LA AGONÍA DE MI RAZA

A Nicolás Guillén

Porque fuimos hechos de arena trasnochada
sin el sueño grande de furia dominante,
la luz del horizonte fallece en el presente,
en este lugar bello de raras invenciones,
de atmósfera verbal, trivial, general, pasiva.
Sus habitantes lentos perdieron sus raíces,
aspiración perenne  de blancos sin frontera.
De los pasados sueños
quedan en el rostro ya solo cicatrices:
la huella de la estirpe es hoy solo una sombra;
el hombre ya no escucha la voz profunda
de este suelo forjado por el fuego.
El sonido ancestral fue trasmutado
cortando el paso mineral,
la línea de los signos y los ritos
y hoy somos otros:
somos dos bajo una piel extraña.
El sueño ha sido profanado, traicionado,
¡perdido en el orden sustituto
del orden indescifrable de las cosas!
El silencio de las piedras presagia un rumbo errado.
El hombre se levanta sin sol y sin estrellas
y ciego, con su piel más clara a cada día,
en el misterio vital sucumbe sin respuesta.
La huella se tuerce y se retuerce en el camino:
sin la voz, sin la luz, sin la armonía, sin la paz…
¡Los engañados!,
ya nunca alcanzarán  EL SUEÑO…
porque así fue dispuesto
desde el comienzo de todas las cosas.

Abel Salazar V.
Costa Rica

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