Tengo un cofre casi lleno,
con caracoles, sueños.
Duendes infantiles,
pétalos sueltos.
Allí conviven,
en dulce secreto,
la bailarina frustrada,
el hogar risueño,
la hija deseada,
besos no recibidos,
deseos pequeños.
Desengaños necesarios,
incomprensiones del diario,
concesiones personales;
y pronto estarás tú
a quien casi no quiero,
envuelto en la espuma
de un mar violento.
Allí también está,
el adiós a mi padre,
sentimientos de culpa.
El beso al cristal,
que cubría a mi madre.
También pudiera estar,
un ala de mariposa,
busco con afán la otra,
para volar.

Concepción de Quesada y Loynaz

Treinta y cuatro años después,
mis pies emocionados
rompen el silencio de la ausencia.
Heme aquí, no niña ilusionada,
heme aquí, mujer aferrada a su bandera,
la esperanza.
Incrédula casi de pisar segura playa.
Conmigo traigo lo que pude salvar del naufragio.
Traigo a mi hijo,
lo pongo a tus plantas.
Después de una ausencia de treinta
y cuatro años con motivo de una
visita a la Iglesia de Santa Rita
donde de niña y jovencita solía
asistir a misa.

Concepción de Quesada y Loynaz

La mitad de una sonrisa espera,
para completar la mía.
Unos ojos esperan,
no los sorprenderán los míos,
serán pupila e iris conjugados.
Cristales de sal, destellos compartidos.
Una mano sabe que en algún lugar
la mía la aguarda para construir la esperanza.
No habrá barreras, cumbres, mares,
si la voluntad acompaña.
Lista ya para esa búsqueda titánica,
ahora consciente, contra toda esperanza
de la mitad de mi escondida
en algún lugar de la galaxia.

Concepción de Quesada y Loynaz

Imagínate por un momento,
milagrosamente sólo,
desnudo, despojado del orgullo, la  soberbia.
Con la sencillez de un  recién nacido.
Aspira el aire que te rodea,
la intimidad con lo eterno.
No te pierdas en el…todos.
Disfruta, mira tus manos,
calcula  milagros por hacer,
respira hondo.
Palpa, siente tus pies,
son tuyos, tú su dueño,
los mandas, hasta puedes correr.
Has nacido para eso, luchar, amar,
perder o vencer.

Concepción de Quesada y Loynaz

Dos amores tuve, tendré, tengo.
Dos amores diferentes,
uno de carne sólo hecho,
arrasar mi vida,
revuelve mi lecho,
déjame exhausta.
El otro nada pide,
exige; sólo da paz, reposo, calma.
Pero tiene todo, todo lo que le da mi alma.
Una cama se ordena en la mañana,
hasta puede quedar intacta.
Un alma no,
esa como sierva perdida, por su dueño clama,
por una mirada suya,
un sol daría en pública subasta.

Concepción de Quesada y Loynaz

Me asombran los ruines,
encantan los trenes,
desesperan los necios.
Colecciono conchas, cajas, aretes,
papeles y el silencio.
Mis gavetas,
arcones inagotables de recuerdos.
Mi piel, un arpa perfecta
a la espera del diablo
o de un ángel
que la haga vibrar.
No soy dócil,
mi camino no siempre es fácil,
suelo hacer altos en sitios no correctos,
mirar el cielo, buscar estrellas solitarias
que buscan un dueño.
Comidas frugales,
antojos secretos,
sueños irrealizables
infantiles empeños.
Conformando todo eso, un cuerpo
que me pesa tanto, como los años vividos sin afecto.

Concepción de Quesada y Loynaz

Vestido de luto está abril.
¿Qué decir ahora?
Cuando todo sobra.
Boca cobarde,
dique de acero,
para aquel torrente de amor sincero.
En ella yacen mustias palabras,
secos los besos, las posibles lágrimas,
hasta el adiós no dicho.
No importa nada ya,
adiós, distancia.
Cada tarde acudiré puntual,
tú estarás allí donde te evoco.
Materializado por mi amor.
Para ofrecerle a Dios,
este sentimiento condenado,
por cuerdos hombres,
que nunca han amado.

Concepción de Quesada y Loynaz

Cual trapecista al iniciar su rutina,
me lanzo al vacío, sin prisas casi  sin  miedo.
Atrás todo, hasta los sentimientos.
Conmigo una tristeza nueva
de nave al dejar seguro puerto.
Los recuerdos quieren atraparme.
Qué hacer con todo eso que tuve,
pero ya no tengo?
Pasado es sólo o  más que eso,
girones de piel ya sanas,
partos, hijos, esposos
buenos o infieles da igual para el caso.
En mi nave sola parto,
rumbo a lo desconocido.
Se rompo raíces, dejo viejos amigos.
Pero si  miro atrás  me atrapa
toda la sal contenida en mis pestañas.
Recordarlos con suave piel de durazno maduro,
y ese especial olor de estreno,
bebiendo vida de mis pechos.
De nada sirve recordar eso.
Ellos también partieron sin regreso.
Y yo puedo ya tan poco,
mi bendición enviarles,
con un beso, sólo eso.

Concepción de Quesada y Loynaz

Vestido de blanco,
con la pureza mística del  nardo,
como dulce palomo,
te encontré allí, allí estabas,
donde ahora en vano busco.
Falta tu figura
tu voz segura
su resonancia única,
faltas tú.
Vestido de blanco,
como el puro nardo te perdí,
No me conformo con tu ausencia,
que no estés allí,
con tu ropaje blanco,
tus ojos, mar de noche
con todas las estrellas bailando dentro.
Y aquel perfume concreto,
que eres tú.
Cuenta, dime, qué ojos te   ven ahora,
qué aire perfumas fresco,
dónde resuena tu voz,
tu inigualable voz campana argentada
Cuenta, dime, quién podrá quererte,
quien añorarte,
hasta creer sentir cercana la muerte
si no soy yo.

Concepción de Quesada y Loynaz

No quiero para mi canto
lo frágil del cristal,
lo etéreo del vuelo.
Para mi canto quiero
la voz universal

El  músculo alerta
total decisión,
búsqueda incansable,
verdad en cada razón.
Mi canto no se viste
con sedas ni gasas.
Mi canto lleva ropa de casa,
busca su espacio
nacido de un deseo,
mi deseo de cantar.

Mi canto no es ya mi canto,
mi propio canto singular,
mi canto es de todo
aquel que lo quiera entonar.
No quieran vestirlo entonces
con traje especial,
para que guste a todos,
a los tibios,
a los que miran y no están.
Mi canto tiene una hermosura especial,
es daga punzante, miel,
manantial.
Dame tu voz y canta
canta conmigo ahora
el canto de mi canto libre
mi canción de libertad.
Virgen de ñoñeses, pausas,
conveniencias,
suspiros y lugar.

Concepción de Quesada y Loynaz