Acostumbrados como estamos a la punzante
obstinación de las injurias
descreemos aún de nosotros mismos.
Trashumamos el propio círculo del hartazgo.
Si se rompiera la centrífuga!
Aunque despedidos estrellemos los rotos
huesos en el aire!
Conformistas del presagio íntimo,
secretamente esperamos el grito del vecino.
Deberíamos probar el aire en los pulmones,
la sangre en los puños, la fuerza
de la palabra y más, la inmensa y poderosa
fuerza de las manos y las manos y las manos
golpeando esa pared de nosepuede.

Gabriel Impaglione

De la muerte se embanderan los verdugos.
Los fúnebres bronces que abundan, graves,
en plazas y museos y cuarteles.
(Allí hacen justicia las palomas)

Para la muerte ya hay oradores
brillantes, esbirros que se derraman
en semen negro con sólo nombrarla.
(Allí hacen justicia oídos sordos)

De la muerte se vanaglorian los sicarios
de la daga, del zigzag del acero.
Ellos se cuelgan medallas entre ellos
se palmean con reinvindicaciones
que dan asco.
(Allí hace justicia la memoria)

Yo prefiero intentar oficios con la vida,
teñir de utopía la canción imperfecta.
Faltar el respeto a sus señorías
con el amor reventándoles en la cara.
(Allí hace justicia la poesía)

Gabriel Impaglione