“Perdónalos porque no saben lo que hacen”

Lucas 23: 34

Una guerra cual temible cataclismo
estremece hoy las entrañas del planeta
y en tifones de barbarie y terrorismo
la libertad de los hombres se irrespeta.

Ya las trompetas se oyen en el cielo
de ángeles que anuncian destrucción
y en el Éufrates entre humareda y fuego
se inmolan hombres por una convicción.

En los campos, en aldeas y en ciudades
la silueta de la muerte está presente
y el hambre con sus alas infernales
ya vuela cual langosta el continente.

En el vórtice del odio y la violencia
la voz de Dios nos invita a reflexión
para luchar por la paz, la convivencia
y otorgarle a enemigos el perdón.

Paremos esta guerra sucia y despiadada
con actos de justicia y comprensión
para ver una patria libre y humanizada,
sin pobreza, sin odio ni ambición.

Llenemos hoy los aires de canciones
y plantemos unidos semillas de amor
para que germine la paz en las naciones
y se acabe del todo el odio y el rencor.

Héctor José Corredor Cuervo

Llegaron con fuerza desde mar adentro
Las olas cargadas de gran fantasía
Y golpean las playas de mi pensamiento
Bajo el cielo azul de un nuevo día.

Hoy brilla más luz en el firmamento
Que alumbra sueños con grata armonía
Y siento el amor que me da el aliento
Para ir por el mundo con más alegría.

Mañana temprano zarparé del puerto
Teniendo a Dios como única guía
Venceré penurias radiante y contento
Para anclar por siempre en tu compañía.

No importa que luego sople fuerte viento,
Que se oigan los truenos en la lejanía,
Si el hogar construido tiene buen sustento
Y está adornado con la poesía.

Héctor José Corredor Cuervo

Balada:

No quiero un lugar que esté en primavera
donde salga el sol detrás de la sierra;
deseo que la luna, la estrella, el lucero
vuelvan a brillar en el mundo entero.

Quiero que en los surcos de cada labranza
broten las cosechas de paz y esperanza;
ansío ver hogares llenos de ilusiones
donde exista amor en los corazones.

No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.
No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.

Quiero que las aves vuelvan a sus nidos
que abandonaron en campos floridos;
deseo que la gente retorne a poblados
sin temor o miedo de ser secuestrados.

Quiero que los niños tengan una cuna
con calor de padres en medio de fortuna;
deseo que en mi patria reine la alegría
y vuelvan los sueños con su fantasía.

No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.
No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.

Héctor José Corredor Cuervo

Yo quisiera salir en mi patria
Con el sol que alumbra la aurora
Y llevar una luz de esperanza
A la gente que la paz añora.

Yo quisiera entregar al pueblo
Un mensaje en dulce idioma
Con palabras salidas del pecho
De alegría, sonrisa y aroma.

Yo quisiera oír por los aires
Un poema, una bella canción;
Que se escuchen voces fraternales
Salidas de seres de buen corazón.

Yo quisiera que tenga el niño
Una cuna mullida al nacer;
Que se arrope con sábana de lino
Bajo un techo y con grato placer.

Yo quisiera que el joven creciera
Entre sueños con plena ilusión
Y que él en la escuela aprendiera
A vivir bajo lluvias de unión.

Yo quisiera que el hombre muriera
En un lecho rodeado de hijos
Y que al fin de la vida sintiera
El calor de los buenos amigos.

Yo quisiera que brille en la tierra
Un destello de dulce hermandad
Que se cambien las noches de guerra
Por los días de amor y amistad.

Héctor José Corredor Cuervo

¡Oh hijo de Colombia! ¡Ilustre combatiente!
que regaste tu sangre en surcos y praderas
al despuntar la vida con amor puro y ardiente,
para ver que florecieran las espigas en veredas.

Luchaste por la patria con valor y pericia
en tierras saturadas de abandono e indolencia
contra el fiero enemigo que lleno de injusticia
sembraba con los fusiles el odio y violencia.

Tú eres mensajero de honor y valentía,
entre los huracanes de codicia y terror,
para llevar misivas de paz con alegría
a pueblos que agonizan en medio de dolor.

El cielo es testigo del sacrificio inmenso,
al quedar para siempre tu cuerpo mutilado,
del orgullo que llevas impregnado en el pecho
de servir a Colombia como el mejor soldado.

* Marzo 5 de 2004. Homenaje a los soldados y policías heridos encombate.

Héctor José Corredor Cuervo

Ayer que te vi partir
en final viaje al cielo
empecé yo a sentir
la soledad como hielo.

El sonido de tu voz,
que traía buen consejo,
en su atardecer precoz
se esfumó con el cortejo.

El faro que fulguraba,
en la noche muy oscura
y que en la cima estaba
a lo lejos ya no alumbra.

Los espejos de tus ojos,
donde se miraba el alma
se fueron con los despojos
y perdí toda la calma.

Los mimos y las caricias
que venían de tu mano
dejaron de ser albricias
para éste ser humano.

La abundancia en comida,
que en la mesa existía,
ya no sustenta mi vida
ni siento misma alegría.

El huracán de tormenta
y que en esta vida apura
es el que ahora alimenta
mi cuerpo en desventura.

Ahora estoy solitario
perdido entre la bruma
como bajel sin operario
que se hunde cual espuma.

Cómo te extraño papá
cuando veo un abismo
sin tener ya el maná
que salva del pesimismo.

Héctor José Corredor Cuervo

Cuando miro en la mañana oscura,
arder poblados en total indolencia
y la gente muriendo en la tortura
en manos de seres sin conciencia,
siento llorar las almas de amargura
pidiéndole al Señor paz y clemencia.

Y en lejanía en el azul del cielo
se ven viajar los sueños con tristeza
como palomas que levantan vuelo
dejando atrás su nido en la maleza
con los felinos que producen miedo
cuando están al acecho de la presa.

El miedo no es solo a criminales
que atacan con crueldad y alevosía;
el miedo es a autistas y gamonales
que nadan en el mar de la falsía
explotando a pobres ignorantes
que mendigan el pan en la agonía.

Héctor José Corredor Cuervo

¡Veinte de julio!. Día de la hermandad,
de valores, de ideales, de sueños e ilusiones
de un pueblo honesto que ama la libertad
sin secuestros, sin masacres ni extorsiones.

Día majestuoso de inmenso patriotismo
de luchadores con honor sobre la frente
que buscan el bien común con altruismo
hasta alcanzar con fe la gloria reverente.

Día de luz con rayos rutilantes de unión
que deshelan la inteligencia congelada
para cambiar por el destello de la razón
los fusiles que están bajo la almohada.

Hoy en las entrañas de esta patria mía
se siente un gran temblor en la mañana
y estalla de pasión con lava de alegría
como un volcán la sangre colombiana.

Hoy los grillos y las cadenas del villano,
atadas con saña y crueldad al prisionero,
con el grito valiente del pueblo soberano,
se romperán como aquel frágil florero.

¡No más barbarie, terrorismo y vejación!
contra un pueblo desarmado e indefenso;
¡No más dolor en la aldea y en la nación!
que retarda el desarrollo y el progreso.

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Oh cruel tirano!
que siembra minas en surco de dolores
para opacar el brillo del sol republicano
que hizo germinar las semillas y las flores.

Héctor José Corredor Cuervo

Te amo mujer de nobles sentimientos,
que florecen de tu alma con pasión,
los que colman la vida y pensamientos
para soñar en el jardín de la ilusión.

Amo tus ojos profundos, soñolientos,
que muestran la blancura del corazón
donde asoman alegrías, sufrimientos,
bajo la luz de la ternura y la razón.

Amo tu cuerpo templo de la virtud
donde tesón y laboriosidad se esconden
en un remanso de eterna juventud.

Amo tu religiosidad que aún responde
a la gran luz del Señor sobre el almúd
para ser la constante guía de un hombre.

Héctor José Corredor Cuervo

Como las flores de un paraje agreste
se ven los seres que obtienen fama
derrochando las mieles de la suerte
con el fresco rocío de la mañana.

La fama es brizna que arrastra el viento
con los aplausos de nutrida audiencia
la cual se esfuma bajo el firmamento
como un lampo de luz en la existencia.

Su resplandor a veces engrandece
y les impide mirar con claridad
que los tallos tan solo reverdecen
con las obras de amor y caridad.

Cuando llega el espectro de la muerte
y de la mano los lleva cementerio
allí queda tan solo el cuerpo inerte
y la gloria de Dios con su misterio.

Héctor José Corredor Cuervo