IV. PIEDAD

¡No porque está callada
y ya no te responde, la motejes;
no porque yace helada,
severa, inmóvil, rígida, la huyas;

no porque está tendida
y no puede seguirte ya, la dejes;

no porque está perdida
para siempre jamás, la sustituyas!

Julio 9 de 1912
Amado Nervo

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