Esta noche de desposada
soy mi balcón.
Ventana soy
sin otro atuendo que el del amor.
Y cuando el día
golpee en el vidrio de mi ventana
he de vestirme con mi sábana de desposada.
Que balcón soy.
Para mostrar el paño blanco
tan blanco por la ventana,
tras esta noche de desposada.
Sin una sola nervadura de la amargura,
sin alfileres púrpuras,
sin una isla ni un algodón
en que alojarse pueda el dolor.
Que blanca y pura
soy mi balcón.
Adiós la sangre.
Adiós la sangre, la sangre y su tiniebla.
Que así desnuda y cubierta
con mi sábana de desposada
yo estoy armada.
Y por las calles de España
y a mi América cansada voy,
para mostrar mi blanca tela,
vagina blanca. Blanco el amor.
Porque esta noche de desposada soy mi balcón.


Ana Istarú

¿Te acuerdas, Louis Armstrong,
del día en que viajamos por un corredor de sonidos
que amábamos hasta la muerte?
¿Recuerdas la onomatopeya que no salió al paso
y que nos dio un trono de un solo golpe?
Parece mentira, Louis, amor mío,
que hayamos compartido tantas cosas,
tantas ramas
y tan gran número de espumas.
Parece imposible, Louis,
que entre nosotros se deshagan
las formas del azul que nos acompañaban;
que tú, dardo, arma del ángel vivo,
te lances a donde nadie podrá reconocerte sino por tu alegría,
por tu voz de durazno,
por tu manera de prolongarte en la luz
y crecer en el aire.
No creo que haya desaparecido del mundo
la manada de resplandores que nos seguía.
Más bien creo que se ocultan en el tiempo
y que no será consumidos.

Tú, continuación del fuego,
pedestal de la nube,
desinencia de mariposa,
andas hoy al garete entre harinas
y entre otras materias incorruptibles que te guardan
como guardan a todos los justos,
a todos los hermosos
cuya hermosura viene de lejos y no se va nunca,
y se incendia cada día
igual que la altura.

Satchmo, querido hasta la música,
soñado hasta el arpegio,
las arpas de David y sus graves de cobre
te están tocando el alma
y los clavicémbalos el cabello sin fin.

Ricardo Wagner está de pie, aguardándote en una azotea tetralógica,
lleno de flores que andan y crecen continuamente.
Ricardo Wagner está en sí mismo
viendo que llegas al dominio de los cristales,
armado de la trompeta bastarda y de la baja
tocando un son del viento,
sonando como un trueno
recién nacido, y húmedo y perfecto.

Y yo, sombra sonora del futuro
también estoy allí,
soñada por dos cuerpos transparentes
que se besan y funden y confunden
en la gran azotea tetralógica
donde todo es tan claro como Dios
y el amor
y los árboles.

Sábado 10 de Julio de 1971,
al día siguiente de su muerte,
México.

Eunice Odio

Vida:
sella mi pacto contigo.
Hunde tus brazos azules
por el arco de mi boca,
derrámate como un río
por las salobres galerías de mi cuerpo, llega
como un ladrón, como aquel
al que imprimen en la frente de improviso
el impacto quemante de la dicha,
como quien no puede esconder más bajo el abrigo
una noticia magnífica y quiere reírse solo,
y está el amor que se le riega por los codos
y todo se lo mancha,
y no hay quien lo mire que no quiera
besar dos veces las palmas de sus manos.
Vida: asómate a mi carne, al laberinto
marino de mi entraña,
y atiende con arrobo irreprimible
a este niño infinitesimal
urdido por el cruce de fuego de dos sexos.
Por él he de partir en dos mi corazón
para calzar sus plantas diminutas.
Vida: coloca en su cabeza de la altura de un ave
el techo de tu mano. No abandones jamás
a este cachorro de hombre que te mira
desde el sueño plateado de su tarro de luna.
Coloca, con levedad silvestre, tu beso inaugural
en sus costillas de barquito de nuez. No lo abandones,
es tu animal terrestre, el puñado de plumas
donde se raja el viento.
Vida: acoge a esta criatura
que cabe en un durazno.
Yo te nombro en su nombre su madrina.
Alzo por ti mi vientre.
Vida: abre los brazos.


Ana Istarú

Do you remember, Louis Armstrong,
the day we traveled through a corridor of sound
that we loved until death?
Remember the onomatopeya we couldn´t create
that gave us a throne in one blow?
It seems unreal, Louis, my love,
that we have shared so much,
so many branches
and such a great number of spumes.
It seems impossible, Louis,
that the blue forms which accompanied us
now dissolve between us;
and you, arrow, arm of the living angel,
venture where no one can recognize you save by your joy,
by your peach tree voice,
by your way of prolonging yourself in the light
and swelling in air.
I don´t believe the multitude of brilliance that once pursued us
has disappeared from the world.
Rather I believe it is hidden in time
and it will not be consumed.

You, incessant fire,
pedestal of cloud,
butterfly ending,
today you walk adrift amid flour
and amid other incorruptible matter that protects you
as it safekeeps all the just,
all the beautiful ones
whose beauty comes from afar and never departs,
and is illuminated each day
like the heights.

Satchmo, loved as far as music,
dreamed as far as an arpeggio,
the harps of David and their weight of copper
touch your soul
and the harpsichord of your endless hair.

Richard Wagner is standing, waiting for you on a tetralogical roof,
full of flowers that walk and grow incessantly
Richard Wagner himself
sees you arrive at the realm of crystals,
armed with a bastard and a bass trumpet
playing a wind son ,
sounding like a thunderclap
newly born humid and perfect.

And I, sonorous shadow of the future,
I also am there,
dreamed by two transparent bodies
that kiss and fuse and blur
on the great tetralogical roof
where all is clear as God
and love
and the trees.

Saturday the 10th of July 1971,
the day after his death,
Mexico

Eunice Odio
Translation by Keith Ekiss and Sonia P. Ticas

Vida:

seal my pact with you.
Sink your blue arms
through the arc of my mouth,
spill like a river
through the brackish galleries of my body, arrive
like a thief, like that one
upon whose brow they suddenly print
the burning impact of good fortune,
like one who can no longer hide magnificent news
beneath the overcoat and wants to laugh alone,
and there is the love that sloshes head to toe
and tinges everything,
and there is not a soul who sees it and doesn’t want
to kiss her palms two times.
Life: loom within my flesh, in the marine
labyrinth of my core,
and care with irrepressible rapture
for this infinitesimal child
plotted by the crossing of fire of two sexes.
For him I must break my heart in two
to cover his diminutive soles.
Life: place over his head at the height of a bird
the roof of your hand. Never abandon
this cub of man who looks at you
from the silvery dream of his pot of moon.
Place, with wild lightness, your inaugural kiss
on those ribs of a toy walnut ship. Don’t abandon him,
he is your earthly animal, the fistful of feathers
where the wind splits.
Life: welcome this being
who fits within a peach.
In his name I name you his godmother.
I raise up my womb for you.
Life: open your arms.


Ana Istarú
English Translation: Antlanta Review

Uno quisiera siempre tener su mano amiga,
su buen pan compañero, su dulce café, su
amigo inseparable para cada momento.
Quisiera no encontrar un solo fruto amargo,
una casa sangrando, un niño abandonado,
un anciano caído debajo del fracaso.

Pero a veces los días se ponen grises,
nos miran con miradas enemigas,
y se ríen de nosotros,
se burlan de nosotros,
nos enseñan cadáveres de jornaleros tristes,
de muchachas vencidas, de niños sin tinero.
Se mira uno las uñas, como haciéndose viejo,
encoge las rodillas para no perecer,
y nada, nada bueno agita las campanas,
nada bueno florece en los hombros del mundo.

Entonces es que uno llama al apio y le dice,
llama al rábano amargo y le dice también
que esta corteza de hombre debe ser un castigo,
un paisaje maldito donde el hombre no quiere,
no soporta vivir porque le sorben sangre,
porque le chupan sangre hasta dejarlo ciego.

Jorge Debravo

Ábrete sexo
como una flor que accede,
descorre las aldabas de tu ermita,
deja escapar
al nadador transido,
desiste, no retengas
sus frágiles cabriolas,
ábrete con arrojo,
como un balcón que emerge
y ostenta sobre el aire sus geranios.
Desenfunda,
oh poza de penumbra, tu misterio.
No detengas su viaje al navegante.
No importa que su adiós
te hiera como cierzo,
como rayo de hielo que en la pelvis
aloja sus astillas.
Ábrete sexo,
hazte cascada,
olvida tu tristeza.
Deja partir al niño
que vive en tu entresueño.
Abre gallardamente
tus cálidas compuertas
a este copo de mieles,
a este animal que tiembla
como un jirón de viento,
a este fruto rugoso
que va a hundirse en la luz con arrebato,
a buscar como un ciervo con los ojos cerrados
los pezones del aire, los dos senos del día.


Ana Istarú

La noche, deseosa, apenumbrada,
te quitó sin pensar las zapatillas…
y —por sentirse blanca y alumbrada—
desnudó blancamente tus rodillas.

Luego —por diversión, sin decir nada—
la noche se llevó tu blusa larga
y te arrancó la falda ensimismada
como una cosa tímida y amarga.

Después te colocaste travesura:
desnudaste tus pechos por ternura
y —hablando de un amor vago, inconexo—

Porque si y porque no, a medio reproche,
desnudaste también, entre la noche,
la noche pequeñita de tu sexo.

Jorge Debravo

lo que duele es aquí
y es de maíz cascado
pienso en mi madre que tenía una banderita
pasó por esta casa
—es preciso explicarlo: la casa ya no existo—
pasó por esta casa fulgurante
pasó por esta espléndida
casa fulgurante
flamante refulgente
    con               maldita sea
    los ramos de heliotropo
    la pascuita
    árboles bordados pájaros varios pecespericos
    los pájaros frutales
    el gato sucumbiendo a la pasión
    (a las pasiones varias: pájaros peces)
    un amor de veraneras mal disimulado
    mi primer ramo de novios aromosos
    ese beso del cual nunca pienso sanar
pasó pues por esta casa
y hacía de carrusel
de servilleta
de pajarito blanco
de puñetero Niño Dios
era de azúcar
tocaba el té con la falange pequeñita
yo sí me acuerdo
me parece refulgirme refulgente todavía
remojando el corazón en los granitios
yo sí me acuerdo aunque todos se olviden
e insistan cortésmente en que total ya se murió
—nadie se ofenda                  me refiero únicamente
a sus seres más queridos—
yo sí me acuerdo
y si es necesario
yo por siempre jamás me acordaremos todos
pasó por esta casa
y yo soy el testigo:
toque este hueco
que dejó mi corazón
en su tumba se agolpa un éxtasis de abejas
me acordaremos todos
aquí es lo que me duele
y un carrusel de azúcar siempre nunca jamás


Ana Istarú

El hombre no ha nacido
para tener las manos
amarradas al poste de los rezos.

Dios no quiere rodillas humilladas
en los templos,
sino piernas de fuego galopando,
manos acariciando las entrañas del hierro,
mentes pariendo brasas,
labios haciendo besos.

Digo que yo trabajo,
vivo, pienso,
y que esto que yo hago es un buen rezo,
que a Dios le gusta mucho
y respondo por ello.

Y digo que el amor
es el mejor sacramento,
que os amo, que amo
y que no tengo sitio en el infierno.

Jorge Debravo