Es de la mejor cepa
que regaló su barrio
y en el calendario
miente lo que aparenta
y a la hora de elegir
crecer o sentar cabeza
lo piensa en una cerveza
a cuenta del porvenir.

Es un tipo de señor
de esos que te llaman
a las dos de la mañana
para cantarte una canción,
y para ahogar las penas
en la mesa de algún bar
a las dos copas de mas
escriben su mejor poema.

Es un raro ejemplar
difícil de conseguir
de esos que antes de partir
uno lo empieza a extrañar
y a la hora de compartir
tienen un sueño a mano
para que te sientas hermano
de las ganas de vivir.

Es un muchacho de esos
que siempre viajan en tren
porque desde el anden
saben mejor los besos,
y andan de aquí para allá
buscando alguna mujer
que les regale su ayer
en algún golpe de azar

Es un ejemplo más
de esos que la amistad
va regalando en su mar
de nombres y de ciudad
que nunca dicen adiós
si no es pensando en volver
con su ternura y su fe
a regalar el corazón.

Daniel Omar Martínez

Hay un niño dormido
entre tanto abrigo
que volverá a traer
los días del ayer
donde jugaba la felicidad.

Entre canciones de cuna
y pedacitos de luna
se la ve mirar
los días que vendrán
benditos de felicidad

Cansada de no dormir
solo por seguir
cada nuevo gesto
y llorar por esto
y por aquello de felicidad

Y es una pena no verla elegir
ropitas antes de dormir
para que el sol mañana
encuentre en la ventana
las huellas de la felicidad

A la hora del amor
siempre encuentra una razón
donde poder crecer
un corazón de mujer
que se parece a la felicidad

Ella es la felicidad

Daniel Omar Martínez

Hay besos que tiemblan
como la inocencia,
besos que se guardan
para la soledad.

Besos que se pierden
en adioses y regresos,
besos que no pueden
con el olvido y el tiempo.

Haga el intento
dos labios al vuelo
no se pierda el gesto
de tocar el cielo
y guarde para la ocasión
de querer vivir
la sensación de sentir
un beso de la ilusión.

Hay besos de otro mundo:
son esos que se dan
en la luz de un segundo
y duran una eternidad.

Besos de mercado
de lástima, de pasión,
de fuego del corazón
besos que no llegan a tanto.

Y hágame caso
dos labios al vuelo
por tocar el cielo
no cuesta tanto
y para la ocasión
de querer compartir
la sensación de sentir:
un beso de la ilusión.

Daniel Omar Martínez

Una vez
nada más
es necesario
que duela el olvido
o se caiga
en las manos
de la derrota

una vez
nada más
para empezar
a comprender
la vida

Daniel Omar Martínez

Apenas veintitantos años
y una botella a punto de morir
allí donde los sueños
son fáciles de conseguir,
y una mujer que temblaba
sus miedos en la almohada
rojo de envidia Humphrey Bogart
se refugiaba en Casablanca.

Amanecíamos sentados en un bar
viajando a países increíbles,
viejos muelles de algún mar
en busca de imposibles,
sabíamos de todos los asuntos
incluso de política internacional
y aquellos que por oscuros
nunca conviene revelar…

Y quizás por culpa de la cerveza
un serio estado de felicidad
se nos subía a la cabeza
rayando la imbecilidad,
pero que se puede hacer
con tanto mundo a nuestros pies
heridas que no llegaban a llanto
y sobre todo nada que perder.

La vida fue poniendo desatinos
las cosas cambiaron de lugar
y muchas veces nos perdimos
las citas que esperaban en el bar,
el mundo a veces es algo extraño
nos quita aquello que nos da
Y sin querer nos hace daño:
nos paga con la soledad.

El tiempo pasó aún para nosotros
que nunca quisimos crecer
y en cada uno de los rostros
se nos dibujó un ayer
“y que grandes están tus hijos”
“y no me vas a creer”
“y a que hora te dijo
que vuelvas tu mujer”

Y mientras en el mismo bar
viajamos a países increíbles,
viejos muelles de algún mar
que dejó sus cicatrices,
y aun hablamos de esos asuntos
que requieren de nuestra autoridad
incluso aquellos que por oscuro
nunca conviene revelar…

Daniel Omar Martínez

Si estuvieras aquí,
la risa y el llanto,
el camino que perdí,
y lo que soñábamos tanto
sería más fácil de llevar.
Y todo lo que allí
cabía en una ciudad
dejaría su manto
de nostalgias y soledad.

El viejo Quitapenas
hoy solo da de beber
en la luz de un poema
y aquella mujer
ya se ha puesto la ropa
y ha dejado el ayer
enterrado en su boca
hasta tanto su fe
pueda mas que la pena.

Yo sigo con mi rezo
de albas y ocasos,
la mujer que hoy beso
me regalo su abrazo,
un poco de paz,
y los hijos a quien dejo
mi forma de amar,
mi sombrero viejo,
y mi felicidad.

Sigo apuntando el ceño
en lo que nunca y tanto
solo soy el dueño
de un jardín y mi canto
y un puñado de versos
fruto del empeño
de parir universos
de lo aprendido andando
caminos y sueños.

Como ves hermano,
siempre de regreso
a tu sombra y tu mano
de  ginebras y el eco
de empezarlo todo
donde lo dejamos
hasta hallar el modo
de ver en los espejos
que no ha sido en vano.

Si estuvieras aquí
volveríamos a buscar
algo de lo que fui:
un nombre, un lugar
el mar, un atardecer
y solo por seguir
inventando el ayer
volveríamos a brindar
porque estas aquí.

Daniel Omar Martínez

Vuelven de veredas viejas
caminando por esas
tardes de felicidad
o de ese lado de la ciudad
que nos enseño a soñar.
Saltando charcos del olvido
nunca se dan por vencidos
en insistir con el favor
y si les vende una ilusión
la compran para regalar.

Cantan a la luz de la luna
inventando en una
noche la locura,
y sobre la ternura
escriben el ayer.
Son como el buen vino
tienen el buen tino
de ser siempre mejor
en la amistad y el amor
nunca quieren perder.

Guardan secretos como tesoros
como si fuera todo el oro
de los sueños por esconder
y nos hacen saber
por uno bailan hasta con la muerte.
Si hay que ayudar, ayudan
si hay que acompañar se mudan
al centro mismo del alma
y con un vino o con una guitarra
hacen trampas a la suerte.

Arriesgan todo por un beso
debe ser por eso
que se los ve sufrir,
y a veces por compartir
sueñan la misma mujer.
Después entre risas y voces
como a la medianoche
se los oye brindar
solo hasta emborrachar
las luces del amanecer.

El tiempo pone su cuota
y a cada uno le toca
seguir su propio camino,
a cada cual su destino
a cada destino su tren
y no hay nada que hacer
solo nos queda crecer
guardando en el corazón
su más hermosa canción
Dios los guarde en la alegría, Amén.

Daniel Omar Martínez

Somos los hijos de la nostalgia
cargamos con un estilo
algo cortes y formal,
coleccionamos viejos vinilos
de Beatles y rock nacional.

De cabecera en la almohada
libros de Cortazar y Borges
para soñar con Magas
y laberintos que esconden
rayuelas y mandalas.

De dioses nos sobra el che,
junto a charly y el flaco
Maradona es Gardel
y si canta el polaco
nos ponemos de pié.

En un mate compartimos
todas las ternuras y azares,
en asados, amigos y vinos
huimos de soledades
y otros oficios del olvido.

Somos los eternos defensores
de las causas perdidas,
odiamos a esos señores
que trafican mentiras
a cambio de ilusiones.

Sabemos que las veredas
esconden besos de madrugadas
y que lo que no lleva
un poco de fe es nada
más que vientos o tristezas.

Amábamos a esas mujeres
que amaban a Silvio y a Serrat
a la sombra de esos seres
aprendimos a navegar
mares de sábanas y atardeceres.

Hoy vamos con algunas bajas
por esas fatalidades
que siempre dejan su marca
en caminos y lugares
de ausencias o distancias,

y con menos en el corazón
de lo que dicen los espejos,
como Sabina en la canción:
tan joven y tan viejo
like a rolling stone.

Daniel Omar Martínez