Al callar la orquesta, pasean veladas
sombras femeninas bajo los ramajes,
por cuya hojarasca se filtran heladas
quimeras de luna, pálidos celajes.
Hay labios que lloran arias olvidadas,
grandes lirios fingen los ebúrneos trajes.
Charlas y sonrisas en locas bandadas
perfuman de seda los rudos boscajes.
Espero que ría la luz de tu vuelta;
y en la epifanía de tu forma esbelta,
cantará la fiesta en oro mayor.
Balarán mis versos en tu predio entonces,
canturreando en todos sus místicos bronces
que ha nacido el niño-jesús de tu amor.

Como horribles batracios a la atmósfera,
suben visajes lúgubres al labio.
Por el Sahara azul de la Substancia
camina un verso gris, un dromedario.
Fosforece un mohín de sueños crueles.
Y el ciego que murió lleno de voces
de nieve. Y madrugar, poeta, nómada,
al crudísimo día de ser hombre.
Las.Horas van febriles, y en los ángulos
abortan rubios siglos de ventura.
Quién tira tanto el hilo; quién descuelga
sin piedad nuestros nervios,
cordeles ya gastados, a la tumba?
Amor! Y tú también. Pedradas negras
se engendran en tu máscara y la rompen.
La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!

What is she doing now, my andean, sweet
Rita of the wild rushes and the wild grape;
now that Byzantium suffocates me, and my blood drowses,
like weak cognac, within me.

Where are her hands that used to contritely iron
in the afternoons, those whitenesses of the hereafter;
now, in this rain that takes away even
my desire to live.

What has become of her flannel skirt; of her
worries; of her way
of walking; of her savoring the sugar cane brandies of May.

She must be at the door watching some sign in the sky,
and finally, she´ll say trembling…”Jesus, it´s cold!”
And in the roof´s thatched canes, a wild bird will cry.

Un hombre está mirando a una mujer,
está mirándola inmediatamente,
con su mal de tierra suntuosa
y la mira a dos manos
y la tumba a dos pechos
y la mueve a dos hombres.

Pregúntome entonces, oprimiéndome
la enorme, blanca, acérrima costilla:
Y este hombre
¿no tuvo a un niño por creciente padre?
¿ Y esta mujer, a un niño
por constructor de su evidente sexo?

Puesto que un niño veo ahora,
niño ciempiés, apasionado, enérgico;
veo que no le ven
sonarse entre los dos, colear, vestirse;
puesto que los acepto,
a ella en condición aumentativa,
a él en la flexión del heno rubio.

Y exclamo entonces, sin cesar ni uno
de vivir, sin volver ni uno
a temblar en la justa que venero:
¡Felicidad seguida
tardíamente del Padre,
del Hijo y de la Madre!
¡Instante redondo,
familiar, que ya nadie siente ni ama!
¡De qué deslumbramiento áfono, tinto,
se ejecuta el cantar de los cantares!
¡De qué tronco, el florido carpintero!
¡De qué perfecta axila, el frágil remo!
¡De qué casco, ambos cascos delanteros!

Esta tarde llueve como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.
Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser?
Viste gracia y pena; viste de mujer.
Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su “No seas así!”
Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con. óleos quemantes el punto final.
Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.
Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.
Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!

Ir muriendo y cantando. Y bautizar la sombra
con sangre babilónica de noble gladiador.
Y rubricar los cuneiformes de la áurea alfombra
con la pluma del ruiseñor y la tinta azul del dolor.
¿La Vida? Hembra proteica. Contemplarla asustada
escaparse en sus velos, infiel, falsa Judith;
verla desde la herida, y asirla en la mirada,
incrustando un capricho de cera en un rubí.
Mosto de Babilonia, Holofernes, sin tropas,
en el árbol cristiano yo colgué mi nidal;
la viña redentora negó amor a mis copas;
Judith, la vida aleve, sesgó su cuerpo hostial.
Tal un festín pagano. Y amarla hasta en la muerte,
mientras las venas siembran rojas perlas de mal;
y así volverse al polvo, conquistador sin suerte,
dejando miles de ojos de sangre en el puñal.

Las ventanas se han estremecido, elaborando una metafísica deluniverso. Vidrios han caído. Un enfermo lanza su queja: la mitadpor su boca lenguada y sobrante, y toda entera, por el ano de suespalda.

Es el huracán. Un castaño del jardín de lasTullerías habráse abatido, al soplo del viento, que mideochenta metros por segundo. Capiteles de los barrios antiguos,habrán caído, hendiendo, matando.

¿De qué punto interrogo, oyendo a ambas riberas de losocéanos, de qué punto viene este huracán, tandigno de crédito, tan honrado de deuda derecho a las ventanasdel hospital? Ay las direcciones inmutables, que oscilan entre elhuracán y esta pena directa de toser o defecar! Ay! lasdirecciones inmutables, que así prenden muerte en lasentrañas del hospital y despiertan células clandestinas adeshora, en los cadáveres.

¿Qué pensaría de si el enfermo de enfrente,ése que está durmiendo, si hubiera percibido elhuracán? El pobre duerme, boca arriba, a la cabeza de sumorfina, a los pies de toda su cordura. Un adarme más o menos enla dosis y le llevarán a enterrar, el vientre roto, la bocaarriba, sordo el huracán, sordo a su vientre roto, ante el cualsuelen los médicos dialogar y cavilar largamente, para, al fin,pronunciar sus llanas palabras de hombres.

La familia rodea al enfermo agrupándose ante sus sienesregresivas, indefensas, sudorosas. Ya no existe hogar sino en torno alvelador del pariente enfermo, donde montan guardia impaciente, suszapatos vacantes, sus cruces de repuesto, sus píldoras de opio.La familia rodea la mesita por espacio de un alto dividendo. Una mujeracomoda en el borde de la mesa, la taza, que casi se ha caído.

Ignoro lo que será del enfermo esta mujer, que le besa y nopuede sanarle con el beso, le mira y no puede sanarle con los ojos, lehabla y no puede sanarle con el verbo. ¿Es su madre? ¿Ycómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su amada? ¿Ycómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su hermana? Y¿cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es, simplemente,una mujer? ¿Y cómo pues, no puede sanarle? Porque estamujer le ha besado, le ha mirado, le ha hablado y hasta le ha cubiertomejor el cuello al enfermo y ¡cosa verdaderamente asombrosa! nole ha sanado.

El paciente contempla su calzado vacante. Traen queso. Llevan sierra.La muerte se acuesta al pie del lecho, a dormir en sus tranquilas aguasy se duerme. Entonces, los libres pies del hombre enfermo, sinmenudencias ni pormenores innecesarios, se estiran en acentocircunflejo, y se alejan, en una extensión de dos cuerpos denovios, del corazón.

El cirujano ausculta a los enfermos horas enteras. Hasta donde susmanos cesan de trabajar y empiezan a jugar, las lleva a tientas,rozando la piel de los pacientes, en tanto sus párpadoscientíficos vibran, tocados por la indocta, por la humanaflaqueza del amor. Y he visto a esos enfermos morir precisamente delamor desdoblado del cirujano, de los largos diagnósticos, de lasdosis exactas, del riguroso análisis de orinas y excrementos. Serodeaba de improviso un lecho con un biombo. Médicos yenfermeros cruzaban delante del ausente, pizarra triste ypróxima, que un niño llenara de números, en ungran monismo de pálidos miles. Cruzaban así, mirando alos otros, como si más irreparable fuese morir de apendicitis oneumonía, y no morir al sesgo del paso de los hombres.

Sirviendo a la causa de la religión, vuela con éxito estamosca, a lo largo de la sala. A la hora de la visita de los cirujanos,sus zumbidos nos perdonan el pecho, ciertamente, perodesarrollándose luego, se adueñan del aire, para saludarcon genio de mudanza, a los que van a morir. Unos enfermos oyen a esamosca hasta durante el dolor y de ellos depende, por eso, el linaje deldisparo, en las noches tremebundas.

¿Cuánto tiempo ha durado la anestesia, que llaman loshombres? ¡Ciencia de Dios, Teodicea! si se me echa a vivir entales condiciones, anestesiado totalmente, volteada mi sensibilidadpara adentro! ¡Ah doctores de las sales, hombres de las esencias,prójimos de las bases! Pido se me deje con mi tumor deconciencia, con mi irritada lepra sensitiva, ocurra lo que ocurraaunque me muera! Dejadme dolerme, si lo queréis, mas dejadmedespierto de sueño, con todo el universo metido, aunque fuese alas malas, en mi temperatura polvorosa.

En el mundo de la salud perfecta, se reirá por esta perspectivaen que padezco; pero, en el mismo plano y cortando la baraja del juego,percute aquí otra risa de contrapunto.

En la casa del dolor, la queja asalta síncopes de grancompositor, golletes de carácter, que nos hacen cosquillas deverdad, atroces, arduas, y, cumpliendo lo prometido, nos hielan deespantosa incertidumbre.

En la casa del dolor, la queja arranca frontera excesiva. No sereconoce en esta queja de dolor, a la propia queja de la dicha enéxtasis, cuando el amor y la carne se eximen de azor y cuando,al regresar, hay discordia bastante para el diálogo.

¿Dónde está, pues, el otro flanco de esta queja dedolor, si, a estimarla en conjunto, parte ahora del lecho de un hombre?De la casa del dolor parten quejas tan sordas e inefables y tancolmadas de tanta plenitud que llorar por ellas sería poco, ysería ya mucho sonreír.

Se atumulta la sangre en el termómetro.

¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y sien la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y sien la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y sien la muerte nada es posible, sino sobre lo que pudo dejarse en la vida!

I will die in Paris, on a rainy day,
on some day I can already remember.
I will die in Paris — and I don´t step aside —
perhaps on a Thursday, as today is Thursday, in autumn.

It will be a Thursday, because today, Thursday, setting down
these lines, I have put my upper arm bones on
wrong, and never so much as today have I found myself
with all the road ahead of me, alone.

Cesar Vallejo is dead. Everyone beat him,
although he never does anything to them;
they beat him hard with a stick and hard also

with a rope. These are the witnesses:
the Thursdays, and the bones of my arms,
the solitude, and the rain, and the roads.

Lejana vibración de esquilas mustias
en el aire derrama
la fragancia rural de sus angustias.
En el patio silente
sangra su despedida el sol poniente
El ámbar otoñal del panorama
toma un frío matiz de gris doliente!
Al portón de la casa
que el tiempo con sus garras torna ojosa,
asoma silenciosa
y al establo cercano luego pasa,
la silueta calmosa
de un buey color de oro,
que añora con sus bíblicas pupilas,
oyendo la oración de las esquilas,
su edad viril de toro!
Al muro denla huerta
aleteando la pena de su canto,
salta un gallo gentil, y, en triste alerta,
cual dos gotas de llanto,
tiemblan sus ojos en la tarde muerta!
Lánguido se desgarra
en la vetusta aldea
el dulce yaraví de una guitarra,
en cuya eternidad de hondo quebranto
la triste voz de un indio dondonea,
como un viejo esquilón de camposanto.
De codos yo en el muro,
cuando triunfa en el alma el tinte oscuro
y el viento reza en los ramajes yertos
llantos de quenas, tímidos, inciertos,
suspiro una congoja,
al ver que la penumbra gualda y roja
llora un trágico azul de idilios muertos!
aleteando la pena de su canto,
salta un gallo gentil, y, en triste alerta,
cual dos gotas de llanto,
tiemblan sus ojos en la tarde muerta!
Lánguido se desgarra
en la vetusta aldea
el dulce yaraví de una guitarra,
en cuya eternidad de hondo quebranto
la triste voz de un indio dondonea,
como un viejo esquilón de camposanto.
De codos yo en el muro,
cuando triunfa en el alma el tinte oscuro
y el viento reza en los ramajes yertos
llantos de quenas, tímidos, inciertos,
suspiro una congoja,
al ver que la penumbra gualda y roja
llora un trágico azul de idilios muertos!

Mi padre, apenas
en la mañana pajarina, pone
sus setentiocho años, sus setentiocho
ramos de invierno a solear.
El cementerio de Santiago, untado
en alegre año nuevo, está a la vista.
Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él,
y tornaron de algún entierro humilde.
Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale
Una broma de niños se desbanda.
Otras veces le hablaba a mi madre
de impresiones urbanas, de política;
y hoy, apoyado en su bastón ilustre
que sonara mejor en los años de la Gobernación,
mi padre está desconocido, frágil,
mi padre es una víspera.
Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas,
recuerdos, sugerencias.
La mañana apacible le acompaña
con sus alas blancas de hermana de la caridad.
Día eterno es éste, día ingenuo, infante
coral, oracional;
se corona el tiempo de palomas,
y el futuro se puebla
de caravanas de inmortales rosas.
Padre, aún sigue todo despertando;
es enero que canta, es tu amor
que resonando va en la Eternidad.
Aún reirás de tus pequeñuelos,
y habrá bulla triunfal en los Vacíos.
Aún será año nuevo. Habrá empanadas;
y yo tendré hambre, cuando toque a misa
en el-beato campanario
el buen ciego mélico con quien
departieron mis sílabas escolares y frescas,
mi inocencia rotunda.
Y cuando la mañana llena de gracia,
desde sus senos de tiempo,
que son dos renuncias, dos avances de amor
que se tienden y ruegan infinito, eterna vida,
cante, y eche a volar Verbos plurales,
jirones de tu ser,
a la borda de sus alas blancas
de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!