…Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor llegue.
Tu amor es un barco de espuma,
el mío es corriente de un río.
Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor duela.

Eres un barco de velas,
el mío es barco de escamas.
En cada escama un amor,
en cada escama un recuerdo.

Somos dos pétalos de lluvia
viajando a lo desconocido
del corazón sin verte.

Tu amor me duele, Mi amor,
me duele tanto verte.
¿Qué no sé si despertarme en aguacero
o en lluvia renacida de la muerte?

Resérvate mis besos, mi piel, mi alma,
sólo sé que te amo y este amor duele.

 Me dueles tanto mi amor,
como los pájaros en blanco de la nada.
Eres mi sol del mundo,
mi tierna precipitación de un sueño.

Jamás te soñé perdiéndote en la nada,
ahora sé que eres escama,
viento en el mar, de un recuerdo.

Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor llegue.
Serás mi canción desterrada del alma.
¡En cada aguacero me estarás poseyendo,
en cada primavera te estaré congelando!

Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor llegue.
No me busques en las páginas
en blanco de tu vida.
Hazte a la mar, de la vista larga,
y olvida a este corazón que te ama.
Aunque en cada aguacero de tu vida
yo sea esa fría agua del mar
y tú me recuerdes…

Iván Segarra Báez

Me contó el rocío
que hoy tú serías mío.
Me dijeron las estrellas
que te buscara para amarte.
Me dijo la luna negra
que se desvistieron nuestros poros;
juntos para amarse.
Me dijo la luna blanca
que entre el eco y el río
yo nací para amarte.

Me contó el rocío
que tú no serías mío.
Me despertó la tristeza al verse
en la otra orilla del río…
me condenó tu mundo
cuando le conté
que yo nací para amarte.
¡Que se vayan todos al infierno,
tú serás para mí,
porque yo nací para amarte!

Iván Segarra Báez

To remenber
Reinaldo Arenas
Cuba
(1943-1990)

Reinaldo Arenas, templado corazón de melón.
¡Mándame el libro de las flores,
para volver a verte,
para volver a verte!

Este siglo de las luces se acerca fatal
y otra vez el mar, golpea fuerte
tu Celestino antes del alba.

El mundo alucinante, que escribiste
te seguirá esperando cuando vuelva a verte.
Morir en junio, Con la lengua afuera,
Será un milagro viril
de la humana verdad en ti derramada.

¡Reinaldo Arenas, alguien se acerca!
¿Será Fidel Castro, Trujillo o Batista?
¡No temas más, ya nadie podrá tocarte!

Con los ojos cerrados,
he visto,
el calor del verano,
que golpea afuera;
bello desnudo del alba,
precioso viento del mar asesinado
por un sistema castrista de la muerte viva.
Cuba, Guantánamo y La Habana
se mecen en el pozo del leprosodio cubano
mientras asesinado por el verdugo monarca castrista
Cuba es una niña asustada y violada.

Antes que anochezca
sobre las oscuras golondrinas
he divisado tu hermosura;
hermano de las luces, Reinaldo Arenas.

Con los ojos cerrados, de amor a vivo fuego
surgieron tus palabras de tierno maricón
de mundos olvidados, templados
y cansados principios amariconados.
Todos los polvos son para ti hermosos
polen sagrado de tierno dolor.

¡Inreverente texto descarnado,
fusil y aceite de locuras,
gitano abrumado de la luna,
paraíso, cordón umbilical,
pantomima del mar,
revolucionaria golondrina,
mariposa en tallo lunar,
pétalo marchito, arenal sin fondo,
coqueto paladín de la muerte,
bello mariscal templado de la ira,
alucinante bañista del tejado,
moribundo centinela siempre en fuga
que pareces un falo pintado por Dalí!

Dolor inmenso en tu corazón valiente
sentiste el dolor del leprosodio cubano;
ahora eres libre como la flor del malva.

No habrán soldados enloquecidos,
barricadas humanas ya cansadas,
ni castrismos enfurecidos,
ni tumbas comunistas,
ni alacranes malditos,
ni estalinistas,  ni lenistas,  ni nazistas,
para ocultar por más tiempo a la Literatura
tu hermoso cuerpo,
hermoso rey de este verano.

Reinaldo Arenas, destellos de luz
en la plegaria callada y sacra de la vida.
Moriste por un deber, por un valor,
por un bello principio amordazado
en el mismo semiciclo de la guerra.
¡Ojalá que tu alcoba
se llene de limones, de naranjas azules y redondas,
de tiernos compañeros que te den la vida
No-dolor, no la muerte,
como todos los humanos.

Reinaldo Arenas, antes que anochezca,
mándame el libro de las flores,
para volver a leerte,
para volver a leerte,
antes que llegue
este azaroso verano de la muerte.

Con fusil en mano
prenderé una vela
por tu alma, por tu costado,
por todo lo que te hicieron los humanos,
porque en el mundo se acabe la guerra
y porque mañana
en el mismo semiciclo
de la guerra cubana
en busca de su libertad
el bello nombre
de Reinaldo Arenas
brille soberano,
antes que anochezca.

Iván Segarra Báez

Borinquen… si supieras
en el destierro que vivo.
¡Qué amargura la mía,
mi último poema!
¡Oh, Revoloteada Paloma,
has de cortarme el alma
con tu recuerdo,
y ante toda mi desgracia,
tu refugio
me obsesiona el alma…!
¡Quisiera, quisiera bañarme
en tus ojos cristalinos;
y perderme en tus cabellos
verdes y profundos!
Sentir que eres mía
y perdernos en la quimera
De este loco amor.
¡Qué siente, que ama,
que quiere y no olvida;
tus besos de mariposa,
tu fragancia de velero,
tu corazón y el mío
fundidos en mi pecho!
Y lo que el tiempo
no borrará:
¡Tu amor y el mío!
¿Cómo?, ¿Cómo?,
¿Cómo poder decir?…
Un «Te quiero»
que no ve la luz del día
y en lo más profundo,
me devora el alma mía.
¡Borinquen, Borinquen, Borinquen,
un instinto, una razón,
un te quiero y un te amo,
para la Perla
que me ausenta el pensamiento
de este infortunio
llamado mundo!

Iván Segarra Báez

¡Mayombe, vivificante de América.
Frotrote, esencia de mi raza,
mulato soy, antillano.
América es un jardín danzante
y la grifa tierra conguera
renace de mil colores negros!

Semsemaya, Cuba y Puerto Rico.
Carabalí, Santo Domingo exprime.
Melaza negra, evoca Haití
y un fufú danzante destila Jamaica.

¡Mayombe, vivificante de América
crece, cruza, lanza,
sobre todos los puertos
de las tierras de América!

Iván Segarra Báez

¿Para qué quererte más?
Si nuestro amor es un desafío.
Pensar en amapolas
cuando el mundo yace escondido,
pensar en todo,
en todo lo que existe,
en todo, en todo ya no mío.

¿Para qué quererte más?
Si nuestro amor, ya se ha ido.
Pensar en belleza,
cuando la fealdad me deprime,
me elige, me envía a la cárcel
como néctar hoy marchito.

¿Para qué quererte más?
Si nuestro amor es un prisionero,
un prisionero que enamora el alma,
un prisionero apasionado entre luceros.

¿Para qué quererte más?
Si nuestro amor no se ama.
¿Para qué quererte más?
Si nuestro amor no se siente.
¿Para qué quererte más?
¿Para qué quererte más?
¿Para qué quererte más?
Si nuestro amor no es eterno.

Iván Segarra Báez

Cariño mío.
Y es que tu amor
se hizo
espejo de la noche.
Y dónde andarás
por mi cuerpo corrompido.
Y la noche pasará
amargamente sin ti.
Y la lluvia,
se revolcará
por mi existencia.
Cariño mío
y cuánto te amaré
sin pensar el tiempo.
Y es que este amor
será letal,
calcinante, río.
Y tú irás de prisa
llevándote mi abrigo,
mi ser, mi alma.
Y después de todo…
Cariño mío.
Me pregunto:
¿Qué será la vida sin ti,
mi amor, mi amante, mi abrigo?

Iván Segarra Báez

No me definas, abrázame,
haremos un poema nuevo
con tu nombre y mi cuerpo.

No sé si el tiempo de las edades
condene para siempre
el silencio de mi espíritu.
¡Qué no me destruya nadie
el milagro de amor de ser poeta!

No me definas, abrázame,
seremos dos capullos de amor
soñando en ser aves.

No sé si la bruma de la noche
me despierte la piel para amarte,
recuerda tan sólo mi equipaje,
que es tan libre como el viento,
como el viento inmortal
para amarte.

Iván Segarra Báez

Quiero olvidarme
de que te amo.
De que tu amor volará
con la pasión de la noche.

Quiero olvidarme
de sentirte
tan cerca, tan lejos.
Tus pasos caminándome
como dalias de cenizas
sobre mi desconsolado cuerpo.

Quiero olvidarme
de presentirte
tan lejos de mí,
y aún yo amarte.

Quiero olvidarme
de que existes.
Tu amor en mi boca
nos despierta la piel
para olvidarnos.
Quiero olvidarme
del olvido,
causado por el amor
de tus manos
sobre el lecho,
sobre el lecho dominante
de nuestros primeros besos.

Quiero olvidarme
de tu presencia.
Tu presencia nacida
nacida sobre mi cuerpo.

Quiero olvidarme
de que te amo,
de que existes,
de sentirte,

De presentirte,
de tu presencia,
de nuestro amor,
del olvido,
de tus pasos
y de tus manos
que tienen el pecado
de besarme la piel
sobre el lecho nacido
nacido sobre el tiempo,
sobre el tiempo de amarte.

Quiero olvidarme
de que te amo,
pero todavía no sé…
¿Cómo podré olvidarte?

Iván Segarra Báez

Como misterios ensortijados de vida,
un eco que se disuelve por el mundo,
un suspiro de polvo y arena,
una transmutación más allá
de todo tiempo corrompido.
Piensa la mente su misma gota de rocío,
un barco que siembra la esperanza renacida,
una paloma destapando calvarios
y misterios luminosos de vida trasnochada,
un evangelio extraviado por la luz.
Amor, seremos ecos que se derrumban,
palmeras sin control abortadas
de sentimientos en fuga.
¡Un adiós en grito de toda elevación!
Cuenta el cuentero que todo pasa,
pasará la luz en viento de ensueño.
¡Una dulce canción, melancolía!
Una vida futura y despoblada.
Atinados de pájaros en la piel del alma.
Una palabra que sonríe a otra palabra muda.
Una antología que conlleva el canto,
un poema, un verso, una palabra en eco de gracia,
deformándose dos aves en el mismo cielo.
Una mirada que otra mirada mira.
Un bien vengas tú, en mí, en ti, en nada.
Una noche anocheciendo otra noche amarga.
Iremos transplantando ilusiones,
confesando abismos, ecos en luz, sueños.
Todas las almas del mundo vivirán
en ti, en mí, en nada.
Somos el principio del hoy,
la loca gruta del mañana.
¡Nada se nos dará sino buscamos el amor.
Todo es concubinato de seres mágicos,
eternos, despoblados corazones y sonrisas.

Alzaremos el sueño, el salmo, la palabra viva;
la vibración del alma nos pertenece a todos!
Nadie se salva sino lo salvamos desde el alma,
todo principio muere y se transforma,
toda creación se crea a sí misma,
todo hombre es el espejo de lo que lleva en el alma.

Nadie engaña a nadie
a menos que nos engañe la vida.
Iré a buscar al mundo mi media unidad
deformada por la lira.
Todo gira, gira, sin sentir el peso de la vida.
Amor, somos eco que se repite
amargamente por esta vida.
Amor, sálvame…
Como yo te salvo
desde la otra vida.

Iván Segarra Báez