de la primavera,
la primavera del sentido,
la sinrazón de la materia.
Flotan pensamientos en el lago de las preguntas olvidadas,
y yacen respuestas que no llegaron a ser,
que no tuvieron principio,
que no vieron la luz, el instante preciso.
Y la primavera nos muestra su tristeza:
el silencio de esta tarde,
el canto de los vencejos
(silencio y no silencio)
son ahora los ángeles del tiempo.
Estalla un beso en la canción sumergida del amor.
Abre los ojos el muerto bajo el agua.

Primavera es amor:
el hechizo de los amaneceres, de las tardes y de las noches,
el amor que se pierde después de la esperanza,
la luz del ser,
los sentidos del poeta.

Primavera es amor y desamor.
Amor y desamor que al mismo tiempo laten,
que se confunden en el cielo de la nada.
Crepúsculos de amor, noches de esperanza.
Corazones rotos, venas estranguladas.
Gritos en el bosque de la muerte.

El silencio de esta tarde,
el insomnio de las palabras desnudas
y las imágenes del tiempo
son amores deshojados.
Pesan las gotas del dolor en el bosque de los sueños,
en el desierto de la vida,
en el mar del tiempo.
Arden las telarañas en el laboratorio de los poemas,
se iluminan las palabras en el ritual de la memoria.
Tiembla lo inmóvil.
Se desmorona el sentir sereno:
ojos abrasados por la melancolía.
Retornan pasadas existencias:
la memoria de tu cuerpo endurecido
como un naufragio en el mar del tiempo.
Esta es la primavera de la vida:
luz que envuelves todo,
amor que arrancas la música de los labios
y cubres de tristeza las nubes de mi sueño.
Sueño de voces muertas,
tiempo de amor inseguro.
Sueño real hacia la noche,
allá donde se funden la poesía y la plenitud de la vida.

Luis Llorente Benito

31/5/2003

Hoy he venido para esperarte,
para decirte que estoy solo,
tan solo como un desierto en un país deshabitado,
como un río al límite del llanto,
como un templo sin memoria en el tiempo de la muerte…

Hoy he venido
para que veas cómo la luz se pudre en mis entrañas,
en el lugar íntimo de la no memoria.
El tiempo tatuado en la piel de la soledad
es este perfume de rosa marchita,
y el silencio es un vacío
donde mi cuerpo sangra como pájaro herido;
aquí,
en la conciencia del deseo
(voces como sentencias me dictan la muerte).

He venido hasta este lugar insólito
para sentir tu ausencia al borde de la espera.

Vienes hacia mí. Es un sueño.
Te escondes en la luz. Navegas hacia mi ser.
Te acercas.

Vibra el sonido del amor.
Arden las plumas de la luz.
Descienden las pupilas del tacto
hacia ese río de sangre donde muere la memoria.

Te siento junto a mí. Estás aquí,
en la imaginación de este poema:
ojo partido en el reloj de los adioses,
sueño sin tiempo donde el miedo crece,
lágrimas de soledad
que el viento arrastra hacia la muerte.

Y despierto. Vine para decirte
que no es necesario que te encuentre,
que en mi soledad el tiempo pesa
como un diamante
en el fondo de un corazón sumergido,
como una piedra sin amor
sobre el pecho herido de un cuerpo agonizante.

                        *

La realidad es esta tumba,
este labio que desaparece justo antes de besar,
esta sombra donde los recuerdos viven.

Y tu ausencia, silencio helado,
música lejana,
me invade
como una noche de lluvia intensa.

Decir sin duda que entre nosotros hay amor
no es más que un juego de palabras.

Luis Llorente Benito