Yo nací
de las extrañas tierras de tu pecho
mujer,
para quererte o buscarte
yo nací.
Fui también mendigo,
el más mendigo de los hombres,
amaba, antes de amar amaba.
Y por las invisibles zonas
que en tu piel sentía
yo amaba.
Era entonces el poniente
atado a tu crepuscular ausencia
y amaba tu rostro de nieve
y tu rayo de voz
y tu caminar al sol derretido
aún antes de amarte amor, amaba,
amaba.

Benjamín León

Niña que en piedras de fuego concluyes todo
con una mirada relampago rompes el matiz
y en un segundo vuelves a caer en mi nada.

Jugaste a escalar montañas empinadas
un poco antes del escondite del cóndor
cerca de las nubes de plata, entre el marrón
y el blanco de una dulce montaña
que como cadera de fuego prendía mi alma.

Tu noche, no alcanzo a ser noche larga
sólo asomó la luna por tu triste ventana
cuando en un suspirar eterno ya me odiabas.

Enemiga mía, lluvia soñada
diamantes cubrieron tus sueños que gotearon
hasta convertirse en sangre derramada.
Y como un puñal que duerme
en una espalda suave, clavada,
hiciste el surco donde la semilla de la muerte
trazó su campo de desesperanza.

Tal vez tu dolor es como el viento de agosto
que no tiene medida ni logra distancia
y entre tus párpados se enciende la obscura
noche que tus ganas derrama
entre claveles de cementerio y rosas de gala
expirando un amor de cenizas que es nada.

Quizás tu corazón de tierra
no lleva el mineral de la madre sagrada
y el hierro de las venas es agua
y tu amor una gotera molesta, en la noche larga.
Quizás como yo, te sientas cansada
y destruyas un sueño de oro
por otro que emerge desde una cama
donde una mano que no tiene tacto
ruge y devora tu alma
que se entrega sin maletas guardadas
entre la corteza de un pino
y tu triste piel de acacia.

¡Oh enemiga mía!
blanca lluvia, dura escarcha
motivos de muerte de la noche esperada
usurpadora del tiempo en la distancia
donde corroe el silencio mi esperanza.

No sé que verano besa tu boca
ni que lágrima lleva por nombre mi recuerdo
sólo entiendo que la sal que nuestro amor sazonaba
se ha perdido como el río
entre un mar de odio y una cordillera nevada.

Y mañana, aunque ese mañana quizás no exista
vestiras de negro y enlutada pensarás
haber sido enemiga de quien más te amaba.

Benjamín León

Con tacto y con locura te rodeo,
cuerpo desnudo, cuerpo obsceno, mío,
savia genital contra el propio lecho
que busca acelerado que lo tome.

Que dentro de tu cuerpo soy la piel,
que dentro de tu boca soy el aire,
que muerdo cuando muerdo tus deseos
y enciendes las espaldas en gemidos.

Diva fresca, ciudad de lengua tibia,
disturbio destinado entre tus piernas,
yo sólo veo amor sobre tu cuerpo.

Detengo en los orgasmos los papeles;
confusos desde el vientre del amor
y somos del olor, la  madrugada.

Benjamín León

Yo te conozco desde entonces,
cuando todo te nombraba,
mi brisa de nocturna flora,
mi último suspiro.
Ahí, amada, éramos.
Estábamos destinados,
fundidos por la misma estrella,
clavados por la misma noche,
bordados por la misma luna.
Estábamos resueltos desde entonces,
como una sola causa,
pendiendo como un sólo pétalo.
Yo te amaba, mujer,
eras tú el tiempo por venir
en la más rojiza de las tardes
cuando el aire se agotaba.
Desde ese tiempo,
entre las piedras volcánicas del ser
tú y yo éramos
un sólo florecer del mundo,
una sola lápida
en la geología del amor.

Benjamín León

A Valentín

Como pan, como plata, como lluvia,
como pequeñas plumas sobre el nido,
así me surge cada abrazo tuyo,
profundo en tu paisaje de inocencia,
cruzando la avenida de los años.
Pequeño tejedor de cada tiempo,
si miro tu camino despejado,
si observo tu mañana de igualdades,
entonces yo conozco en realidad
la ciencia del amor entre los hombres.
Ah tu profunda risa sin distancia,
tus ojos de azucenas por la noche,
tu frente solitaria y decidida.
Tal vez tus manos blancas y amorosas,
tal vez tu voz de trigo enternecido,
no sé, quizás tu boca sin envidia,
quizás tu pelo en carnaval oscuro,
tal vez tu lengua sin rencor ni pena
o todo lo que el hombre nunca vive
cabrían en tu mundo como otoños
abriendo aquellos brazos que te cierran
los mismos que se piensan más humanos.

Benjamín León

Hoy será el viajero en tu paisaje
el leve despertar dentro del nicho.

Pálida la frente,
    ojos dolor del mundo.

El cisne ya no tiene un lago.

Hoy se ha muerto el hombre.

Benjamín León

Hemos cruzado todos los caminos
desnudos sobre el lecho,
atados a cuadernos minerales
que frotan la raíz de la existencia.
Tu joven crisantemo
fue robando mis estatuas
y nos marcó la noche
con muertos y ladridos ciegos
con voces y distancias nulas
sepultando la sal en tus entrañas.
¡Oh cuerpo desterrado!
¡Oh pulpa inaccesiblemente ágil!
Qué fuego, qué roca, qué luz,
qué prisión desenterrada
consume la epidermis de tu néctar
y viaja al corazón de los azules?
Qué brote se aproxima a las aceras
y quiebra los cristales
con rápidas palabras,
con furia y con gemidos?
Un día nacerá al sur de tus dos senos
con noches derribadas
por lanzas y palomas contenidas
rozando mi presencia al norte de tu lecho
sin más resignación que la contienda.

Benjamín León

«Hay dolores que la justicia nunca calmará, pero ojaláhubiera siempre justicia»

Al este encontrarás el paraíso,
¡oh! muerto en el jardín de tantas muertes,
que tomas la inocencia y la conviertes
en lágrimas que el llanto no deshizo.

Sepulcro llano, sangre sobre el piso,
pacífico rival de manos fuertes,
que todo en el dolor callado inviertes
y arrastras las palomas sin permiso.

Excremento, mural para la furia,
indómito patrón siendo prostíbulo,
hay una calle blanca en tu memoria…

Verás perder la noche en tu penuria
y solo rezarás en el patíbulo,
como un cordero muerto, blanca escoria.

A las víctimas de abuso deshonesto

Benjamín León

Afuera el mundo gira sin contento,
la paz está bañada de revueltas,
la sangre nace y muere dando vueltas
y tiñe de dolor el son del viento.

Un grito es libertad en sufrimiento
Palomas: ¡De la muerte estáis envueltas!
Y caen sobre el parque desenvueltas
las trampas del politico en convento.

El hombre y la traición en armonía
gobiernan con palabras tan sonoras…
son besos con veneno del que besa.

Amor… esa palabra que existía.
Justicia ¿Por qué tanto te demoras?
Hay tanta libertad muriendo presa.

Benjamín León

Qué golpe milagroso calló sobre el destino
y ató nuestros senderos en pálidos dolores,
qué rayo de tu voz dejó muertos colores
perdiendo sus silencios al borde del camino.

Quizás se fue la edad en cada remolino
y toda salvación perdió sus resplandores
y fuimos noche ciega quemando sus temores,
bebiendo nuestra sed en sangre y luz de vino.

Mujer de gruta pura, dolor de mis sentidos,
no sé si la mañana vistió su desencanto
o fueron las raíces que el sol nos marchitaba.

No sé si en tu pincel huyeron los latidos
y todas las estrellas tardaron con su manto
negándote el amor que lejos yo te daba.

Benjamín León