No quiero el ruido
               en las aceitunas del agua.

Crepitan celestes hojas de plenilunio.
¡El agua!
                              ¡Sólo el agua!

Cayendo como miasma
en la cara del mundo.

Cristián Basso

Los cabellos despedazan el agua.
El perfil del barro en las ramas.
La luz sinuosa del frío.

Y yo,

en la sentencia brutal del mediodía.

Cristián Basso

Una lengua de pájaro
—          el verde—
—          La lluvia en suCasa

Cristián Basso

A Denise Loyola

      I

Nuestras noches más negras por guarida,
nos hicieron caminar con paso lento;
volvieron el adiós en bienvenida,
volvieron a tu piel empielamiento.
¡Esperanza de súbito venida,
llegada en la verdad de lo que miento!
Por fin sin transitar en la amargura:
son las noches ahora quemadura.

      II

Camino entre la hierba de la noche,
entre hierba como voz de perdido,
tal vez sin corazón y sin derroche
de amor, tal vez sin luz y sin sentido.
Nos dieron antes de vivir, extensa,
la lejanía en canción. Garganta dieron
los que en milagro hacia nosotros fueron,
atravesaron la tormenta en fuego.

      III

Con su piel mi piel. La sangre densa
se derramó en mis pies junto a su aliento,
desaflorándome de soles lentos.
su cerviz entre mis brazos lerdos.

Cristián Basso

Las abadías cosen el adorno de la noche,
coméntame si estoy contigo
ahora, si me recuerdas
en las paredes de tu cuarto
con el acre palpar de tus arenas.
Sólo aguardo el diálogo
del organismo que desgarra
como estuches de tréboles
cuando hay penumbra.
 
Coméntame si me recuerdas,
si llevas mi ferviente pregunta
en diluvios entablados,
caminando los silencios endebles,
hallando las barcas que murieron.
 
Sueña la luz en los rincones,
coméntame si estoy contigo ahora.
Mañana iré recorriendo
los muros de las abadías,
tratando de encontrarte
en los adornos de la noche.

Cristián Basso

Tropiezo en el que soy y en el que fui.
Cadáver del adiós enamorado.
Por ímpetu, torrente subyugado.
Terror de ser en soledad sin ti.

Tu ayer fatal. Castigo del pasado.
Huella de beso tatuada en la cerviz.
Piedra del triste, antorcha del feliz.
Por el que soy y en el que fui estrellado,

es mío el rostro de la desventura.
Finalizado como estricto día,
malabarista sin perdón que dura.

Tropiezo en el que soy, y así decía
que del amor gobierno no hace altura
y que en amor igual tropezaría.

Cristián Basso

Por el viento me conozco,
añadido sin luz a un enebro en peste.
Renombro que he suavizado manteles
donde mi madre vaciaba sacos de harina.
Así conozco la amnesia de portarretratos
y el frío solemne, saturador de huesos.

Rara, la escena nos contempla, sentada
en el medidor lloroso de la casa,
para ver el velo de treinta y tantos
que lleva mi madre al caminar.

Así conozco de los años
calendarios y paredes.

Cristián Basso

Suben los días a un dolor sin ramas;
le grita a los de enfrente:
—¡No miren al suelo!—
Ya pasaste por aquí
y no miró nadie
ni vinieron a estrecharte otra vez.
Oliste la trizadura del cielo
y sus vidrios zanjaron tus mejillas.
Ni el viento esperó.
Amoratado el cuerpo sin respiro.
Una salvedad:
Yo te caía a pedradas.

Cristián Basso

El agua de tu llanto
es una migaja de horas;
una brizna de mis noches,
una luna impávida.

El agua de tu llanto
es una pasta grácil y espesa
que me tortura.

¡No llores que tu llanto
seduce al mío!

Cristián Basso

Una gota caminaba
por los senderos
lisos
de los vidrios.

De pronto,
se la tragó
un rayo de sol
de la mañana.

Cristián Basso