Desde entonces

Yo te conozco desde entonces,
cuando todo te nombraba,
mi brisa de nocturna flora,
mi último suspiro.
Ahí, amada, éramos.
Estábamos destinados,
fundidos por la misma estrella,
clavados por la misma noche,
bordados por la misma luna.
Estábamos resueltos desde entonces,
como una sola causa,
pendiendo como un sólo pétalo.
Yo te amaba, mujer,
eras tú el tiempo por venir
en la más rojiza de las tardes
cuando el aire se agotaba.
Desde ese tiempo,
entre las piedras volcánicas del ser
tú y yo éramos
un sólo florecer del mundo,
una sola lápida
en la geología del amor.

Benjamín León

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