Quisiera dormir mucho.
Tengo un cansancio eterno
que no me deja.
Unas ganas enormes
de soledades.
Un inútil volverme
a las cosas viejas…
Veo todo el pasado
como en un sueño…
el hogar viejo, mi madre,
los abuelos.
Mis hermanos jugando
junto a ellos;
y mi padre cuidando sus polluelos.
Esa gran casa vieja,
con sus parrales;
la vieja que con sus cuentos
entretenía…
Mi abuelo, con los recuerdos
de sus navíos…
¡De esos viajes, que hablando,
él revivía!.
Pueblo de mi provincia
lejano eco, que vuelves a mí
de nuevo, con tus encantos…
¡Quién pudiera volverse
aquellos días!
que hoy mi cansancio eterno
reclama tanto.
El hogar viejo… Mi madre
y los abuelos.
La ingenuidad inocente,
de aquellos días
cuando la viejecita
de ojos… ¡Tan tristes!
con sus cuentos aún
nos entretenía…

Cristina De Fercey

Una sola palabra, solamente.
Dime si me quieres
o si ya me odias.
Una sola palabra
que me digas;
entonces, de tu vida
me verás alejar.
Una sola palabra.
¡Nada digas!
Mi corazón, todo
puede perdonar.
Una sola palabra
la que leo,
en tus ojos,
ocultando la verdad.

Cristina De Fercey

Él llegaba del fracaso.
De ver apagar la estrella
que iluminaba sus pasos…
Ella estaba en el camino,
con un adiós en la mano
y un «sin porqué» de su destino…
Los ojos entristecidos
llenos de soledades
y el corazón  encogido
remontando viejas saudades.
Así los halló la tarde,
que moría en el ocaso,
en la mitad del camino
los dos, y ¡un mismo fracaso!…
Los ojos de él, se volvieron
a mirarla, muchas veces.
Y sus pasos que se acortan
y su esperanza que crece…
Hay algo que está esperando
desde los ojos de aquella,
que le parecen de pronto,
¡Como el brillo de otra estrella!
Y ella que ve la ternura
reflejada en su mirada
baja la mano y la aprieta
sobre su pecho asustada…
No son precisas palabras,
allí, en medio del camino.
Sin decirlo, son dos almas
para juntar un destino…
Y retoman el sendero
apretándose las manos,
como dos chicos que llevan
el juguete más preciado…
Es el amor… ¡Amor nuevo!
¡Último amor de la vida!…
El que se queda, por siempre
clavado en la vieja herida…

Cristina De Fercey

Llora en la noche callada.
Llora su intenso dolor.
El negrito de alma blanca,
por una pena de amor.
Se enamoró de la niña,
hija de su señor.
y el negrito ya no puede,
vivir con tan triste amor.
Sabe que es grande su pena
Sabe que lo va a matar
y llora…¡Pobre negrito!
Porque no puede olvidar.

Niña de ojos azules,
que de ti, me enamoré.
Mira que me estoy muriendo.
Mira cuanto te querré…
Y en una noche plateada
de alegrías y de amor
la niña de ojos azules,
con un rubio se casó.
Y el negrito que quería
con todo su corazón
cantó más triste que nunca
mientras moría de amor.

Niña de ojos azules
que de ti, me enamoré
mira que me estoy muriendo
mira cuanto te querré…
Mira que me estoy muriendo,
porque ya no puede ser.

Cristina De Fercey

Noche callada,
luna de plata,
jardín florido
y una canción.

Una ventana,
la serenata,
se alza doliente,
hasta el balcón.

Niña que escucha
enamorada,
luz en sus ojos,
¡llama de amor…!

luego silencio.
Pasos…suspiros,
un beso quedo…
¡Amor!… ¡Amor!

Queda de pronto
flotando en  el aire
la despedida.
—Adiós, mi amor—

Cierra la niña
ya su ventana
y la voz triste
repite —Adiós.

………………….

Rompe el silencio
un ¡Ay!… que espanta
La noche entera
se despertó.

Una guitarra…
rota sus cuerdas,
tintas en sangre…
…muerto el cantor!…

Y allí, la niña,
¡que tanto quiso!
llora en silencio
su muerto amor;

mientras la noche
oculta, en tanto,
un puñal rojo,
y una traición…

Noche callada.
Luna de plata,
jardín florido,
y un corazón,

que escucha triste
la serenata…
…Que nadie canta
¡ya en su balcón…!

Cristina De Fercey