La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

¡amantes! no toquéis si queréis vida:
porque entre un labio y otro colorado
Amor está de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que al Aurora
diréis que aljofaradas y olorosas
se le cayeron del purpúreo seno.

Manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen dél que incitan ahora
y sólo del Amor queda el veneno.

—Téngoos, señora tela, gran mancilla.
—Dios la tenga de vos, señor soldado.
—¿Cómo estáis acá afuera? —Hoy me han echado,
Por vagabunda, fuera de la Villa.

—¿Dónde están los galanes de Castilla?
—¿Dónde pueden estar, sino en el Prado?
—¿Muchas lanzas habrán en vos quebrado?
—Más respecto me tienen: ¡ni una astilla!

—Pues ¿qué hacéis ahí? —Lo que esa puente,
Puente de anillo, tela de cedazo:
Desear hombres, como ríos ella,

Hombres de duro pecho y fuerte brazo.
—Adiós, tela, que sois muy maldiciente,
Y ésas no son palabras de doncella.

Luis de Góngora y Argote, 1588

—¿De dónde bueno, Juan, con pedorreras?
—Señora tía, de Cagalarache.
—Sobrino, ¿y cuántos fuistes a Alfarache?
—Treinta soldados en tres mil galeras.

—¿Tanta gente?—Tomámoslo de veras
—¿Desembarcastes, Juan?—¡Tarde piache!
Que al dar un Santiago de azabache
Dio la playa más moros que veneras.

—¿Luego es de moros?—Sí, señora tía.
Mucha algaraza, pero poca ropa.
—¿Hiciéronos los perros algún daño?

—No, que en ladrando con su artillería,
A todos nos dio cámaras de popa.
—¡Salud serían para todo el año!

Luis de Góngora y Argote, 1609

Restituye a tu mundo horror divino,
Amiga Soledad, el pie sagrado,
Que captiva lisonja es del poblado
En hierros breves pájaro ladino.

Prudente cónsul, de las selvas dino,
De impedimentos busca  desatado
Tu Claustro verde, en valle profanado
De fiera menos que de peregrino.

¡Cuán dulcemente de la encina vieja
Tórtola viuda al mismo bosque incierto
Apacibles desvíos aconseja!

Endeche el siempre amado esposo muerto
Con voz doliente, que tan sorda oreja
Tiene la soledad como el desierto.

Luis de Góngora y Argote, 1615

No en bronces, que caducan, mortal mano,
Oh católico Sol de los Bazanes
(Que ya entre gloriosos capitanes
Eres deidad armada, Marte humano),

Esculpirá tus hechos, sino en vano,
Cuando descubrir quiera tus afanes
Y los bien reportados tafetanes
Del turco, del inglés, del lusitano.

El un mar de tus velas coronado,
De tus remos el otro encanecido,
Tablas serán de cosas tan extrañas.

De la inmortalidad el no cansado
Pincel las logre, y sean tus hazañas
Alma del tiempo, espada del olvido.

Luis de Góngora y Argote, 1588

Sella el tronco sangriento, no le oprime,
De aquel dichosamente desdichado,
Que de las inconstancias de su hado
Esta pizarra apenas le redime;

Piedad común, en vez de la sublime
Urna que el escarmiento le ha negado,
Padrón le erige en bronce imaginado,
Que en vano el tiempo las memorias lime.

Risueño con él, tanto como falso,
El tiempo, cuatro lustros en la risa,
El cuchillo quizá envainaba agudo.

Del sitial después al cadahalso
Precipitado, ¡oh cuánto nos avisa!,
¡Oh cuánta trompa es su ejemplo mudo!

Luis de Góngora y Argote, 1621

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

Luis de Góngora y Argote, 1609

Ícaro de bayeta, si de pino
Cíclope no, tamaño como el rollo,
¿Volar quieres con alas a lo pollo,
Estando en cuatro pies a lo pollino?

¿Qué Dédalo te induce peregrino
A coronar de nubes el meollo,
Si las ondas que el Betis de su escollo
Desata han de infamar tu desatino?

No des más cera al Sol, que es bobería,
Funeral avestruz, máquina alada,
Ni alimentes gacetas en Europa.

Aguarda a la ciudad, que a mediodía,
Si mase Duelo no en capirotada,
La servirá mase Bochorno en sopa.

Luis de Góngora y Argote, 1611

Ave real de plumas tan desnuda,
Que aun de carne voló jamás vestida,
Cuya garra, no en miembros dividida,
Inexorable es guadaña aguda;

Lisonjera a los cielos o sañuda
Contra los elementos de una vida,
Florida en años, en beldad florida,
Cuál menos piedad árbitra lo duda,

No a deidad fabulosa hoy arrebata
Garzón, que en vez del venatorio acero
Cristal ministre impuro, si no alado

Espíritu que, en cítara de plata,
Al Júpiter dirige verdadero
Un dulce y otro cántico sagrado.

Luis de Góngora y Argote, 1620

Al tronco descansaba de una encina
Que invidia de los bosques fue lozana,
Cuando segur legal una mañana
Alto horror me dejó con su rüina.

Laurel que de sus ramas hizo dina
Mi lira, ruda sí, mas castellana,
Hierro luego fatal su pompa vana
(Culpa tuya, Calíope) fulmina.

En verdes hojas cano el de Minerva
Árbol culto, del Sol yace abrasado,
Aljófar, sus cenizas, de la yerba.

¡Cuánta esperanza miente a un desdichado!
¿A qué más desengaños me reserva,
A qué escarmientos me vincula el hado?

Luis de Góngora y Argote, 1622