I. BIENAVENTURADOS

¡Bienaventurados,
los dignificados
por la dignidad glacial de la muerte;
los  invulnerables ya para los hados,
una y misma cosa ya con el Dios fuerte!

¡Bienaventurados!

Bienaventurados los que destruyeron
el muro ilusorio de espacio y guarismos;
los que a lo  absoluto ya por fin volvieron;
los que ya midieron todos los  abismos.

Bienaventurada, dulce muerta mía,
a quien he rezado como letanía
de fe, poesía
y amor, estas páginas… que nunca leerás.
Por quien he vertido, de noche y de día,
todas estas lágrimas… que no secarás.

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