¿De qué está hecho tu amor,
de oro, de plata
de nobles cuños
o de hojalata
y de terruños?
¿Es amor fuerte
y está seguro
o débil, frágil
y está inmaduro?

¿Es como un viento
que se desata
que arrasa todo
y todo mata
o solo un viento
de primavera
que apenas nace
muere y no queda?
¿Es cual la garra
de los leones
como la espada
de las pasiones
o muda y cambia
en sus intenciones
conforme mueren
sus ilusiones?

¿De qué está hecho tu amor?
De oro, brillantes
y de luceros zigzagueantes
o de palabras
que dan los niños
que son cambiantes
cual los colores
de tus corpiños?

¡Si tu amor fuera
perseverante,
libre, sereno,
centelleante,
te adoraría
titubeante,
me rendiría
tan humillante
que temería
silabeante
morir de gozo
por ser tu amante!

Carlos Etxeba

La languidez del aire entre las rosas
que dulcemente inhalan  los sentidos,
es un suspiro leve de remanso
en esta noche melancólica de plata.

Apenas suena el aire ni se mece.
Apenas suena el agua enloquecida de reflejos
en el arroyo oscuro,
si no es el salto de una rana leve,
celosa de un lucero entre los charcos.

La languidez del aire entre las rosas,
viene del remolino de la luz y el aire
en las mismas rosas ascendidas por tu verja
y luego desmayadas candorosas de sus pétalos.

Apenas se oye el dulce respirar de tus latidos,
unidos para siempre a mis sentidos.

¡Somos un corazón ardiente en plena noche,
un abrazo cerrado por mil besos,
una ilusión viviente, sin sentido!

¿Qué sentido tiene retener tus besos
si alocados, se escapan cual suspiros?

¿Qué sentido tienen tus caricias,
si huyen y se escapan al olvido?

¡La languidez del aire entre las rosas
en una noche melancólica de plata!

¡La languidez de ensueños revividos!

Carlos Etxeba

Los pasos son relojes contadores
de horas fugaces que se escapan.

Son inquietos minuteros diminutos,
pequeños momentos futuros ya acabados,
fugaces recovecos de pequeñas sensaciones ya pasadas.

Pasos que se dan cortos
para no tropezar por senderos complicados
en noches de faroles inquietos, cuando te observan los astros.
Pasos que se paran de repente confundidos,
presintiendo un abismo cercano.

Pasos que se dan largos y seguros, sin tropezar con sombras,
envueltos en la antorcha de un sol en llamaradas.

Pasos que se dan rápidos por miedo,
cuando el viento acuchilla la garganta de la noche amoratada,
que escapa de una muerte ya anunciada.

Pasos que se dan lentos  por prudencia
y retroceden al menor reparo.

Pasos enloquecidos que en el aire
son reliquias de un tiempo malgastado,
siempre al acecho de un momento especial
que no aparece,
siempre al acecho de algo indescriptible
que no pasa.

Solo se queda el eco de los pasos
cortos, largos, lentos, rápidos,
que pasan, pasan y pasan
confundiéndose con otros muchos pasos
que también pasan y pasan.

Carlos Etxeba

¿Soñar en el amor?
—Es imposible

¿Soñar que soy sincero,
libre de falsedad y de prejuicios?
—Es imposible.

¿Soñar que tú me quieres con locura
que afrontarías la muerte y el suplicio
con tal de confesar que me amas?
—Es imposible.

¿Soñar que mi amor por ti
no morirá alguna vez en la noche
congelado por el frío de la luna?
—Es imposible.

¿Soñar que tu recuerdo no se perderá algúndía
en el polvo de mi tumba?
—Es imposible.

¡Qué bello resulta fingir amar y ser amado
en la dulce tentación de lo imposible!

Carlos Etxeba

Las termitas en las nubes
rasgaron de repente el telón del firmamento.
Hicieron una grieta enorme en el otoño amoratado
y de la jaula del viento se escaparon todas las golondrinas.

Con sus levitas ceremoniales
las invitaron a los palacios del sur
donde hay pasteles colgados de las nubes
y  caramelos de fresa en las sombras del jardín.

Se quedaron tristes los parques y los patios,
las avenidas y las rotondas, los tejados y los balcones,
los ojos de los niños y las flores.

Escribieron en el aire
una carta de despedida en un idioma extranjero.
La firmaron los saltimbanquis del aire
con exhibiciones de saltos mortales y piruetas de despedida
en el columpio del viento.

Por la emoción y las prisas
se olvidaron las maletas en un rincón de la estación.

Volverán a recogerlas.
cuando les invite el sol
con sus levitas ceremoniales
al palacio de verano,
donde hay bombones colgados
de los rayos de la luna
y una tarta de merengue en la mejilla del sol.

La carta de despedida se perdió
en un arcón de la estación
de los que guardan recuerdos
y declaraciones de amor.

Carlos Etxeba

La luna, tan inconstante
falta a su cita cambiante.

Tiene un lunar de gitana
y unos faldones de triana.
Con la palma de la mano
adivina el pensamiento
que se escapa con el viento.

Las nubes comen rodajas
de naranjas y limones
en manteles de mortajas.

Se oyen susurros lejanos
en la plata de las eras.
La luna mira a las rosas
que parecen mariposas,
que duermen entre las ramas.

Se ha estremecido en el río
un brillo de escalofrío.

Es la alhaja de la noche
que lleva siempre en su manto,
mientras pasa mientras tanto
con su suave y dulce encanto.

Carlos Etxeba

Por cada sonrisa
 que uno desprecia,
salta una ola arisca
que la brisa arrecia.

Por cada promesa
que uno se olvida
una estrella sabia
se muere afligida.

Por cada mirada
no correspondida
la chispa de una rayo
salta enardecida.

¿Dónde está tu esfuerzo,
dónde tu grandeza,
dónde la esperanza
que no se refleja?

¿Dónde está tu llanto
que no llega a tanto?
¿Dónde tu quebranto
que empañe tu canto?

Sólo una caricia.
Sólo una mirada.
Sólo una palabra
dulce y reposada.

Un abrazo fuerte.
Un gesto de amigo.
Una mano dulce
que alegre el camino.

Por cada promesa
que uno se olvida,
una estrella sabia
se muere afligida.

Por cada mirada
no correspondida
la chispa de un rayo
salta enardecida.

Por cada sonrisa
que uno desprecia
salta una ola arisca
que la brisa arrecia.

Carlos Etxeba

Catarata conceptual de estrellas.
Un cantar eternamente puro.

Luz desecha en llamaradas leves
que en la hoguera interminable de la mente
se difunde como un foco a los ojos.

Ansiedad de voces escondidas
que dan significado azul a las palabras.
Un combate conceptual dentro del alma,
una lucha muscular de las ideas.

Brazos y manos
tensados en batalla feroz
sin concesiones contra la vulgaridad que manosea.

Ésa es la inspiración vista por dentro
de la sangre que brota
como una fuente a borbotones.

Carlos Etxeba

—Mas, cuando vas a la iglesia,
¿por quién rezas, vida mía?

Mientras movías los ojos
más de ángel que de niña,
un hoyito picaresco
apareció en tu mejilla.

—Rezo para que los pobres
no sufran el hambre fría
para que tengan vestidos
que la desnudez alivian…

Y yo proseguí insistiendo
en oír tu letanía.
—Mas, cuando vas a la iglesia,
¿por quién rezas, vida mía?

—Rezo para que en las guerras
no se maten a porfía,
para que el odio se acabe
y las disputas sombrías
y la paz venga a los hombres
dejando ya las envidias.

Y proseguí insistiendo
en oír tu letanía.
—Mas, cuando vas a la iglesia,
¿por quién rezas, vida mía?

Mi miraron tus ojazos
que el gran secreto encubrían
y una lágrima rodando
por tus mejillas corría.

—¡Rezo para que ese chico
de quien me viste prendida
se me declare rendido
y el amor sea su guía!
¡Rezo para que muy pronto
sea su esposa yo un día!

Y cerrando tus ojazos
que el gran secreto encubrían
rezabas, toda tú absorta,
una larga letanía…

Carlos Etxeba

Una mañana desperté contigo.
Se desnudó el amor entre las rosas.
Duró toda una noche azul de claridades
para llenar de besos nuestras bocas,
para llenar de abrazos nuestras manos.

Un breve caminar de amor desnudo.
Ahora es el recuerdo su alimento,
una luz cenital muerta en la brisa,
el soplo de una nube azul que ya se aleja
que huyó hacia el mar,
el furtivo brillo amortiguado
de una pupila verde, pensativa.

Supiste replegarte a mis deseos
y fuiste una ola fugitiva
que expande su armonía sensitiva,
la nube que renace impulsiva
como un latido oculto que se esconde.

Fuiste el reloj que cuenta horas de dicha,
la voz de un pregonero de bondades,
en pasos indecisos del camino.

¡Un breve caminar de amor desnudo!

Carlos Etxeba