Adiós, Manuel.
Adiós al avión con turbulencias,
adiós acompañante del paje real,
a las tardes de verano de casa
al campo de golf,
y del campo de golf, a la gasolinera.
Fuiste un padre cuando no tuve otro.

Adiós a las visitas en la ciudad condal,
adiós a intentar sacarte regalos,
a finales de tenis, anónimas,
que de tu titubeante mano
tenían gracia.
Adiós a interminables y tortuosas
deambulaciones al mar.

Cómo temblabas
maldito.
Cuánto maldecías
incluso a tu propia sombra.
En especial
a tu propia sombra.
Que admirable humor…
Para todos habrás sido un chulo
pero conmigo has sido lo mejor
que podías ser,
lo mejor que han sido.

Adiós abuelo.
Prometo un trago,
a tu salud.

F. Javier Gil Segura

Vamos a crear y prender
el campo de los desidios.

Vamos a ver en el humo
las formas que creímos imposibles,
imperceptibles
inhalemos el aroma de la verdad.

Saltemos como águilas
sobre la cabeza de tu mentira.
Yo te creo,
y creímos ser invencibles,
nunca
llegaremos a serlo.

Así veremos el amanecer de un orden
superior al concepto,
que nuestro corazón guarda
desde ese primer aliento.
La idea, de que tú más yo
lo somos todo,
de que tú más yo
nunca
nos perderemos del todo.

F. Javier Gil Segura

Clama al cielo
por un cigarrillo.
Una bocanada de muerte
a largo plazo.

Sus manos,
ensangrentadas tras
una larga noche
de contienda físico-emocional,
protegen sus magullados pies
del contacto con el suelo
impasible.

Ladran las sombras a
oídos delicados,
y estos lloran
gestos de desesperanza.

Hoy,
el amanecer trae de vuelta
gastadas sensaciones,
y nuevas formas de sentir
que el nuevo día
amanece puro.

Sin embargo,
la pulcritud cristalizada
es frágil y perecedera,
y creo poder oír
el rumor del río
viniendo hacia mí,
deseoso de arrastrarme
a las aguas más turbias
y viciadas
de mi mente.

F. Javier Gil Segura

No puedo rajar
la bóveda que nos
cubre
al paso
de las estaciones.

Ni por ti,
ni por mí.

Puedo crear
vías
y contigo
instantes
perpetuos.

Enraizado
en un cenagal,
beso con mis pestañas
tu ombligo,
tornándolo
bello prado.

Veo en tus ojos
el candor de
la niñez,
la madurez
que muchos se
suponen,
la alegría
de vivir.

Compartimos
el cálido abrazo
de la complicidad.

Y con la mejilla
en el raso,
tu mirada y la mía
enfrentadas
claman amor.
Asumiendo
nuestro papel,
unidos
en nuestra causa,
Al amparo de la bóveda.

F. Javier Gil Segura

Saltamos a través del espejo
para luchar
con escudo y espada
contra lo que somos
y lo que no.
Contra lo que fuimos
y no seremos.

Es la incesable lucha
contra los demonios
de nuestro corazón.

Es la guerra
por lo que ansiamos ser.
La cruzada
más sangrienta y noble,
que nos consolidará
como dignos regentes
de nuestras vidas.

F. Javier Gil Segura

Llevo marcado
en el rostro
los mil atardeceres
de miedo,
y cavilaciones
de amor
y conquistas.

Ríos rosas
surcan el cielo
de golondrinas
pendientes,
de mis sueños
sustento.

Llevo marcada
la furia
desatada en mis
nudillos,
desnudos
a la espera
del más opulento
cetro,
o de la espada
con la que tomarlo.

Llevo marcado
en mi mente
que el sufrimiento
es el camino
del éxito,
y por ello sangro,
sangro sin motivo,
sangro
palabras vacías,
en vano.

Débil,
indefenso,
a la espera
de mi cetro.

F. Javier Gil Segura

Atascado entre dos segundos,
entre el tic y el tac,
me encuentro paralizado
en el preciso instante
en que tus ojos
expectantes
vieron dentro de mí.

No sé quién,
pero dudo que yo,
fuese capaz entonces
de burlar el
dolor de ayer o
el miedo
de ningún mañana,
por besar tu mirada
con la inocencia de una sonrisa,
que hace tiempo
creí enterrada.

F. Javier Gil Segura

A la sombra del
sauce
pasaban las horas.
Creaba mi mundo
seleccionando
héroes
y villanos,
aniquilándolos
a mi antojo.
Era el rey.

Mas allá de discernir
entre el bien
y el mal,
hacía,
probando
y lamentando,
arropado por el manto
de la inconsciencia.
Riendo
y deseando.

El tiempo
se sucedía calmo.

Todo eran abrazos
protectores
y
manos amigas.

Observaba la diminuta
vida del jardín.
Aprendía
y decidía caprichoso sobre
ésta.
Era Dios.

Y ahora,
la leve experiencia
de veintiún años
cristaliza
poniendo en duda
todo orden
y jerarquía.

F. Javier Gil Segura

Donde la desesperanza abre camino
eres el muro.

Donde calla la inspiración
encuentro en mis recuerdos una vía.

Donde el futuro comienza a temblar,
crujir y tronar,
tres palabras bastan
para estabilizar mi hoy,
nuestro, distante, cercano.

Me siento un extraño
andando vacilante,
a caballo entre lo que fue y será,
y lo que cada día palpo.

Lamento decir
que el sueño de tu aroma
está más presente, que la grava desvencijada
que piso
y trata de extasiarme.
Es por eso que nadie entiende que no pare,
que no frene,
que no busque cesación,
ni un arroyo en el camino…

Y es que no saben,
que nuestro secreto está más próximo
a cada zancada que damos,
y que lo espero a cada instante,
lo espero
con intenso silencio
y mirada atenta.

Lo que construyo es mío,
pero sobretodo tuyo.

Así también digo,
que solo exhalaré mi aliento
en el calor de nuestro encuentro,
cuando sienta el regocijo
de tu plena sonrisa,
que ilumina y estremece
las cavernas de mi encierro.

F. Javier Gil Segura

Vuelvo a casa
tras unos días
fuera.

Bajo a por tabaco,
y al salir
de la cafetería
observo,
con un cigarrillo
reposando entre
los labios,
que los colores
del restaurante contiguo
y los de mi propia
casa,
se me antojan
distintos.

Al tiempo voy
a despedirme
de mi preciosa
novia,
con zapatos
y con la camisa por dentro,
azotado
por el calor de julio,
la beso,
—Te quiero—
dice.

Vuelvo a mi casa
con dos sonrisas.

Pasan las horas,
y me veo en el
balcón
prendiendo un
enésimo cigarro,
en calzoncillos
exhalo el humo,
y veo
en el edificio de
en frente
un hombre
también en
calzones,
mirando a
la gente pasar,
el sol acostarse,
el calor cesar.

Todos los gatos
en sus balcones
y en calzones.

F. Javier Gil Segura