Homenaje a Rosalía de Castro

Se fue en el viento,
volvió en el aire.

Le abrí en mi casa
la puerta grande.

Se fue en el viento.
Quedé anhelante.

Se fue en el viento,
volvió en el aire.

Me llevó adonde
no había nadie.

Se fue en el viento,
quedó en mi sangre.

Volvió en el aire.

José Ángel Valente

FORMÓ
de tierra y de saliva un hueco, el único
que pudo al cabo contener la luz.

                                                            (Materia)

José Ángel Valente

Por encima del agua helada
el patito se resbalaba.

Por encima del agua dura,
el patito de la laguna.

Por encima del agua fría,
el patito silba que silba.

Silba que silba se resbalaba
y en vez de llorar silbaba.

José Ángel Valente

Singbarer rest

PAUL CELAN

QUEDAR
en lo que queda
después del fuego,
residuo, sola
raíz de lo cantable.

                                   (Fénix)

José Ángel Valente

Empuja el corazón,
quiébralo, ciégalo,
hasta que nazca en él
el poderoso vacío
de lo que nunca podrás nombrar.
Sé, al menos,
su inminencia
y quebrantado hueso
de su proximidad.
Que se haga noche. (Piedra,
nocturna piedra sola.)
Alza entonces la súplica:
que la palabra sea sólo verdad.

José Ángel Valente

A usted le doy una flor,
si me permite,
un gato y un micrófono,
un destornillador totalmente en desuso,
una ventana alegre.
Agítelos.
Haga un poema
o cualquier otra cosa.
Léasela al vecino.
Arrójela feliz al sumidero.
Y buenos días,
no vuelva nunca más, salude
a cuantos aún recuerden
que nos vamos pudriendo de impotencia.

José Ángel Valente

El sur como una larga,
lenta demolición.

El naufragio solar de las cornisas
bajo la putrefacta sombra del jazmín.

Rigor oscuro de la luz.

Se desmorona el aire desde el aire
que disuelve la piedra en polvo al fin.

Sombra de quién, preguntas,
en las callejas húmedas de sal.

No hay nadie.

La noche guarda ciegas,
apagadas ruinas, mohos
de sumergida luz lunar.
                                              La noche.
El sur.

José Ángel Valente

Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir.
No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol, no muere.
Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día.
y he creído,
soy capaz de morir.

José Ángel Valente

      Ventana

La ventana
con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
las pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.

José Ángel Valente

Entró y se inclinó hasta besarla porque de ellarecibía la fuerza.

                        (La mujer lo miraba sin respuesta)

Había un espejo humedecido que imitaba la vida vagamente. Seapretó la corbata, el corazón, sorbió uncafé desvanecido y turbio,explicó sus proyectos parahoy,sus sueños para ayer y sus deseos para nunca jamás

                        (Ella lo contemplaba silenciosa)

Habló de nuevo. Recordó la lucha de tantos días yel amor pasado. La vida es algo inesperado, dijo. (Másfrágiles que nunca las palabras.)

Al fin calló con el silencio de ella,se acercó hasta suslabios y lloró simplemente sobre aquellos labios ya para siempresi respuesta.

José Ángel Valente