La lucidez, ajena,
En deshora desgarró
Mi frágil pensamiento,
Cuando éste
Recién emprendía
Su pávido revoloteo.
Por mi ardor henchido,
Por el sudor de mi alma;
Por la sangre de mi sangre;
O, asustado
Por el sensato verso
Ya próximo…
Súbita mi dignidad,
Se negó a escribir.
Yo, quedé sentado
Sonriéndole
Al ocaso.

León Dalú
18/12/2004

Apagados los extractos
De mi sátiro intento,
Escuché el canturreo
De mis gruesos labios,
Que alinearon ecos
Con los caracoles de mar;
Juntos ya,  al unísono
Increpaban mis ideas
Al decir: ¡Calla!

León Dalú
18/12/2004

Me abruma
Una tuerta palabra,
Unos enfermizos lazos,
Una lastima
Sin comprensión,
Una comprensión
Con lastima,
Una reprimenda
De la cual no exista
Causa.
O, quizá más,
Una causa injusta
De un  injusto
Reproche.

León Dalú
19/12/2004

No descifrará el tiempo,
Cuándo o si he de morir,
No relatará con su boca
Mis dolencias,
No cortará de mis ojos
Sus ambarinos trigales,
No hurtará su frío
De mi piel,
Ni el afable retoño
De mi supremo esfuerzo.
El tiempo
Podría permanecer allí,
Oculto, desvergonzado,
Casi sin darse cuenta,
Que es en sí,
Tan descifrable en el espacio
Por sus circunstancias;
Como indescifrable
Su rostro, en cada línea,
En cada esbozo,
En cada fonema;
Cuando escribo
Sin retazo mis
Mofados versos.

León Dalú
19/12/2004

Dejo atrás, el amuleto
Tuerto y los pañuelos
Húmedos, sí,
Junto a la taza de café
Apenas tibia.
El cajón repleto
Con mis opacas frases,
Y la escaramuza escasa
De mis lívidos recuerdos.
Dejó atrás, la bragueta,
El colirio, el simposio
Andrajoso, y la mesa
Que truena al escupir
Los incompresibles retoños
De algún cuento.
Dejo atrás, los abetos
Sosegados, los placidos
Juncos mañaneros,
En llano un
Destino ensanchado,
Por la  consecuencia
Paradójica de no
Saberse cierto.

León Dalú
19/11/2004

Ardilla de la montaña,
No existen ramas verdes en los árboles,
Ni gruesos troncos secos dormidos,
Ni los musgos aterciopelados,
En la humedad mágica de la cañada.
Recuerdo que rondabas nuestros techos,
Sí, los de tejas rojas, pisoteando hojas,
O, cuando subías apresurada,
Por el tronco del árbol de guayaba,
Ardilla de nuestras montañas,
Colgabas saltabas con premura,
Mientras bajo de tu árbol preferido,
Escuchábamos como el arroyo
Mecía su risa, junto a nosotros.
Eran aquellos tiempos,
Eran aquellas épocas,
Cuando tú, yo y el arroyo,
Juramos, jamás separarnos?
Adulto me convenzo,
Del arroyo seco con sus piedras,
Y que tu mi ardilla inquieta,
Habrás partido, recordando
Al chigüín que seguía tus saltos.
Aquí parado estoy recordando,
Una lágrima por los tres,
Un elixir de vida?
Porque tuvimos la oportunidad
De conocernos.

León Dalú

Cuando sea grande, seré:
Un político revolucionario,
Un irreverente obispo,
Un antagónico plenario.
Cuando crezca el crepúsculo,
Obtendré la guía oscura,
El menosprecio anacrónico,
El anacrónico que jura.
No me estremeceré
Ante la golpiza verbal,
Ahí donde la góndola escupe:
Su sabor a sal lúgubre.
Su saliva, veneno de cumbres.
Cuando sea grande,
Mi cerebro esparcido,
Locos venerarán,
Sabrán que la discrepancia
E ignorancia,
Van de la mano sin pecar.
Seré el piloto que vuele sin alas;
La pirámide sin sus lozas
O la ofrenda marginada,
Seré ceguera, blanca sombra.
Pero seré el sonámbulo,
El despiadado despertar,
El retrato bárbaro olvidado,
Bastón de un viejo refrán.

León Dalú