Y, entonces vuelves a casa

y cierras la puerta detrás de ti lentamente,

mordiéndote las ganas de dormir fuera

porque sabes desde el rellano que en eso momento,

el mundo va a decidir duplicar su peso,

el oxígeno hacerse denso

y las rosas perder su razón de ser,

otra vez.

 

Es como que la magia se apaga ahí,

en el alféizar de la calle veintitrés,

que las risas se quedan enlatadas,

en aquella botella rota en el suelo

y los buenos momentos

permanecen encerrados en fotografías.

 

Y ya no te sientes gigante,

sino la palabra incorrecta dicha

en el momento que podía haber sido adecuado,

pero que no lo fue.

 

Se humedecen tus ojos,

sientes frío,

estás en pleno junio

y hace medio segundo gritabas

como todo podía estar tan sincronizado

perdiéndote en alguna nueva mirada.

 

Pero te encuentras a ti mismo,

a las tres y media,

escribiendo una carta

que no mandarás

a una persona que te difuminó en febrero,

hablándote de versos a la mitad,

de pretextos y de amor,

ese último con el que jamás supiste que hacer.

 

Celia Lozano Pérez

Píntame De Pasajeros Sueños

Vuelve aunque sea en pasajeros sueños
porta en tus alforjas pinceles y acuarelas.
Pinta el cielo de infinitos azules intensos,
con el llanto de mis tristes pensamientos
Vuelve a mis espejos de cantaros turquesas.
Rotos por el destino de amores inciertos.

Aunque los ecos de las voces, me arañen,
y el murmullo de los hombres nos condenen.
A pesar de que el dedo de Dios me señala
y enojado se levante con soberbia majestuosa

Vuelve como nube apresurada en los sueños,
de las estrellas caídas en mis cielos nocturnos.
Desafía la belleza de la media luna enamorada.
Corre de prisa entre los bosque de tréboles.
De duendes desnudos, asustados, huidizos.
[5:29:51] luz dary roxanne Meller: Y hazlos trepar los fríos muros,
de mi alta prisión de marfil.
Trepa amor de prisa, que tus uñas sean garras
Clávalas señor, en las grises piedras del miedo.

Pintando sobre mí piel paisajes de ensueños.
Sé mi sosiego, amoroso y devuélveme la calma.
Yo seré tu lienzo lavado en arenas blancas.
Dibújame sonrisas, bórrame todas las agonías

Se nuevamente mi Rey de mármol en el prado.
Pinta de mil fantasías los muros de tu morada
ondula tu pincel y enciéndeme los rubíes rojos.
Con el fuego más intenso, borra las sombras.
Limpia del bosquejo todas las penas de mi cielo.

Mi alma tiene frío, caliéntala en tus tibias manos.
Extraño tus pinturas tan intensas recorriéndome
con tu pincel manchando el tenue blanco de la piel.
Cúrame las llagas, lava de mi amor las angustias
de tantas noches de heladas ausencias.
Dibuja mi flor muy suavemente, detente en cada pétalo
sin prisa recórreme toda con tus brochas
[5:30:16] luz dary roxanne Meller: Muy despacio saboréame los valles y las montañas
Dibuja sobre mi vientre una playa de besos
y panales de dulce, jalea dorada y espesa miel.
Tu mano reconoce tu oficio, hazme dibujos de oro
Aduéñate con tu obra de todos mis locos deseos,
de todas mis amantes miradas…

La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

¡amantes! no toquéis si queréis vida:
porque entre un labio y otro colorado
Amor está de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que al Aurora
diréis que aljofaradas y olorosas
se le cayeron del purpúreo seno.

Manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen dél que incitan ahora
y sólo del Amor queda el veneno.

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo,
su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo,
por raro al mundo su valor señalo
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata;
es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer, al fin, como sangría,
que a veces da salud y a veces mata.

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.

Esta Inés (amantes) es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.

Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.

En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.

Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.

Y está tan en fil el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores,
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.

Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.

Y si no nos aguardas, dios prófugo de ti,
donde un sueño promete desde que sueña el hombre,
¿dónde el sueño del hombre purgará susoberbia,
dónde tanta pasión
encontrará venganza para su fe humillada?

Y si no estás ahí, agazapado
en la segura tierra que seremos,
¿quién le dará consuelo a nuestra muerte,
quién un sentido al daño y la alegría,
quién al canto su entraña de esperanza?

De tu no ser la milagrosa sombra
nos mantiene a cubierto, nos edifica fuertes.
Tu indemostrable ausencia nos acoge y nos salva
en el reino sin ti del amor por lo nuestro.


Vicente Gallego

Descabalada ciencia misteriosa
nuestra felicidad:
esta brisa tranquila bajo el sol del espíritu,
breve tregua del alma con los cielos azules
que fomentan acaso el inmortal anhelo
de una alada conciencia más allá de la muerte.

Dulce engaño del cuerpo que ha gozado
su alto vuelo de sal sobre otro cuerpo,
y ligero se siente, y sus alas procuran
espantar un instante su condición orgánica
para soñarse un día
—corrompida la fruta—
sabor agradecido, aroma al menos,
ingrávida memoria de la dicha
que es ahora en la tarde.

Parece hoy suficiente salvación
albergar la esperanza
de una muerte que sea duermevela,
cansancio vespertino en el verano
satisfecho y redondo de haber sido,
contemplativo exilio, amortiguado eco
lejano y cadencioso de nosotros.

Firmamento irisado de los días felices,
quién pudiera salvarte,
como imagen cumplida del trayecto,
en la hueca retina del no ser,
o siquiera preñar el negativo
estricto de la nada que seremos
con el polen de luz de esta alegría.


Vicente Gallego