( Romance )

Entre nubes de invitados
príncipes, reyes, condesas,
dignatarios, delegados,
barones y baronesas
en la iglesia La Almudena
en medio de batahola
se unió una plebeya
a la realeza española
convirtiéndose en princesa.

El cielo estaba vestido
de lluvia con fina brisa
cual si estuviese sentido
por el casorio de Letizia
con el príncipe Felipe
quien demostró con sonrisa
gallardía y noble estirpe
ante el retardo a la misa
de la ilustre periodista.

Por los aires transitaron
ansias, sueños e ilusiones
que al universo viajaron
entre flecos de pasiones
murmullos de fantasía
por ver nacer en blasones
los anhelos y alegría.

La novia lució un traje
de aparente sencillez
para llevar el mensaje
al mundo en su redondez
que sin lujo en el ropaje
se reinará otra vez.

El príncipe de Borbón,
sucesor de la corona,
mostró un gran corazón
al prometer en la boda
su amor y fidelidad
a la mujer soñadora
quien también juró lealtad
sin el divorcio de moda.

Hoy en el mundo esperamos
su trabajo y gran tesón
en la lucha cual cruzados
para conseguir la unión
de todos los que hablamos
el bello idioma español
y que aislados estamos
por no tener comprensión
de vivir como hermanos
en libertad, sin opresión,
de mismos americanos
que imponen sin razón
su cultura por los medios
en radio y en televisión.

Mayo 22 de 2004. Homenaje al príncipe Felipe y a la princesaLetizia con motivo de su boda celebrada en la catedral de La Almudenade la ciudad de Madrid.

Héctor José Corredor Cuervo

       ( Narrativa )

Seductora palabra con nombre de mujer,
inventada por hombres carentes de razón,
que intentaron a otros por fuerza someter
imponiendo criterios e ideas con pasión.
 
Su nombre lo veneran presidentes y reyes
que gobiernan su grey sin darle protección;
queriendo que se cumplan sus mandatos o leyes
teniendo como piedra el propio corazón.
 
Por las calles se mueve altiva y silenciosa
invitando a incautos a la gran rebelión
e incitando a ingenuos en forma insidiosa
a morir por la causa bajo suposición.
 
En poblados y aldeas se pasea orgullosa
mostrando atributos con señales de amor
como la damisela que con cara licenciosa
vende su alma al diablo sin conocer honor.
 
En desiertos, en selvas y en extensa llanura
metida entre trincheras como un escorpión
incita a combatientes a luchar con bravura
mientras llega la hora de clavar su aguijón.
 
Y por los aires vuela como hada prodigiosa
llevando los mensajes de desintegración,
buscando en ignorantes hacerse más famosa,
en todas las tribunas de comunicación.
 
Detrás de un conflicto están los timadores,
que engañan al pueblo de frente a la nación
y que alientan a muchos a ser libertadores
en medio de promesas y total corrupción.
 
La guerra se alimenta con dineros calientes
de negocios oscuros de grandes agiotistas
ya sean extranjeros o astutos residentes
que aparentan al mundo ser los idealistas.
 
La guerra tiene amigos que viven del negocio
de vender los fusiles, los tanques o el cañón;
los cohetes y mísiles que surcan el espacio,
que salen cual racimos del vientre de un avión.
 
Quienes decretan guerras jamás hacen presencia
en campos de batalla y áreas de operación,
tan solo por arengas se sabe de su existencia
en tronos, en congresos o en la televisión.
 
La guerra es cruel, temible y mentirosa,
con espiral creciente de luto y destrucción,
que horada la mente y el alma más piadosa
llevándola al delirio por funesta ambición.
 
En guerra solo sufren agentes y soldados
que tienen como sello cumplir con su misión,
pobladores honestos que son los masacrados
por no huir con tiempo de su amada región.
 
Paremos ya la guerra y riñas entre hermanos,
busquemos entre todos mejor lograr la unión,
compartamos espacios como seres humanos
sin penas, sin dolores, con sueños e ilusión.

Héctor José Corredor Cuervo

Entre nubes de sueños e ilusiones
Van volando las almas de inocentes
Que cumplieron la cita con la muerte
En vagones y arcadas de estaciones.
 
Van viajando cual aves peregrinas
Con los ojos cargados de tristeza
Por dejar a su nido entre maleza
Con las zarzas y bestias asesinas.
 
Los cuerpos se quedaron entre ruinas
Ante un pueblo dormido e indolente
Que sufre la pasión del penitente
Cual Nazareno coronado con espinas.
 
¿Cuando despertará el mundo entero
para decir no más al terrorismo,
para acabar del todo el salvajismo
de demonios con cara de cordero?

Marzo 11 de 2004

Héctor José Corredor Cuervo

«La forma sabia de acabar con un conflicto es enfrentarlo
con unidad de pensamiento y acción»

HECOCU

Despierta pueblo, el mundo nos convida
a ahogar el odio, la ira y la venganza;
a mitigar dolores, a saturar la herida
y a sembrar semillas en surcos de esperanza.

Desterremos la muerte con señales de vida,
el terror y violencia con votos de confianza,
para que brille como lámpara encendida
la libertad sublime con rayos de bonanza.

Hagamos que germine la ilusión en la tierra
para ver que florezcan los sueños en veredas
acabando la angustia en el llano, en la sierra.

Hagamos funerales de rencores y penas,
cantemos unidos un réquiem a la guerra
y pidámosle a Dios la paz a manos llenas.

Héctor José Corredor Cuervo

«Perdónalos porque no saben lo que hacen»

Lucas 23: 34

Una guerra cual temible cataclismo
estremece hoy las entrañas del planeta
y en tifones de barbarie y terrorismo
la libertad de los hombres se irrespeta.

Ya las trompetas se oyen en el cielo
de ángeles que anuncian destrucción
y en el Éufrates entre humareda y fuego
se inmolan hombres por una convicción.

En los campos, en aldeas y en ciudades
la silueta de la muerte está presente
y el hambre con sus alas infernales
ya vuela cual langosta el continente.

En el vórtice del odio y la violencia
la voz de Dios nos invita a reflexión
para luchar por la paz, la convivencia
y otorgarle a enemigos el perdón.

Paremos esta guerra sucia y despiadada
con actos de justicia y comprensión
para ver una patria libre y humanizada,
sin pobreza, sin odio ni ambición.

Llenemos hoy los aires de canciones
y plantemos unidos semillas de amor
para que germine la paz en las naciones
y se acabe del todo el odio y el rencor.

Héctor José Corredor Cuervo

Balada:

No quiero un lugar que esté en primavera
donde salga el sol detrás de la sierra;
deseo que la luna, la estrella, el lucero
vuelvan a brillar en el mundo entero.

Quiero que en los surcos de cada labranza
broten las cosechas de paz y esperanza;
ansío ver hogares llenos de ilusiones
donde exista amor en los corazones.

No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.
No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.

Quiero que las aves vuelvan a sus nidos
que abandonaron en campos floridos;
deseo que la gente retorne a poblados
sin temor o miedo de ser secuestrados.

Quiero que los niños tengan una cuna
con calor de padres en medio de fortuna;
deseo que en mi patria reine la alegría
y vuelvan los sueños con su fantasía.

No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.
No quiero más odio, no quiero más guerra
Añoro la paz en toda la tierra.

Héctor José Corredor Cuervo

Tal vez mañana en hora muy temprana
cuando por la ventana entre un lucero,
cuando se oiga el tañido de la campana,
entenderán los desvelos de un abuelo.

Tal vez mañana en primavera matutina
cuando se inhalen perfumes de primero,
cuando se llene de belleza la retina,
valorarán la patria que más quiero.

Tal vez mañana cuando no puedan dormir
y los recuerdos se agrupen en la mente
podrán saber lo fabuloso que es vivir
añorando el pasado y gozando el presente.

Tal vez mañana al despuntar el  día
cuando a la puerta aparezca la vecina
a decir que siente inmensa alegría
podrán decir que se acabó la inquina.

Tal vez mañana al empezar el arrebol
cuando vean pasar un gran cortejo,
cuando sientan que se oculta el sol,
podrán saber lo que sentía un viejo.

Héctor José Corredor Cuervo

¡Oh hijo de Colombia! ¡Ilustre combatiente!
que regaste tu sangre en surcos y praderas
al despuntar la vida con amor puro y ardiente,
para ver que florecieran las espigas en veredas.

Luchaste por la patria con valor y pericia
en tierras saturadas de abandono e indolencia
contra el fiero enemigo que lleno de injusticia
sembraba con los fusiles el odio y violencia.

Tú eres mensajero de honor y valentía,
entre los huracanes de codicia y terror,
para llevar misivas de paz con alegría
a pueblos que agonizan en medio de dolor.

El cielo es testigo del sacrificio inmenso,
al quedar para siempre tu cuerpo mutilado,
del orgullo que llevas impregnado en el pecho
de servir a Colombia como el mejor soldado.

* Marzo 5 de 2004. Homenaje a los soldados y policías heridos encombate.

Héctor José Corredor Cuervo

Los hombres en este mundo de viajeros
incuban sus sentimientos en un nido
los que empollan en tiempo establecido
para sacar en camadas sus polluelos.

Unos parecen palomas mensajeras
que llevan en su pico el olivo de paz
y sienten alegría sin ningún disfraz
por ser de la cordialidad pioneras.

Algunos lucen ser de ave carroñera
que hacen de la muerte gran festín
deleitando de lo pútrido hasta el fin
y teniendo la escoria de compañera.

Muchos parecen de gallina casera
que anda sin sentido y sin atención
sin ninguna expectativa o ambición
cambiando de rumbo en la pradera.

Varios parecen de reptiles descendientes
que se arrastran en total oscuridad
alabando a su señor sin dignidad
y quemando su energía inútilmente.

Pocos parecen ser de águilas doradas
que vuelan a lo alto de la montaña
alcanzando la cima en hora temprana
con la fuerza poderosa en sus alas.

Héctor José Corredor Cuervo

Cuando miro en la mañana oscura,
arder poblados en total indolencia
y la gente muriendo en la tortura
en manos de seres sin conciencia,
siento llorar las almas de amargura
pidiéndole al Señor paz y clemencia.

Y en lejanía en el azul del cielo
se ven viajar los sueños con tristeza
como palomas que levantan vuelo
dejando atrás su nido en la maleza
con los felinos que producen miedo
cuando están al acecho de la presa.

El miedo no es solo a criminales
que atacan con crueldad y alevosía;
el miedo es a autistas y gamonales
que nadan en el mar de la falsía
explotando a pobres ignorantes
que mendigan el pan en la agonía.

Héctor José Corredor Cuervo