Tú le diste esa ardiente simetría
de los labios,  con brasa de tu hondura,
y en dos enormes cauces de negrura,
simas de infinitud, luz de tu día;

esos bultos de nieve, que bullía
al soliviar del lino la tersura,
y, prodigios de exacta arquitectura,
dos columnas que cantan tu armonía.

Ay, tú, Señor, le diste esa ladera
que en un álabe dulce se derrama,
miel secreta en el humo entredorado.

¿A qué tu poderosa mano espera?
Mortal belleza eternidad reclama.
¡Dale la eternidad que le has negado!

Dámaso Alonso

Se me quedó en lo hondo
una visión tan clara,
que tengo que entornar los ojos cuando
intento recordarla.

A un lado, hay un calvero de solares
en frente, están las casas alineadas
porque esperan que de un momento a otro
la Primavera pasará.

                                Las sábanas,
aún goteantes, penden
de todas las ventanas,
el viento juega con el sol en ellas
y ellas ríen del juego y de la gracia.

Y hay las niñas bonitas
que se peinan al aire 1ibre.

                                          Cantan
los chicos de una escuela la lección.
Las once dan.

                    Por el arroyo pasa
un viejo cojitranco
que empuja su carrito de naranjas.

Dámaso Alonso, 1921

Todos los días rezo esta oración
al levantarme:

Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan,
igual, igual, que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan,
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche
con mi desgarradora interrogación.
Bajo la penumbra de las estrellas
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,
me acechan ojos enemigos,
formas grotescas que me vigilan,
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!

No me devoran.
Devoran mi reposo anhelado,
me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,
me hacen hombre,
monstruo entre monstruos.

No, ninguno tan horrible
como este Dámaso frenético,
como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sustentáculos enloquecidos,
como esta bestia inmediata
transfundida en una angustia fluyente;
no, ninguno tan monstruoso
como esa alimaña que brama hacia ti,
como esa desgarrada incógnita
que ahora te increpa con gemidos articulados,
que ahora te dice:
«Oh Dios,
no me atormentes más,
dime qué significan
estos monstruos que me rodean
y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche».

Dámaso Alonso, 1944

Desnudas han caído
las once campanadas.

Picotean la sombra de los árboles
las gallinas pintadas
y un enjambre de abejas
va rezumbando encima.

                                       La mañana
ha roto su collar desde la torre.

En los troncos, se rascan las cigarras.

Por detrás de la verja del jardín,
resbala,
        quieta,
               tu sombrilla blanca.

Dámaso Alonso, 1921

Each day I pray this prayer
  upon arising:
Oh God,
torment me no more
tell me what they mean
these horrors that surround me
Surrounded am I by monsters
that mutely question me,
the same, the same as I interogate them.
That maybe they question you,
just as I ,in vain, perturb
the silence of your unvarying night
with my heartrending interogation.
Under the stars half light
and under the terrible darkness of the solar light
enemy eyes espy me,
grotesque forms that watch me
wounding colors snares they set for me
They are monsters!
I am surrounded by monsters!
They don´t devour me
They devour my longed for repose.
they make of me an anguish that distends
upon itself
they make me man,
monster amongst monsters.
No, none so horrible
as this frantic Damaso
as this yellow centipede that made you clamour
with all his maddened tentacles,
as this immediate beast
smelted into flowing anguish
no, none so monstruous
as this pest that bellows at you,
as that heartrending incognito
that now repremands you with articulated moans
that now says to you
Oh God,
torment me no more,
tell me what they mean
these monsters that surround me
and this intimate horror that gibbers at you in the night.

Dámaso Alonso, 1944
Translation by Charles Burnham

Yo estoy cansado.
Miro
esta ciudad
-una ciudad cualquiera-
donde ha veinte años vivo.

Todo está igual.
Un niño
inútilmente cuenta las estrellas
en el balcón vecino.

Yo me pongo también…
Pero él va más deprisa: no consigo
alcanzarle:
Una, dos, tres, cuatro,
cinco…

No consigo
alcanzarle: Una, dos…
tres…
cuatro…
cinco…

Dámaso Alonso, 1921

I am tired.
               See
this city
              —any city you like—
where I have twenty years lived.
           Everything the same.
                                              A child
pointlessly counts the stars
on the neighbouring balcony.
          I start as well…
But he goes faster: I cannot
catch him:
               One, two, three four,
five…
           I cannot
catch him: One, two…
three…
        four…
               five…

Dámaso Alonso, 1921

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.
                           Al hondo mar.
Luego me dije: ¡A tu sabor
ya puedes navegar!

Más me perdió la poca fe…
                                                  La poca fe
de mi cantar.
Entre onda y cielo naufragué.

Y era un dolor inmenso el mar.

Dámaso Alonso, 1921