Hojas rojas caen
sobre el césped,
la lluvia las acoge
con su beso húmedo
y el viento las abraza,
las revolotea,
las arrastra…
rojo es el paisaje…
Rojo que latía en tus arterias
rojo que enmudeció en mi vientre
como lámparas encendidas
cayendo sobre mi rostro,
mi piel y mis manos…
Abre la ventana
el rojo abre sus brazos
negra piel que late
bajo mis dedos
los ángulos se pierden
¿Huir?
¿Gritar?
Girar sobre círculos convexos
trazando el recorrido de una vida
en un fragmento de vidrio
empañados los ojos
de dolor, soledad y miedos…
Mírame
estás ahí
esperando un placebo
que ahuyente las decisiones
marcas en la piel
arañazos hasta los huesos
extraños designios
cruzan por tu cielo…
No hay sepulcros donde
no haya dejado mis pisadas…
Sí, escuchas bien…
yaces gélida
en la tormenta de los vivos
recorriendo el espacio vacío
entre tu carne y el lodo…
Hojas rojas
sepultándote
el cielo se oscurece…
Giros inconscientes
no lo ves
mas un ángel ha muerto
y
lo llevas en tus brazos…

Carmen Rosales Vera

Sueña
despedaza
los zinc que bailan en tus ojos
despedaza el hueco
que se aloja allí al lado izquierdo
oscuro
fundido entre tanto cemento
Fluye tu piel entre mis dedos
fluye tu voz
como un azul que se destiñe desde el balcón

Sueña
amapolas
vientos que vienen a dar a mi habitación
los aviones pernoctan en mi techo
es tiempo de despedidas
acabas de llegar
te estás alistando
una guerra
un cruce de puentes
un hueso que se deja de roer

Cíclope
ojo lechoso
fruta que se pudre
cortinas enlutadas
sienes palpitantes
navaja traidora
lentes destrozados
pincelada al viento
sólo sangramos
y sentimos
por un margen de error
la libertad
sedantes
cápsulas
mariposas que inyectan luz
a la oscuridad que se adueña de nuestros cuerpos
siempre ajenos
prestados
rentados

Discúlpame
el silencio
discúlpame
las horas
discúlpame
la muerte
discúlpame
la ceguera

Salgo a recorrer
mi propia hipermetropía
anquilosada en los columpios
que se balancean
al sur
detrás de los murallones
de esta celda
que me llama …

Carmen Rosales Vera

Azul… dijiste
tan fácil y concreto;
azul… me dije,
mientras las lágrimas rasgaban mi rostro…

¿Por qué azul?

Las palabras siempre dagas cercenaron el silencio.

Ella, la otra, giraba y se movía ante mis ojos…

azul… mutilado

En mi ciudad de cristal el granizo abre las heridas
infestadas

En el centro sigue danzando el azul,
aquí estoy yo exiliada de tu mundo convexo.

¡Aquí estamos desde siempre en esta tierra!

Yo siempre desnuda. Ella siempre vestida de azul.

Carmen Rosales Vera