Una mañana desperté contigo.
Se desnudó el amor entre las rosas.
Duró toda una noche azul de claridades
para llenar de besos nuestras bocas,
para llenar de abrazos nuestras manos.

Un breve caminar de amor desnudo.
Ahora es el recuerdo su alimento,
una luz cenital muerta en la brisa,
el soplo de una nube azul que ya se aleja
que huyó hacia el mar,
el furtivo brillo amortiguado
de una pupila verde, pensativa.

Supiste replegarte a mis deseos
y fuiste una ola fugitiva
que expande su armonía sensitiva,
la nube que renace impulsiva
como un latido oculto que se esconde.

Fuiste el reloj que cuenta horas de dicha,
la voz de un pregonero de bondades,
en pasos indecisos del camino.

¡Un breve caminar de amor desnudo!

Carlos Etxeba

—Sardinera de Santurce
de la falda arremangada
¿dónde vas tan de mañana
apenas florece al alba?

—Voy a vender mis sardinas,
mis sardinas plateadas.
Como no tengo marido
que me retenga en la cama,
como no estoy ocupada,
ni siquiera enamorada,
salgo de prisa y corriendo
por la calleja encorvada.
Apenas una azucena
reluce entre las montañas
y un gran ramo de rosas
brilla en el cielo escarlata,
ya despierto a mis vecinos
con mi voz almibarada

¡Sardinas, mis sardinitas
que colean y se escapan,
son sardinas de Santurce,
del mar que sus costas baña!

—Si tú quisieras, preciosa,
sardinera arremangada,
yo te daría un marido
que te dejase en la cama
en lugar de andar gritando
por la calle encorvada.
¿Os es que prefieres quedarte
con las sardinas mojadas?

—¿Con es cara que tienes
iba yo a  estar tan chalada
como para preferirte
y retenerme en la cama?
¡Anda,  déjame tranquila,
que a mí no me da la gana
que prefiero a mis sardinas
las de la piel nacarada!

¡Sardinas, mis sardinitas,
que colean y se escapan,
son sardinas de Santurce,
del mar que sus costas baña!

Carlos Etxeba

EN PEKÍN

Perdí en tu boca la rosa
y en tus manos el jazmín.

Perdí en tus pies el velero
que me llevara a Pekín.

En Pekín yo encontraría
el contacto de tus manos
y esa sonrisa preciosa
que te circunda los labios.
 

SI VOY AL PARQUE

Si voy al parque te encuentro
entre rosas y azucenas.

Si voy al puerto te encuentro
entre las olas del mar.

Si voy al monte te encuentro
entre montañas morenas.

¡No tengo que andar muy lejos
para encontrarte en mis penas!
 

TE ODIO

Te odio hasta el extremo de quererte.
Te odio porque me muero de amor.

Te odio porque no me quieres,
ni me tienes compasión.

¡Almaceno tanto odio
que revienta el corazón!
 

VUELA AL AIRE

Vuela al aire tu mirada
y no se fija en mis ojos.

Pestañean tus pestañas
y no reparan en mí.

Tengo el alocado empeño
de andar siempre tras de ti.
 

PARA MIRARME ASÍ

Para mirarme así,
más vale que nunca me hubieses mirado.

Para hablarme así,
más vale que nunca me hubieses hablado.

Para besarme así,
más vale que nunca me hubieses besado.
 

LA MAÑANA

La mañana se ha vestido
con una capa de niebla
con bordados de escarlata.

Lleva diademas de plata
y un anillo de marfil.

En los lagos de sus ojos
sobre las aguas corrientes
llora lágrimas la fuente

¿Será por ti o por mí?
 

EN LA PRIMAVERA

En la primavera hermosa
mi amor es un estallido

En el verano radiante
mi amor es como un bramido.

En el otoño brumoso
mi amor es hondo quejido.

Y en el invierno del alma
mi amor es solo un suspiro.
 

AL ESCONDITE

Los niños juegan al escondite:
Matarile-rile-rile.

El viento se esconde detrás del poniente:
Matarile-rile-rile-ro.

El poniente se esconde detrás de la fuente:
Matarile-rile-rile.

La fuente se esconde debajo del puente:
Matarile-rile-rile-ro.

¡Tu amor se ha escondido detrás de la frente
y nadie ha encontrado ni un rastro de amor!
 

A LAS NUEVE

El cielo a las siete
es un naranjal
de grandes naranjas
con ramos de azahar.

La tierra a las once
es como un vergel
de claveles blancos
de seda y papel.

El cielo a las doce
tiene mucha sed.
Bebe de tus labios
su zumo de miel.
 

POR EL PORTAL DE LA LUNA

Por el portal de la luna
se ha colado de rondón
una mariposa blanca
que habitaba en mi interior.

Entre grandes aleteos
de enamorados deseos
quiere decirte “te quiero”.

Carlos Etxeba

Mírame para que vea.
Tócame para que sienta.
Ámame para que viva.

¿No ves que no puedo
respirar sin tu aliento,
que no puedo caminar
sin tu compañía?

¿No ves que se hace de noche
si cierras los ojos
y me cercan las vallas
si ocultas tus manos?

Hacia el farol de la luna
vuela mi corazón ajetreado
y en el tapiz azul de la noche
las estrellas empaparon de suspiros
todas mis lágrimas mudas.

¿No ves que estoy muerto por dentro?
¿No sientes mis raíces sedientas?
¿No adivinas mi pálida soledad?

Mírame para que vea.
Tócame para que sienta.
Ámame par que viva.

Carlos Etxeba

Pájaro extraviado y solitario
flecha perdida en la diana azul del universo.
A fuerza de contemplar tu mezcla de aire y cielo
estremecimiento y ternura
he perdido la extrañeza de tu origen misterioso.

¿A través de qué montañas gigantescas vienes?
¿Cuál es tu origen angélico?
¿En qué primer estremecimiento deliró tu ternura?

Eres una eclosión de armonía y ritmo evolventes,
una inquietud volátil,
un delirio estremecedor,
una luz de amanecer,
una fruta musical
caída de la rama del árbol vivo del aire.

Tu diminuto corazón asustado
es tan puro como el cielo en que moras,
como la llama de una estrella perdida.

—¡Brutal, despiadado cazador!
Retira, piadosa, la escopeta
y deja volar a este diminuto corazón alado,
extraviado en la misteriosa luz del universo.

Carlos Etxeba

Los ángeles descorren las cortinas del cielo
y miran asombrados a una nueva estrella.

Hay un temblor de plata en sus plumas
y madejas de luz en sus cabelleras ensortijadas.

Abren todos los ventanales del firmamento
y posan sus  blancas alas sobre
las celestes balaustradas.

Por los torreones de los astros
descienden querubines ensimismados,
para escuchar la nana que la Virgen
le canta a Jesús cada mañana.

Por la nieve corren lágrimas
y por el aire vuelan alas cercanas.
Un escalofrío de emoción recorre
Los montes de Belén.

Con hilvanes de hielo va tejiendo el arroyo
Sus encajes leves y las fuentes
Sus gasas de escarcha.

Se escucha una polifonía de ángeles de la guarda:

“La sonrisa del niño es como el alba
que del pecado las tinieblas salva”

Del horizonte la amplia raya
Ante tanta dulzura se desmaya.

Carlos Etxeba

¿Del mar?
Las espumas.
¿Del lago?
Las brumas.
De tu cara hermosa
las sonrisas tunas.

¿Del jardín?
La rosa
¿Del amor?
La diosa.
De tus dulces ojos
la expresión sabrosa.

¿Quién no te supiera
decir la verdad
y no se admirara
de tanta beldad?

¿Quien no te quisiera
tener, sin pensar
que quizás perdiera
toda libertad?

¿Del huerto?
Los brezos.
¿De tu amor?
Los rezos.
De tu ardiente cuerpo
los profundos besos.

Carlos Etxeba

Lo nuestro, no fue nuestro, solo mío en una tarde ciega
de crepúsculos turbulentos.
Lo tuyo no fue tuyo, sólo mío,
cuando tembló la tarde, como una hoguera que se apaga.

Bastaron tres palabras solamente.
Fue como si fueses humo, cuando miras
como si todo fuera solo mío, cuando pasas.
Te abrasaba la llamarada del poniente,
envuelta en indiferencias falsas.

¿Por qué arañaba mi frente tu mirada,
dejando cinco huellas rojizas de un zarpazo
en plena cara?

¿Qué tiempo impersonal ven tus ojos, cuando miras
de frente y callas?
¿Tiempo de brumas desgajadas en las cumbre
de una tarde amortiguada que se acaba?

Ya no hablas, solo miras
Y parece que asesinas, cuando callas.
No pronunciar nada en un momento,
es pronunciar a un tiempo mil palabras.

Palabras barridas por el viento
y que al final no sirvieron para nada.

La mano del viento amontonó tus palabras
y las esparció luego por el aire,
por encima de las nubes, de las olas,
por encima de las cumbres arriesgadas,
por encima de tus ojos suspicaces,
por encima de intenciones solapadas.

Cerraste de un portazo los ojos atrevidos,
repletos de miradas
y se rompió  en mil pedazos de repente
el cristal delicadamente tenue de tu alma.

Carlos Etxeba

Dadme le yelmo y la espada
que quiero defender a una doncella
que anda por este mundo deshonrada.

—¿Pero, hijo mío, no ves que no se estila
ni el yelmo, ni la espada?
¡Que no son tiempos de esas armas blancas!
¡Solo de atómicas muy sofisticadas!

¿Para qué quieres un yelmo tan antiguo?
¿A quién podrás herir con esa espada?

—El yelmo es para defenderme de la envidia,
único mal terrible que me espanta,
herencia de los siglos que en la cuna
se hereda y se amamanta.

La espada existencial de limpio filo
y acero espiritual que corta y saja
es para aniquilar las mil cabezas
de un gran dragón que a las princesas mata.

¡El yelmo es la paciencia y la palabra
es la espiritual y fina espada!

—¿Y quiénes son esas doncellas tristes,
desnudas, deshonradas que me hablas?

—Son la JUSTICIA  y la VERDAD, desnudas,
sin cadenas, ni hierros que las atan.

Un gran relincho sofocante escucho.
Trote agitado en la noche estrellada
y Rocinante pasa cabalgando
entre espesas tinieblas enlutadas.

Monto sobre él, me pongo la armadura.
Blando en el viento la celeste espada
y comienzo a recorrer el ancho mundo,
defendiendo a las princesas deshonradas.

Carlos Etxeba

De la mano de un golpe de sangre
venimos a un mundo misterioso de apariencias peligrosas.

Cada  instante es una lucha por despejar sombras perversas.
Una luz débil, casi extinta, casi doliente, anima al corazónen el fondo de la noche.
Solo la luz de las estrellas parece zozobrar con el viento de todaslas palabras.

Con solo un golpe de sangre que se amontona y renace cada día
la libertad florece entre las venas y se oyen los pasos de la vida
que se acerca a despejar las sombras

De la mano de un golpe de sangre comprendemos
y escogemos las decisiones sutiles escondidas en las palabras.

Entre un SÍ y en NO hay una batalla de heridas sangrientas.

Guiado por la luz débil, casi extinta, casi doliente que animaal corazón
prefiero dominar la noche y acercarme a las estrellas.
Si ellas me engañan tendré entonces una gran excusa paraburlarme de su ignorancia.

Les diré despiadado y burlón.

—Me río de vosotras, estrellas de la noche, porque todos vuestrosfulgores
son brillos inconscientes, bellas explosiones de ira incontrolada.

Me río de vosotras porque no poseéis la voluntad de podersobreponeros
a vuestros ingentes impulsos despiadados.

Me río de vosotras, porque desconocéis vuestros propiosfulgores
y la fuerza ingente de una diminuta voluntad humana, firmemente determinada.

Siendo yo infinitamente más pequeño, mi grandeza es superior
a la fuerza de todos vuestros cataclismos.

¡Que haya tanta decisión, resolución y heroísmo
en el pobre corazón de los humanos!

¡Me río de vosotras porque desconocéis el amor dela sangre caliente
que alimenta mis venas y que riega mi cerebro!

¡Me río de vosotras porque no sabéis distinguirla diferencia entre un SÍ y un NO, decisión capaz de soliviantarel orden del universo!

¡Tendré siempre presente que mi grandeza,
reside en la fuerza extraña de mi diminuta y humana voluntad!
 

—¡Vendo mi libertad por una palabra!
(Decía un charlatán, mientras mostraba una bolsa repletade billetes)

¡Cambiar la libertad por un billete sería tan extrañocomo hacer
que el fuego refrescase, que el amor odiase, que la mar volase,
y que las estrellas sempiternas se apagasen!

Carlos Etxeba