Cuando bajo al océano
y me baño entre sus olas,
siempre pienso, Jesús mío,
que lo pusiste por mí.

Cuando contemplo el valle
por la sombra obscurecido,
siempre pienso, Jesús mío,
que grande es mi vanidad.

Cuando subo a la montaña
y alcanzo la alta cima,
ya no pienso, Jesús mío,
que esa belleza es por mí.

Cuando entiendo la grandeza
de ser semejante a ti,
me da vergüenza, Dios mío,
no ser mar, ni valle, ni cima.

Diciembre de 1985

Gabriela Vadillo Omaña

Volvamos a encontrarnos, por favor
me haces mucha falta,
y no quiero decir con esto
que antes no te extrañara,
es que no me atrevía a decírtelo…
tu sabes por que cosa.

Hubiera querido dejar de quererte
en este tiempo… y sabes,
es que no he podido.
Ni siquiera alejarme físicamente de ti
me sirvió, al contrario
te hecho tanto de menos.

Nadie ni nada ha logrado
consolarme de no estar contigo,
he buscado personas y lugares,
y situaciones diferentes,
y en cada lugar, algo insignificante
me remonta a ti.

Y apenas me acuerdo
de que me dijiste que no me querías,
o mas bien no quiero acordarme,
y quiero volverte a ver
para que creas que si me quieres,
y poder besarte, como quiero besarte.

Volvamos a encontrarnos,
en un terreno neutral,
que no este ligado a nuestro pasado,
tal vez si me ames y no te acuerdes,
o tal vez yo ya no te ame…
y me de cuenta.

Abril de 2001

Gabriela Vadillo Omaña

Ya ves, han sido tan largos
nuestros silencios,
que ya no tenemos nada que decirnos.
Yo sé que tu me amas
yo te adoro,
pero estamos extraviados
en no sé que camino.

Tal vez podamos encontrarnos,
en otra dimensión, en otro tiempo,
donde el silencio dice tantas cosas,
cosas que callamos,
cosas que no recuerdo.
Recuerdo que dije que te amaba,
mas que a mi vida, mas que a mi alma.

Después vino el silencio,
el tuyo… el mío… la nada.
Y ese sentimiento de nostalgia
por cosas pasadas.
Por cosas que dijimos,
por cosas que callamos,
por cosas olvidadas.

Mayo de 2001

Gabriela Vadillo Omaña

Te necesito y no te encuentro.
¿Dónde estás, mi corazón?
¿Porqué llegaste hasta mí?
¿Por cuál camino?

Y por dónde partiste…
que no te vi.
Necesito sentirte en mí
mordiendo mi carne.

Mi alma te extraña,
mi cuerpo arde…
no te encuentro Amor
¿Dónde estás?

Pensar en tus besos
me hace evocar tantas cosas…
pienso en cuando estabamos solos
y éramos uno del otro.

Sí tú piensas en mi,
recuérdame en el acariciante
pasar del viento, suave, lentamente,
como cuando me tocas.

Yo te recuerdo en el anochecer
que estoy tan sola,
pienso en tus manos sobre mi piel
y me abrazo toda.

Pienso en ti, cuando amanece,
cuando llueve, cuando canta
en mi ventana la mañana,
y recuerdo tus besos en mi boca.

Recuérdame si estás triste,
si eres feliz, piensa en mi,
cuando tu mente vague
estaré contigo… donde me evoques.

27 de junio de 2001

Gabriela Vadillo Omaña

No encontré el Amor, y busqué ternura,
No encontré ternura y busqué pasión.
Encontré pasión y encontré ternura,
Y encontré el amor.

Encontré tus ojos tristes que me miran,
Encontré besos calientes en mi piel,
Encontré tus manos suaves, que me tocan,
Encontré tu cuerpo entero en mi ser.

Encontré tus brazos que me estrechan,
Encontré tu voz que canta amor.
Encontré la dicha de ser tuya…
Encontré… a ti, te encontré.

Febrero de 2001

Gabriela Vadillo Omaña

Eres como el sol en la mañana.
Tú eres mi primavera…
eres mi rocío…
eres mi nota fresca.

Se como eres
así me gustas,
eres canto de ave
interior de espuma…

tormenta de llanto
aroma de flores
y risas que brotan
al nacer el día.

Quédate conmigo
no crezcas…
sigue siendo pequeña,
…mi pequeña.

Corre, brinca, juega…
y llora cuanto quieras.
Y sigue siendo el cachorro
de mi madriguera.

Deja tus bracitos en mi cuello,
quiero oír siempre tu risa.
Eres mi brisa,
y eres mi remanso.

Abril de 2001

Gabriela Vadillo Omaña

Ven, regresa, corazón esquivo,
corazón de plata,
no amargues mi existencia
con tu huida.

Que caso tiene irte
si me amas,
no tengas miedo,
no voy a pedirte nada.

Ven, regresa, corazón esquivo,
en nuestro amor no hay cadenas,
nada exige, nada ata;
corazón de plata, no te vayas.

Quédate en nuestro nido;
si quieres, hagamos promesas
forjemos cadenas,
corazón de plata, pero no te vayas.

No dejes mi vida flotando,
de tu amor… perdido,
de tu amor… soñando
corazón esquivo.

Enrédame con la cadena sutil e invisible;
con la cadena de oro de tu amor
hazme tu esclavo,
corazón esquivo, corazón de plata.

Octubre de 1986

Gabriela Vadillo Omaña

Si vamos a vivir juntos tú y yo,
quítate esa máscara de frío metal,
para que fingir lo que no eres,
si en realidad eres mejor.

Déjate llevar por la ternura,
por los besos en la frente y en los brazos,
y tomados de la mano caminemos,
a donde nos lleve el tiempo y el espacio.

No tienes que fingir conmigo que eres duro,
te conozco desde que eras pequeñito,
y en el centro de tu alma sé que existe,
una llama de amor inextinguible.

Ahora soy tu mujer, y quiero amor,
quiero apoyarme en tu brazo firme,
sin sentir el frío metal que finges.

Caminemos siempre juntos,
y que nunca nos venzan los fracasos.

Diciembre de 1985

Gabriela Vadillo Omaña

Cómo puedo decirte que te amo
si este amor a los dos nos es prohibido,
si nunca lo gritamos en el aire
si siempre vivimos escondidos.

Déjame al menos que lo diga muy bajito
y que solo lo oigan tus oídos,
para que cuando te vayas
en el aire quede el eco de lo dicho.

Cómo puedo decirte que te extraño
si de mi siempre estás muy lejos,
y cuando al fin te tengo enfrente
solo me quiero hundir en tu embeleso.

Déjame que te diga mi soledad a besos
y que tus brazos me estrechen fuertemente,
para que cuando me dejes
al menos me quede ese consuelo.

Vamos hoy a subir una montaña
donde pueda gritar mi amor al viento,
sin nadie que nos juzgue ciegamente,
donde solo se enteren tú, las nubes y el tiempo.

Diciembre de 1985

Gabriela Vadillo Omaña

Ruge el mar y el cielo
tiembla bajo el trueno.
las madres, …todas
abrazan a sus pequeños.

Cae la lluvia…
formando arroyuelos,
y en las cuevas y madrigueras
asustados se asoman los chicuelos.

Sopla el viento…
y en las copas de los árboles,
estremecidas se acogen las aves
en sus nidos.

Cesa la tormenta,
nace la aurora,
y Tu mano, señor, que todo abriga,
crea el milagro de la vida.

Diciembre de 1985

Gabriela Vadillo Omaña