Vengo a verte pasar todos los días,
vaporcito encantado siempre lejos…
Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevísimo pañuelo
rojo que ondea en un adiós de sangre!

   Vengo a verte pasar; hasta que un día,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
la estrella de la tarde partirá!

   Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
de mujer que pasó!
Tus fríos capitanes darán orden;
y quien habrá partido seré yo…!

Más acá, más acá. Yo estoy muy bien.
Llueve; y hace una cruel limitación.
Avanza, avanza el pie.
Hasta qué hora no suben las cortinas
esas manos que fingen un zarzal?
Ves? Los otros, qué cómodos, qué efigies.
Más acá, más acá!
Llueve. Y hoy pasará otra nave
cargada de crespón;
será como un pezón negro y deforme
arrancado a la esfíngica Ilusión.
Más acá, más acá. Tú estás alborde
y la nave arrastrarte puede al mar.
Ah, cortinas inmóviles, simbólicas…
Mi aplauso es un festín de rosas negras:
cederte mi lugar!
Y en el fragor de mi renuncia,
un hilo de infinito sangrará.
Yo no debo estar tan bien;
avanza, avanza el piel.

Yes, the Soul grew afraid
at five o´clock on that faded blue afternoon.
The lip implored it between linens,
pouting like a bridegroom to his bride.

Thought, the great General, strapped
on the sword of deicide.
The Heart was dancing; but then sobbed:
was the enslaved dancer wounded?

Not at all! It was just the tigers brushing by
while racing to post themselves in that corner
to watch sadly the sunsets arriving from Athens.

There´ll be no cure for this hospital of nerves —
great, irritated camp of this late afternoon!
And the General considers how to blow up the sinister pains
over there…

in the narrow defile of my nerves!

Beloved: you´ve never wanted to take the form
imagined by my divine love.
Remain in the host,
blind and impalpable,
as God exists.

If I´ve sung much, I´ve wept even more
for you! o my lofty parable of love!
Remain in the brain
and in the immense myth
of my heart!

It´s faith, the forge where I fired
the earthy iron of so much woman;
and, on an ungodly anvil, desired to refine you.
Remain in nebulous
eternity, there
in the multisense of a sweet nonbeing.

And if you´ve never wanted to take the form
of my metaphysical emotion of love,
let me flog myself
as a sinner.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Todos han muerto.

Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan baratoen el burgo.

Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen losjóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos,indistintamente: «Buenos días, José! Buenosdías, María!»

Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses,que luego también murió a los ocho días de lamadre.

Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos ymodos de heredad, en tanto cosía en los corredores, paraIsidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer.

Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormíaal sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de laesquina.

Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no sesabe quién.

Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, dequien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia.

Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mihermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligadospor un género triste de tristeza, en el mes de agosto deaños sucesivos.

Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, quesolfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articuladose dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de que el solse fuese.

Murió mi eternidad y estoy velándola.

Al cabo, al fin, por último,
tomo, volví y acábome y os gimo, dándoos
la llave, mi sombrero, esta cartita para todos.
Al cabo de la llave está el metal en que aprendiéramos
a desdorar el oro, y está, al fin
de mi sombrero, este pobre cerebro mal peinado,
y, último vaso de humo, en su papel dramático,
yace este sueño práctico del alma.

¡Adiós, hermanos san pedros,
heráclitos, erasmos, espinosas!
¡Adiós, tristes obispos bolcheviques!
¡Adiós, gobernadores en desorden!
¡Adiós, vino que está en el agua como vino!
¡Adiós, alcohol que está en la lluvia!

¡Adiós también, me digo a mí mismo,
adios, vuelo formal de los milígramos!
¡También adiós, de modo idéntico,
frío del frío y frío del calor!
Al cabo, al fin, por último, la lógica,
los linderos del fuego,
la despedida recordando aquel adiós.

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!…
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla…Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!

I come to see you each day,
enchanted steamer always distant…
Your eyes are two blonde captains;
your lip is the smallest red kerchief
waving a farewell of blood!

I come to see you pass; until one day,
intoxicated with time and cruelty,
enchanted steamer always distant,
the star of evening will be parting!

The rigging; winds that betray; the winds
of a woman who has passed!
Your cold captains will give their orders;
and it will be I who will have parted…

Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.
Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.
Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.
Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho…