En aquel perdido valle,
Donde jamás volvieron tus huellas,
Tus memorias son la  rumia,
Dulce o amarga según el tiempo ha sido.

Y las risas que dejaste como pardos
Trinan en las tardes frías del invierno.
Furtivas hacen de mi amor su burla,
Y ambrosías de ti les lanzo para acallarlas.

Y la ilusión al tiempo se me vuelve  migas,
Y se me inunda el alma de dolor henchida.
Y el solo acercarme  a  la ventana me vuelve  loco,
Al ver a los pardos en el árbol que plantamos,

Amándose en sus nidos.

Leopoldo Peña del Bosque

La cascadita de aquel riachuelo que va a la ermita,
Ermita mi alma, que tu has dejado, sola y sin ti,
Y ya no emergen límpidas aguas que ahínacían,
La cruel sequía de tus ausencias ya la secó.

La blanca espuma de aquellas aguas llenas de flores,
Que las magnolias como suspiros hacían caer,
Hasta las piedras lloran muy tristes por tus ausencias,
Ya se han secado, ruedan de pena, penas de amor.

Y ya no pasan inquietas aguas por las riberas,
Ya solo hay polvo, polvo de olvido, de soledad,
Y si volvieras como los trinos por las mañanas,
Vendrían las lluvias y las magnolias a florecer.

El viejo sauce de nuestra ermita no se ha secado,
Tiene raíces que van ahondando en su dolor,
Dolor tan triste como esta pena que me has dejado,
Que duele tanto, que llora tanto, de estar sin ti.

Y nuestros nombres siguen grabados en su corteza,
Los corazones entrelazados siguen ahí,
Y de esa herida que guarda el sauce de tu recuerdo,
Brotan mis penas, lloros de olvido, penas de amor,

Brotan mis penas, ríos de ausencia, de soledad…

Leopoldo Peña del Bosque

¡Y de ti mi amor… todo me gusta!

De las montañas, la cima,
Y de las olas, la espuma.
Si de colores, el albo,
Y de la noche lo bruno;

¡Y de ti mi amor, todo me gusta…!

Y del soñar, el despertar,
Y al alba, el lucero,
que de mi Dios, su promesa,
y de mi hijo, el recuerdo.

¡Y de ti mi amor, todo me gusta…!

Y si de flores, la rosa,
Y si de lilas, sus índigos añiles,
Que de la tierra, mi patria,
Y de mi patria, sus héroes;

¡Y de ti mi amor, todo me gusta!

Y a punto de morir quisiera,
volver al mar y verte cerca;
y postrado al fin de mis tormentos,
rezarle a mi Dios por tanta dicha…

¡Que contigo amor, todo me gusta!

Leopoldo Peña del Bosque

En la noche sus suspiros
y en las albas, cimitarras.

¡Ay, soledades impasibles!
…son exilio lapidario.

Que si el dividendo es ausencia,
¡Prefiero la bancarrota!

Que si lucros baladíes espigo…
¡Será en pecunia y no en gemidos!

Cuanto me duele vivir,
¡Seguro más que morir!

Leopoldo Peña del Bosque

Oh Jesús mío
Dueño del universo
Perdona todas mis faltas
Y exímeme de pecados.

Que si miento por la mañana
Al llegar tarde al trabajo,
es por culpa del tranvía
que se atascó en la gran vía.

Es por tener un patrón
que aguarda siempre al acecho,
que quiere que todos sellemos
puntualmente a las ocho.

Y si me quedo dormido,
o se me tuesta el biscocho,
le importa más un comino
que si me embuten en el camino.

Y si veo el plato ajeno
más lleno de pepitoria,
no por causa de mi envidia
sino de la hambruna perpetua.

Y si ambiciono escarpines
y se me quiebran los ojos,
es que no aguanto los callos,
ni los clavos de mis zapatos.

Pero el domingo en la misa,
siempre rezo fervoroso,
aunque padezca de olvido
a la hora de dar limosna.

Es la suerte del sufrido,
del que nada ha tenido,
del que sueña con tener,
lo que tú le has prometido.

Leopoldo Peña del Bosque

Apacible, al fin cadáver,
de frente, tumbada y fría,
—Era anzuelo descarnado—

¡Ni postrero adiós me dejó!,
—Se le apagaba la vida—,
Alzo su vuelo a la nada.

Sus íntimas, quietas musitan
—Como un llover de guijarros—
el rosario de sus reproches.

Y ni el compás ni la rosa,
rinden cuenta de su deriva,
—El mar se amargó por ello—

Ahora pesco nubarrones,
—Aguaceros que no contengo—
¡Inundado en su presencia!

Y como un callao quedé
a la orilla del camino.
—¡Sin su amor, y sin su trino!—

Leopoldo Peña del Bosque

A tus pies se adosaron
otros pies como los tuyos,
andares cansados se urgían,
una tregua en sus milicias.

Oídos sordos  juntaban,
cuatro orejas sin caletre.
de una cabeza a la otra,
eran dos a voz en gritos.

Y pasaron días sandios,
junto a sus noches memas,
y los gritos no acallaban,
con el sonar de los ecos.

No interesaba encender,
la industria de la sesera,
ni movilizar  corrientes,
que procuraran razones.

Después a tus ojos pillaron,
otro par igual de necios,
con mirada desconvenida,
pero esta vez eran mudos.

Peña / Godoy

Desoye el Guadalquivir inquieto, los belicosos gritos de sus habitualesnecios,
Intenta precaverse en vano de quienes turban la paz de sus marismas.

Bien sabe el imponente río que los garbosos graznidos queescucha entonar en sus esteros,
Son salmos más piadosos que las vergonzantes quimeras de susverdugos.

Y si acaso advierten estos necios cazadores, que fortines en inviernolos gallardos gansos delimitan,
Sobrecogidos descubrirán que son para procrear y no paraaprestad combate.

¡Ay Patria mía de los brezos, de las hierbas, y de losverdes musgos!
Libera a tus hermosos ánsares de los embates de las mentes hueras

Resguarda celosa en la paz del Guadalquivir… el nidal de tus amores;
¡El de los castaños críos, de dorso gris barrado!

Leopoldo Peña del Bosque

Azarosa mi suerte
me sostiene aún en esta brega con la vida,

Despojado de un bagaje
Que me tornaba ayer en  invencible…

Sí —

Tu soberbio andar, tu gracia,
tu amor precario,

—Luz titilante de mi vida —

¡Tu que me hiciste sentir como rey un día!
—Ofréndame tan solo el privilegio de un suspiro—

Para sentir orgulloso,
en el gimo de mi nostalgia,

Que alguna vez, estuviste de mí
Profundamente… ¡Enamorada!

Leopoldo Peña del Bosque

Vuelan mis pájaros de barro,
Para escuchar el trino del zorzal andino,

Parten airosos al sur hasta el acierto de Magallanes
Ahí donde los mares se funden en uno mismo y fondo.

A rezarle a la Virgen de Las Pampas,
A buscar a la Reina de las Rosas,
A mi amiga, María Rosa.

A esa delicada argentería de letras hechas poema,
Diáfana y llana como floración de argentina.

Remembranza viva de: Quechuas, Guaraníes y Araucanos idos,
Sentimiento impertérrito de las nobles raíces de lanacionalidad argentina.

Y siendo su nombre, cantata sonora
Riman los versos del ave canora.

Y le rezo a la Virgen Andina, a la Rosa Divina,
A la grandeza inmutable del sueño Bolivariano,

Para abstraerme en sus rimas, para saciarme de prosa,
Como si fuese mi amiga, como si fuese mi hermana.

Y retornan felices mis pájaros de barro,
Tras escuchar el trino del zorzal andino.

Leopoldo Peña del Bosque