Palidece mi alma
ante el reflejo de una
verdad oculta,
y que al fin intuyo con
temblorosa claridad.

No puedo volver a echar
la vista a un lado,
lo siento
en la ardorosa presión de mis ojos,
en la sequedad de mi boca,
en la inquietud de mis entrañas.

Siento que despierto
con gran vértigo
tras este sueño
de poetas ciegos
y mudos.

Me despierto, solo,
entre sábanas alborotadas,
empapadas en sudor y lágrimas.

El siguiente paso es tuyo.
Si no, mío.

F. Javier Gil Segura

No puedo rajar
la bóveda que nos
cubre
al paso
de las estaciones.

Ni por ti,
ni por mí.

Puedo crear
vías
y contigo
instantes
perpetuos.

Enraizado
en un cenagal,
beso con mis pestañas
tu ombligo,
tornándolo
bello prado.

Veo en tus ojos
el candor de
la niñez,
la madurez
que muchos se
suponen,
la alegría
de vivir.

Compartimos
el cálido abrazo
de la complicidad.

Y con la mejilla
en el raso,
tu mirada y la mía
enfrentadas
claman amor.
Asumiendo
nuestro papel,
unidos
en nuestra causa,
Al amparo de la bóveda.

F. Javier Gil Segura

Estamos tan cansados
que nos rebelamos,
nos rebelamos contra
nosotros mismos.

Nos ponemos a prueba, arañando
las aceras,
rozando el limite
de las drogas,
de las carcajadas con amigos.

Tensamos situaciones,
y esperamos a ver si alguien
da el paso,
si alguien nos parte la cara.

Pagamos por experiencias,
pagamos por saborear lo desconocido,
y por abrazar nuestros temores,
a solas,
y darles un motivo para que se calmen.

Que se esfumen.
Llevamos nuestro sistema de vida
al límite, para reírnos de él,
para después,
cuando volvamos a casa,
y la oscuridad irrumpa en nuestra habitación,
dejar caer un par de lágrimas en la almohada
que nunca nos falta.

F. Javier Gil Segura

Llevo marcado
en el rostro
los mil atardeceres
de miedo,
y cavilaciones
de amor
y conquistas.

Ríos rosas
surcan el cielo
de golondrinas
pendientes,
de mis sueños
sustento.

Llevo marcada
la furia
desatada en mis
nudillos,
desnudos
a la espera
del más opulento
cetro,
o de la espada
con la que tomarlo.

Llevo marcado
en mi mente
que el sufrimiento
es el camino
del éxito,
y por ello sangro,
sangro sin motivo,
sangro
palabras vacías,
en vano.

Débil,
indefenso,
a la espera
de mi cetro.

F. Javier Gil Segura

nunca olvida
las caricias
obviadas.

El lienzo habla
y busca que le hablen.

Busca tu risa,
o
encuentra tu lágrima.
Da un beso,
para devolverte la sonrisa.
Y así
él ríe.

El lienzo no teme.
No se arruga por miedo
a rasgarse en un abrazo.
No tiembla
por ensuciarse,
ni por que lo secuestren.

Ya está sucio
y
empapado
y
olvidado.

Está gastado.

Ahora puedes plasmar
en él,
por las dos caras,
tu imagen de lo bello.

F. Javier Gil Segura

A la sombra del
sauce
pasaban las horas.
Creaba mi mundo
seleccionando
héroes
y villanos,
aniquilándolos
a mi antojo.
Era el rey.

Mas allá de discernir
entre el bien
y el mal,
hacía,
probando
y lamentando,
arropado por el manto
de la inconsciencia.
Riendo
y deseando.

El tiempo
se sucedía calmo.

Todo eran abrazos
protectores
y
manos amigas.

Observaba la diminuta
vida del jardín.
Aprendía
y decidía caprichoso sobre
ésta.
Era Dios.

Y ahora,
la leve experiencia
de veintiún años
cristaliza
poniendo en duda
todo orden
y jerarquía.

F. Javier Gil Segura

un pasado
pantanoso,

oda
a un presente
aberrante,

a un futuro,
que ya no es lo que era.

Oda a
todos esos poemas no escritos,
pues tenían
más sentido en
mi cabeza
que en el papel.

Oda
a todas esas mujeres
anónimas
historias de amor que no tuvieron un comienzo,
historias de amor
que así,
nunca tendrán final.

No encontraré un asidero,
me dejaré arrastrar por la resaca
de este
mar de güisqui,
hacia lo profundo.

F. Javier Gil Segura

En el momento
no lo piensas.
Actúas, caminas,
saltas,
saludas,
evitas su mirada,
o la retas.
Si caes,
vuelves a erguirte,
confuso,
y retomas la andadura.
caminas día tras
noche, y de nuevo,
otro día.
Nunca lo piensas,
caminas.

Anduve sin cesar,
tan lejos
como solo un hombre
sin meta
puede llegar.

El miedo moría
asfixiado
en la holgada almohada
que me solía abrazar.

Caes.
vuelves a erguirte,
confuso,
desorientado,
aterrado,
hasta que tienes el valor
de parar.

Y miras atrás.
Deshaces el camino
por llegar dónde quieres,
por llegar,
aun sin confiar
en volver a encontrar
la mirada que eludiste.

Hoy tengo,
tras miel y menta,
chocolate.

Y en esta mirada,
la plácida imagen de mí
sonriente,
con la seguridad
de quien soy.
Y por como eres,
la comprensiva certeza,
de conocerte.

F. Javier Gil Segura

Vuelvo a casa
tras unos días
fuera.

Bajo a por tabaco,
y al salir
de la cafetería
observo,
con un cigarrillo
reposando entre
los labios,
que los colores
del restaurante contiguo
y los de mi propia
casa,
se me antojan
distintos.

Al tiempo voy
a despedirme
de mi preciosa
novia,
con zapatos
y con la camisa por dentro,
azotado
por el calor de julio,
la beso,
—Te quiero—
dice.

Vuelvo a mi casa
con dos sonrisas.

Pasan las horas,
y me veo en el
balcón
prendiendo un
enésimo cigarro,
en calzoncillos
exhalo el humo,
y veo
en el edificio de
en frente
un hombre
también en
calzones,
mirando a
la gente pasar,
el sol acostarse,
el calor cesar.

Todos los gatos
en sus balcones
y en calzones.

F. Javier Gil Segura

A veces te quiere,
a veces te ignora.

A veces la quieres,
a veces la odias.

Un día tienes amigos,
y a la hora, desconocidos.

Un día te intenta besar un marica,
y otro, te parte la cara un moderno.

A veces me quiero,
casi siempre
me odio.

Es el caos diario
tirando de mí,
de un lado y del opuesto,
tratando de ganarse mi favor.
Dos fuerzas
contrarias, que solo así
pueden existir.
Dos fuerzas,
como la vida y la muerte.
Muerte,
que tan próxima
estos días siento…

F. Javier Gil Segura