Cuentan que una vez,
un mago armado de sólo una guitarra,
llamó por una mujer imaginada.
Sabía su nombre,
eso, no es nada,
letras,  sílabas,
no carne, sangre, alma.
Habitaba ella en otro tiempo,
entre helechos adormecida estaba.
Cantaba en la lluvia,
en la brisa, en las olas viajaba.
Más fue tanto el ardor de aquella guitarra,
que cobró vida, dimensión en una palabra.
En el verdor gastado de un parque,
apareció ella; cautelosa, tímida,
altiva a la vez como el alba.
Al fin mujer creada al conjuro
del mago de la guitarra.
Ella con sus ojos de nubes,
fresca, limpia, serena como agua de playa,
reconociéndose al fin, en los ojos del que así la
llamaba.
Por vez primera viva,
no imaginada.
Cuentan los que la vieron,
que desde entonces está en ese parque sentada
prisionera en las cuerdas del  mago de la guitarra.

Concepción de Quesada y Loynaz

Mañana igual a otras mañanas,
aburridas mañanas,
donde una sabia araña teje
iridiscente telaraña,
en la ventana.
Quieta permanezco hasta ser de piedra,
los ojos sólo tienen vida,
a mis oídos llega el canto del silencio.
No es posible estar  vivo
simulando estar muerto.
Contrapunte diario:
deseo, puedo, debo.
Cuanto, cuento, para tan poca abundancia.
Lo cierto la vida,
único reto confianza.

Concepción de Quesada y Loynaz

Si la hermana muerte llama.
diré presente, hágase,
le pediré sólo  me deje verte,
empapar  mis ojos con los tuyos,
antes de irme, antes que me vaya.

Concepción de Quesada y Loynaz

No estoy conforme,
algo me irrita,
sabe ácido en mi interior.
La incapacidad de volar,
que mis pies sean alas,
compañeras de mi cabeza siempre de viaje.
Y siento miedo,
un miedo grande,
un miedo de niño travieso, que mira y se esconde.
Miedo de encontrarme conmigo en una calle,
porque sé que entonces seré otra,
y quizás olvide el brillo de tus ojos,
al mirar las olas.
Ven si  me oyes,
la ciudad  me sobra,
el aire me ahoga.

Ven habita este mundo,
que está naciendo ahora,
lo creé para ti,
no, no estoy loca.

Concepción de Quesada y Loynaz

Ser libres,
todos soñamos con eso.
Crucial reto.
Conocernos primero ,
amarnos completos,
errores,  aciertos.
Conocer eso que somos,
lo lindo y  feo que llevamos dentro.
Así de simple,
sin esquemas.
Como niños,
quiero, no quiero.
Sordos a la precaución.
Es el disfraz de las jaulas.
Así felices,
sin culpas ni culpar
a nada, a nadie,
libres, listos para volar.

Concepción de Quesada y Loynaz

Qué hiciste de la lluvia,
las hojas,
el lucero?
Qué hiciste
con la humedad de mi cuerpo,
después del amor?
Qué hiciste
con todo lo que te di,
y no hay medida para medir?
Qué hiciste,
conmigo en fin?

Concepción de Quesada y Loynaz

Quiéreme,
quiere mis defectos
ámame en mi esencia,
no pidas que abandone costumbres, gestos.
Abrígame,
sin preguntar por el invierno,
tamaño de la tormenta,
largo del camino,
nombre del desierto.
Acéptame, sólo así,
con mis gatos,
mis sueños,
historias,
lágrimas
risas.
Tómame,
te acepto.

Concepción de Quesada y Loynaz

La radio machacona,
repite noticias de siempre.
Mas yo espero una noticia capaz
de borrar lo gris del universo.
Lluvia de flores,
invasión de sinsontes,
marejadas de girasoles,
arribo de delfines.
Cualquier cosa diferente.
Última hora!
Llegada de extraterrestres
de una galaxia lejana,
con muchos brazos extendidos
capaces de estrechar manos,
dar abrazos,
sin prisas, y con múltiples oídos.

Concepción de Quesada y Loynaz

Yo sé, el momento exacto
en que besando mi boca,
no besas mis labios.
Yo sé, el momento exacto,
que en mi cuerpo
es otro el que estás amando.
Yo sé, el momento exacto
en que comienza el ritual de tu engaño.
Lo que ignoro es, cuando piensas terminarlo.

Concepción de Quesada y Loynaz

Amor,
vienes ahora.
Mi árbol no luce hojas.
Amor, llegas tarde,
mi  noche casi  abre.
Amor,
pequeño, travieso,
Risueño cascabel  moreno,
juegas, te escondes.
Mira, no tengo flores
que regalarte.
Amor,
disculpa si lloro
ya es tarde…

Concepción de Quesada y Loynaz