Ahora tengo libertad
mas no la paz que buscaba;
¿o ella fue mi libertad
y fuera de ella no hay nada?
¿o un concepto tan abstracto
su cuerpo lo reencarnaba?.
Esta pregunta corroe
y a todo mi ser maltrata;
una pregunta que agrisa
el color de mi esperanza;
pues si fui feliz con ella
y sin ella no soy nada
¿dónde está la libertad
y dónde mi problema acaba?
¿libre sin ella sufriendo
o atado a ella y en calma?
¡Solo dios tiene respuestas!,
cada cual debe encontrarlas
y solo a él le valdrán;
pues verdad contrastada
que cada cual está en la vida
de forma diferenciada.

Javier Ponce y Mora

¿Por qué la Mujer es cielo?
¿por qué la Mujer es mar?
¿por qué es puro sentimiento?
¿por qué nos invita a amar?

El viento, que es tan eterno,
tan profundo y tan fugaz,
contesta con un susurro,
con su voz tan ancestral
que la obra de todo un Dios
debe de ser ¡celestial!

Que esa esencia tan divina
que se llega a detectar,
está impresa en la conciencia
del que siente esta verdad:
lo simple que es lo divino,
lo eterno que es lo mortal
está inmerso en la Mujer
como la esencia vivaz
que emana de todo un cielo,
y que se puede alcanzar
si le damos paso al alma
y olvidamos lo mortal.

Javier Ponce y Mora

Harto ya de los vacíos
que producen descampados
en el cuerpo y en el alma
y en otros profundos lados,
¡quise romper las cadenas
que me hicieron desdichado,
y salí corriendo, lejos,
sin llegar a ningún lado.
Al final de la carrera
y el esfuerzo realizado
llegué al punto de partida
dolorido y extenuado.
Lloraba y me retorcía
preguntando a lo más Alto
por qué me daba castigo
para nada necesario.
Fue el silencio quien me dijo
que por mas quiera intenrlo,
o acepto mi realidad
y la vida que me ha dado,
¡o volveré, a su final,
para de nuevo intentarlo!

Javier Ponce y Mora

Los caminos de tu cuerpo,
mágicos y embelesados,
son los caminos del cielo
por los ángeles cuidados.

Caminos del amor inmenso
para el sentimiento humano;
sendas para los sentidos,
para la vista y el tacto,
para el gusto y el oído
y también para el olfato;
llevan por todo tu cuerpo,
de tono aterciopelado,
¡hasta los últimos rincones!,
hasta los más ocultados,
sin sentir ningún temor
sin sentir ningún reparo.

El milagro de tu cuerpo
obra este hermoso milagro,
por más veces que recorra
estos caminos sagrados,
¡siempre reaparecen nuevos
cuando vuelvo a comenzarlos!

Javier Ponce y Mora

La tarde que apaga el Sol
en su caida del cielo,
marca todo el explendor
que rebosa de tu cuerpo;
maravilla es a la luz,
a contraluz ¡inmenso!.

Los matices del color
son el mejor complemento
de tu piel inmaculada
y su tono tan incierto.

Es blanca a la luz del Sol,
más oscura en el momento
que el atardecer apaga;
cuando se oscurece el cielo,
es la Luna quien la baña
en color del universo.

Eres Venus que se ensalza
para alimentar mis sueños,
eres la esencia erótica
que está llamando a mi cuerpo
con el canto del amor
y la excitación del sexo.

Javier Ponce y Mora

Yacen los cuerpos unidos
en su momento más álgido,
y comienza entre nosotros
ese rito tan pagano
que va al éxtasis divino
desde el placer más humano,
camino de tierra al cielo
en ascenso sublimado.

Y suspiro, y sudo, y siento,
y el mundo se queda a un lado
cuando tocamos lo eterno
con la albura de las manos.

Y crece la intensidad
que va subiendo de grado
hasta hacerse inaguantable
y acabar en el orgasmo.
¡cuantas veces he creido
que al cielo me dabas paso!

Cuando la lucha se acaba,
cuando todo ha terminado,
¡le doy las gracias a Dios
porque sigues a mi lado!

Javier Ponce y Mora