Ataúd cerrado y ella por siempre
atada a la eternidad.
Recien enterrada
bajo tierra húmeda y con la carne podrida
recordando lo que hasta hace unos días,
ella y otros llamaban su vida

Decae.

Maa-ma. Maa-ma.
Y mamá corrió a decirle a papá
que yo sabía decir mamá.
A quién quieres más, ¿a mamá o a papá?
¿Qué responderle?

Su cuerpo es un batallón de gusanos
cada cual más voraz.
La piel se desprende.
Carne fugaz
Y ahora bajo tierra húmeda y con la
recordando
recordando lo que hasta hace unos días
ella y otros llamaban su vida.

Decae

¡Qué bonito me queda el vestido!
Y es que morena
de azul llena
El colegio empieza y la señorita me
dice: Luz Masón! Sí, diga.
No se dice haiga
sino haya.
Ah, ya, señorita.

La piel se desprende. Carne fugaz
Y ahora bajo tierra húmeda y con la
carne podrida
recordando
recordando lo que hasta hace unos días
ella y otros llamaban su vida

Siento calor entre mis piernas
siento un placentero dolor en mi pecho
y aquí con él en mi lecho
le digo que nuestro amor será eterno.
Eterno.
Eterno.
¿Eterno?
¡Cuánto tiempo!

Y estos gusanos, ¿serán algún día mariposas?
Todo este espacio llenan.
¿Serán del color de las rosas?
¿Y a dónde vuelan?

Decae

Luz Masón te amo, soy tuyo y tú mía
tanto ayer como hoy, noche y día

El hierro afilado
del hombre amado a mi lado
habló
la sangre caliente entre mis piernas
resbaló
Siento un fuerte dolor en el pecho
Dice que por amor me mató.

¡Amor eterno! ¡Cuánto tiempo!

Decae.

Mamá y papá.

Él.

No se dice haiga, sino haya.

Y ahora bajo tierra húmeda y con la
carne podrida
recordando
recordando lo que hasta hace unos días
ella y otros llamaban su vida

Mariposa etérea de canción difusa.

Y sintió que volaba.
Y voló.

Hueso y carne helada
Y voló.

Y voló.

Frank Winter

En la piedra, en el árbol, en el plástico, en el cartel:
a veces pareces ser pero sé que no eres ni ella ni él.

Y si fueras, seguro que no serías
(tú mismo —bien lo sabes!— me lo dirías)
lo que muchos sin vergüenza alguna
—nacidos y renacidos— mentan boquiabiertos Él.

Aquí en hueso, sangre y pensamiento,
como tú a la piedra y al árbol,
muy en mí te siento.

Muchas veces a mis preguntas
y casi siempre a mis quiero que,
tú respondes (no, no me miento).
Pero te lo juro, de verdad: no te comprendo.
Aunque sí, ¿me crees?, muy en mí te siento.
Y si algún día entendiera el dolor de la piedra
o supiera que le habla el árbol al viento
no me lo creería,
lo obviaría (te lo juro, de verdad).
Aunque sí, ¿me crees?, muy en mí te siento.

No quiero que seas y así no serás.
Y si por un débil instante quisiera que fueses, así serás:
porque muy en mí te siento.

Para ti la piedra, para mí el plástico.
Para ti el árbol, para mí el cartel.
Para ti la simple y bella concreción
y para mí, tú: mi absurda y necesaria creación.

Eso creo. Pero no es temor:
temor el tuyo,
que muy en mí lo siento.

Frank Winter