Guerrillero moribundo, tú que peleas
por lo que es tuyo, tu que luchas
mano a mano, hombro a hombro,
sufres y esperas, a que tus hermanos
se den cuenta de que lo sois,
de que tu lucha es vuestra lucha,
por la Justicia y la Igualdad,
cogiste los fusiles y cuando
ellas lleguen lo soltaras.
Allá donde la Libertad este oprimida,
donde esperen los camaradas atrincherados.
No olvides nunca a todos
los que contigo lucharon,
así los que contigo luchan
no te olvidarán, guerrillero de la palabra.
Amigo solo una cosa me queda ya decirte:
«que la selva Lacandona
te proteja bajo su lona,
te lo pide un gachupín»,
que se desvive,
soñando con la victoria.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Sueños y costas manchadas de negro,
de negro luto, de negro sentir,
que convive con desesperanzas,
desilusión, otra vez más,
todo esto implica cansancio,
mentiras, momentos asqueados,
todo hace pensar otra vez en maletas,
en otros lugares, en prosperidad,
en la huida a un sitio,
que por creer mejor,
creemos también que nos bien tratará,
sin ser así, el futuro esta aquí,
y los escriben las gentes,
de vosotros dependen los cambios,
una Galicia de provecho, sin penas, sin maletas…
No pretende esto ser un reproche sino un aliento,
para que se deshagan las maletas,
para que nunca más tenga que haber héroes vencidos,
ni canallas vencedores.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Permítame y sin ánimo de lucro
remitirle estos versillos,
ya que usted se dirige
tan asiduamente a mi pobre abuela.
Usted tuvo la suerte de nacer
en un país, maculado por la gracia
de dios, Franco y las coronas,
mas cuando giren los tornillos,
a su lugar natural, y de origen,
usted, Franco, sus coronas y dios
tendrán que marcharse por la falsa puerta,
como dijera aquel funesto Allende;
«bastante más temprano que tarde
se abrirán las grandes alamedas
por donde pasee el hombre libre»,
sin peligro de encontrarse
en un dominical de panfleto real,
la verbigracia de «Usía»
y de sus fantoches cortesanos,
Ni el Sup Marcos es etarra, ni Sabina ramplón,
a si que bajase del trono,
y márchese con sus dos eses,
en la máquina del tiempo, a la Edad Media.

P. D: Llévese a todos los que pueda.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Y si os contará
que un hombre habla con las manos
palabras más lindas que las del habla.

Y si os contara que sus arpegios
son de otro mundo, que sus acordes
flamencos interpretan lo que digo,
que mi corazón al oírle se acompasa
con su soleá, seguidilla, bulerías, tangos
y otras lenguas que domina,
este ser de doble boca, buscador
de piropos en otro idioma,
me enriquece y me da vida,
me enloquece y me subleva
y que cada día más me muestra lo que soy,
me enseña lo que con palabras nunca se podrá decir.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Cien años son ya,
la arena de la playa sigue en la plaza
y por más que se empeñen habrá que limpiarla.
Alberti, tu lujoso Puerto de Santa María
ya no brilla, como cuando paseabas
con tu melena cana, plata, al rumor de los vientos
de nuestra Andalucía.
Hoy desde Córdoba, mis ojos se hunden
en un pozo sin fin,
pero de él salen llamas,
que me recuerdan  marineros en tierra,
a ángeles y amores, buen viaje marinero,
“y a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en la mar”.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Aquella joven ninfa se acercó a mí,
Y yo, cegado por su belleza, me deje llevar
camino de un amor sin fin,
camino de un amor de imaginar.

Más tarde llegó la atroz realidad,
una amargura intensa se hizo notar,
y con la triste y maldita verdad
ante el consejo de contar decidí callar.

Después se fue, e in crescendo
la amargura triste, trepó por mi vereda,
ahora estoy solo, pero más la estoy queriendo.

Sus cartas me muestran la certeza,
mas mi sino puede cambiar y si la fortuna rueda
puede dejar al autor unirse a su princesa.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Esta tarde llegó, así como si tal cosa,
Pero no se detuvo largo rato, la muy
maleducada, se fue sin darme dos besos,
maldita felicidad. Cuando ya se iba
en su tren, el desconcierto, se acercó
a despedirla con su pañuelo gris,
y con él, el qué será.

A modo de festín os relato mi funesta noche.
Debido a la mala taberna, mala digestión
se auguraba y como quien mal come,
con mala prisa pedí mis platos.

Mi primero fueron saludos y alegrías
con un toque de azafrán, fue lo mejor
de la noche, la gente platicaba agolpada
sobre aquel mercado arábigo, por desgracia,
solo me limite a reír un rato.
El segundo, ya en Gran Vía Parque, cargado
de pasión melancólica, fue cocinado
y por ello protesté, lo maltrajo, un tarado
de no se cual veinticuatro horas,
por más que me empeñé,
aquello fue el comienzo del fin,
y aquel plato no encontró
lavavajillas que le limpiase.
El postre, fue obra de algún…
a parte, mengüe fue y ni entero lo comí,
fue ahí, justo cuando lo dejé,
justo cuando la tristeza se postreó a mi corazón,
y no dejó sitio ni al Sr. Serrano,
cuando perdido ya del todo me vi,
quedaban algunos que se empeñaban
en no dejarme ir, gracias Rafalín.
Los demás anduvieron
desaparecidos por Ciudad Jardín.
Ni Nacho apareció, ni yo mi sitio encontré
y con un final más bien tristón,
retiro y pasión a fuego fatuo cocinados
se vieron, gracias maestro Gómez,
que con tu ayuda he asimilado mejor esta indigestión.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Aunque me niegues, tú, amor
en las fuentes del zoco,
aunque digan que no eres
la más perfecta del globo,
por más que yo sea tan bestia,
y tú seas tan bella.
Aunque el médico me recomiende
que no me enamore de ti,
aunque no pueda comprarte
un trozo de París o Venecia,
y no pueda ser un Brad Pitt
como amante, aunque aparezca
la grúa y se lleve mi sueño,
pese a que me caiga un rayo
y me parta, quiero decirte
que siempre esperaré a susurrarte
un “te quiero” por la noche.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Tu pelo,
anudado, para no molestar
a tu precioso rostro.
Tu nuca
de donde crece la vida.
Tu cintura,
hasta Miguel Ángel suspiraría,
e incapaz de moldearla se vería.
Tus ojos,
dos focos que alumbran mi senda.
Tus senos,
lugares enigmáticos
que se hicieron para mis manos.
Tu desparpajo,
que loco me vuelve
y que detrás de ti me ha llevado.
Tu sonrisa,
que me ha alegrado el corazón,
y por la que ahora suspiro.

Felipe Evaristo Gómez Pescador

Bendito desorden el de este amor,
el de estas sábanas, revueltas
de tanto amar, de amar con dulzura,
de amar y de llevarte amor
a tus fines consecuencias.
Esta tarde, entre tanto amor,
no he parado, si quiera
lo que dura un suspiro,
de pensar en ella, y la tenía
delante de mí, pero era todo tan simple
y a la vez tan complejo, tan celestial,
he disfrutado amando,
si hubiese muerto ahí, habría muerto
con las manos llenas
de intenso amor.

Felipe Evaristo Gómez Pescador