Tal vez mañana en hora muy temprana
cuando por la ventana entre un lucero,
cuando se oiga el tañido de la campana,
entenderán los desvelos de un abuelo.

Tal vez mañana en primavera matutina
cuando se inhalen perfumes de primero,
cuando se llene de belleza la retina,
valorarán la patria que más quiero.

Tal vez mañana cuando no puedan dormir
y los recuerdos se agrupen en la mente
podrán saber lo fabuloso que es vivir
añorando el pasado y gozando el presente.

Tal vez mañana al despuntar el  día
cuando a la puerta aparezca la vecina
a decir que siente inmensa alegría
podrán decir que se acabó la inquina.

Tal vez mañana al empezar el arrebol
cuando vean pasar un gran cortejo,
cuando sientan que se oculta el sol,
podrán saber lo que sentía un viejo.

Héctor José Corredor Cuervo

¡Oh hijo de Colombia! ¡Ilustre combatiente!
que regaste tu sangre en surcos y praderas
al despuntar la vida con amor puro y ardiente,
para ver que florecieran las espigas en veredas.

Luchaste por la patria con valor y pericia
en tierras saturadas de abandono e indolencia
contra el fiero enemigo que lleno de injusticia
sembraba con los fusiles el odio y violencia.

Tú eres mensajero de honor y valentía,
entre los huracanes de codicia y terror,
para llevar misivas de paz con alegría
a pueblos que agonizan en medio de dolor.

El cielo es testigo del sacrificio inmenso,
al quedar para siempre tu cuerpo mutilado,
del orgullo que llevas impregnado en el pecho
de servir a Colombia como el mejor soldado.

* Marzo 5 de 2004. Homenaje a los soldados y policías heridos encombate.

Héctor José Corredor Cuervo

Los hombres en este mundo de viajeros
incuban sus sentimientos en un nido
los que empollan en tiempo establecido
para sacar en camadas sus polluelos.

Unos parecen palomas mensajeras
que llevan en su pico el olivo de paz
y sienten alegría sin ningún disfraz
por ser de la cordialidad pioneras.

Algunos lucen ser de ave carroñera
que hacen de la muerte gran festín
deleitando de lo pútrido hasta el fin
y teniendo la escoria de compañera.

Muchos parecen de gallina casera
que anda sin sentido y sin atención
sin ninguna expectativa o ambición
cambiando de rumbo en la pradera.

Varios parecen de reptiles descendientes
que se arrastran en total oscuridad
alabando a su señor sin dignidad
y quemando su energía inútilmente.

Pocos parecen ser de águilas doradas
que vuelan a lo alto de la montaña
alcanzando la cima en hora temprana
con la fuerza poderosa en sus alas.

Héctor José Corredor Cuervo

Cuando miro en la mañana oscura,
arder poblados en total indolencia
y la gente muriendo en la tortura
en manos de seres sin conciencia,
siento llorar las almas de amargura
pidiéndole al Señor paz y clemencia.

Y en lejanía en el azul del cielo
se ven viajar los sueños con tristeza
como palomas que levantan vuelo
dejando atrás su nido en la maleza
con los felinos que producen miedo
cuando están al acecho de la presa.

El miedo no es solo a criminales
que atacan con crueldad y alevosía;
el miedo es a autistas y gamonales
que nadan en el mar de la falsía
explotando a pobres ignorantes
que mendigan el pan en la agonía.

Héctor José Corredor Cuervo

Caminando por las calles invernales
Bajo el palio gris de pertinaz neblina
Un mancebo pasea gordos animales
Mientras el hambre su honor domina.

En la sarta él lleva lustrosos canes
Arreglados como reinas de belleza
De millonarios que no tienen afanes
Ni sienten el dolor de la pobreza.

En su rostro se desgrana la amargura
Por ser el principal actor de la comedia
Al tener que convivir con la basura
Ocultando el dolor de su tragedia.

En casonas de algunos potentados
El contempla el exceso de alimento
Y comparte con perros los sobrados
Para llevar a hermanos el sustento.

Quien contempla los canes y el mancebo
Sacarán la siguiente conclusión:
Que hay hombres que tienen vida de perro
mientras hay perros que gozan de atención.

Héctor José Corredor Cuervo

Te amo mujer de nobles sentimientos,
que florecen de tu alma con pasión,
los que colman la vida y pensamientos
para soñar en el jardín de la ilusión.

Amo tus ojos profundos, soñolientos,
que muestran la blancura del corazón
donde asoman alegrías, sufrimientos,
bajo la luz de la ternura y la razón.

Amo tu cuerpo templo de la virtud
donde tesón y laboriosidad se esconden
en un remanso de eterna juventud.

Amo tu religiosidad que aún responde
a la gran luz del Señor sobre el almúd
para ser la constante guía de un hombre.

Héctor José Corredor Cuervo

¡Cómo se pasa la vida!
cual sonido de campana
que llamaba a los fieles
a rezar en la mañana;
principia en primavera
con la llamada infancia
en el regazo de la madre
tierna, dulce, frágil, santa;
en los hogares florecen
las magnolias, agapantos,
claveles, rosas, jazmines
azucenas y lirios blancos
que adornan los jardines.

Luego empieza el estío
con vanidad soñolienta
filtrándose los calores
con sueños de cenicienta
para cultivar los amores.
En caras hay alegría
con frescura angelical
disfrutándose la vida
de manera natural
para cosechar semillas
en las fértiles campiñas
con las mujeres sin riñas.

Después comienza el otoño
entre lluvias de pasiones
y se enrojecen las hojas
esperanzas e ilusiones;
el sol se empieza a ocultar
con el arrebol temprano
y aparecen los surcos
en caras del ser humano;
la neblina hace presencia
en las tardes sobre sienes
y se presenta la ausencia
de los amigos más fieles.

Al iniciar el invierno,
se palpa gran soledad,
el cuerpo parece enfermo
con rasgos de ancianidad;
la bruma se torna gris
con duro frío y silencio
sin que se pueda salir
por faltar fuerza adentro;
la nieve cae implacable
en caminos y conciencias
que impide ir a los padres
cuando sufren de dolencias.

La vida es la vanidad,
vanidad de vanidades,
que se va como el viento,
sin los bienes materiales,
en medio de dolor intenso.
La parca jamas reposa,
aunque cause el espanto,
hasta llevarla a la fosa
en un crudo campo santo.

Héctor José Corredor Cuervo

En estambres del  cielo suspendidas
entre rayos del sol, en el ardiente estío,
Se ven danzar las mariposas fugitivas
Con las canciones que interpreta el río.

En sus frágiles alas y diminuto cuerpo
Cargan oro en polvo para pagar el néctar
Que liban de las corolas en el huerto
En silencios donde amor encuentran.

Son como flores del aire majestuosas
Que pregonan verdad en la existencia;
Mientras lucen tan bellas como rosas
Ellas muestran de Dios omnipotencia.

En su paso fugaz  y alucinante
Dejan tras sus huellas la enseñanza
Que es mejor vivir un solo instante
Fecundando la flor con esperanza.

Ellas liban la miel de los recuerdos
En los jardines de amor y fantasía
Para endulzar la fe  de los abuelos
De convivir en paz y en armonía.

Héctor José Corredor Cuervo

Llegaron con fuerza desde mar adentro
Las olas cargadas de gran fantasía
Y golpean las playas de mi pensamiento
Bajo el cielo azul de un nuevo día.

Hoy brilla más luz en el firmamento
Que alumbra sueños con grata armonía
Y siento el amor que me da el aliento
Para ir por el mundo con más alegría.

Mañana temprano zarparé del puerto
Teniendo a Dios como única guía
Venceré penurias radiante y contento
Para anclar por siempre en tu compañía.

No importa que luego sople fuerte viento,
Que se oigan los truenos en la lejanía,
Si el hogar construido tiene buen sustento
Y está adornado con la poesía.

Héctor José Corredor Cuervo

Yo quisiera salir en mi patria
Con el sol que alumbra la aurora
Y llevar una luz de esperanza
A la gente que la paz añora.

Yo quisiera entregar al pueblo
Un mensaje en dulce idioma
Con palabras salidas del pecho
De alegría, sonrisa y aroma.

Yo quisiera oír por los aires
Un poema, una bella canción;
Que se escuchen voces fraternales
Salidas de seres de buen corazón.

Yo quisiera que tenga el niño
Una cuna mullida al nacer;
Que se arrope con sábana de lino
Bajo un techo y con grato placer.

Yo quisiera que el joven creciera
Entre sueños con plena ilusión
Y que él en la escuela aprendiera
A vivir bajo lluvias de unión.

Yo quisiera que el hombre muriera
En un lecho rodeado de hijos
Y que al fin de la vida sintiera
El calor de los buenos amigos.

Yo quisiera que brille en la tierra
Un destello de dulce hermandad
Que se cambien las noches de guerra
Por los días de amor y amistad.

Héctor José Corredor Cuervo