En la noche sus suspiros
y en las albas, cimitarras.

¡Ay, soledades impasibles!
…son exilio lapidario.

Que si el dividendo es ausencia,
¡Prefiero la bancarrota!

Que si lucros baladíes espigo…
¡Será en pecunia y no en gemidos!

Cuanto me duele vivir,
¡Seguro más que morir!

Leopoldo Peña del Bosque

Oh Jesús mío
Dueño del universo
Perdona todas mis faltas
Y exímeme de pecados.

Que si miento por la mañana
Al llegar tarde al trabajo,
es por culpa del tranvía
que se atascó en la gran vía.

Es por tener un patrón
que aguarda siempre al acecho,
que quiere que todos sellemos
puntualmente a las ocho.

Y si me quedo dormido,
o se me tuesta el biscocho,
le importa más un comino
que si me embuten en el camino.

Y si veo el plato ajeno
más lleno de pepitoria,
no por causa de mi envidia
sino de la hambruna perpetua.

Y si ambiciono escarpines
y se me quiebran los ojos,
es que no aguanto los callos,
ni los clavos de mis zapatos.

Pero el domingo en la misa,
siempre rezo fervoroso,
aunque padezca de olvido
a la hora de dar limosna.

Es la suerte del sufrido,
del que nada ha tenido,
del que sueña con tener,
lo que tú le has prometido.

Leopoldo Peña del Bosque

Apacible, al fin cadáver,
de frente, tumbada y fría,
—Era anzuelo descarnado—

¡Ni postrero adiós me dejó!,
—Se le apagaba la vida—,
Alzo su vuelo a la nada.

Sus íntimas, quietas musitan
—Como un llover de guijarros—
el rosario de sus reproches.

Y ni el compás ni la rosa,
rinden cuenta de su deriva,
—El mar se amargó por ello—

Ahora pesco nubarrones,
—Aguaceros que no contengo—
¡Inundado en su presencia!

Y como un callao quedé
a la orilla del camino.
—¡Sin su amor, y sin su trino!—

Leopoldo Peña del Bosque

A tus pies se adosaron
otros pies como los tuyos,
andares cansados se urgían,
una tregua en sus milicias.

Oídos sordos  juntaban,
cuatro orejas sin caletre.
de una cabeza a la otra,
eran dos a voz en gritos.

Y pasaron días sandios,
junto a sus noches memas,
y los gritos no acallaban,
con el sonar de los ecos.

No interesaba encender,
la industria de la sesera,
ni movilizar  corrientes,
que procuraran razones.

Después a tus ojos pillaron,
otro par igual de necios,
con mirada desconvenida,
pero esta vez eran mudos.

Peña / Godoy

Desoye el Guadalquivir inquieto, los belicosos gritos de sus habitualesnecios,
Intenta precaverse en vano de quienes turban la paz de sus marismas.

Bien sabe el imponente río que los garbosos graznidos queescucha entonar en sus esteros,
Son salmos más piadosos que las vergonzantes quimeras de susverdugos.

Y si acaso advierten estos necios cazadores, que fortines en inviernolos gallardos gansos delimitan,
Sobrecogidos descubrirán que son para procrear y no paraaprestad combate.

¡Ay Patria mía de los brezos, de las hierbas, y de losverdes musgos!
Libera a tus hermosos ánsares de los embates de las mentes hueras

Resguarda celosa en la paz del Guadalquivir… el nidal de tus amores;
¡El de los castaños críos, de dorso gris barrado!

Leopoldo Peña del Bosque

Azarosa mi suerte
me sostiene aún en esta brega con la vida,

Despojado de un bagaje
Que me tornaba ayer en  invencible…

Sí —

Tu soberbio andar, tu gracia,
tu amor precario,

—Luz titilante de mi vida —

¡Tu que me hiciste sentir como rey un día!
—Ofréndame tan solo el privilegio de un suspiro—

Para sentir orgulloso,
en el gimo de mi nostalgia,

Que alguna vez, estuviste de mí
Profundamente… ¡Enamorada!

Leopoldo Peña del Bosque

Vuelan mis pájaros de barro,
Para escuchar el trino del zorzal andino,

Parten airosos al sur hasta el acierto de Magallanes
Ahí donde los mares se funden en uno mismo y fondo.

A rezarle a la Virgen de Las Pampas,
A buscar a la Reina de las Rosas,
A mi amiga, María Rosa.

A esa delicada argentería de letras hechas poema,
Diáfana y llana como floración de argentina.

Remembranza viva de: Quechuas, Guaraníes y Araucanos idos,
Sentimiento impertérrito de las nobles raíces de lanacionalidad argentina.

Y siendo su nombre, cantata sonora
Riman los versos del ave canora.

Y le rezo a la Virgen Andina, a la Rosa Divina,
A la grandeza inmutable del sueño Bolivariano,

Para abstraerme en sus rimas, para saciarme de prosa,
Como si fuese mi amiga, como si fuese mi hermana.

Y retornan felices mis pájaros de barro,
Tras escuchar el trino del zorzal andino.

Leopoldo Peña del Bosque

Inmóvil por un suspiro, por tu memoria,
Recuerdo aquella tarde bajo elcerezo,
En que dulce me decías que meamabas,
Y me amabas muy dichosa,dedicada.

Y la alondra y el gorrión sueñanjuntos,
Gorjeando risas de amor, callandopenas
Y aunque lánguida mis ojos ya tevean,
Radiante luna, seguirásresplandeciente.

Seguiré con ganas de verte a mi vera,
Aunque el reuma del tiempo marchitare
y mi piel ajada con iniquidad destroce,
Y Aunque nuestros cuerpos sin calor quedaren…

Cárdeno nuestro amor se torne eterno…

Leopoldo Peña del Bosque

Alguien me preguntaba con pertinaz ignorancia un día: ¿Yqué es un pedo?… ¿Y qué es un pedo?,

Y yo al instante presuroso conteste muy quedo: Pues un pedo es un pedo,es: Gloriosa manifestación de la democracia alcanzada por unahumanidad liberada de atávicos y absurdos preceptos respecto albuen obrar del organismo.

Un cuerpo de aire con corazón garboso, expresióngenuina de lo que sucede dentro,
Un alma en pena o chocarrería palmaria de los desatinos del anoy de la sobrada potestad de su nombradía, que incluso a veces,y en exceso de su imperio, le hace salir premiadocomo si fuere un billete de lotería, o acaso un desmayadosuspiro como esos inesperados que acaecen en el trance de muerte dealgún agónico parto cuando el niño vieneatravesado.

Si no se es cuidadoso con el petulante esfínter, este detona sinprevio aviso, como explosivo, por lo que tiene bien ganado sucarácter de: “Potencia ostensible”, “Señorío sindueño”, “Portavoz del tripero” o “Useñoría sonorade los aspavientos del ano”; “Viento del diablo hacia el fin detérminos” le definió con precisión Quevedo,quien fue para la humanidad el primer estudioso dello.

Asiduamente y con donosura de reyes, se pronuncia como la solturaincontinente de un aire húmedo y candente que deslizaentre cualesquier par de nalgas; Con mucha fuerza, con grandeprisa, tanta que a veces hasta causa risa por su intrépidaimprudencia. Al sazón es una especie de miasma pútrido yperverso que errando en el aire cual si fuere peste, nos advirtiese deinmediato la presencia de algo muerto; Y es que por donde pasasin licenciarse, va fumigando de impuro olor, la carcoma de lacarroña putrefacta contenida en el tripero, más enindividuos estreñidos, triperos envarados de varios días,o estómagos empachados o simplemente… retacados.

Según la ciencia médica, y los doctos estudiosos dello,el pedo es vida, vibrar de laúd del tripero con alborozadoaleteo de nalgas; Empero, decir pedo y olor a muerte es misma cosa enestreñidos, quienes acusan mareo y náuseas enoliéndose los propios, en una especie de conspicuaeutanasia que rebasa los ordenamientos religiosos y legales existentes,porque pareciera que atenta contra su vida misma al insuflar tanvenenosos olores.

Y tienen mucho de divertido, como los niños mal educados,ésos broncos cimarrones que no respetan ni tiempo niespacio. Y es por lo rumboso y lo oloroso, que es preludioforzoso de inconsecuentes mojones, que por aviesos,empujan el aire nefando enclaustrado en el cuerpo rebosante conpresión incontenible, impeliéndole a salirdel organismo para no seguirle emponzoñando, en unaespecie de “Natura.rechazum est”no siéndolo, obedeciendo elhecho a una limpieza general del organismo.

Quieran los Dioses que nunca te sometan al suplicio de traer atravesadoun pedo en medio de dos mojones, porque en conteniéndotetantito, el primero dellos saldrá a modo de tapónde sidra con grande estruendo y mayor tronío, y si pordesgracia anduvieres suelto, observarás que la presióntorna aquello en llovizna florida de bazofias y embijaderode aquel pobre retrete que quedará hecho un asco.

Es por arcano florilegio, algarabía rumbosa, verso alejandrino,desenfreno licencioso, liberación golosa de nauseabundos gasesque irrumpen en tropel como rebuznos al rayar el alba, al mediodía, al crepúsculo tardío, o en cualquier momentodel día, como si el largo día le pareciere breveintersticio para insuflarnos de su música y aromas.

¡Oh mi Señor!, ¿que es este ruido canoro quea veces surge con arrepentida desgana, o por el regodeo inconfesable deprofesarnos en plenitud de funciones?; Y si bien heroico y detronío bravío, resulta por demás confortativo porlo ardoroso, siendo verdad evidente que se los tira así,en forma cotidiana casi toda la gente.

En esta suerte de altanera gana, nadie de su obrar escapa, porqueincluso es cosa sacra y ni a los confesos releva. Los hay deconnotación diversa, cultos por paseados, o ignorantes porboquiflojos, así también les reconoceréis adultosquejosos por lo destemplado, como atronadoramente descarados porfacinerosos, otros más humildes por descalzos y máspropios de mujeres, acusan de la ausencia de cacofonía, aunqueno les libera por mansos de plétora de pútridos olores.

Y los hay gordos y flacos, según el grosor de los tacos, y sibien les escuchares gemir afligidos por huérfanoscomo precarios, también los oirás ruiseñoresy de gregoriano jolgorio. Todo depende del bastardo esfuerzo queaplicare el descolado para retraer o distanciar las nalgas, ¿oacaso será solamente una prolija cantata fortuita de losazares del ano?

Otros maravilla serán siempre por doctos y refinados, tanpropios como notoriamente educados, pues se los tiran losLicenciados; Estos por siniestros, tienen algo de perversos, quesi los resistieres remiso en el banquillo de la paciencia y sin amparojudicial en mano, te cargan seguramente al pozo, porque es demencial eloponerse al arbitrio manifiesto de una natura en reclamo.

Si un mal día de Dios, un pedo tocare a tu puerta; No leantepongas madero, déjala abierta; Deja ahí que entrelisonjas resople, que torne, que revolotee y oscile; A ver si haycabrón que le respire.

Leopoldo Peña del Bosque

Tanta necedad hay en la tierra,
¡Que Dios esta asustado!
Pensando en reingeniería
para ésta plétora de males.

Y le resulta más propio,
dispensarse la desgana,
y olvidarse de nosotros
para crear  algo distinto.

Más desgracias siderales
hasta hoy no se avizoran,
padeciendo éstos por necios
las que ellos mismos crearon.

Y los pocos que perduren,
volverán a las cavernas,
para  ojear los muy soberbios
El Tao Te King que desdeñaron.

Leopoldo Peña del Bosque